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martes, 21 de marzo de 2017

LITROS Y LITROS DE AMOR

Hemos leído el libro de Obstare “Litros y litros de amor, que parte de la premisa de que “con la llegada de un hermanito, a veces necesitamos recordar o que nos recuerden lo amados que somos y todo el afecto que hemos recibido”.




Pienso que aunque no vaya a llegar nunca ese otro hermanito pequeño que pueda robarnos parte del protagonismo, el tiempo y atención de los padres que antes disfrutábamos de manera exclusiva, siempre es bonito que nos cuenten cosas de nuestra infancia. Al menos, a mi me encanta contarles anécdotas de cuando eran pequeños, ver y enseñarles fotos y vídeos de ese tiempo, que nunca volverá, pero que recuerdo con tanta ternura. Yo a veces me paso de abuela cebolleta, en esa vuelta al pasado del que siento añoranza.

Quizá no todas las historias de la infancia sean tan idílicas como la que muestra el cuento. Por ejemplo, no todas las mujeres hemos amamantado a nuestros bebés, a veces a nuestro pesar. Siempre digo que los hermanos mayores pagan el pato de la inexperiencia de los padres, que cometemos errores en su crianza, de los que aprendemos y evitamos con posterioridad. Como suele decirse, hacemos lo mejor que podemos con lo que sabemos, pero ante todo, nos preocupamos siempre por su bienestar y felicidad.

He leído el libro con mi segundo hijo, Jesús. Empezó a leer él y a la mitad del libro le tome el relevo. Fue casualidad que coincidiera que la primera parte está narrada por la hija y la segunda por su madre, que cuentan la misma historia, cada una desde su perspectiva. No lo sabíamos, así que fue una feliz coincidencia.
Le han gustado mucho las ilustraciones, sobre todo los pelos ensortijados de los protagonistas y las montañas de las que brotaba el “néctar de la vida”.

El texto es muy poético: “…Pasé de habitarte por dentro a cobijarme en ti…”, e introduce de una manera muy natural la lactancia materna, el colecho o el porteo, como parte de una crianza cercana y amorosa.

Es inevitable, se hacen mayores. Dejan de mamar, de dormir con nosotros, etc. en definitiva, dejan poco a poco de necesitarnos tanto. Y a medida que crecen, olvidan esos primeros años de su infancia (Jesús se acuerda de que mamaba, solo por las fotografías, y eso que lo hizo hasta los 4 años y medio…). Por eso, es bonito recordar juntos y hacerles saber que “por mucho que las cosas cambien siempre tendrán un gran lugar en nuestro corazón”.

¡SORTEO!


Obstare sortea dos ejemplares de este libro, entre los lectores de este post, solo tenéis que cumplir estos tres requisitos:
  1. Compartir el sorteo de manera pública en Facebook.
  2. Entrar en el post y dejar un comentario.
  3. Dar Me gusta a las páginas de De Profesión Mami y Editorial Obstare.

  • El sorteo tendrá lugar el martes 28 de Marzo a las 23:59 horas y se realizará mediante la herramienta Sortea2.
  • Me pondré en contacto con los dos ganadores mediante un mensaje privado a través de Facebook para que me facilitéis vuestros datos para el envío. Si una vez remitido el mensaje no obtengo respuesta en un plazo de 48 horas (desde el envío del mensaje), volveré a celebrar el sorteo de ese regalo.
  • El envío lo realizará directamente la editorial a los ganadores.


¡Suerte!

sábado, 10 de diciembre de 2016

COSAS QUE A LOS NIÑOS NO LES GUSTAN

No hay que pecar de cándidos. 

Los niños son tiernos y suaves pero tienen criterio propio
y unas ideas muy claras de lo que les gusta y lo que no. 


La primera gran sorpresa de la maternidad nos la llevamos cuando nos damos cuenta de que ese ser tan pequeño e indefenso tiene un fuerte carácter con el que defiende sus derechos e intereses. Son adorables, si, pero no son tontos. Hay cosas que no les gustan y nos lo hacen saber con contundencia.


Como en todo, habrá excepciones pero en líneas generales estas son las típicas cosas que disgustan o desagradan a los más pequeños.

En primer lugar, lo más importante es que a los niños no les gusta estar solos. No quieren estar aislados, necesitan contacto continuo con otros seres, a ser posible adultos y de su confianza. Su primera y principal figura de apego suele ser su madre y su instinto de supervivencia les lleva a no admitir estar separados de ella durante largos periodos de tiempo. Por eso, todos los instrumentos que traigan consigo esa separación les producirán rechazo. No les gustan las cunas, prefieren el colecho. No les gusta el carrito, prefieren el porteo. No les gustan los brazos de desconocidos, prefieren los de sus padres. Por eso llorarán con fuerza cuando intentemos soltarlos y se despertarán enseguida cuando noten que no estamos a su lado.

A los niños tampoco les gustan los chupetes… Diréis: “¡Mentira! Si ahora no consigo quitárselo y tiene ya x años”. El chupete es un sustituto del pezón materno. Los niños necesitan succionar, pero prefieren hacerlo del pecho de su madre. Porque el chupete imita al pezón pero no es ni mucho menos igual. Cuando ese pecho no está disponible por lo que sea, los niños terminan haciéndose al chupete y luego dependiendo de él. La primera reacción de cualquier bebé al sentir la tetina en la boca es de asco, ponen caras raras, la rechazan, la escupen, no saben qué hacer con ella. Luego a base de insistir, aprenden a gestionarla, y como les calma le cogen el gustillo. Yo siempre digo que es algo similar a la cerveza, el whisky o el tabaco. Al principio no gustan, porque objetivamente están malos, tienen un sabor fuerte y agrio, pero a base de tomarlos, la gente se hace a su sabor. Es habitual que los niños que toman lactancia materna a demanda no usen chupete porque no lo necesitan.

A muchos niños no les gusta el agua y el momento baño es una tortura para ellos. Generalmente prefieren baño en lugar de ducha y lo que menos les gusta es que les mojen la cabeza, en particular la cara y los ojos. Montan espectáculos de horror y muerte como si les estuviesen rociando con ácido sulfúrico. Algunos suelen montar shows similares cuando toca cortarles las uñas o el pelo. Se revuelven cuales Sansones a los que las tijeras les van a arrebatar su fuerza vital. Esto no significa que les tengamos que dejar ir por la vida como unos Vikingos mugrosos, pero es bueno estar preparados psicológicamente para afrontar su reacción.

Rara avis de niño al que le encantaba el agua y no tenía miedo en la peluquería.






Respecto a la comida, como diría una abuela cualquiera, muchos “viven de manías”. La más conocida y curiosa de todas es aquella por la que una fuerza poderosa les impide comerse las galletas que están rotas. Para ellos las galletas rotas, aunque sea mínimamente en una esquina prácticamente invisible, son incomestibles, vete tú a saber porqué. “¡Tendrían que pasar hambre como en la posguerra, para que se les quite la tontería!” seguiría diciendo la misma abuela y no le falta nada de razón. Aunque siguiendo con los refranes: “¡Le dijo la sartén al cazo!”. Todos tenemos manías en mayor o menor grado, los adultos también, aunque no seamos conscientes de ello o no queramos reconocerlo. No pasa nada por tenerlas. No cuesta nada transigir con ellas si son inofensivas. Así nos ahorraremos muchos conflictos, aunque tengamos que comernos nosotros las galletas rotas.

A los niños, como a los adultos, no les gusta que les digan NO constantemente, por eso hay que tratar de decírselo lo menos posible. Eso no significa que vayamos a decirles que si a todo y dejarles hacer todo lo que quieran, si no que hay que elegir bien que cosas son innegociables y tratar de ser flexible con las demás. Utilizando un lenguaje positivo y dándoles alternativas, podemos conseguir que sean más colaborativos y que cambien de postura y opinión con más facilidad. Este post de Bebés y Más: Cómo decirles que no sin decir “no”, nos da un montón de ejemplos prácticos sobre cómo hablar a los niños para erradicar el No de nuestro vocabulario.


