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miércoles, 26 de noviembre de 2014

EJEMPLOS Y CONSECUENCIAS DE LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA

  • Sufrimos violencia cuando accedemos influidas por el miedo a una inducción innecesaria, sugerida por nuestro ginecólogo por una razón que no responde a la evidencia científica, sin habernos sometido a ninguna prueba cuyo resultado avale dicha intervención, si no simplemente para que el médico ajuste nuestro parto a su agenda.
  • Sufrimos violencia obstétrica cuando nos mienten diciendo que tenemos que someternos obligatoriamente a una cesárea porque el bebé viene de nalgas, sufrimos miopía o hemos sufrido una cesárea previa.
  • Sufrimos violencia obstétrica cuando nos regañan por haber engordado poco o mucho durante el embarazo, haciéndonos sentir culpables y enfermas, y con cuerpo imperfecto e incapaz.
  • Sufrimos violencia obstétrica cuando nos aplican innecesariamente procedimientos o intervenciones sin informarnos sólo porque es la rutina que establecen los protocolos hospitalarios.

  • Somos violentadas cuando nos rompen la bolsa o nos hacen una episiotomía sin permiso.
  • Somos violentadas cuando nos acusan de “no colaborar” cuando ni siquiera nos están dejando movernos durante el parto.
  • Somos violentadas cuando nos tratan con desprecio, no contestan a nuestras preguntas o nos sugieren que no nos informemos, cuando no aceptan nuestro plan de parto, cuando nos amenazan con no atendernos si no hacemos lo que ellos quieren que hagamos.
  • Somos maltratadas cuando nos separan de nuestro bebé, cuando no nos dejan verlo o tocarlo, cuando nos dejan solas y muertas de miedo en recuperación sin saber cómo se encuentra nuestro hijo.
  • Somos maltratadas cuando nos sugieren que no seremos capaces de parir sin pedir a gritos la epidural, cuando no nos apoyan moralmente durante el parto y no nos ofrecen alternativas para paliar el dolor.
El resultado de todos estos malos tratos (y son sólo unos pocos de los muchos ejemplos de las situaciones que penosamente sufrimos con regularidad las mujeres, cuando nos toca relacionarnos con el mundo de la obstetricia) es en primer lugar la existencia de unos indicadores de cesáreas, partos instrumentales, episiotomías, separaciones rutinarias, etc. muy alejados de los criterios de calidad. Pero también:

· Una alta insatisfacción de las mujeres con su experiencia de parto, con el trato recibido y su estancia en las instalaciones sanitarias.

· Bajas tasas de éxito en la lactancia materna.

· Posteriores problemas con el vínculo y la crianza de los bebés.

· Mayores tasas de depresión posparto y la existencia de trastorno de estrés postraumático.

· Disminución de la confianza en sí misma y en el sistema sanitario, y condicionamiento de su vida reproductiva posterior.

· Colateralmente esta inadecuada atención se traduce también en un importante despilfarro económico para el sistema público de salud, pues se realiza un gasto en materiales, aparatos, medicamentos, etc. innecesario para la atención de un parto normal.


Acabar con la Violencia Obstétrica es una necesidad, por el bien de las mujeres, sus hijos, sus familias y la sociedad en general.
Porque la manera de parir importa, la manera de nacer importa. 

lunes, 24 de noviembre de 2014

¿QUÉ ES LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA?

Violencia Obstétrica, es la violencia ejercida por los profesionales sanitarios sobre las mujeres que acuden a ellos, para recibir atención durante los procesos fisiológicos de embarazo, parto y posparto.

La violencia en general implica que desde una posición de poder (más o menos real o figurada), alguien trata mal, humilla y/o agrede a otra persona, con el objetivo de hacer que pierda valor y energía y de esa manera imponer su voluntad sobre ella. En la violencia obstétrica la figura de poder es el profesional, que se supone que es el que sabe y en quien confiamos nuestra salud y la de nuestro bebé. 
Sin embargo, en el ámbito de la obstetricia son muy habituales las prescripciones e indicaciones que no responden a un motivo justificado por los estudios en la materia, sino que son fruto de protocolos y rutinas desfasados que se han demostrado dañinos para el bienestar físico y emocional de la gestante y su bebé, y que entorpecen y complican enorme e innecesariamente el parto. La fuerza de la costumbre constituye un obstáculo tremendo para el abandono de estas prácticas y los profesionales se resisten a reconocer que dichas prácticas son inadecuadas y a actualizar su modus operandi para adecuarlo a las recomendaciones de las autoridades sanitarias a este respecto.

