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sábado, 11 de febrero de 2017

VEGETTA777: UN INTRUSO EN MI CASA

Hoy voy a desempeñar mi papel como madre carcunda y esgrimir los típicos y socorridos: “los niños de hoy no saben divertirse”, “tiempo pasado siempre fue mejor” y “yo me entretenía con una piedra y un palo” para quejarme del tiempo que pasan mis hijos viendo vídeos de Vegetta777 y similares.



Yo nunca he jugado a videojuegos, salvo al Tetris antaño y más recientemente al Candy Crush. La verdad es que no se me da muy bien y tampoco me interesa. Siempre he sido más de escuchar música, los 40 en la radio o mis discos preferidos una y otra vez hasta casi rayarlos (madre mía que vieja soy!!!)

Así que no entiendo mucho de gamers y youtubers. No sé exactamente que hacen, bueno si, jugar y grabar las partidas supongo, y mostrar cómo se juega, trucos y demás… pero no sé donde radica exactamente el éxito de unos en comparación con otros, más allá de las modas de cada momento.

Yo solo sé que en mi casa se ha colado una voz ¿especial? que me taladra los oídos y que a mi particularmente no me gusta nada. Se trata de Vegetta777. No sé como mis hijos le conocieron, será porque ellos juegan a Minecraft y Vegetta tiene muchos vídeos de este juego.

A mí me pone enferma que en lugar de jugar ellos directamente, se dediquen a ver cómo juegan otros. Aunque claro, alguien podría decir que ver series de televisión es lo mismo: ves como otros viven en lugar de vivir tú…


Para hacer este post, me he documentado un poquito. Antes sólo sabía que se trata de un chico, español, ya talludito (28 años), con una voz peculiar y al que he oído en una ocasión decirles a los chicos que si viven con sus padres, deben respetar sus normas, cosa que le honra. También tenía entendido que ha escrito varios libros y todo. Me asombra que alguien pueda vivir de este tema, pero parece ser que es posible y él lo está consiguiendo.

Ahora he visto fotos suyas, y no es como me imaginaba la verdad. Me esperaba un friki flacucho y con gafas, -tengo que reconocer que tengo mis prejuicios-, sin embargo el chaval es majete y tiene buena planta (ahora ejerzo de vieja verde, jajaja). Parece que tiene estudios y que ahora vive fuera de España. (Vegetta: si me lees y no es cierto, corrígeme, y de paso saluda a mis chicos que seguro que les hace ilusión, jeje).

La cuestión es que yo preferiría que mis hijos hicieran un montón de otras cosas antes que ver los vídeos de este chico. Leer, dibujar o simplemente jugar entre ellos a cualquier cosa, a ser posible sin terminar pegándose. Pero estamos en invierno, hace frío, no hay niños en la calle con los que salir y las tardes son largas, por lo que al final un rato de Vegetta no se lo quita nadie. Total, se trata de vídeos de contenido inofensivo, al menos los que yo he llegado a ver. 

Pero como soy vieja y pelleja, les pedí muy acertadamente a los Reyes, unos cascos, para que disfruten de su pasatiempo en la intimidad y no me vuelvan a mí la cabeza loca.

¿Tus hijos también conocen a Vegetta?
¿Siguen a otros youtubers?

sábado, 10 de diciembre de 2016

COSAS QUE A LOS NIÑOS NO LES GUSTAN

No hay que pecar de cándidos. 

Los niños son tiernos y suaves pero tienen criterio propio
y unas ideas muy claras de lo que les gusta y lo que no. 


La primera gran sorpresa de la maternidad nos la llevamos cuando nos damos cuenta de que ese ser tan pequeño e indefenso tiene un fuerte carácter con el que defiende sus derechos e intereses. Son adorables, si, pero no son tontos. Hay cosas que no les gustan y nos lo hacen saber con contundencia.


Como en todo, habrá excepciones pero en líneas generales estas son las típicas cosas que disgustan o desagradan a los más pequeños.

En primer lugar, lo más importante es que a los niños no les gusta estar solos. No quieren estar aislados, necesitan contacto continuo con otros seres, a ser posible adultos y de su confianza. Su primera y principal figura de apego suele ser su madre y su instinto de supervivencia les lleva a no admitir estar separados de ella durante largos periodos de tiempo. Por eso, todos los instrumentos que traigan consigo esa separación les producirán rechazo. No les gustan las cunas, prefieren el colecho. No les gusta el carrito, prefieren el porteo. No les gustan los brazos de desconocidos, prefieren los de sus padres. Por eso llorarán con fuerza cuando intentemos soltarlos y se despertarán enseguida cuando noten que no estamos a su lado.

A los niños tampoco les gustan los chupetes… Diréis: “¡Mentira! Si ahora no consigo quitárselo y tiene ya x años”. El chupete es un sustituto del pezón materno. Los niños necesitan succionar, pero prefieren hacerlo del pecho de su madre. Porque el chupete imita al pezón pero no es ni mucho menos igual. Cuando ese pecho no está disponible por lo que sea, los niños terminan haciéndose al chupete y luego dependiendo de él. La primera reacción de cualquier bebé al sentir la tetina en la boca es de asco, ponen caras raras, la rechazan, la escupen, no saben qué hacer con ella. Luego a base de insistir, aprenden a gestionarla, y como les calma le cogen el gustillo. Yo siempre digo que es algo similar a la cerveza, el whisky o el tabaco. Al principio no gustan, porque objetivamente están malos, tienen un sabor fuerte y agrio, pero a base de tomarlos, la gente se hace a su sabor. Es habitual que los niños que toman lactancia materna a demanda no usen chupete porque no lo necesitan.

A muchos niños no les gusta el agua y el momento baño es una tortura para ellos. Generalmente prefieren baño en lugar de ducha y lo que menos les gusta es que les mojen la cabeza, en particular la cara y los ojos. Montan espectáculos de horror y muerte como si les estuviesen rociando con ácido sulfúrico. Algunos suelen montar shows similares cuando toca cortarles las uñas o el pelo. Se revuelven cuales Sansones a los que las tijeras les van a arrebatar su fuerza vital. Esto no significa que les tengamos que dejar ir por la vida como unos Vikingos mugrosos, pero es bueno estar preparados psicológicamente para afrontar su reacción.

Rara avis de niño al que le encantaba el agua y no tenía miedo en la peluquería.






Respecto a la comida, como diría una abuela cualquiera, muchos “viven de manías”. La más conocida y curiosa de todas es aquella por la que una fuerza poderosa les impide comerse las galletas que están rotas. Para ellos las galletas rotas, aunque sea mínimamente en una esquina prácticamente invisible, son incomestibles, vete tú a saber porqué. “¡Tendrían que pasar hambre como en la posguerra, para que se les quite la tontería!” seguiría diciendo la misma abuela y no le falta nada de razón. Aunque siguiendo con los refranes: “¡Le dijo la sartén al cazo!”. Todos tenemos manías en mayor o menor grado, los adultos también, aunque no seamos conscientes de ello o no queramos reconocerlo. No pasa nada por tenerlas. No cuesta nada transigir con ellas si son inofensivas. Así nos ahorraremos muchos conflictos, aunque tengamos que comernos nosotros las galletas rotas.