¿Se te ocurre alguna cosa más que suelan odiar los más pequeños? 
¿Qué cosas hacen que tu hijo se enfade?

lunes, 8 de agosto de 2016

YO TAMBIÉN SOY VICTORIA BECKHAM

El mes pasado andaba yo por Santander de vacaciones, bastante desconectada, por lo que me perdí la “polémica” del beso de Victoria Beckham a su hija en la boca.

Solo se me ocurre decir: ¿en serio? ¿De verdad hay alguien que se asombra, espanta, indigna o asusta porque una madre le dé un beso a su hijo en la boca? 

Nunca pensé que llegaría a decir esto, pero ahí va: 

"¡Yo también soy Victoria Beckham!”


No tengo su tipin, ni su marido, ni sus millones, pero me solidarizo con ella porque yo también beso a mis hijos en la boca. ¡ANATEMA! Como diría el gran Gran Wyoming.

En honor a la verdad, he de decir, que en realidad no les beso a los dos, solo al pequeño que es el que se deja, pues el mayor siempre ha sido muy escrupuloso, no solo con los besos, si no con todo.

De nuevo en honor a la verdad, he de decir, que a veces no soy yo la que besa, si no que soy yo la besada. ¡ANATEMA AGAIN!

Y no veáis como disfruto. ¡Me encanta!


Muero de amor cada vez que mi niño pasa por mi lado y me da o me pide un beso. 

Muero de amor cuando se acerca a mi aposta solo para que nos besemos. 

Esos besos son un acto de amor y complicidad entre ambos que no cambio por nada.

Demuestran que tenemos mucha confianza, que nos une un bonito e íntimo vínculo.


Somos dos personas que nos queremos. Dos personas sanas sin enfermedades infecciosas que nos podamos contagiar. Sus babas no me dan asco, y al parecer a él tampoco le dan asco las mías. ¿Dónde está el problema?

También nos damos besos “normales” en la mejilla, en la frente, en la nariz, en el cuello… ¿o es que en el cuello tampoco se puede? Como decían en Los Serrano, hay muchos por ahí que tienen la mirada muy sucia.

Y ¿sabéis qué? que besa genial. Da unos besos la mar de sabrosos. Sin duda sus novias serán muy afortunadas de poder recibirlos. 

Sé que llegará un día en que ya no le apetezca darme este tipo de besos y los echaré mucho de menos porque me hacen sentirme especial y muy querida.


Quien no haya recibido nunca un beso de estos,
no sabe lo que se pierde.

Estos son besos de verdad y lo demás es tontería.

sábado, 23 de julio de 2016

ASUMIR QUE LOS NIÑOS LLORAN

Que los niños lloran es obvio. Lo que no resulta tan fácil es asumir este hecho, por dos motivos: uno, porque no terminamos de entender por qué lo hacen, y dos porque estamos diseñados para que el llanto nos moleste, nos irrite, o como queramos definir la sensación que nos produce, y por ello nos gustaría eliminarlo.


Si los niños no llorasen la maternidad/paternidad sería menos estresante, pero si dejaran de hacerlo nos extinguiríamos como especie. El llanto tiene una función determinada que es la de la comunicación. Los bebés no saben hablar, no pueden hacerlo todavía, ergo lloran. Lo hacen para transmitirnos todo lo que les pasa. Si tienen hambre, lloran. Si están incómodos, lloran. Si tienen miedo, lloran. Si, quieren compañía, lloran, etc...



Permanecer impasible ante el llanto, ya sea de nuestro propio bebé o de uno ajeno es bastante difícil. El llanto nos afecta, la biología se ha encargado de que esto sea así para que dicho llanto no quede sin respuesta y les demos a los bebés lo que necesitan y piden a gritos, las tres "C" primarias: comida, calor y cuidado.



Biología aparte, la cultura en la que estamos inmersos y nuestra experiencia personal también influyen en cómo reaccionamos o cómo creemos que debemos reaccionar ante el llanto infantil. Frases como: “déjale llorar que es bueno para los pulmones” interfieren en nuestro instinto, condicionando nuestra respuesta ante el llanto de nuestro hijo. Si de pequeños nos regañaban por llorar diciendo que teníamos que ser fuertes, puede que reproduzcamos con nuestros hijos este patrón, exigiéndoles a ellos que repriman sus emociones como nos obligaron antes a hacerlo a nosotros. Personalmente yo llevo peor el llanto por enfado que el de tristeza. Cuando mis hijos lloran porque están tristes, acudo presta a consolarles, pero cuando lo hacen de rabia, siento rechazo en lugar de compasión. Esta es una actitud aprendida contra la que lucho, muy común en esta sociedad que tiende a condenar los sentimientos considerados “negativos”.



¿Cómo hay que reaccionar entonces al llanto infantil? 


El llanto debe ser atendido siempre. Desde mi punto de vista esa atención implica dos cosas:
  1. Averiguar el motivo del llanto.
  2. Ayudar al niño en la medida de nuestras posibilidades.

La edad del niño es fundamental a la hora de abordar este asunto.


En contra de lo que algunos proclaman, los bebés NO nos MANIPULAN, no tienen todavía la capacidad mental para hacerlo. Los motivos por los que un bebé llora son básicos para su supervivencia y su normal desarrollo por eso SIEMPRE hay que prestar atención a un BEBÉ que llora, pues depende completamente de nosotros para satisfacer sus necesidades. 


Lo ideal sería que un bebé no tuviera nunca motivos para llorar, pero es muy difícil atender con diligencia todas y cada una de las necesidades de un bebé a tiempo para evitar que llore, así que por mucho que nos esforcemos en su cuidado, nuestro bebé llorara en algún momento.

Un bebé que llora es un bebé normal, un bebé que se comunica con sus cuidadores, y eso está bien, pues significa que tiene confianza en ellos. Sin embargo, un bebé que llora todo el tiempo es un bebé que tiene necesidades insatisfechas o un problema de salud que no hemos detectado. Un bebé que no llora nunca es raro de encontrar. Los bebés pueden dejar de llorar si ven que no sirve de nada hacerlo, pues no damos respuesta a sus demandas. En ese caso no estaríamos ante un bebé “bueno” si no ante un bebé resignado.

Pero a medida que los niños crecen, los motivos para llorar se multiplican y se vuelven más “complejos”. Los niños confunden querencia con necesidad y empiezan a llorar por sentimientos como la ira o la frustración ante acontecimientos no apremiantes.


Debemos siempre CONOCER el MOTIVO del llanto para después ACTUAR en consecuencia. Pero a veces, no está en nuestra mano poder solucionar el “problema” que origina el llanto. Por ejemplo, un niño que gatea y se mete todo en la boca, puede obsesionarse por llegar hasta el felpudo para chuparlo con fruición. Si le apartamos y no le dejamos hacerlo, se molestará y nos hará ver su enfado llorando. Pero por mucho que nos apene que llore está claro que no podemos permitirle que siga disfrutando de su peculiar manjar.

Un niño puede llorar porque ha perdido o roto un juguete. Podemos intentar encontrarlo o arreglarlo y podemos o no lograrlo. Si no logramos resolver el problema, solo nos queda intentar consolar al niño. A veces se tiene éxito y al niño se le pasa el disgusto. Otras veces no podemos si no esperar pacientemente a que escampe y pase el chaparrón. Porque aunque en esos momentos nos parezca imposible, en algún momento dejará de llorar.

