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sábado, 16 de enero de 2016

¿A QUIEN LE IMPORTAN LOS NIÑOS?

Quizá ya llego tarde a comentar el tema del bebé en el Congreso. A estas alturas ya se ha dicho, escrito y leído todo lo que se puede decir, incluido algunos comentarios que son pura basura. De un lado que si impostura, que si fines políticos, que si privilegio injusto, etc. De otro que si el derecho a ejercer la maternidad como una quiera, que si la conciliación, que si el buen ejemplo, etc.

No he leído mucho de lo comentado, ni he escrito hasta ahora por pereza. Quizá porque el frío me quita la energía y las ganas de cualquier cosa que no sea tumbarme en el sofá con una mantita y mi gato o quizá, si me permitís el chiste, porque “Bescansa” ya esta lucha por la defensa de los derechos de las mujeres y los niños. Porque de eso se trata, de sus derechos. Derechos que ponen de manifiesto la OMS y UNICEF, pero que a nuestros políticos se la traen al fresco. ¿A quién le importan los niños? No sé a quién, pero está claro que a todos estos políticos que se han manifestado en contra de que la diputada Bescansa acuda al hemiciclo con su bebé, lo que siente y necesita la infancia les da igual.

Cabe preguntarse si esta falta de sensibilidad hacia las necesidades de los bebés es fruto de una maldad deliberada o de un desconocimiento general de lo que es un bebé. Porque sugerir que un bebé de esa edad estaría mejor en una guardería que con su madre es no tener idea de nada. Es menos entendible aún cuando este mantra lo repiten mujeres con hijos. Pero no hay porque extrañarse. Si hay ginecólogos que no tienen ni idea de lo que es un parto normal y matronas sin pajolera idea de lactancia, también existen madres no con uno si no incluso con varios hijos que no saben cómo funciona un bebé. Es así simplemente porque no quisieron (como en el caso de Carmen Chacón y Soraya Sáenz de Santamaría) o no pudieron ocuparse de ellos.

Cuando el sistema nos obliga prácticamente a renunciar al trabajo y pasar penalidades para poder cuidar personalmente a nuestros hijos, cuando no podemos permitirnos hacerlo y llevamos a nuestros bebés con 16 míseras semanas a la guardería, no nos queda otra que desconectar de ellos y autoconvencernos de que allí estarán bien atendidos para no sufrir. Suele decirse eso de que “ojos que no ven, corazón que no siente”. Quizá los adultos terminamos creyéndonos nuestras propias mentiras, pero los bebés no piensan, no razonan, no saben, solo sienten, y en la guardería o en brazos de cualquier otro desconocido, por muy amoroso que sea, se sienten solos, añoran a mamá y sufren.

Ese bebé estuvo tranquilo y feliz en brazos de su madre, no molestó “efectivamente” a nadie allí, no impidió a su madre ni a los demás desempeñar su trabajo. Entonces, ¿Cuál es el problema? Pues que llevándolo allí, su madre demostró no solo que se puede (en ese caso) llevar a tu hijo al trabajo, si no que se puede querer hacerlo, cosa que nos ocurre a muchas mujeres. El tema está claro: El permiso por maternidad es insuficiente. Cada vez somos más las mujeres que manifestamos que no queremos separarnos de nuestros bebés tan pronto, fundamentalmente porque a esa  edad no están preparados para estar lejos de nosotras. Punto.

Esta demanda es cada vez más fuerte y antes o después va a obligar a cambiar el sistema. Esta idea de cambio no gusta a muchos, sobre todo a los poderosos: los banqueros, las grandes fortunas, los empresarios explotadores, etc., en definitiva al sistema capitalista y patriarcal. Los políticos no pueden seguir haciendo oídos sordos y van a tener que adoptar medidas de una vez por todas. Carolina les ha puesto en un brete y ellos mismos con sus manifestaciones se han retratado.


Por eso, porque para mí que soy madre y he tenido que dejar a mi primer hijo en una guardería, he criado personalmente al segundo y se lo que es cuidar de hijos de otros, éste es un tema de vital importancia, me he jurado a mi misma que jamás volveré a votar a ninguno de los partidos “viejos” que han osado criticar a esta madre, pues se autodenominen como se autodenominen, en el fondo son el mismo perro con distinto collar y albergan respecto de la maternidad, la crianza y la conciliación idénticas ideas, rancias y caducas.