La Violencia Obstétrica supone pues un incumplimiento sistemático de las Recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud a cerca de la atención al parto y de la Estrategia de Atención al Parto Normal elaborada por el Ministerio de Sanidad Español.

Por tanto, cuando hablamos de una atención violenta en la Obstetricia, no nos referimos solo a  las “malas maneras”, faltas de educación o tacto, en la relación del profesional con la usuaria del servicio, (que también son censurables e influyen negativamente en la salud de la mujer) sino también y sobre todo, a la mala praxis, es decir, a aquella atención que no está justificada según la evidencia científica, y que responde a:

· la falta de actualización de los conocimientos médicos,
· la proliferación de mitos infundados procedentes del pasado,
· los propios miedos del profesional,
· la búsqueda de su propio beneficio personal de cualquier índole (económico, rapidez, comodidad, etc.).

La Violencia Obstétrica supone un abuso de poder por parte de los profesionales en un momento de gran vulnerabilidad en la vida de las mujeres, que implica, en muchas ocasiones la vulneración de la Ley del Paciente. Las mujeres no son correcta ni suficientemente informadas al respecto de su situación, no se les ofrecen alternativas, ni se les permite decidir. En su confianza en el criterio médico y el sistema sanitario, se ven arrolladas por el mismo, viendo peligrar su salud y la de su bebé, y pisoteados sus derechos y dignidad.

Por último la Violencia Obstétrica supone una violación por parte de los sanitarios de su propio Código deontológico, que en el caso específico de los médicos reza así:
Los principios esenciales de la profesión médica se traducen en las siguientes actitudes, responsabilidades y compromisos básicos:
- El fomento del altruismo, la integridad, la honradez, la veracidad y la empatía, que son esenciales para una relación asistencial de confianza plena.
- La mejora continua en el ejercicio profesional y en la calidad asistencial, basadas en el conocimiento científico y la autoevaluación.
- El ejercicio de la autorregulación con el fin de mantener la confianza social, mediante la transparencia, la aceptación y corrección de errores y conductas inadecuadas y una correcta gestión de los conflictos.

La Violencia Obstétrica es un tipo de Violencia de Género pues se inflige exclusivamente sobre las mujeres, pero hoy, 25 de Noviembre “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las mujeres”, no oiremos hablar de ella en los medios de comunicación porque es una violencia interiorizada y aceptada por la sociedad. A muy pocos nos escandalizan las respuestas de algunos ginecólogos a las madres en las consultas, las cesáreas programadas sin razón, el uso indiscriminado de oxitocina en las maternidades o el elevado porcentaje de episiotomías. La sociedad todavía asume como “normal” cosas que son habituales pero inadecuadas y perjudiciales. Falta difusión de este problema para crear conciencia y que se produzca un cambio de mentalidades, tanto en los profesionales para que no la inflijan, como en las mujeres para que dejemos de sufrirla sin quejarnos y denunciar.

lunes, 7 de octubre de 2013

LACTANCIA, AMOR Y HUMILDAD



El sábado estuve en el primer Foro de experiencias y vivencias de lactancia materna, organizado por la asociación Besos y Brazos. Me apunté para conocer de primera mano a Carmela Kika Baeza, Jose María Paricio Talayero y Adolfo Gómez Papí, excelentes profesionales y mejores personas, aunque al final terminé también como ponente. Mis historias de lactancia son difíciles de contar, por largas y complicadas, pero también por la parte emocional que llevan consigo. Me cuesta resumir, pero el tiempo apremia, por lo que siempre salgo de estos trances con la sensación de no haber contado todo lo que quería, como quería hacerlo.