Circulan por internet fotos de niños llorando por las cosas más bizarras, cosas en las que los padres no tenemos arte ni parte, que no podemos evitar ni solucionar. Otras veces, los padres podríamos acabar fácilmente con el llanto, cediendo ante peticiones nada razonables. Un niño puede tomarse muy mal nuestra negativa a comprarle un segundo helado o una chuchería antes de comer, pero claudicar solo para evitar sus gritos es “pan para hoy y hambre para mañana”. Si el niño habla y entiende hay que explicarle el porqué de nuestra decisión. Probablemente le darán igual nuestras razones y seguirá llorando. Tranquilos, se le pasará. 

Asumamos que los niños lloran. 

Si ya no es un bebé y no es por algo vital, 

permítele que llore,

permitete que llore.

Nos afecta oírle, si.

Pero somos fuertes, podemos soportarlo. 



lunes, 2 de mayo de 2016

¡HASTA LOS 6 MESES SOLO LECHE!

¡Hasta los 6 meses los bebés solo deben tomar leche!


Esta es una frase corta, concreta y sencilla de entender, ¿no? Pues resulta que en determinados ámbitos, lugares y culturas no hay manera de que la sociedad la asimile.

Hasta los 6 meses hay que dar lactancia en exclusiva, es decir, leche, bien sea humana o artificial, pero solo leche. Ni agua, ni zumos, ni calditos, ni infusiones. Nada. Solo leche. A demanda. Es decir, siempre que el bebé tenga hambre y pida comer. Por el día y por la noche. Tantas veces como quiera y tanto rato como desee. Y si damos fórmula, respetando siempre las indicaciones del envase, sin poner más ni menos agua que la estipulada en función de la cantidad de producto.

Da igual lo que hicieran nuestras abuelas o nuestras madres con nosotros hace 20, 30 o 40 años. Da igual que le hayamos dado algo distinto a nuestro hijo mayor y no se haya muerto. Da igual lo que diga el pediatra. Si, estás leyendo bien. Da igual lo que te diga, porque si lo que te dice es que a tu bebé con solo un par de meses le puedes o le debes dar algo distinto a leche, ese pediatra está desinformado, ese pediatra no está haciendo bien su trabajo, su recomendación está equivocada. Porque sí, los pediatras se pueden equivocar. Un médico puede estar equivocado, igual que podemos estarlo cualquiera de nosotros en un momento dado.

¿Por qué debemos seguir esta recomendación? 

  1. Porque lo dice la Organización Mundial de la Salud. Que sí, que no es perfecta, que ha podido equivocarse en alguna ocasión con alguna recomendación, pero en general, es el máximo organismo a nivel mundial que vela por nuestra salud y es un organismo serio que realiza estudios amplios para llegar a las conclusiones a las que llega.
  2. Porque el estómago del bebé no está preparado todavía para digerir otra cosa y le puede sentar mal. Puede tener gastroenteritis y desarrollar en el futuro alergias o intolerancias a aquellos alimentos introducidos erróneamente antes de tiempo.
  3. Porque las necesidades nutricionales de un bebé son específicas y elevadas. Necesita tomar leche cuya composición le permita obtener todos los nutrientes que necesita para desarrollarse correctamente. Si le damos agua, infusiones o zumos, le privamos de las proteínas necesarias para su crecimiento y podemos provocar su desnutrición.
  4. Porque podemos confundirle y hacer que rechace el pecho y se destete antes de tiempo.
  5. Porque él no lo ha pedido, y la introducción de los demás alimentos debe hacerse cuando él bebé muestre interés por ellos. Con menos de 6 meses el bebé no es todavía consciente, no decide ni puede elegir por sí mismo, por lo que le estaríamos obligando a tomar cosas que puede que él no quiere tomar, no le gusten o no necesite.
  6. Porque no hay necesidad ni prisa ninguna para hacerlo. Si el problema es el calor y el miedo a la deshidratación, con tomar más leche el problema estaría solucionado, pues es igualmente líquido.

De todas las razones, la última es en la que más suelo incidir y es que no entiendo esa obsesión con darle “probaditasal niño de cualquier cosa tan pronto. Intuyo que tiene algo de cultural. A lo mejor hay madres que sienten la necesidad de imitar los modelos que ven en los medios, en la ficción y los anuncios, y a las que les parece que si no introducen con una cuchara, alimentos en la boca de sus hijos, no están ejerciendo correctamente de madres.

A todos nos ha hecho gracia ver como nuestros hijos chupaban un limón y ponían caras imposibles. Probablemente les hayamos empujado a hacerlo, ofreciéndoles malévolamente la fruta, cámara en mano lista para grabar su reacción. Ver como nuestros hijos van creciendo y comprobar cómo reaccionan ante estímulos nuevos es muy bonito y divertido, pero no deberíamos forzar la máquina haciendo experimentos que pueden ser peligrosos para su salud.



Resumiendo: antes de los 6 meses no le des a tu bebé nada más que leche, porque no se obtiene ninguna ventaja en darle otras cosas, mientras que las consecuencias negativas puede que no sean evidentes o inmediatas pero existen, así que mejor no arriesgarse innecesariamente

Así que, tranquilidad y paciencia, que todo llega y todo tiene su momento. Seis meses pasan enseguida y tu hijo tendrá toda una larga vida por delante para probar todos los alimentos que quiera.

lunes, 4 de abril de 2016

DE POSICIONAMIENTOS Y SECTARISMOS EN LA PATERNIDAD

Esto es lo que pone en la wikipedia sobre lo que es una SECTA.

Una secta es el conjunto de seguidores de una doctrina religiosa o ideológica concreta. El término se usaba originalmente solo para aludir a partidos o comunidades de personas con afinidades comunes (culturales, religiosas, políticas, esotéricas, etc.), que a través de sus enseñanzas o ritos se diferenciaban de otros grupos sociales. Solo posteriormente adoptó el sentido secundario de «herejía», o creencia y grupo disidente que se separa de su fuente original, o que discrepa de las religiones mayoritarias, casi siempre con connotaciones peyorativas. Luego, en los años ochenta se define el concepto de "nuevos movimientos religiosos" para diferenciarlos del concepto negativo popular de "sectas", y evitar así la persecución de las minorías. Actualmente aún hay preocupación entre las autoridades civiles frente a los grupos sectarios auténticamente peligrosos, por lo que se ha sugerido el concepto de «sectas destructivas».

De esto lo que yo deduzco es que quienes utilizan la palabra secta para referirse a los partidarios de: Parto en Casa, Lactancia Materna, Colecho, Crianza Natural, etc., lo que están tratando de poner de manifiesto es que estas personas, no son, no somos, ovejitas dentro de un redil. Que hemos hecho o estamos haciendo las cosas de manera diferente a la “habitual”. Que actualmente -y de momento- somos una minoría los que discrepamos ante lo que hace todo el mundo y la mayoría considera normal.

Pues mira sí, en ese sentido somos una secta, porque no consideramos que sea normal ni bueno, que te maltraten y te rajen para poder parir, porque no consideramos que sea normal ni bueno que los bebés tomen leche de vaca antes que leche humana o sea de su propia especie, porque no consideramos que sea normal ni bueno que los niños duerman solos en otra habitación pudiendo dormir con nosotros, etc. Si para dejar de ser calificados de sectarios tenemos que pasar por todos estos aros, preferimos, al menos yo prefiero, seguir siendo calificada así.

Pero lo que me gustaría analizar es el porqué del uso peyorativo de esa palabra para referirse a estas personas que piensan, sienten y actúan diferente a ti. ¿Qué te lleva a usar la palabra secta, a utilizar el término sectario con el objetivo de agredir a otra persona?