A los niños, como a los adultos, no les gusta que les digan NO constantemente, por eso hay que tratar de decírselo lo menos posible. Eso no significa que vayamos a decirles que si a todo y dejarles hacer todo lo que quieran, si no que hay que elegir bien que cosas son innegociables y tratar de ser flexible con las demás. Utilizando un lenguaje positivo y dándoles alternativas, podemos conseguir que sean más colaborativos y que cambien de postura y opinión con más facilidad. Este post de Bebés y Más: Cómo decirles que no sin decir “no”, nos da un montón de ejemplos prácticos sobre cómo hablar a los niños para erradicar el No de nuestro vocabulario.


¿Se te ocurre alguna cosa más que suelan odiar los más pequeños? 
¿Qué cosas hacen que tu hijo se enfade?

lunes, 3 de octubre de 2016

SOLO MOLA SI…

Admitámoslo, las crías humanas son unas “destroyer”.
Vaaale, bueeeno, solo algunas crías humanas. Bastantes, diría yo.
¿Por qué digo esto? Cualquiera que tenga hijos o cuide niños reconocerá una o varias de estas situaciones:



Estás con el niño muy concentrada en enseñarle a hacer torres y construcciones variadas, cuando a él lo que realmente le mola es tirarlo todo a hacer puñetas por ahí. El proceso de creación es un coñazo, lo que mola es deshacerlo a lo bruto. Ahí tenemos a un King Kong a pequeña escala, haciendo trizas el Empire State que hemos hecho con tanto mimo con piezas de Duplo.

Solo les mola si se suben por delante...
El parque da para mucho, en esto de la tendencia transgresora y destructora de los infantes. Empezando por el tobogán, al que, al contrario de lo que podamos todos pensar, no se accede por las escaleras, sino por la parte delantera. Miles de dientes mellados y brechas en la frente y la barbilla así lo atestiguan.

La arena del parque mola mazo, sobre todo cuando se la espolvorean por la cabeza como azúcar glasé sobre un tierno bizcocho. Es que no nos enteramos de nada: “¡Hacer castillitos es cosa de viejos!”. Lo que se estila ahora es llenarse de arena hasta el carnet de identidad. Arena que luego meten ilegalmente en nuestra casa y que nos encontraremos en todos sitios.


¡Ah! Y si consiguen metérsela en sus ojos o en los de su compañero de juegos,- a pesar de gastar esas largas y frondosas pestañas de bebé a lo Bambi,- creo que les dan un diploma o certificado de manipulador arenero.

Los rotus… ¡ay los rotus! La religión de los niños pequeños les impide terminantemente pintar en una hoja preparada a tal efecto. El sofá, el suelo, las paredes, etc…, son lienzos mil veces más atractivos para desarrollar su creatividad pictórica. Y no nos olvidemos de su propio cuerpo. ¡Tienen una fijación por hacerse tatuajes que no es normal! Deja a un niño solo 5 minutos con un rotulador y tienes un drama asegurado.

Otra de las cosas que hacen las delicias de los más pequeños son las torres de cd´s y dvd´s. ¡Con el tiempo y esfuerzo que te llevó tenerlos todos clasificados por orden alfabético! Y llegan ellos y en menos de lo que canta un gallo, los sacan todos, los barajean y luego no hay Dios que pueda poner de nuevo orden en ese caos. Es pensarlo y se me caen las lágrimas.

Seguro que a poco que lo penséis se os ocurren otros muchos ejemplos como estos, donde los niños dejan a su paso una huella de destrucción, cual Atila con su caballo.

Pero, oye, ¡y lo bonitos que son!

miércoles, 7 de septiembre de 2016

¡NO QUIERO VOLVER AL COLE!

Este verano no he escrito mucho. Tanto los niños como yo hemos estado haciendo el vago, que es lo que toca en esta época. El año pasado dediqué mucho tiempo y energías en recopilar recursos didácticos para el verano, sin embargo este año no les he obligado a hacer nada. Solamente he perseguido un poco al pequeño para que lea, pues este sigue siendo nuestro principal caballo de batalla. Al principio del verano le revisé la vista para comprobar que no tuviera ningún problema en los ojos. Dos profesionales distintos nos verificaron que no tenía ninguna dificultad visual por lo que hemos terminado asumiendo que se trata simplemente de un problema de falta de interés: no le gusta leer y punto.

Pero este año empieza 3º de Primaria y la cosa se pone difícil. Va a tener que leer si o si, y mucho. Le tengo pavor a este curso, en el que es probable que además le manden tarea para casa, tarea que a diferencia de su hermano mayor, sé que voy a tener que supervisar con él, por lo menos hasta que se haga a la idea y coja la rutina. ¡Me da una pereza enorme! Y por eso no quiero que empiece el cole…

Este curso ya va a tener mochila y libros “de mayores” que seguro que va a tener que pasear de un lado a otro y que al final voy a tener que cargar yo. El mayor es muy rápido y eficiente, termina las tareas en clase y normalmente no suele llevarse a casa demasiado peso. Le tengo dicho que deje en la cajonera todo aquello que no necesite llevarse, incluido el estuche, porque en casa tenemos todos los materiales: pinturas, tijeras, lápices, gomas, etc., que puedan llegar a necesitar. No sé si esto va a ser factible con el pequeño, pues no sé si será capaz de terminarlo todo allí…¡¡¡ le veo taaaannnn pequeño!!!

Por eso estoy estresada y el calor de estos últimos días tampoco ayuda en nada, la verdad.

Este verano no les he obligado a repasar nada, porque he pensado que necesitaban descansar para la que se avecina. Probablemente no sea tan duro como lo imagino, pero he preferido darles un respiro y dejarles a su aire. 


Las vacaciones de verano son para ellos un oasis de libertad. Se lo pasan corriendo en bañador y chanclas por la urbanización, jugando con sus amigos a batallas nerf o bañándose en la piscina. Este año han hecho su primer “botellón” nocturno, con chuches y refrescos. Hemos visto toda la saga de Terminator con su amigo Álvaro cuando estuvo en casa de visita, han practicado infinidad de deportes en el Campus en Santander, y jugado un montón a videojuegos… En definitiva han sido unas estupendas vacaciones que espero les hayan recargado suficientemente las pilas para afrontar el nuevo curso

Ahora solo nos quedan los recuerdos, las fotos,
respirar hondo y madrugar. 


¡Verano te echaremos de menos!



miércoles, 25 de mayo de 2016

SE HACEN MAYORES

Estos son los 5 signos que indican que mis chicos están hechos ya unos hombrecitos:




1. Si se levantan temprano se ponen a jugar y no nos despiertan a nosotros, al menos, no a propósito. Se ponen la tele y ven dibujos o encienden el ordenador y juegan. Esto es todo un progreso en nuestra casa, pues llevamos 10 años madrugando sin parar, todos los días, fines de semana y festivos incluidos.


2. Se duchan solos, juntos o en solitario. Y habrá quien diga que deberían haber estado haciéndolo desde hace mucho, que sus hijos se lavan solos prácticamente desde que salieron del útero de su madre y cosas parecidas, pero en nuestro caso, ni ellos ni yo, hemos tenido nunca prisa porque se gestionaran solos. Quizá sea por falta de experiencia o vaguería mía o de todos, que siempre me he encargado de su aseo. Ahora es una gozada desentenderse, con la tranquilidad que da saber que ellos se las apañan bien.