Este tipo de eventos siempre son muy interesantes, entretenidos, educativos, y sobre todo emotivos. Quienes participan, se muestran tal como son, se sinceran y comparten su historia con los demás, hablando siempre desde el corazón, y eso se agradece enormemente. Además, esta vez el aliciente era que los principales ponentes, no acudían en calidad de profesionales, para hablar de aspectos técnicos o científicos de la lactancia, si no que, como cualquiera de las demás que estábamos allí, venían a  hablar de su experiencia personal con la lactancia. Escuchar todas las historias fue algo muy bonito y enriquecedor. Este foro me ha removido y me está haciendo reflexionar sobre muchas cosas.

Cuando este tipo de encuentros acaba, siempre me voy con la sensación de ser una gran afortunada, por haber conocido a estas personas tan valiosas y de las que tanto se puede aprender en tan poco tiempo. Son espacios de confianza e intimidad, donde se tratan temas de los que nadie habla y que por desgracia, no a muchos interesan. Por eso también me apena, ver que, la asistencia, aún siendo buena, desde mi punto de vista, es siempre insuficiente. Un padre preguntó que porque no se había grabado el encuentro, pues debería poder verlo todo el mundo. Yo opino lo mismo, pues en tan solo una mañana, y en un ambiente informal, se habló de muchas cosas importantes, que todos los futuros padres deberían escuchar alguna vez, quieran o no en un principio, optar por la lactancia materna para sus bebés, consigan o no, dar el pecho finalmente a sus hijos. La lactancia materna era el tema del que era objeto la jornada, pero fundamentalmente se hablo de algo más grande: el amor.

La otra gran palabra que resume esta jornada, y que me venía continuamente a la cabeza, al escuchar hablar a los profesionales de la salud que allí participaron, era humildad. Admitían con total naturalidad, que no siempre habían sabido de lactancia como sabían ahora, que ellos también habían cometido errores, influidos por el desconocimiento general de la sociedad y el ámbito sanitario sobre este tema, los mitos, y malas recomendaciones y la falta de apoyo de su entorno. Pero lo que más les honra, es que siguen pensando que no lo saben todo, y quieren seguir aprendiendo para poder ayudar a las mamás. Constatar que existen profesionales de esta índole, me da esperanzas para creer que todo no está perdido, y que aunque sea muy lentamente, el sistema cambiará, y en un futuro las madres y sus bebés, serán atendidos siempre como es debido. Humildad debería ser la principal asignatura obligatoria en la facultad de medicina, para poder formar buenos profesionales que proporcionen una atención de calidad.

Fue un placer participar en el foro. No me perderé el siguiente. Gracias a Alba y Ernesto por su iniciativa y empuje, pues hacen falta muchos más encuentros como este.

lunes, 19 de agosto de 2013

MOTIVOS PARA UNA INNE-CESÁREA, O COMO NOS ROBAN EL PARTO

Escribo hoy para volcar aquí los sentimientos de indignación que me despiertan sentencias falsas como la del Sr. Dexeus, dichas en el artículo: “La OMS reclama partos con menos cesáreas” de Zoom News, que insiste, al igual que lo hacen otros muchos, en que en España, cesáreas hay las justas y necesarias: "La cesárea en nuestro país no se hace, en ningún caso, por comodidad del médico o del hospital, sino por criterios estrictamente científicos,…”.

Este señor miente, y así lo demuestran los relatos de las mujeres, que cuentan tras su cesárea la razón que la motivó, y que en muchísimos casos no fue para nada un criterio científico.

Escribo a continuación algunos de los motivos más habituales que llevan a la mayor parte de las cesáreas de nuestro país, motivos no científicos y que por tanto no son justificables y si fácilmente evitables.
  • Si te programaron cesárea, por cesárea previa, por nalgas,  por miopía, u otro motivo bizarro no avalado por estudios fiables y actualizados, te robaron tu parto.
  • Si te indujeron el parto: por “pasarte de fecha”, porque el niño venía grande, aunque luego no lo fue tanto..., o porque salías de cuentas en navidades, y "para que esperar y fastidiar las fiestas a la familia, si el niño ya está todo formadito", etc. y la inducción no prosperó, te robaron tu parto.
  • Si tu parto terminó en cesárea porque el niño sufría debido a la oxitocina que te pusieron, sin que la pidieras ni necesitaras, te robaron tu parto.
  • Si terminaste en cesárea porque el niño no bajaba, debido a que pasaste toda la dilatación tumbada y no te dejaron moverte, te robaron tu parto.
  • Si tuviste una cesárea porque no te dejaron tiempo suficiente en el expulsivo porque había cambio de turno, o hubieras necesitado ponerte en otra postura para ayudar al niño a rotar, pero te obligaron a estar en el potro, te robaron tu parto.
Aquí se pueden consultar los motivos verdaderos para indicar una cesárea. Si te hicieron una cesárea por cualquier otro motivo distinto a los que aparecen en esta lista, te robaron tu parto.