Mi opinión es que da vértigo y duele. Da vértigo pensar que pudiste hacer algo diferente, algo mejor. Que podrías estar haciéndolo y no lo haces, vete tú a saber porqué. Duele pensar que a lo mejor te equivocaste, a lo mejor no tomaste la mejor decisión, a lo mejor no lo intentaste lo suficiente. Y descargas tu miedo y tu frustración en quienes te muestran esas otras opciones, que estaban a tu alcance y que quizá desdeñaste por falta de información, por falta de valor o por falta de fuerza de voluntad.

Porque cada decisión que tomamos es un reflejo de quiénes somos y de lo que consideramos más importante. A veces lo que más nos importa somos nosotros mismos, nuestra comodidad y nuestro bienestar, ser uno más, ser como todos, no sentirnos juzgados ni rechazados por el entorno. Es más fácil seguir la corriente que sentarnos a reflexionar y tomar decisiones conscientes.

Si por algo se caracterizan los partidarios de la crianza natural es por usar la lógica, razonamientos y estudios científicos serios para respaldar sus opiniones. Del otro lado solo veo malos modos y faltas de respeto. Dijo  Gandhi: “No hay que apagar la luz del otro para lograr que brille la nuestra”. Si necesitas desprestigiar y ridiculizar al “otro” para hacer valer tu posición, solo demuestras que tu posición es débil, endeble.

Si todos bajáramos al mismo nivel, podríamos empezar a hablar de las sectas de la cesárea, de la lactancia artificial, o de Estivill, porque defensores de estos asuntos los hay y también muy vehementes, aunque carentes casi siempre de argumentos de peso. Pero no se suele calificar de sectarias a estas personas, porque son muchas, pero sobre todo porque no son peligrosas.

Lo peligroso es demostrar con la experiencia que las mujeres sanas en su mayoría no necesitan hospitales para parir. Lo peligroso es demostrar que los niños pueden crecer sanos y hermosos a base de teta sin recurrir a leche en polvo. Lo peligroso es criar niños apegados a sus padres, independientes y con carácter que se revelen ante las injusticias. Porque somos peligrosos nos catalogas de sectarios. Porque si todo el mundo empezara a pensar como nosotros, dejaríamos de ser una secta minoritaria, y los negocios de muchos se verían afectados: desde las farmacéuticas hasta los fabricantes de cunas y colchones. 

Tú que hablas con desprecio de otras formas de ejercer la paternidad, estás actuando sin saberlo como un títere en manos de poderes fácticos que quieren que no seamos dueños de nuestros cuerpos y nuestras vidas, que quieren que alejemos a nuestros hijos de nosotros para así controlarles pronto a ellos también.


Pero aún estás a tiempo de cambiar y cambiar las cosas, porque ¿sabes qué? la nuestra es una secta abierta y puedes entrar en ella cuando quieras.

lunes, 21 de septiembre de 2015

MIS “INNEGOCIABLES”

Hay tantos tipos de paternidad como padres. Desde la educación “Prusiana” a la Crianza con Apego y la Pedagogía blanca hay infinidad de escalones intermedios. Como suele decirse “cada maestrillo tiene su librillo” y cada casa y cada familia tienen sus propias normas.

Yo me muevo entre dos aguas en estos temas pues aunque entiendo las motivaciones y necesidades de los niños, muchas veces me siento incapaz de dejarles el espacio y el tiempo que necesitan para explorar y quizá fuerzo a los míos a que se comporten como si fueran más mayores de lo que son.

Como ya he dicho otras veces, yo necesito determinado “orden y concierto” para mi tranquilidad de espíritu. He reflexionado a cerca de qué aspectos son innegociables para mí respecto a la educación de mis hijos, es decir, que lo han sido y siguen siendo y serían con otros que vinieran, si vinieren. Son temas en los que me muestro tajante y que para mí son de vital importancia y se resumen en tres puntos:

Hábitos alimentarios: más que el qué o cuánto coman que depende más bien del niño y del momento, me refiero al cómo y el cuándo. Yo he tenido suerte con los míos pues no son demasiado escrupulosos, comen de todo y no le hacen ascos a las cosas sanas como fruta y verdura pero podría acabárseme la suerte con un tercero. Creo que los hábitos alimentarios de los padres sin duda influyen en los de los hijos. Intuyo que en un elevado porcentaje de casos, cuando un niño es “especialito” con la comida es porque uno o ambos progenitores también lo es y el niño reproduce inconscientemente los comportamientos que ve en su hogar y adquiere las costumbres alimentarias de sus padres. Aunque también hay casos en los que la familia no tiene nada que ver y tampoco mucho que hacer respecto a la actitud de sus hijos con respecto a la comida. A ningún niño se le puede ni debe obligar a comer lo que no quiere. Pero lo que sí se puede hacer es establecer normas a la hora de la comida. Para mí la fundamental es que, con la salvedad de la teta que se debe dar a demanda y en cualquier lugar, comer se come sentado a la mesa. Uno se sienta, come y cuando termina se va. Nada de comer y jugar a la vez y llevar la comida a rastras por toda la casa pringándolo todo.

Disfrutando del agua.
Hábitos de higiene: a los niños no es necesario bañarles o ducharles todos los días y mucho menos usar jabón a raudales que les altera el ph de la piel y les somete a cambios de temperatura que pueden propiciar los resfriados. Pero es importante que los niños se familiaricen con el agua, que tengan contacto habitual con ella aunque sea de una manera lúdica más que por higiene. Darse un baño además de relajante es divertido pues se puede jugar en el agua durante el mismo. Nadar es también un ejercicio muy completo, por lo que acudir a la piscina a clases de matronatación es una actividad muy recomendable. Algunos niños disfrutan naturalmente mucho con el agua a otros les cuesta más. A algunos les molesta o agobia el mojarse la cara o la cabeza, también puede darles miedo o  incomodarles el chorro de la alcachofa y preferir el baño a la ducha. Creo que en estos casos no hay que desistir y dejar que el niño acumule roña. Si se insiste con tranquilidad y delicadeza el niño terminará cogiéndole el gusto al agua.

Otro tema de higiene y yo diría que también de seguridad es el corte de las uñas. A muchos niños no les gusta que les corten las uñas ni tampoco el pelo. Es cierto que pueden llegar a pasarlo mal durante el proceso pero creo que cortárselas es un “mal necesario” no solo porque acumulan muchísima suciedad que puede suponer un problema de salud pues es por ejemplo la vía de entrada de algunos parásitos, si no porque pueden ocasionar arañazos dolorosos a otros niños o incluso a ellos mismos con y sin intencionalidad.

Control agresividad: por último está el tema de la agresividad tanto con sus propios padres como con otros niños. Mis hijos no han tenido demasiadas rabietas y cuando se han enfadado no les ha dado por pegar a nadie pero si lo hubieran hecho no se lo habría permitido. Entiendo que cuando son muy pequeños no saben cómo gestionar sus emociones pero la solución no pasa ni debe pasar por volcar su frustración en forma de agresión física sobre las personas que los cuidan y más se preocupan por ellos. Que ellos se sientan mal no les da derecho a agredir a otros. Tampoco justifico diciendo que “son cosas de niños” el que peguen a otros niños para quitarles juguetes o acciones por el estilo. Mis hijos nunca tuvieron esos impulsos y me habría sentido muy mal si ese hubiese sido su “estilo relacional”. No sé qué es lo que puede hacer que un niño se comporte de manera habitual de esta manera, supongo que habrá muchos motivos, pero la edad no es para mí un “atenuante”, creo que es algo que hay que atajar cuanto antes y no adoptar una actitud permisiva porque creamos que el niño es demasiado pequeño para entender las cosas.

¿Cuáles son tus “innegociables”?




lunes, 14 de septiembre de 2015

¡NO ME DEJA HACER NADA!