3. Duermen sin nosotros. Como os comenté, hace poco dejé de colechar con mi hijo pequeño y ahora los dos hermanos duermen juntos en la misma habitación. De nuevo habrá quien diga que los suyos siempre han dormido divinamente, solos y del tirón. En nuestro caso han empezado a hacerlo cuando todos, ellos y nosotros, hemos llegado a la conclusión de que estaban preparados para hacerlo y ese momento ha sido recientemente. Es genial no tener que acostarse cuando ellos lo hacen y poder seguir levantados un rato cuando ellos se van a la cama.


4. Pueden recorrer grandes distancias sin cansarse. Creo haber leído a Carlos González decir que hasta los 7 años es normal que los niños pidan brazos, pues hasta ese momento no están preparados para recorrer grandes distancias a la misma velocidad que los adultos. Mis hijos dejaron de pedirnos que les aupáramos hace mucho, pero por ejemplo, yo no podía hacer algunas cosas, como participar en la Asociación de Padres porque la distancia al colegio era excesiva para que mi hijo pequeño la recorriera varias veces. Este año por fin ya he podido acudir pues puede dar los paseos sin cansarse demasiado.


5. Podemos salir e incluso irnos de viaje varios días sabiendo que aunque nos echaremos de menos, todos asumiremos la ausencia con normalidad y sin mucho trauma. Para quien haya dejado a sus bebés, a los dos días de nacidos, con los abuelos para ir de marcha, haber esperado 10 años para hacerlo puede ser considerado una exageración, pero nosotros siempre hemos pensado que con quien deben estar nuestros hijos y con quien mejor están es con nosotros, sus padres, sobre todo cuando eran más pequeños.


Sin duda dan muestras cada vez de una mayor independencia, aunque sin llegar a los extremos de la infografía que muestro a continuación. Yo no aplico el método Montessori con mis hijos, y no dudo de que dé buenos resultados, pero considero un poco exagerada la tabla. ¡Que parece que los niños tuvieran que freír huevos con dos años y hacer paellas valencianas con 4!

Digo yo, que todo tiene su tiempo y que todo tarde o temprano llegará. De momento, me conformo con estos pequeños avances, y con que cumplan en el cole por las mañanas y jueguen todo lo que puedan por las tardes.


¿Tus hijos se van haciendo mayores?

¿En que tipo de cosas lo notas?

lunes, 23 de mayo de 2016

COMPLEJO DE DISCO RAYADO

Que tire la primera piedra la madre que no repita 100 veces al día las mismas frases. 


En mi caso las frases estrella son dos que utilizo indistintamente con mis dos hijos: “Deja al gato” y “Siéntate bien”. En tercer lugar pero no menos importante está el clásico: “Lávate los dientes” que suelo usar con más frecuencia para el lavado nocturno. Podría añadir otras como: “Bebe agua” (mi hijo pequeño no bebe nunca agua…), “No pegues a tu hermano”, “Vamos, a dormir”, etc. 

Una dice estas frases de manera automática y de corrido, muchas veces acompañadas del nombre del niño en cuestión. Por eso no sería de extrañar que mis hijos terminaran creyendo que se llaman: uno “Ángeldejalgato” y otro “Jesúsientatebien”.

Me doy cuenta de que todas ellas son frases imperativas. Sí, lo sé, soy una mandona, pero

¿es que acaso se puede actuar de otra manera siendo madre?


No creo en la existencia de niños autosuficientes e independientes que lo hacen todo siempre, a la primera y sin que nadie se lo mande. Antes prefiero creer en los ovnis y los extraterrestres. A los míos, que están en otro planeta y su reino no es de este mundo, hay que recordarles siempre las cosas, y no una, si no 100 veces, para que las hagan o dejen de hacerlas según el caso.

Y claro, a una se le acaba la paciencia…He pensado en grabarme en el móvil y darle al botón de reproducir cuando lo necesite. Así reservo mi voz y mis energías para otros menesteres.

También he pensado en comprar unos cojines muy chulos de Leroy Merlín, que levantaron una pequeña polémica en las redes hace un tiempo. Los cojines son de esos para poner debajo del culete en las sillas, y recogen todas las frases que las madres solemos decir durante las comidas, que son muchas.


Las comidas familiares son todo un filón en lo que se refiere a ese tipo de frases. Hay un sinfín de comportamientos a la mesa que los niños repiten, quiero pensar que de manera inconsciente. Por ejemplo: limpiarse las manos en la ropa en lugar de con la servilleta. Para mis hijos, la servilleta es esa cosa que tiran al suelo sistemáticamente con el codo, pero que no saben muy bien para qué sirve. Por otro lado, mi hijo pequeño se sienta a comer en cuclillas como el Gollum. Sólo le falta comer pescado crudo a bocaos y repetir: “Mi tesoro” para que te creas que estás en la Tierra Media con Gandalf y los Hobbits. 

Decían que estos cojines eran una falta de respeto hacia los niños pues ponían de manifiesto todas las faltas que estos cometían y que verlas allí escritas les haría sentir mal. Yo creo que a veces nos pasamos con tantos miramientos y que para sobrevivir se necesita también un poco de ironía y sentido del humor. Además, es mi casa, son mis sillas y las visto como me da la gana. Mis chicos ya son mayorcitos para entender la ironía y saben leer, así que si se dan por aludidos, lo tienen fácil para solucionarlo: tener un poco más de cuidado para mejorar sus modales en la mesa.

Buscando los susodichos cojines para ilustrar el post, me encontrado otros muy apañados con mensajes que solo las madres podemos entender. 


¿Tú también tienes complejo de disco rayado?

¿Cuáles son las frases que más repites? 

domingo, 10 de abril de 2016

LA MATERNIDAD Y… EL RUIDO

¡A grito pelao!
Continúo con la serie “La Maternidad y…” en la que hablaré de esas cosas que nos pasan a los padres, que sólo nos pasan a nosotros y que por tanto sólo nosotros podemos entender en toda su complejidad. Empezaré por el ruido.



Si eres padre/madre echas de menos el silencio.

A veces te gustaría que se callasen o al menos que “bajaran el tono”. Sin embargo, yo al menos, cuando me quedo sola en casa, suelo poner siempre música o la tele aunque no la esté viendo, solo para oír el ruido de fondo y así sentirme acompañada. Debe ser que “ni contigo ni sin ti…”, una vez acostumbrada al alboroto, si no lo hay, se le echa de menos.


Cuando los niños se lo pasan bien arman mucho barullo. Cuando están concentrados y traman algo (algo inadecuado…) reina un silencio absoluto. Por lo que se nos presenta una disyuntiva difícil de resolver:

¿qué preferimos el ruido infernal o el silencio sospechoso?

En la ilustración de Sarai Llamas pueden verse distintas situaciones que pueden provocar ese silencio sepulcral…

Aunque no seas católica ve persignándote...