 
Una imagen vale más que mil palabras...


viernes, 6 de marzo de 2015

LA CONCILIACIÓN A DEBATE

Actualmente muchos niños se despiertan casi de madrugada, entran antes de la hora al colegio, desayunan y comen allí y al llegar el final de la jornada escolar lejos de irse a su casa a descansar, siguen en el colegio en actividades extra-escolares porque sus padres no pueden ir todavía a recogerlos. ¡Esto es una auténtica barbaridad! Y hablo de niños mayores, pensar en lo mismo en bebés hace que se me encoja el estómago.

Leo el documento de PODEMOS: "Reorganizar el sistema de cuidados: condición necesaria para la recuperación económica y el avance democrático"  y me llevo una profunda decepción. Más de lo mismo, la misma incomprensión. Menos mal que aclaran que no se trata de propuestas en firme si no solamente: "un texto que sirviera de marco para abrir, tanto dentro como fuera de la organización, el debate sobre cómo abordar la necesaria reforma del sistema de cuidados." Por ello ya me he apuntado a colaborar en ese debate aportando mi punto de vista que será básicamente el que describo a continuación.

Hay que plantearse primero ¿Qué entendemos por CONCILIACIÓN y que pretendemos conseguir con estas medidas? ¿Se trata de adaptar el entorno laboral para adecuarlo al familiar? ¿O se trata por el contrario de buscar parches que hagan que la vida familiar se acomode al sistema laboral tal y como está actualmente planteado? Lo que yo considero adecuado es lo primero: tratar de que quienes tengan hijos y quieran hacerlo, puedan atenderlos y criarlos el mayor tiempo posible de manera personal, porque para eso son nuestros hijos. La solución no pasa pues de ninguna manera institucionalizándolos a todos desde que nacen. Esa opción para quien la quiera pero ¿y quienes queremos otra cosa?

Para buscar soluciones hay que tener en cuenta todas las sensibilidades y cada vez hay más familias que quieren estar presentes en la vida de sus hijos y no verlos solo un rato al final del día a la hora de la cena. Por eso no entiendo la propuesta de "Eliminar todos los incentivos al empleo a tiempo parcial", pues ese es el tipo de trabajos que facilitarían enormemente que muchos padres pudieran hacer las dos cosas al mismo tiempo: trabajar por ejemplo por las mañanas mientras los niños están el cole y estar disponibles para ellos por las tardes, sin morir en el intento.

También me parece importante señalar que existe una gran confusión entre los términos crianza y educación. De 0 a 3 años (como mínimo) los niños no son apenas niños, son bebés, que no necesitan ser “educados” si no criados. Para poder plantear soluciones hay que conocer primero cuales son las características y las necesidades de esos mini-ciudadanos, y está claro que lo mejor para ellos no es ser cuidados por extraños desde el minuto cero. Necesitan como digo en esta entrada de mi blog: …”cuidados continuos y personalizados, de alguien que les conozca y les quiera. Estar con desconocidos que tienen que atender a la vez a varios bebés como ellos no es lo mejor para que puedan desarrollarse adecuadamente.  Hasta los dos años no interactúan apenas con sus iguales, lo que necesitan es una figura de apego adulta a su completa disposición, cosa muy difícil de conseguir en una institución. Existen infinidad de estudios que demuestran que estar separado de su figura de apego durante largos periodos de tiempo provoca en el bebé mucho estrés que termina afectándole a nivel cognitivo y emocional. Los avances en neurociencia consiguen demostrar los efectos en el cerebro del bebé de estas separaciones.”…

La raíz del problema está en que no se valora el acto de maternar o paternar. Si llevamos a nuestros hijos a una guardería, las cuidadoras cobran por su trabajo, tienen una compensación económica por el tiempo y energía que invierten en la tarea. Tienen reconocimiento social, tienen una “profesión”, un contrato, una seguridad social, una protección social en caso de que dejen de trabajar. Pero los padres que hacen la misma labor en su casa no tienen absolutamente nada de eso, aunque realicen igualmente una labor social muy valiosa.