Que levante la mano la madre que no haya dicho esta frase en alguna ocasión. No veo demasiadas manos levantadas...
Yo misma lo he dicho en numerosas ocasiones referido a mi primer hijo. Con el segundo ya sabía de que iba la cosa y estaba resignada a “no hacer nada” excepto cuidar de él. Ante mi lamento mi madre no acudía rauda y veloz a ayudarme en lo que necesitase, si no que me respondía que era a “lo que le había acostumbrado”. O sea que se suponía encima que la culpa era mía. La “culpa” de que el niño quisiera estar permanentemente conmigo, primero encima de mí y luego siempre dentro de su campo de visión. Yo intentaba dejarle, escabullirme, pero él se quejaba, reclamaba mi presencia y yo desistía de hacer cualquier cosa que no fuera estar a su lado, eso si, con agobio y sentimiento de culpa, por no poder limpiar y ordenar, por no poder cocinar, por tener en definitiva la casa y a mi misma hecha unos zorros. 
Está claro que era una novata y no conocía muchos recursos y trucos que ahora se como por ejemplo llevármelo de habitación en habitación conmigo y ponerle a mi lado mientras hacía lo que fuera,-cosa que es de cajón, lo sé, pero a mi nunca se me ocurrió-, o simplemente portearlo para poder tener libres las manos.

La necesidad de presencia materna para un bebé es enorme. Al principio necesita sentirnos cerca, olernos y que le abracemos. Tanto si toma biberón como si toma teta, durante los primeros meses el bebé es como una garrapata amarrado al cuerpo de su madre. Luego cuando empieza a espaciar las tomas y a tomar conciencia del mundo fijando la mirada en otras cosas a parte de su madre, mostrando curiosidad e interés por los objetos, de repente se da cuenta de que las cosas y las personas pueden desaparecer. Es la época del “cucu-trás”. Para el bebé no ver nuestra cara significa que no estamos y como no sabe lo que tardaremos en volver o si volveremos puede sentirse aterrado. Por eso llora si le dejamos 2 minutos para ir al baño a hacer pis. Es una época dura en la que podemos sentirnos atrapadas e inútiles pero que como todas pasa. Luego el niño empieza a gatear y luego a andar y ya admite que nos vayamos pero ahora que puede nos sigue como un patito, y tenemos que tener cuidado de no pisarle y no tropezar con él a cada paso. Estas son las etapas naturales por las que pasa el bebé que nos exigen en ocasiones una disponibilidad para atenderle enorme que no deja lugar para mucho más, por eso no es extraño que exclamemos desesperadas: ¡es que no me deja hacer nada!

Imagen viral de una mamá dando pecho en el baño.
Tengo que confesar que me sorprende enormemente cuando alguna madre me dice que su hijo se queda tranquilo en la cuna o en el carro, que no pide brazos, que no llora cuando no la ve, etc. Al igual que hacía mi madre conmigo, juzgo sin conocimiento de causa a esa familia y termino pensando que el niño no pide porque es “ a lo que le han acostumbrado”. No puedo evitar pensar que ese niño si que pidió en algún momento y como no se le dio se acostumbró a no obtener respuesta, se resignó y dejó de pedir. Está claro que no hay dos niños iguales pero creo que las necesidades básicas son las mismas para todos y la necesidad de contacto y sentirse seguros es algo que todos comparten. Escuchar y dar respuesta a nuestro bebé puede ser agotador pero es nuestra responsabilidad como padres, ¿no?

¿Crees que tu bebé es muy demandante?
¿Sientes que atenderle no te deja tiempo para hacer nada más?

lunes, 3 de agosto de 2015

TÚ NO SABES

Tú no sabes si ese niño era o no deseado. 

Es duro si quiera plantearlo, pero no seamos cándidos, esas cosas ocurren, quizá más de lo que pensamos. Ese niño puede ser fruto de una imprudencia o del deseo de otros, no de su madre. A veces se tienen hijos porque es lo que toca, porque es la mayor ilusión en la vida de nuestra pareja, como medio para salvar una relación, o en un último intento de que esa relación se torne de una vez por todas en algo “serio”.
Si, no son los mejores motivos para tener hijos, pero estas situaciones existen, y tú, tú no sabes.

Tú no sabes las circunstancias que rodearon el nacimiento de ese niño. 

No sabes cómo vivió esa mujer su embarazo, si tuvo alguna dificultad que hizo que lo viviera con miedo o con estrés. No sabes cómo fue su parto, si fue o no víctima de violencia obstétrica durante el mismo. No sabes si la separaron de su criatura al nacer, si quiso y/o pudo darle el pecho, ni durante cuánto tiempo. No sabes cómo fue su posparto y su puerperio, si se sintió sola y llena de dudas sin nadie a su lado que pudiera/quisiera ayudarla como necesitaba. No sabes si quiso/pudo criarlo personalmente o tuvo que dejarlo en manos de terceros. No sabes qué tipo de vínculo tienen ni por qué. Todas estas circunstancias influyen en el niño, en su madre y en la relación que mantienen y creo firmemente que a mayor apego mayor paciencia y viceversa.

Tú no sabes cómo es la vida de esa mujer. 

No sabes qué problemas tiene: si tiene problemas laborales, económicos o con su pareja. No sabes si llega o no a fin de mes. No sabes si está sufriendo mobbing en su trabajo o si su pareja la engaña o la maltrata. Tú no sabes si está preocupada o directamente enferma, o cansada porque trabaja dentro y fuera de casa y cuida además a un familiar de avanzada edad. No sabes si ese día ha dormido, o lleva sin hacerlo bien desde hace una larga temporada. No, tú no sabes nada.


Tú no sabes cómo fue criada y educada esa mujer. 

No sabes si tiene padre, madre o es huérfana y se ha criado en centros de acogida. No sabes si recibió amor o malos tratos. Quizá chille porque la chillaban a ella, quizá dé un azote porque a ella se los dieron y no ha tenido tiempo, curiosidad o la suerte de poder encontrar en su camino a quien le muestre otra manera mejor de hacer las cosas. O quizá lo intenta y probablemente lo consiga la mayor parte del tiempo, pero hoy, precisamente hoy, no ha tenido paciencia. Hoy, precisamente hoy, ha perdido las formas y tú, tú lo has visto todo, pero ¿sabes? Tú, no sabes nada.


Tú no sabes cómo es ese niño, qué siente, qué piensa, qué hace.

A lo mejor crees que lo sabes, dices que lo intuyes, pero no, no lo sabes. No conoces su carácter, ni el de sus hermanos, no sabes qué relaciones se dan entre los miembros de esa familia. Sólo has visto una instantánea de sus vidas, una foto no muy agradable tomada fuera de contexto. No sabes cómo ha transcurrido el día en esa casa, cuantas veces esa madre ha repetido lo mismo en un tono de voz bajo, hasta que a fuerza de sentirse ignorada ha terminado levantando la voz. Tú, aunque presumas de que lo sabes todo, no, no lo sabes.

El mundo no es perfecto, las personas no somos perfectas, las madres no somos perfectas (aunque algunas si crean que lo son), y por eso podemos ver a madres (padres también, por supuesto) perdiendo los nervios con sus criaturas en público. Que no está bien insultar, chillar o pegar a un niño nadie lo pone en duda, pero antes de lapidar a esos padres quizá podríamos intentar comprenderlos y ver que siempre hay un motivo, que no justificación. Que si bien los niños tienen derecho a ser niños, a equivocarse, a defender su postura y su libertad de elección persistiendo en sus actitudes, los padres también tenemos derecho a no poder más y estallar en un momento dado. Porque aunque la energía infantil parece infinita, la paciencia paterna no lo es.