Los niños hacen más ruido cuando es más inoportuno que lo hagan. Se me ocurren dos ejemplos: cuando estás intentando mantener una conversación telefónica con alguien o cuando estás intentando ver algo en la tele que te interesa. Eso sí, en cuanto cambias el canal y pones dibujos animados, oye, ni el ruido de una mosca. 

Los niños además tienen sordera selectiva. Puedes decirles 20 veces que se laven los dientes, cada vez subiendo un poco más los decibelios de tu voz y no se darán por enterados. Pero, susúrrales desde el otro lado de la casa que vas a darles un huevo kínder, y ya verás cómo se enteran a la primera.

Encima a las mujeres con la maternidad se nos agudizan todos los sentidos, el del oído incluido. No sólo oímos más sino mejor. Podemos distinguir el llanto de nuestros hijos entre cientos de niños y le oímos llorar desde la otra punta del parque cuando se cae. Es habitual decirle a tu compañera de banco: “ese es el mío”, antes de levantarte corriendo a socorrer a tu progenie.

Sin embargo, este súper oído puede jugarnos malas pasadas y hacernos oír cosas que no existen. No me digas que nunca te ha pasado esto…


miércoles, 17 de febrero de 2016

ADIOS COLECHO, ADIOS

Pueden estar tranquilos todos los que han pensado en algún momento que mi hijo pequeño iba a pasar de mi cama (que es la suya con más motivo, ya que ha dormido en ella desde que nació) a la de su novia. Porque ha decidido mudarse de habitación, y ahora con 7 años lleva ya 2 semanas durmiendo en una cama él solito, al lado de su hermano.


Ocurre. Tarde o temprano ocurre, que dejan de “colechar” con nosotros. Estamos ahora en pleno proceso de "separación nocturna" y es él quien ha querido cambiar de lecho.

Siempre ha sido muy tranquilo al dormir: no hacía ruidos, no roncaba ni hablaba en sueños, tampoco se movía demasiado, pero últimamente invadía mi espacio vital y yo dormía fatal. Creo que se ha dado cuenta de que íbamos a estar más cómodos cada uno por nuestro lado, así que ha decidido irse, al igual que fue él quien también decidió dejar la teta por propia iniciativa con 4 años y medio. Por tanto, el cambio ha ocurrido cuando estaba preparado para ello y en consecuencia ha resultado un proceso natural y tranquilo, nada traumático.

Me ha dicho que cuando soy muy cariñosa con él durante el día no necesita dormir conmigo por la noche... Para mí está claro que el colecho, al igual que la lactancia, no son sólo necesidades fisiológicas, no son solo sueño y alimento, son compañía, cariño y confianza. 


Ahora él se ve capaz de dormir solo. Es lo suficientemente mayor y “maduro” para saber que en casa está seguro mientras duerme aunque yo no esté pegadita a él. Sabe que le quiero, se lo demuestro por el día, así que no me “necesita” por la noche.

Las primeras noches que pasé sin él, me sentía rara, le echaba de menos. Incluso estaba celosa de que quisiera dormir con su hermano en lugar de conmigo. Pero reconozco que ahora duermo mejor, me despierto menos veces y me levanto más descansada. Los últimos días sin embargo hemos vuelto a dormir juntos. Tiene un flemón y he preferido tenerle cerca por si se encontraba mal o le daba fiebre. Él sabe, y así se lo recalco yo, que si le pasa algo debe avisarme y que si lo necesita puede dormir de nuevo conmigo puntualmente.

De esta experiencia del colecho me quedo con el recuerdo de tenerle dormido a mi lado, calentito, con los ojitos cerrados y esas pestaña enormes como cañas de pescar. Me quedo con la tranquilidad que me daba el sentirlo junto a mi, para taparle si tenía frío o tocarle la frente cuando estaba malo y comprobar si le había subido o no la fiebre. Me quedo con la sensación tan placentera de despertarle por la mañana y ofrecerle el pecho para desayunar antes de llevarle al cole. Me quedo también con la visión de la sábana y su almohada roja plagadas de sus "bubitas lácteas" (llegamos a contar más de 50!!!).

Ha sido un honor poder dormir contigo este tiempo. Te quiero mi niño.

lunes, 15 de febrero de 2016

SIGNOS DE QUE EN UNA CASA HAY NIÑOS.

Tu casa y mi casa no se parecen en nada a la casa de un soltero o de una pareja sin hijos. Atrás quedó esa época en la que la teníamos siempre en perfecto estado de revista, en la que todo estaba en su sitio, y nos preocupábamos porque todos los elementos decorativos maridasen entre sí como un buen ibérico y un reserva. Ahora nos conformamos con que las pelusas sean de menor tamaño que nuestra mascota, sea esta la que sea. Porque tenemos hijos y no nos da la vida para mucho más. O quizá porque tenerlos nos ha hecho darnos cuenta de lo que de verdad importa en la vida y el interiorismo ha pasado a ocupar uno de los últimos puestos en nuestra lista de prioridades.


¿Qué caracteriza una casa en la que hay niños? 


Bueno, empecemos por lo obvio: juguetes. En una casa con niños hay juguetes, y los hay en todas partes, no sólo en la habitación de los niños en cuestión. Cualquier sitio es bueno para encontrar un juguete. Podría decirse que al igual que hacen perros y gatos con el pis para marcar su territorio, los niños marcan el suyo, o sea toda la casa, dejando juguetes por doquier.

Densidad. Cuando se tienen hijos hay que olvidarse del minimalismo. La cantidad de trastos crecen exponencialmente cuantos más miembros hay en una familia. El trastero se vuelve entonces un must imprescindible, más si se prevé aumentar la prole y se quiere ahorrar reciclando la ropa y demás cachivaches de los mayores para que los que vengan detrás los hereden. 

En cuanto a la decoración, en toda casa con niños que se precie encontraremos evidentemente fotos de los pequeños, dibujos hechos por ellos colgados en las paredes o pegados a la nevera, y manualidades varias entre las que encontramos las que nos hacen con todo su cariño para el día de la madre y el padre. En mi casa tenemos también las paredes de la cocina llenas de Hamas Beads, la perfecta excusa para no fregar los azulejos.


Las paredes de una casa con niños son el lienzo perfecto para practicar diversos estilos pictóricos: impresionismo, expresionismo, “mecagoenlalechismo”…, y aunque nuestros hijos no tenga vocación de artistas, de los arañazos y marcas de manos y zapatos no se libran. Yo no voy a pintar la casa hasta que los míos abandonen el nido.

Un lugar en el que queda patente la existencia de niños en una casa es sin duda el baño. Pequeños detalles nos dan la pista de que en una casa hay “locos bajitos”: patitos de goma y otros animalitos acuáticos con los que poder jugar durante la hora del baño, mini cepillitos de dientes monísimos y pasta dentífrica sabor fresa, albornoces en miniatura con orejitas y dibujos en los cristales empañados tras la ducha son habituales en los baños de los niños. 


Bueno, que digo yo que no tendremos una casa digna de salir en una revista de decoración pero tenemos lo más importante que es un hogar lleno de vida ¿no creéis?

¿Se te ocurre algún otro “signo de vida infantil” que haya pasado por alto?

miércoles, 25 de noviembre de 2015

LA ROPA “INDECENTE” DE MIS HIJOS.