Portada del libro de la editorial ObStare
Si, señoras, nos roban los partos. Aunque no seamos conscientes de ello. Aunque no lo queramos reconocer y suframos un síndrome de Estocolmo, que nos lleve incluso a adorar al médico/ladrón que supuestamente nos salvó la vida a nosotras y a nuestros bebés. A pesar de que el niño esté “bien”, sonrosado y con la cabeza redondita y de que nuestra suegra esté encantada con su nieto y le de igual por donde haya salido. A pesar de que la vecina del 5º le quite hierro al asunto, diciendo que ella también pasó por lo mismo y “no fue para tanto”. A pesar de lo que nos diga el médico y de que nosotras queramos confiar ciegamente en su explicación, en el fondo sabemos que nos han timado. Sabemos que si nos hubieran dejado, habríamos dado a luz a nuestros hijos divinamente.

Muchas mujeres tratan de no pensar en ello, no darle importancia y seguir adelante como si nada.
Otras luchan para que eso no les vuelva a pasar, ni a ellas, ni a nadie más.


¿Te robaron tu parto? ¿Qué piensas hacer al respecto?




martes, 3 de enero de 2012

PRIMEROS BEBÉS Y MAMÁS NINGUNEADAS

Para argumentar por qué se me revuelven las tripas al ver el reportajillo de A3 sobre los “primeros bebés del año” voy a comenzar exponiendo lo que creo que un parto y un nacimiento son o como deberían ser tratados o considerados.

Son tres las características que definen parto y nacimiento:

1.- Su carácter trascendental: nace un nuevo ser, nace una nueva madre, en un momento único e irrepetible que quedará grabado en las mentes de ambos para siempre.

2.- Su carácter íntimo: los protagonistas son la mujer y el bebé. La mujer debe ser quien decida qué personas pueden estar a su lado en ese momento y serán preferiblemente personas conocidas y de su confianza. Y cuantas menos mejor, o dicho de otra manera, las personas presentes deberían ser las mínimas imprescindibles.

3.- Su carácter sexual: somos mamíferos y sexuados, el parto es parte de nuestro sistema reproductivo sexual.

Dicho esto, procedo a analizar como en esta escena grotesca se han vulnerado todos estos principios, convirtiendo algo que debería ser una experiencia bonita y familiar en un espectáculo penoso.

1.- La prioridad de los presentes no era atender adecuadamente el parto, ni a la mujer, ni al bebé.
En su ánimo lo que prevalecía era seguir la juerga, a costa de todo, aunque ese no fuera el lugar más apropiado. Y lo peor es que supuestamente existía algún problema que obligaba al ginecólogo a usar las espátulas (¿?) y nadie tenía la decencia de apoyar a la mujer en ese momento, dándole ánimos y diciéndole que no se preocupase, que todo saldría bien, porque parece que era más importante continuar con la tradición y de paso seguirle el juego al periodista, que atender debidamente a la mujer.

¿Y por qué estos “profesionales” se han comportado de una manera tan absurda en un momento tan delicado? Pues porque no le dan a ese momento la importancia que tiene. Para ellos y la sociedad en general, parir se ha convertido en un simple trámite, algo por lo que hay que pasar para producir un nuevo ciudadanito, que genere gasto, se haga mayor y produzca para seguir consumiendo. Da igual como tenga lugar su nacimiento, si se fuerza o no, si se hace de manera respetuosa o no. Lo que importa es que “el producto salga vivo” independientemente de cómo esto tenga lugar y de cómo viva esa experiencia la mujer de la que sale dicho producto. La sociedad actual se ha cargado el carácter trascendental del nacimiento y por tanto éste es susceptible de ser ninguneado, y tomado a pitorreo incluso por aquellos que tienen que velar por su correcto desarrollo y la salud de la madre y el bebé.