Esto NO ES UN ALEGATO A FAVOR DEL MALTRATO INFANTIL. Tampoco es mi intención tratar de victimizar a los padres y demonizar a los hijos. Lo que me gustaría transmitir es que la crianza/paternidad no es fácil, que los padres no lo sabemos todo, pues nadie te enseña a ser padre, por lo que no siempre acertamos, que nos encontramos muy solos, y la sociedad actual no nos facilita nada nuestra tarea. Quizá muchos no deberíamos habernos convertido nunca en padres, pues no estábamos preparados para ello, pero por suerte o por desgracia no existe una autoridad competente que otorgue o deniegue los carnets de paternidad. Uno deviene padre, le dan el título y puede que algún día, a base de prueba y error, de leer e investigar y contar con ayuda y buenos ejemplos logre aprender a serlo. Mientras tanto vamos haciendo lo que podemos.

Así que, cuando seas testigo de una escena entre una madre y su hijo que te parezca inapropiada, antes de juzgarla severamente piensa que TÚ NO SABES. Y sobre todo, si esa mujer se acerca a ti, arrepentida buscando consejo porque es consciente de que no ha actuado bien, si las conoces, dale herramientas para mejorar, no insultos ni sermones.

lunes, 4 de mayo de 2015

LO QUE HICE CON EL PRIMERO QUE NO HICE CON EL SEGUNDO Y VICEVERSA

Los primogénitos son conejillos de indias. Cuando nos estrenamos como padres es lógico que cometamos con ellos algún que otro error de novatos. Con el segundo hijo ya tenemos experiencia y todo va más rodado. En mi caso particular cuento por varias decenas las cosas que no hice bien con Ángel o que podría haber hecho mucho mejor. De vez en cuando hablo con él de ello, le intento explicar que los padres somos humanos, que no lo sabemos todo y que como cualquiera nos podemos equivocar. No sé si a él le convence esta explicación pero es la realidad. Cuando vamos a convertirnos en padres no sabemos de la misa la mitad a cerca de lo que es un niño y lo que implica la paternidad, no suele haber a nuestro alrededor quien nos sepa orientar y aunque lo haya, estamos demasiado verdes y en la inopia como para escuchar atentamente lo que nos cuentan e interiorizarlo. Luego, con el niño en brazos, nos encontramos con una realidad muy distinta a la que imaginábamos y salimos del paso como podemos, a base de prueba y error.

Resumiendo mucho estas son las cosas que hice con mi primer hijo que no hice con el segundo o al revés. En primer lugar durante el embarazo de Ángel fui a clases de preparación al parto, pero no estaba nada preparada para el parto. Con Jesús pasé de las clases y me forme por mi cuenta, leyendo mucho y participando en las listas abiertas de El Parto es Nuestro. La diferencia entre ambos partos fue abismal, el primero hospitalario, intervenido y traumático, el segundo domiciliario, respetado y bonito de recordar. Tras el nacimiento de Ángel me quedé rota física y emocionalmente, tras nacer Jesús estaba fuerte y radiante.

Las dificultades que atravesamos Ángel y yo durante sus primeros días de vida dieron al traste con la lactancia materna, todo se nos puso muy difícil y yo no tenía conocimientos, apoyos, ni fuerzas para salvarla. Con Jesús también tuve algún que otro contratiempo pero conseguimos superarlo a base de constancia y fuerza de voluntad. La información y la ayuda y consejos de otras mujeres-madre fue la clave, lo que marcó la diferencia entre una experiencia y otra.

Respecto a la crianza, está claro que yo entré en la maternidad dentro de Matrix. No tenía ni idea de lo que necesitan y piden los niños y me chocaron muchas cosas: ¿no se supone que los bebés duermen durante todo el día? ¿por qué entonces el mío se pasa todo el día llorando? ¿por qué parece profundamente dormido pero se despierta automáticamente cuando lo dejo en la cuna? ¿por qué no puedo ir ni siquiera a hacer pis con un poco de tranquilidad? No, no estaba preparada para cuidar a un recién nacido y me pasaba el día agobiada, pensando que tenía un niño muy demandante cuando era en realidad un niño normal que me necesitaba a su lado todo el día, como lo necesitan todos, nada más.

Con Ángel compré una cuna que si utilizó, aunque la mayor parte de los días terminaba dormido encima de su padre o en la cama con él. No conocía el mundo del porteo así que nunca lo portee, aunque me habría sido muy difícil hacerlo porque era un niño excesivamente grande y pesado. Seguí al pié de la letra las indicaciones del pediatra a cerca de su alimentación, le alimentaba a base de purés caseros, potitos, cereales y leche en polvo. Nos gastamos una fortuna en esa época en la farmacia, a parte de en alimentación también en medicinas pues Ángel fue a la guardería desde los 5 meses y se ponía malo cada dos por tres. En ningún momento se me pasó por la cabeza la posibilidad de pedir una excedencia. No lo llevaba demasiado en brazos pues habían calado en mí los consejos y advertencias que me hacía todo el mundo a mi alrededor sobre que se mal-acostumbraría a ello. Le bañábamos todos los días hiciera frío o calor, estuviera sucio o no.

En cuánto supe que estaba embarazada de nuevo, desmontamos y guardamos la cuna y la sustituimos por una cama “de mayor” para Ángel. Jesús siempre ha dormido conmigo, ha tomado teta hasta los 4 años y medio y nunca quiso el chupete (que Ángel usó hasta los tres años). Odiaba el carrito y lo portee hasta el año en que ya sabía caminar e iba andando a todos los sitios. Abandonamos la rutina del baño diario y dejamos de usar la bañera de bebés, simplemente llenábamos la bañera para el mayor y remojábamos en ella al pequeño al mismo tiempo. Jesús no pisó una guardería hasta los 9 meses y lo hizo sólo durante 9 meses y unas pocas horas al día. Nunca le di cereales en polvo y la factura de la farmacia disminuyó considerablemente.

La crianza de cada uno no ha podido ser más diferente, mi disposición hacia Ángel no era buena, mi respuesta a sus reclamos no fue empática y en parte debido a ello puedan explicarse las diferencias en las formas de ser de cada uno. En contra de lo que vaticinaban algunos, Jesús es un niño muy independiente, cariñoso y mucho más maduro que su hermano en algunas ocasiones. La relación que tengo con Jesús es mucho más cercana y profunda que la que tengo con Ángel, sin duda tiene mucho que ver la forma en que me relacioné con él durante los primeros años de su vida.

La crianza de mi segundo hijo fue mucho más consciente y satisfactoria que la del primero. A pesar de que recayó en mi casi todo el peso de su cuidado, tanto de día como de noche, debido a que le daba el pecho mientras mi marido se encargaba de Ángel y todo lo demás, sin embargo no estuve tan agobiada como la vez anterior. Sabía lo que necesitaba mi hijo, me sentía necesaria y capaz aunque en ocasiones estuviera agotada por la falta de sueño.

No se si en mi segunda maternidad he llevado a cabo o no una crianza con apego, lo que tengo claro es que ha sido una crianza mucho más relajada, en la que no estaba en continua lucha contra los deseos de mi bebé, si no que los escuchaba y trataba de satisfacer sus necesidades de la mejor manera que sabía. Ha sido también una crianza en la que hemos prescindido de muchos productos y artículos que se asocian indefectiblemente ala maternidad y los bebés, por lo que ha resultado menos costosa económicamente. Como suele decirse ha sido una experiencia: buena, bonita y barata, ¿qué más no se puede pedir? Está claro que si volviese a ser madre repetiría el patrón que seguí con Jesús. Sólo espero que Ángel pueda llegar a perdonarme por no haber sabido atenderle mejor, con más flexibilidad y cariño, habiendo escuchado más a mi instinto, a mi corazón, y menos a lo que dice la generalidad de la sociedad actual que hay que hacer o no con un bebé.

lunes, 20 de abril de 2015

MOMENTOS PROPICIOS PARA UNA RABIETA

Cuando un niño reacciona con fuerza desmedida ante una situación cualquiera estamos ante una rabieta. Hay momentos y circunstancias que son propicios para que tenga lugar la rabieta. Conocerlos puede ayudarnos a evitarlos adelantándonos a la rabieta, a situarnos y comprender el porque de la misma para poder frenarla y ponerle fin, o por lo menos a entender mejor a nuestro hijo y acompañarle en el proceso sin perder la perspectiva y los nervios como él.