Justin Bieber es un "indecente"!!!
“Instancias superiores” me sugieren que compre ropa “decente” a mis hijos. Al leer esto a lo mejor os pensáis que llevo a mis hijos vestidos con harapos o con ropa sucia y llena de agujeros. También puede uno imaginarse que la indecencia consiste en ir como un rapero enseñando la raja del culo, o al menos mostrar la gomilla de los calzones, tipo modelos de Calvin Klein. Os juro que nada de esto es cierto. Simplemente, lo que ocurre es que mis niños van de sport la mayor parte del tiempo y llevar chándal parece que es indecente. 

Entonces, si la ropa de deporte no es decente:
¿qué tipo de ropa lo es?


Lo que intuyo es que se trataría de:

  • Ropa de vestir formal, es decir, pantalones con raya, camisas de las que hay que planchar, chaquetas de las de ir a misa los domingos y ya que nos ponemos, corbata o pajarita tamaño infantil. Vamos, todo de lo más cómodo para unos niños de 6 y 9 años.

  • Ropa a ser posible de marca, y no vale una marca cualquiera de garrafón, tipo Kiabi, Primark o Decathlon. Tiene que ser una marca de las caras, de esas que llevan un animal o un jugador de polo cosido en el pecho. Lo ideal para ir al parque por la tarde y rebozarse en el barro.

  • Por último, los hermanos (no me preguntéis por qué, porque no lo sé), aunque no sean gemelos ni mellizos, han de ir vestidos iguales como si lo fueran, o por lo menos conjuntados entre ellos ¡¡¡¿¿¿???!!!

Mis hijos son muy sensibles a determinados estímulos. El menor no soporta el roce de las etiquetas por lo que se las tengo que cortar todas. El mayor no soporta llevar prendas ajustadas y tiene los pies anchos como un Hobbit de la Comarca, así que es complicado encontrarle zapatos que le estén bien. Como los conozco, y conozco sus gustos y sus aficiones, sé que la ropa “decente” no tiene demasiada cabida en sus armarios. Si se la regalan bien, pero en casa no nos sobra el dinero para andar gastándolo en cosas que sé que no les gusta ponerse. 


¿Tus hijos también llevan ropa indecente?

lunes, 23 de noviembre de 2015

¿QUÉ PREFIERES? ¿LA RUTINA MAÑANERA O LA NOCTURNA?

Una de las principales normas de la comunicación es el positivismo. Cualquier tema despertará siempre más interés y aceptación, si lo introduces de manera positiva, que si lo haces de manera negativa. Pero ahora que ya he captado tu atención, que estás aquí dispuesto a leerme, voy a dejarme de paños calientes y te pregunto directamente: ¿Qué odias más? ¿La gestión de las mañanas o la de las noches? Me refiero evidentemente a la gestión de nuestros hijos. Yo no lo tengo claro, pero es innegable que estos dos momentos, se suelen vivir de manera estresante en los hogares donde hay niños pequeños. 

Analicemos las dos situaciones:



ESTRÉS MAÑANERO

Lo primero es levantarse uno para luego despertarles a ellos. A veces puede costar un triunfo hacerlo y si tienen un mal despertar, toca encima lidiar con su mal humor, así nada más empezar el día. De esos primeros momentos depende bastante cómo se va a desarrollar el resto de nuestro día. Luego toca azuzarles para que desayunen; van lentos y se distraen con cualquier cosa. Después, hay que repetirles 20 o 30 veces que se laven los dientes y que se vistan. La mayor parte de las veces se confunden con la ropa y se pone uno la del otro. Si les preguntas si tienen las mochilas preparadas, te contestan que sí, pero indefectiblemente en el último momento siempre se acuerdan de coger algo que se les había olvidado meter. Al final, siempre hay alguien que se enfada, salimos corriendo y llegan tarde al cole o a tiempo pero con la lengua fuera.

En 2011 ya apuntaban maneras...

CANSANCIO NOCTURNO

Por la tarde-noche, más de lo mismo, con la diferencia de que nadie nos espera en ningún sitio y las prisas nos las metemos a nosotros mismos, para poder acostarles a una hora decente. Además, por las noches tenemos el hándicap de que todos estamos más cansados que por la mañana, y por tanto más susceptibles, irascibles e impacientes. Por suerte, mis hijos no ponen pegas al baño, ni comen mal, pero desde que les dices que se laven los dientes hasta que lo hacen pueden pasar fácilmente 15 minutos, durante los cuales están en el baño haciendo “nosequé” y riéndose juntos. Luego, siempre quieren que nos acostemos con ellos, aunque a nosotros no nos apetezca porque no tenemos sueño y nos gustaría quedarnos despiertos para ver un capítulo de alguna serie “de mayores”. Algunos días les convencemos de que se acuesten ellos solos, pero la mayoría de las veces nos acostamos con ellos, con la esperanza de aguantar despiertos hasta que ellos finalmente claudiquen y poder levantarnos entonces furtivamente para estar un rato juntos y solos.

¿Os sentís reflejados en mi relato?

¿Qué franja horaria te es más fácil de llevar? 

Si pudieras escaparte, desvanecerte o desintegrarte temporalmente,
¿Cuándo preferirías hacerlo?

lunes, 9 de noviembre de 2015

PASEAR O PASTOREAR

A la salida del colegio, mis hijos y yo volvemos juntos a casa. Se trata de un paseo de unos 20 o 25 minutos, dependiendo del ritmo al que caminemos. Cruzamos varias calles e intersecciones, algunas de ellas peligrosas. Durante el camino y en otras ocasiones en que vamos juntos a caminar, no puedo evitar pensar que, en lugar de pasear me dedico a pastorear ovejas

¿Por qué digo esto?
  • Porque ninguno de ellos me da la mano. El pequeño nunca ha querido dármela. Se siente un “espíritu libre”. 
  • Nunca van caminando juntos ni a la misma altura que yo, por lo que tengo que estar mirando hacia adelante y hacia atrás para que no se me quede ninguno descolgado.
  • El pequeño vive en su propio mundo. No mira por donde va, ni siquiera cuando tiene que cruzar. Va saltando como una cabra montesa, subiéndose a todo lo que puede subirse, cambiando de dirección y de ritmo constantemente, por lo que me paso el rato pendiente de que no le pille un coche o se descalabre.
  • También se dedica a pasar la mano por todo lo que pilla. Le llamo cariñosamente: “mi pequeño basurero”. No quiero imaginar la cantidad de bacterias que puede llegar a atesorar en sus pequeñas manos. Seguro que alberga la mayor biodiversidad conocida en la tierra. Ahí me tenéis de nuevo, persiguiéndole para que se ensucie lo menos posible.
  • Por último y no menos importante: las cacas de perro. Yo no tengo perro, nunca lo he tenido y sé que no todos los dueños de perros son unos irresponsables, pero cuando me encuentro con las deposiciones a lo largo del camino, no puedo evitar echar pestes por la boca sobre la gentuza que no las recoge. Así que no sólo tengo que tener cuidado con los automóviles, si no que tengo que ir avisando a mis hijos para que no pisen las cacas. Los pobres van sorteándolas como si fuesen los protagonistas de un videojuego ¡Porque hay un montón!