2.- Es evidente que este parto no ha tenido nada de íntimo, y no lo digo solo porque haya sido grabado y emitido por televisión, sino porque por el paritorio pululaban ciento y la madre (nunca mejor dicho). La presencia de todas estas personas no está justificada, pues si así fuese, estarían desempeñando una función, realizando alguna labor y sin embargo se limitaban a dar vueltas por allí comiendo uvas y de paso vulnerando el espacio estéril del paritorio. Si no era necesaria su presencia ¿no hubiese sido mejor que saliesen del paritorio a tomarse las uvas fuera y dejasen tranquila a la mujer?

La intimidad es un factor fundamental para dar a luz, al igual que lo es para realizar otras funciones fisiológicas. Es habitual necesitar intimidad para hacer nuestras necesidades o para desinhibirnos y hacer el amor. Por lo que me pregunto si no habría sido posible evitar esas espátulas, si en lugar de convertir el paritorio en un circo, a la mujer se le hubiese dejado más tiempo, más libertad de movimiento y sobre todo más intimidad.

3.- En cuánto al carácter sexual, solo puedo decir lo que es evidente y es que: es absolutamente denigrante estar con las piernas abiertas y tus genitales expuestos, esperando que tu hijo nazca mientras que varios desconocidos están de cachondeo a tu alrededor.

Eliminados de un plumazo el carácter trascendental, íntimo y sexual de el parto, sólo nos queda un acto frío, mecánico e impersonal, en el que la madre y el bebé no son los protagonistas, si no toda la parafernalia de alrededor.

¿Y como se habrá sentido y se sentirá ahora esta mujer? ¿Se arrepentirá de haber permitido el acceso de la cámara al paritorio? ¿Será consciente de que ha sido tratada con muy poco respeto y de que el parto podría haber transcurrido de otra manera mucho más agradable y bonita de recordar? Lo peor de todo es que estamos tan acostumbrados a ver este tipo de trato en los paritorios: mujeres tumbadas que necesitan “ayuda” para parir, a las que se les hace de todo sin su conocimiento ni consentimiento, que creemos que esto es lo normal, que no hay nada mejor y nos conformamos con ello.

El tema de la nochevieja, las campanadas y las uvas es lo de menos. Al igual que ocurrió con el tema de las viñetas de la SEGO, esta ha sido solo la excusa perfecta para poder colarnos en un hospital y ver en vivo y en directo lo que ocurre en los paritorios españoles, y lo que ocurre es una falta de respeto enorme a la mujer que está de parto. ¿Y por qué ocurre esto? Porque las que parimos somos mujeres, y a las mujeres se nos sigue discriminando y tratando con violencia en muchos ámbitos, incluido el sanitario. A quién ponga en duda esta afirmación le propongo un juego, y es que trate de encontrar otra situación en la que crea que pudiese darse una escena tan rocambolesca como la que estamos analizando. Yo propongo varios casos:

1.- Entrar bailando la conga, con los gorritos de papel en la cabeza en la habitación de un enfermo en fase terminal.

2.- Entrar cantando y lanzando serpentinas en el lavabo mientras alguien está sentado usándolo.

3.- Entrar cámara al hombro y matasuegras en la boca en la consulta del urólogo mientras éste le hace un tacto rectal a un caballero.

Seguro que muchos coincidiremos en que estas situaciones están fuera de lugar y que no son nada apropiadas. Habrá quién diga que no es lo mismo, que no se puede comparar a entrar en un paritorio y yo le pregunto: ¿Es acaso la muerte y la despedida de un ser querido un momento más trascendental que el nacimiento y la bienvenida a una nueva persona? ¿Es que dar a luz tiene que ser obligatoriamente un espectáculo público? ¿Es que el cuerpo femenino es menos digno de respeto que el masculino?

miércoles, 21 de septiembre de 2011

REACCIONES ANTE LAS VIÑETAS DE LA SEGO


Son muchos los medios de comunicación que se están haciendo eco de este tema. Gracias a los comentarios publicados en la prensa digital podemos conocer la reacción del público en general y son dos las posturas que más se repiten. 