Yo siempre pongo el mismo ejemplo: un soltero sin hijos en paro en su casa no contribuye a la sociedad en nada, salvo que dedique su tiempo por ejemplo a labores de voluntariado o algo así. Un padre o una madre en su casa, aunque no coticen y no paguen impuestos siempre, siempre, están contribuyendo a la sociedad. Sin embargo las familias estamos actualmente muy mal tratadas y en inferioridad de condiciones que el resto: si queremos seguir trabajando y cobrando lo mismo tenemos que separarnos de nuestros hijos, si decidimos estar con ellos disminuyen nuestros ingresos, aumentan nuestros gastos y no tenemos ningún tipo de ayuda ni compensación  a pesar de estar criando a los ciudadanos del futuro. Como mínimo si se pretende pagar con los impuestos de todos las guarderías de quienes elijan llevar allí a sus hijos, a los padres que opten por cuidarles personalmente debería de reconocérsele su trabajo por el mismo importe, en forma de cotizaciones a la seguridad social durante todo el tiempo que se dediquen a cuidar a sus criaturas.

Las ayudas a la maternidad/paternidad en España no existen. Podemos fijarnos en las prestaciones familiares del sistema francés de protección social  sin ir más lejos para comprobar como de desprotegidos estamos los padres en nuestro país.

Por cierto, que a parte de las guarderías existen otras opciones para el cuidado de los más pequeños como las “Madres de Día” ¿se financiará también a quien decida usar este tipo de servicio? ¿Y los abuelos? Porque a muchos no les vendría mal un dinerillo extra por cuidar a sus nietos para complementar sus míseras pensiones.

Sería más justo si se financiase la maternidad/paternidad en general y que cada cual haga con ese dinero lo que crea más conveniente. Subvencionar exclusivamente las guarderías no es equitativo y fuerza a hacer uso de un sistema de cuidados con el que muchos no estamos de acuerdo y que la ciencia ha demostrado que no es el más adecuado.

Me gusta más la propuesta de EQUO de "apoyar económicamente a familias que quieran tomar un paréntesis laboral hasta los tres años del hijo".

Todo mi planteamiento se basa en la firme convicción de que no es cierto que los niños estén igual de bien con sus padres que con cualquiera. Yo no veo el  problema de la conciliación desde una perspectiva económica ni feminista, lo hago desde una perspectiva “niñista”, analizando que es lo mejor para los niños y lo mejor para ellos es sin duda compartir tiempo con los suyos.

Por otro lado, la baja maternal debería ser como mínimo de 6 meses que son los que marca como referencia la OMS para la lactancia materna exclusiva. Menos de eso seguirá siendo insuficiente y más si a quien se concede el privilegio de poder estar con el bebé es al padre que no está capacitado para proporcionarle el pecho al bebé. La mujer que elija no dar el pecho puede igualmente disfrutar de su hijo durante ese tiempo o si prefiere volver al trabajo que le ceda ese tiempo a su pareja, pero en principio el bebé tiene derecho a tener acceso al pecho de su madre y estar con sus padres el mayor tiempo posible. Incluso con 6 meses seguirá siendo muy pequeño para separarse de ellos y pasar largo tiempo en manos de extraños, pero entiendo que por algo hay que empezar y que para poder ponernos a la altura de Suecia nos falta mucho tiempo y sobre todo un gran cambio de mentalidad.

Creo además que las 16 semanas de baja para el padre son un derecho que los padres no están reclamando. Dudo mucho que vayan a hacer uso de ellas. Creo que es importante ofrecer sin imponer y sería mejor opción dar un total de 32 semanas de libre disposición a la pareja para que cada familia se apañe como quiera. Las primeras serían siempre utilizadas por la mujer que es la que necesita recuperarse del parto y los cambios que se han producido en su cuerpo y quien atenderá al bebé la mayor parte del tiempo si le da el pecho, pero las demás semanas podrían repartírselas a conveniencia. Esta solución sería además un buen experimento sociológico para comprobar el nivel de implicación parental: saber quien se pide la baja y porque sería muy interesante.