Hay tres situaciones que según mi experiencia pueden desembocar en rabieta:
1.- El niño no se encuentra bien físicamente.
2.- El niño no se encuentra bien emocionalmente.
3.- El niño está frustrado por algo que no consigue hacer bien o no consigue obtener.

En los dos primeros casos la “razón” que desencadena la rabieta no es lo importante por lo que no debemos centrar nuestra atención en ello. La merienda, el juguete o la ropa no son si no la excusa para dejar salir el malestar que el niño siente. Puede tener hambre (hay niños que se ponen muy nerviosos cuando tienen hambre), puede estar cansado o tener sueño, o puede estar incubando una enfermedad o saliendo de ella y estar bajo de fuerzas. Estas situaciones hacen que el niño se encuentre mal y al no saber identificar el origen de su inquietud o no tener un vocabulario o capacidad de expresión suficiente para hacernos saber lo que les ocurre, explotan por cualquier motivo para hacernos ver que hay algo que anda mal. Por eso no es raro que tras un día malo, el niño de repente se quede dormido y no se despierte hasta el día siguiente o que lo haga con fiebre y mocos. Por lo que antes de nada conviene analizar si el niño puede tener alguna de estas cosas: hambre, sueño o enfermedad y actuar conforme a lo que ocurra.

El niño también puede recurrir a la rabieta para dejar salir un conflicto emocional que no es capaz de resolver. Si un niño está de mal humor, susceptible de entrar en barrena en cualquier momento hay que hablar con él y preguntarle si le ha ocurrido algo en el colegio, o con sus amigos en el parque que le haya hecho sentirse triste. Si conseguimos que nos lo cuente y le ayudamos a entenderlo y superarlo, conseguiremos mejorar su ánimo y evitar a tiempo la rabieta.

El último caso es el más difícil de enfrentar. Son habituales las rabietas de los bebés cuando se encuentran inmersos en algún proceso de cambio, a punto de alcanzar algún hito importante en su desarrollo, como sentarse, gatear, levantarse, andar, hablar, etc. Cuando un niño está empeñado por ejemplo en meter una pieza en una cajita y no lo consigue puede llegar a enfadarse mucho. Nuestro papel no es el de hacerlo por ellos si no guiarle en sus intentos y tener paciencia con sus berrinches.

Cuando la rabieta es por un juguete que tiene otro niño o una chuche que quiere comer, podemos volver al principio y ver si el niño se encuentra mal física o emocionalmente. A veces no hay una razón oculta para la rabieta, simplemente el niño pelea por conseguir algo que ansía y cuando no lo logra se enfada. Ante esto es fundamental tener en cuenta dos cosas:

1.- Evitar las incongruencias y crear costumbres que no queramos mantener en el tiempo.
Los niños tienen una memoria prodigiosa y una capacidad tremenda para adquirir hábitos, siempre que estos hábitos sean de su agrado. De manera que si les compramos dos días algo en un kiosco, cada vez que pasemos por un kiosco querrán que les compremos algo y si no lo hacemos no entenderán porque los otros días si se lo compramos y hoy no, se frustrarán y se enfadarán con nosotros por negarles algo a lo que se habían acostumbrado. Así que es mejor no hacer excepciones que ellos puedan tomar como una norma, si no queremos vernos en una encrucijada entre claudicar o aguantar el berrinche.

2.- Elegir con cuidado las batallas que queremos librar.
Que a uno le digan a todo que no es muy frustrante, se tengan 2 o 40 años. Por eso hay que evitar abusar del no y usarlo sólo cuando sea imprescindible y estemos seguros de la decisión que tomamos hasta el punto de no echarnos finalmente para atrás. Hay aspectos en los que el niño puede decidir, otros en los que se puede negociar con él y otros en los que no existe negociación posible. Estos últimos deben ser cosas importantes, que debemos tener claras y así mostrárselo a los niños. En general son todos los asuntos relacionados con su seguridad, su salud o la integridad de otras personas. Si por ejemplo un niño es propenso a las caries y no debe tomar caramelos, debemos ser firmes en nuestra determinación de negárselos y como dije en esta otra entrada sobre las rabietas, no ceder a pesar de la rabieta. En definitiva, si algo no tiene mucha importancia para nosotros no hay que negárselo al niño, es mucho peor decirle que no al principio y luego acceder a sus reclamos para poner fin a su rabieta.

No soy partidaria de poner pruebas y trabas artificiales a los niños para hacerlos fuertes intentando superarse. Esta es una visión muy retrógrada de la educación con la que no estoy de acuerdo. Creo que la vida ya proporciona suficientes ocasiones para que maduremos y nos enfrentemos a retos y situaciones desagradables, así que no es necesario ponérselo más difícil a los pequeños. La frustración es una vivencia real que no hay que forzar pero tampoco evitarle a los niños. De manera que aunque es más agradable para todos que las rabietas no tengan lugar, si ocurren tampoco hay que echarse las manos a la cabeza y dudar de nuestra capacidad como educadores o de la salud mental del niño. Al final el disgusto se le pasará y con el tiempo aprenderá a aceptar negativas y a defender sus intereses con más tranquilidad, o no...

miércoles, 25 de marzo de 2015

EL CAMINO A LA INDEPENDENCIA DEL NIÑO

Una vez una madre me dijo que su hijo, un bebé de pocos meses era “demasiado” dependiente de ella. No es la primera ni la única persona que tiene esas ideas peregrinas en la cabeza. Gran parte de la sociedad piensa que no es bueno que el bebé sea dependiente, cuando resulta que es lo normal.

Realmente quien dice esto en voz alta no se ha parado a pensar detenidamente en ello. Si se escuchase a si mismo y reflexionase se daría cuenta que dicha afirmación es ridícula. ¿Cómo no va a ser dependiente una criatura que no sabe hablar todavía ni desplazarse por si solo? ¡Pues claro que es dependiente! Depende de quienes les cuidamos quienes somos los responsables de su salud y su bienestar y el hecho de que ese diminuto ser reclame nuestra presencia y atención no es sino un signo de su fortaleza e inteligencia. El bebé lucha por su supervivencia de la única manera que sabe y tiene a su disposición: nos llama con gestos y sonidos para que estemos a su lado y así asegurarse que tiene cerca todo lo que puede llegar a necesitar: comida, bebida, calor, seguridad, cariño y estímulos para aprender. Si un bebé no demuestra interés por estar con el adulto que tiene al lado es porque algo no anda bien. El típico niño “bueno”, que duerme solo y del tirón desde el primer momento, que no pide brazos, que no llora y no “molesta”, no existe o es un niño con algún tipo de problema, bien de salud o emocional.