Por todo esto tengo complejo de pastora. Sólo me hace falta la vara para azuzarles y el perro pastor. Prometo eso sí, que si llego a agenciarme uno, recogeré sus “regalitos” como una buena ciudadana.



¿Te resulta agradable desplazarte con tus hijos?

¿O te estresas porque se mueven como electrones a tu alrededor y te preocupas por su seguridad?

miércoles, 4 de noviembre de 2015

FRASES PARA RECORDAR

Suele decirse que los borrachos y los niños dicen la verdad. En algún sitio leí que hasta los 7 años, los niños tienen un pensamiento básicamente descriptivo, no juzgan, no dan su opinión subjetiva, sólo te dicen lo que ven y lo que sienten con el vocabulario que posean en ese momento. Es a partir de entonces más o menos, cuando pueden empezar a mentir deliberadamente y con más asiduidad, pues siguen siendo seres libres e imaginativos. 
Además su percepción del mundo es distinta a la nuestra. Su sentido del tiempo y el espacio, tarda en adecuarse a la realidad y no tienen miedo a inventarse palabras para definir aquellas cosas que no conocen o que no comprenden.
Jesús sin ir más lejos se inventó las palabras: "ponganga" y "pomillasa" para referirse a las pelusas.

Es habitual quedarse de piedra con las sentencias infantiles. Los niños muchas veces dicen aquello que los mayores no nos atrevemos a decir y lo hacen con una gracia y naturalidad pasmosas. Ellos no tienen todavía miedo al ridículo, no saben de convenciones sociales, ni tampoco de las posibles repercusiones que pueden tener sus comentarios.

Seguro que recuerdas muchas frases ingeniosas de tus hijos que probablemente nunca olvidarás. Permanecen en tu memoria por su ternura o el momento especial en que fueron pronunciadas. Estas son algunas de las que yo atesoro y que quiero plasmar aquí para no perderlas nunca:

ÁNGEL: 
  • “Los coches me dan miedo. Me miran con ojos”. (Los ojos son los faros).
  • “No quiero morirme nunca. Me quiero mucho”. (Mientras llora desconsoladamente).
  • “Ese camión… ¿está dibujado o está en el aire?” (Se refiere a que si existe, si es real o no).
  • “¡¡¡¿¿¿Para qué hacéis el sexo mamá y tú???!!!” (Sin comentarios…).
  • “Papá, ¡cuídame!” (Quiere decir que le haga caso, jeje).
  • "Huele a pintalabios de viejuna" (Al ver en youtube la actuación de una folklórica).

JESÚS:
  • “Tú siempre apareces”. (Dice con una sonrisa desde la cama cuando me ve aparecer en la habitación nada más despertarse).
  • “Eres la mejor madre del mundo” (Mientras le acompaño en un baño público…).
  • “Tú no me quieres porque me llevas al cole” “Allí los niños están solos”. (Con 2 años y 9 meses durante sus primeros días en el cole).
  • “¿Por qué a veces meamos con un chorrito y a veces con dos?” (¡Me sumo a la pregunta!).
  • “¿Ahora es la hora de la cena o del desayuno?” (Problemillas de percepción espacio-temporal).
  • "Es una caca pero hipnotiza" (Al ver una actuación antigua de Raphael).

¿Compartes las mejores frases de tus hijos conmigo?
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miércoles, 27 de mayo de 2015

LAS LEYES DE "MIS MURPHYS"

Yo soy una mujer controladora. Me gusta el orden y el concierto. Así que como podréis intuir la maternidad me supera en ocasiones. Con niños alrededor nunca sabes lo que va a pasar u ocurre muchas veces lo contrario de lo que nos gustaría.

Estas son algunas cosas que pasan indefectiblemente en mi casa:

1. Los niños se ponen malos en fin de semana o fiestas de guardar. ¡No falla! Se acerca un puente de esos que esperamos todos como agua de mayo y se ponen malos. Nada grave por supuesto. Un catarro o un virus que durará lo justo para estropear los planes que tuviéramos y que les abandonará a tiempo para que se recuperen y puedan volver el lunes al cole y a la normalidad de siempre.

2. ¿Que les llamas a comer porque ya está la mesa puesta? Pues ellos que llevaban un rato largo jugando tan tranquilos de repente sienten unas ganas irrefrenables de ir al cuarto de baño. Y allí se quedan los platos llenos de comida compuestos y esperando a que los comensales vuelvan y se encuentren las viandas tiesas y frías como los pies de Cristo.

3. Entre semana cuesta Dios y ayuda que se levanten de la cama para ir al cole y eso que duermen relativamente bien, bastante tiempo y no les despertamos excesivamente temprano. Pero luego llega el fin de semana y sin mediación de nadie se despiertan solitos prácticamente a la misma hora que el resto de los días, frescos como lechugas y nos espabilan a los demás frustrando nuestros deseos de permanecer un ratito más en la cama.

Recuerdo algunas otras leyes que se cumplían siempre cuando eran bebés como por ejemplo que siempre me olvidaba alguna cosa importante cuando salía con ellos de paseo y que al final acababa necesitando, o como se ensuciaban hasta arriba precisamente el día en que no llevaba ropa de recambio.

¿Te pasan a ti también estas cosas? ¿Cuales son las Leyes de Murphy de tu hogar?

lunes, 18 de mayo de 2015

EL MOMENTO BAÑO

Me gusta mucho hacer fotos, verlas y hacer chuminadas con ellas. Y eso que ni sé de fotografía, ni tengo una buena cámara, ni mucha idea de retoque fotográfico, que si supiera me pasaría el día foto arriba foto abajo. Antes de tener niños, viajaba mucho y me dedicaba a fotografiar paisajes y monumentos. Ahora, como toda madre que se precie, me dedico a fotografiar a mis vástagos en todo momento y ocasión. El baño es sin duda uno de estos momentos especiales.

Organizando mis carpetas de fotos empecé a encontrarme instantáneas de mis chicos en la bañera y me puse a recopilarlas. Es genial ver su evolución a lo largo de los años en un mismo escenario. Ver como eran de pequeñitos y como han crecido y cambiado. Es algo parecido a lo que ocurre con sus fotos de chulapos. No puedo evitar sentir nostalgía al recordar como eran hace unos pocos años. Al final no he podido resistirme y he hecho un collage con las mejores imágenes y lo he puesto en la pared del cuarto de baño.