El bebé empieza a existir y se desarrolla en contacto continuo con su madre. Durante 9 meses son inseparables y cuando nace no está preparado para el aislamiento y la soledad. Buscará lo que ha tenido desde el principio, a lo que está acostumbrado, que es el contacto continuo con su madre. Esta claro que el embarazo es, a pesar de sus posibles inconvenientes, más cómodo para la madre que el puerperio. Durante el embarazo portamos a nuestro bebé en nuestro interior y no tenemos que hacer nada especial para cuidarle pues dentro de nosotras tiene todo lo que necesita. Sin embargo cuando está fuera la cosa se complica. Necesitamos sujetarlo con nuestros brazos y eso nos imposibilita usarlos para otras cosas. Tenemos que alimentarle con mucha frecuencia lo que nos impide así mismo realizar otras actividades. En esos momentos es cuando nos damos cuenta de lo mucho que el bebé nos necesita pues no puede hacer nada por si solo y si no tenemos ayuda y/o nos buscamos las mañas (portear al bebé es una de ellas, ideal para tener las manos libres y poder hacer otras cosas al mismo tiempo que cuidamos a nuestro bebé), tampoco nosotras podremos hacer nada más que atenderle. Tomar consciencia de este hecho puede agobiar mucho a muchos padres que se pasan el tiempo deseando que el bebé crezca rápido para que no los necesite tanto, en lugar de disfrutar de él.

Para forzar la independencia del bebé, trasladamos al niño a su cuna, o la cuna a otra habitación y aplicamos el Método Estivill para que se duerma solo y nos deje en paz. Le quitamos la teta y la sustituimos por leche de fórmula, con la que supuestamente “aguantan más” sin pedir comida y por tanto sin molestarnos. Ignoramos su petición de brazos para que no se “acostumbren” y nos fastidien nuestra delicada espalda al cargar con su peso. Les metemos en cuanto podemos a la guardería para que “socialicen” y otros les cuiden en lugar de tener que hacerlo nosotros. Todas estas decisiones buscan poner tierra de por medio entre nosotros y nuestros bebés.

Lo cierto es que hasta cierto punto es comprensible la actitud de muchos padres, pues no sabemos como son, que hacen los niños, ni cuales son las etapas normales en su desarrollo y nos vemos arrastrados por las modas y lo que vemos que hacen los demás. Lo único que tenemos que saber es que es normal que nuestro bebé sea dependiente y que la independencia llegará, la irá consiguiendo y desarrollando él lentamente cuando corresponda. A groso modo estas son las fases por las que pasará:
  1. Al principio llorará si no está en brazos. Algunos muy sibaritas prefieren que estemos con ellos de pie y notan perfectamente cuando nos sentamos o reclinamos y se quejan por ello. Portearlos con un fular, pañuelo y mochila es ideal para tenerlos encima de una manera cómoda.
  1. Más adelante cuando pueda sentarse y sepa usar sus manos para coger cosas y sienta interés por ellas, admitirá no estar pegado a nuestro cuerpo pero seguirá necesitando vernos a su lado, por lo que tendremos que llevarlo con nosotros a donde queramos estar y sentarle en la trona, en una mecedora o en una mantita en el suelo cerca para que nos vea, vea lo que hacemos, podamos hablar con él y podamos ayudarle si nos necesita.

  2. Luego cuando ya ande nos perseguirá como un pollito por la casa pues aunque ya sepa que no desaparecemos del mundo por desaparecer de su vista, tendrá miedo a quedarse solo y preferirá acompañarnos allá a donde vayamos, baño incluido.
Acompañar al bebé en estas etapas sin forzarle es lo más respetuoso para con ellos y lo menos traumático para todos.

Poco a poco la distancia física y emocional será mayor y llegará un momento en que rechace nuestros besos si está viendo dibujos o prefiera jugar con sus amigos a estar con nosotros. Entonces aunque ahora pueda parecernos mentira, echaremos de menos los ratos en los que no podíamos despegarnoslos de encima ni con una espátula o agua caliente.

miércoles, 4 de marzo de 2015

MIS RECETAS PARA NO COMPRAR CEREALES DE FARMACIA

Las mamás que damos el pecho podemos agobiarnos pensando de que manera vamos a darle los cereales al niño, porque la única opción que se nos muestra es comprarlos en la farmacia para mezclarlos con leche. Quienes dan biberón parece que lo tienen más fácil, solo tienen que añadir a la leche artificial los preparados que se venden en farmacias,- algunos vienen incluso ya mezclados -, y dárselo con cuchara o en el biberón poniéndole una tetina con un agujero más grande para que pueda salir el líquido ahora más espeso. Sin embargo la leche materna parece menos densa, la incorporación del cereal no queda igual y a veces al niño no le gusta y la rechaza. Aparte a algunas mujeres puede no apetecernos sacarnos la leche para esto. ¿Entonces qué hacemos?

Lo primero que tenemos que hacer es saber que son los cereales. Cereales son: el trigo, maíz, arroz, centeno, espelta, cebada, avena y mijo. De ellos, al menos en mi casa, sólo consumimos de manera habitual: el trigo en el pan, la pasta y las galletas, el arroz, y de vez en cuando maíz en ensalada o en tortitas y nachos. Del resto no puedo hablar mucho pero seguro que pueden encontrarse recetas por ahí ricas y saludables para poder consumirlos. Los que tienen gluten son el trigo, la cebada, el centeno y la avena.

Como dice Eva Hache: “los adultos no comemos “8 cereales con miel” todos juntos”, ni es necesario que lo hagan los bebés. Tampoco es obligatorio comerlos triturados en papilla. Existen otras opciones más naturales y económicas que los cereales preparados. Así fue como me las apañe con mi segundo hijo para prescindir efectivamente de esos cereales.

En primer lugar tengo que admitir que yo no practiqué el “Baby Led Weaning” con ninguno de mis dos hijos. Con el primero por desconocimiento y con el segundo porque llevaba sobre mi espalda mi primera experiencia maternal que sin duda me condicionaba. Con la alimentación de Jesús hice cosas que la mayoría de la sociedad puede considerar “transgresoras” como darle pecho hasta los 4 años y medio, sin embargo no renuncié a los purés. Me sentía impelida a dárselos por dos motivos: la fuerza de la costumbre pues así lo había hecho con su hermano mayor y porque psicológicamente me hacía quedarme más tranquila, creía que así comía más cantidad que si le dejaba a él decidir el qué y el cuánto comer permitiendo que cogiera la comida con sus propias manitas. Sin duda no tenía confianza en su capacidad de regulación y me sentía más segura si yo “controlaba” su alimentación. De manera que no llegué a comprar cereales en polvo, ni a hacer papillas, pero sí que trituraba los cereales que le daba.

Estos fueron mis trucos para darle cereales:
  1. Diariamente tomaba para el desayuno galletas María trituradas que metía en un bote como si fuera Cola Cao. Esto era lo que se llevaba a la guardería para desayunar los pocos meses que estuvo yendo allí. Le mezclaban  5 o 6 cucharadas con zumo de naranja y listo. No me sacaba leche ni le daba leche artificial para hacer la papilla.
  2. Todas las semanas cocinaba dos platos:
  • Macarrones con pisto. Macarrones integrales sin huevo y pisto (cebolla, calabacín y tomate). También podían llevar en lugar del pisto salsa bolognesa (algo de carne picada y zanahoria).
  •   Arroz tres delicias. Arroz, jamón york, guisantes y maíz.

Así él comía lo mismo que los demás, cubriendo la parte de cereales que su dieta necesitaba e incluyendo también verduras y proteínas. Como digo a él se lo daba triturado aunque podría habérselo dado cortado en trocitos pequeños o aplastado con el tenedor.

Jesús zampándose un churro con chocolate con un año
También solía chupar un currusco de pan o una galleta maría o similar. Esto sólo hay que hacerlo cuando les veamos preparados para ello y les vigilemos por si se meten un trozo demasiado grande que no sean capaces de gestionar ellos solos. Con esto pueden ya obtener la cantidad de cereal que necesitan. No se trata de que ingieran por obligación grandes cantidades, ya que sus principales necesidades nutritivas hasta el año se las sigue proporcionando la leche materna.

De manera que si diseñamos para nosotros los adultos, una dieta variada y sana en la que tengan cabida de manera regular los cereales y se los ofrecemos al bebé, éste puede tomarlos sin tener que comprarlos en la farmacia.