Tengo muchos recuerdos asociados al “momento baño”. Echándo la vista atrás, recuerdo como los primeros meses a pesar de que a Ángel no le gustaba nada, le bañábamos todos los días religiosa y dicho sea de paso innecesariamente. Probablemente estaríamos haciendo algo mal que causaba ese rechazo al agua. Quizá elegíamos un mal momento para asearle en que estaba cansado y con sueño o tenía hambre. Con Jesús sin embargo, nos volvimos más flexibles, empezando porque nació en casa y no tuvimos prisa ninguna por darle su primer baño que postergamos varios días. Luego no le bañábamos todos los días y cuando lo hacíamos era junto a su hermano sujetándolo bien. Por eso conservo tantas fotos de ellos juntos en la bañera. Ahora prácticamente no caben en ella. A pesar de ello nuestro gato Poly insiste en intentar meterse con ellos en el agua. ¿Lo conseguirá?

lunes, 4 de mayo de 2015

LO QUE HICE CON EL PRIMERO QUE NO HICE CON EL SEGUNDO Y VICEVERSA

Los primogénitos son conejillos de indias. Cuando nos estrenamos como padres es lógico que cometamos con ellos algún que otro error de novatos. Con el segundo hijo ya tenemos experiencia y todo va más rodado. En mi caso particular cuento por varias decenas las cosas que no hice bien con Ángel o que podría haber hecho mucho mejor. De vez en cuando hablo con él de ello, le intento explicar que los padres somos humanos, que no lo sabemos todo y que como cualquiera nos podemos equivocar. No sé si a él le convence esta explicación pero es la realidad. Cuando vamos a convertirnos en padres no sabemos de la misa la mitad a cerca de lo que es un niño y lo que implica la paternidad, no suele haber a nuestro alrededor quien nos sepa orientar y aunque lo haya, estamos demasiado verdes y en la inopia como para escuchar atentamente lo que nos cuentan e interiorizarlo. Luego, con el niño en brazos, nos encontramos con una realidad muy distinta a la que imaginábamos y salimos del paso como podemos, a base de prueba y error.

Resumiendo mucho estas son las cosas que hice con mi primer hijo que no hice con el segundo o al revés. En primer lugar durante el embarazo de Ángel fui a clases de preparación al parto, pero no estaba nada preparada para el parto. Con Jesús pasé de las clases y me forme por mi cuenta, leyendo mucho y participando en las listas abiertas de El Parto es Nuestro. La diferencia entre ambos partos fue abismal, el primero hospitalario, intervenido y traumático, el segundo domiciliario, respetado y bonito de recordar. Tras el nacimiento de Ángel me quedé rota física y emocionalmente, tras nacer Jesús estaba fuerte y radiante.

Las dificultades que atravesamos Ángel y yo durante sus primeros días de vida dieron al traste con la lactancia materna, todo se nos puso muy difícil y yo no tenía conocimientos, apoyos, ni fuerzas para salvarla. Con Jesús también tuve algún que otro contratiempo pero conseguimos superarlo a base de constancia y fuerza de voluntad. La información y la ayuda y consejos de otras mujeres-madre fue la clave, lo que marcó la diferencia entre una experiencia y otra.

Respecto a la crianza, está claro que yo entré en la maternidad dentro de Matrix. No tenía ni idea de lo que necesitan y piden los niños y me chocaron muchas cosas: ¿no se supone que los bebés duermen durante todo el día? ¿por qué entonces el mío se pasa todo el día llorando? ¿por qué parece profundamente dormido pero se despierta automáticamente cuando lo dejo en la cuna? ¿por qué no puedo ir ni siquiera a hacer pis con un poco de tranquilidad? No, no estaba preparada para cuidar a un recién nacido y me pasaba el día agobiada, pensando que tenía un niño muy demandante cuando era en realidad un niño normal que me necesitaba a su lado todo el día, como lo necesitan todos, nada más.

Con Ángel compré una cuna que si utilizó, aunque la mayor parte de los días terminaba dormido encima de su padre o en la cama con él. No conocía el mundo del porteo así que nunca lo portee, aunque me habría sido muy difícil hacerlo porque era un niño excesivamente grande y pesado. Seguí al pié de la letra las indicaciones del pediatra a cerca de su alimentación, le alimentaba a base de purés caseros, potitos, cereales y leche en polvo. Nos gastamos una fortuna en esa época en la farmacia, a parte de en alimentación también en medicinas pues Ángel fue a la guardería desde los 5 meses y se ponía malo cada dos por tres. En ningún momento se me pasó por la cabeza la posibilidad de pedir una excedencia. No lo llevaba demasiado en brazos pues habían calado en mí los consejos y advertencias que me hacía todo el mundo a mi alrededor sobre que se mal-acostumbraría a ello. Le bañábamos todos los días hiciera frío o calor, estuviera sucio o no.

En cuánto supe que estaba embarazada de nuevo, desmontamos y guardamos la cuna y la sustituimos por una cama “de mayor” para Ángel. Jesús siempre ha dormido conmigo, ha tomado teta hasta los 4 años y medio y nunca quiso el chupete (que Ángel usó hasta los tres años). Odiaba el carrito y lo portee hasta el año en que ya sabía caminar e iba andando a todos los sitios. Abandonamos la rutina del baño diario y dejamos de usar la bañera de bebés, simplemente llenábamos la bañera para el mayor y remojábamos en ella al pequeño al mismo tiempo. Jesús no pisó una guardería hasta los 9 meses y lo hizo sólo durante 9 meses y unas pocas horas al día. Nunca le di cereales en polvo y la factura de la farmacia disminuyó considerablemente.

La crianza de cada uno no ha podido ser más diferente, mi disposición hacia Ángel no era buena, mi respuesta a sus reclamos no fue empática y en parte debido a ello puedan explicarse las diferencias en las formas de ser de cada uno. En contra de lo que vaticinaban algunos, Jesús es un niño muy independiente, cariñoso y mucho más maduro que su hermano en algunas ocasiones. La relación que tengo con Jesús es mucho más cercana y profunda que la que tengo con Ángel, sin duda tiene mucho que ver la forma en que me relacioné con él durante los primeros años de su vida.

La crianza de mi segundo hijo fue mucho más consciente y satisfactoria que la del primero. A pesar de que recayó en mi casi todo el peso de su cuidado, tanto de día como de noche, debido a que le daba el pecho mientras mi marido se encargaba de Ángel y todo lo demás, sin embargo no estuve tan agobiada como la vez anterior. Sabía lo que necesitaba mi hijo, me sentía necesaria y capaz aunque en ocasiones estuviera agotada por la falta de sueño.

No se si en mi segunda maternidad he llevado a cabo o no una crianza con apego, lo que tengo claro es que ha sido una crianza mucho más relajada, en la que no estaba en continua lucha contra los deseos de mi bebé, si no que los escuchaba y trataba de satisfacer sus necesidades de la mejor manera que sabía. Ha sido también una crianza en la que hemos prescindido de muchos productos y artículos que se asocian indefectiblemente ala maternidad y los bebés, por lo que ha resultado menos costosa económicamente. Como suele decirse ha sido una experiencia: buena, bonita y barata, ¿qué más no se puede pedir? Está claro que si volviese a ser madre repetiría el patrón que seguí con Jesús. Sólo espero que Ángel pueda llegar a perdonarme por no haber sabido atenderle mejor, con más flexibilidad y cariño, habiendo escuchado más a mi instinto, a mi corazón, y menos a lo que dice la generalidad de la sociedad actual que hay que hacer o no con un bebé.

lunes, 27 de abril de 2015

¿DUELE LA SALIDA DE LOS DIENTES?

El pediatra Carlos González afirma con rotundidad que la irrupción de los dientes de leche no duele. Entiendo que como proceso fisiológico normal que es no debería ser doloroso. Al igual que no nos duele respirar y si lo hace sería porque tenemos alguna patología, la salida de los dientes no debería doler. Aunque tampoco debería doler menstruar, parir o dar el pecho y sin embargo a muchas mujeres nos duele. Ello puede deberse a alguna disfuncionalidad física o incluso a factores psicológicos o emocionales, pero a veces no es posible encontrar una causa que justifique el malestar. Quizá la medicina no ha encontrado los motivos porque no ha estudiado lo suficiente esas problemáticas, ya se sabe que la salud de la mujer no es una prioridad para la comunidad científica.

Si bien estoy de acuerdo con la práctica totalidad del discurso de este pediatra y las cosas que defiende, no comparto con él esta afirmación. No estoy de acuerdo porque mi experiencia personal me dice otra cosa. Tengo dos hijos, el segundo no se enteró de la salida de los dientes pero el primero lo pasó fatal. No conozco el motivo de esta diferencia entre uno y otro. Puedo aventurar alguna hipótesis como que el primero no tomó leche materna y puede que ésta contenga algún componente que todavía no hayamos identificado que ayude a calmar el dolor lo que hizo que la salida no le resultase traumática al pequeño. El mayor además sufre de “hipomineralización” cosa que no tiene el pequeño, no sé si eso puede o no tener que ver.

Carlos González dice que la irritabilidad del bebé y la fiebre tienen su origen en otros motivos diferentes y nunca en la boca del bebé. Yo sé fehacientemente que Ángel lloró muchos días y sobre todo muchas noches por culpa de los dientes porque presentaba además los siguientes signos o síntomas:
  1. Tenía la encía y la maníbula calientes.
  2. Le olía fatal el aliento.
  3. Babeaba a litros.
  4. En alguna ocasión incluso sangró cuando terminó de salirle alguna de las últimas muelas.
Tras varios días quejándose e incluso teniendo alguna décima, de repente poseía un reluciente y diminuto diente nuevo en su boca. Para mi esto es “blanco y en botella”...
Creo que le dolía más por la noche por dos motivos. Por el día estaba más entretenido y distraido de lo que estaba ocurriendo en su boca mientras que por la noche a falta de otra cosa se centraba más en el dolor y se ponía nervioso. Por la noche al estar tumbado en la cuna o la cama la presión era mayor sobre su boca. Parecía calmarle estar en brazos, no tanto por el consuelo en si de la cercanía de sus padres si no por estar en posición vertical y ser mecido lo que le hacía relajarse.

No recuerdo haberle dado nada para combatir el dolor. No sé si existe tal cosa. Si tenéis la mala suerte de que vuestro hijo sufre con la salida de los dientes no os puedo recomendar nada más que paciencia, muchos brazos y paseos, quizá también un mordedor de esos que se enfrían en la nevera o que muerda alguna fruta o verdura dura, siempre bajo vuestra supervisión claro, y si os pilla en pleno verano podéis preparale un polo de frutas que sin duda le encantará.

Fastidia pensar que lo que a algunos niños les cuesta tanto termine luego por perderse al poco tiempo.



lunes, 13 de abril de 2015

LOS TESOROS DEL BOLSILLO DE MAMÁ

Dice mi marido, que él y sus hermanos siempre tuvieron bata para estar en casa de pequeños. Parece que estaban incómodos y renegaban de ella pero aún así sus padres se las ponían. Yo sin embargo nunca usé bata hasta que me cambié a nuestra casa actual hace ya casi cuatro años. Vivimos en una urbanización relativamente nueva, de esas con paredes de papel en las que se oye perfectamente hablar a los vecinos y que tiene unos acabados pésimos que hacen que el frío del invierno se cuele por todas las rendijas. En mi casa hace frío y por eso terminé comprándome una bata para no quedarme congelada, pues soy muy friolera. Evidentemente no se trata de una bata nada sexy ni glamurosa, es una bata cómoda y calentita, gris por fuera y con borreguito blanco por dentro. Mi bata y yo somos inseparables, no me la quito de encima prácticamente hasta que llega el mes de junio. Siempre la llevo puesta y además de abrigarme tiene otra utilidad: sus bolsillos me sirven para guardar cualquier cosa que encuentro por ahí. A veces llevo los bolsillos como las alforjas de un burro, cargadas hasta arriba de cosas variadas e inverosímiles. Este es un ejemplo de lo que mis bolsillos pueden atesorar:
  • Klinex usados, por mi o por alguno de mis hijos
  • Juguetes de Poly: chapas, bolas de navidad, mini ratoncitos, etc. cosas que uso para tirárselas y que vaya a por ellas cuando quiero que salga de una habitación y no me hace caso.
  • Piezas de lego o juguetes pequeños tipo basurilla que voy recolectando del suelo para evitar que Poly se los meta en la boca y se atragante.
  • Gomas del pelo y pinzas
  • Ojos?!
  • Pelusas, ejem...

Con tanto cachivache dentro a veces mis bolsillos tintinean y se me oye llegar de lejos. En mi casa el cascabel lo llevo yo en lugar del gato.

¿Tu eres "mami"? ¿Qué llevas en tus bolsillos?

miércoles, 8 de abril de 2015

VISITA AL DENTISTA

No conozco a nadie al que le guste ir al dentista. Podrán ser majos y buenos profesionales, pero cuanto menos tengamos que verles mejor. Que hurguen en tu boca es cuanto menos incómodo y además como la consulta odontológica sigue sin estar cubierta por la seguridad social, la visita puede salirnos por un riñón. Por eso en casa aunque no somos tiquismiquis con lo que comemos si que insistimos en que todos tenemos que lavarnos los dientes y vamos a revisión cada 6 meses por eso de que mas vale prevenir que curar, pues es mejor coger las caries a tiempo antes de que destrocen mucho los dientes.

Ángel tiene un problema dental llamado hipomineralización, que consiste en un defecto en la formación de los dientes cuyos minerales no se han constituido uniformemente, que pueden tener formas raras, son más frágiles y tienen a acumular más la suciedad que se les queda pegada, por lo que tienen más probabilidades de desarrollar caries y terminar rompiéndose. Este tipo de dientes se caracterizan por tener partes de un color oscuro amarronado. Además, le están saliendo unos dientes definitivos muy grandes para el tamaño de su encía y aunque hay que esperar un tiempo a ver si se recolocan, es bastante probable que tenga que usar corrector dental para posicionarlos bien.

De manera, que la visita al odontólogo es obligada para nosotros y todos en la familia hemos pasado en alguna ocasión por el “sillón de la tortura”. A Ángel le han empastado ya un par de muelas y ahora le ha tocado el turno a Jesús. Los dos tenían cierto reparo, pero Manolo nuestro dentista les explica todo lo que va a hacerles, va despacito y tiene bastante paciencia. Ángel hubo un día que se revolvió un poco, porque sintió algo de dolor, pero no quería usar anestesia. A Ángel siempre le han dado mucho mas miedo los médicos que a Jesús, éste último es además, por decirlo de alguna manera, un poco más “echado pa'lante” que su hermano. Por suerte esta última vez Ángel está perfecto asi que no le tienen que hacer nada. Mientras esperábamos en la sala de espera a que terminase su hermano, Ángel se entretuvo leyendo este tebeo. ¡No podía venir más a cuento!