Por un lado estamos quienes nos indignamos y por otro los que encuentran graciosas las viñetas y tildan a quienes nos sentimos indignadas y exigimos su retirada inmediata como “feministas exageradas y sin sentido del humor”. En mi opinión estos últimos o son igual de machistas y retrógrados que las viñetas o no conocen en profundidad la situación de la obstetricia y la ginecología en España.

El problema de estos dibujos es un problema de fondo, pues reflejan a la perfección la filosofía y la manera de pensar y actuar de la mayoría de los ginecólogos de este país. 

Lo que ocurre en las consultas de ginecología y en las salas de parto, la falta de respeto con la que se trata a las pacientes, sus cuerpos y sus dolencias, pisoteando sus derechos como usuarias del sistema sanitario, no ocurre en ninguna otra especialidad. Y es así precisamente porque las destinatarias de este servicio somos mujeres, y sigue existiendo un machismo que ridiculiza, infantiliza y denigra a la mujer solo por el hecho de serlo.
Se trata de un machismo velado, que no es tan evidente como un mal trato físico pero es igualmente violencia de genero, que por el lugar en el que tiene lugar y quien la inflinge podemos denominar violencia obstétrica. Este maltrato está tan arraigado que se acepta como normal y se tolera hasta el punto de permitirse los agresores, el mofarse de sus victimas abiertamente con el beneplácito de muchas personas que se asombran cuando alguna mujer osa quejarse y tratan de acallarla aludiendo al humor y a la manida frase de “no es para tanto, mujer”.

Si rebelarse contra este trato vejatorio y exigir que deje de producirse es ser “feminista”, me declaro feminista y a mucha honra.

Logotipo de la Revolución de las Rosas,
movimiento contra la Violencia Obstétrica.
El escándalo sería mayúsculo si fuesen oncólogos los que se riesen de la calvicie de sus enfermos de cáncer o fisioterapeutas de los problemas de movilidad y el uso de prótesis por parte de personas impedidas de alguna manera tras un accidente de tráfico. Tampoco sería aceptado que los médicos se riesen de manera pública de los despistes y olvidos de los enfermos aquejados de Alzheimer, pero como se trata de “cosas de mujeres” el nivel de tolerancia es mayor.

Es machismo porque contempla a la mujer desde una perspectiva superficial, en la que el físico es lo único que importa: si la mujer es mayor y poco agraciada provoca repulsa, si es joven y bella despierta el deseo del ginecólogo, una actitud muy poco profesional y bastante reprobable. Patologías que pueden suponer muchas incomodidades y problemas de salud, no sólo físicos si no también psicológicos como son el prolapso uterino, despiertan la hilaridad en quienes se supone deben ayudarnos a superar este problema y prestarnos su apoyo. Se habla de la cesárea con una falta de tacto tremenda, cuando se trata de una operación de cirugía mayor, que supone la mayor parte de las veces una experiencia bastante traumática para quien pasa por ella.

Esta claro que quienes no le encuentran maldad a estas viñetas es porque tienen muy poca sensibilidad. Una mujer no va al ginecólogo por gusto, va por necesidad. Se encuentra en una situación incómoda, teniendo que mostrar sus genitales a un desconocido y lo último que espera, es ser ridiculizada por su aspecto o que hagan bromas con sus problemas de salud. Si la mujer está embarazada se encuentra en una situación de extrema vulnerabilidad, por lo que el profesional debería cuidar aún más su forma de tratarla. Pero en la realidad ocurre lo contrario, muchas mujeres salen de los controles prenatales asustadas e intimidadas, lo que es contraproducente para el normal desarrollo del embarazo y el bienestar materno-fetal.

La atención al parto es pésima y los ginecólogos reconocen abiertamente que no están por la labor de cambiar su manera de actuar. Así pues, el panorama que tenemos ante nosotras no es nada halagüeño, de ahí nuestra “susceptibilidad”. La atención que recibimos no es de calidad, y en lugar de trabajar para mejorar, los ginecólogos se toman a risa nuestras reivindicaciones y se mofan del objeto de su trabajo.


Cuando se trabaja con personas, en cuestiones de salud, y sobre todo en un tema tan íntimo y delicado como es la salud sexual y reproductiva, es muy importante tener el cuenta el aspecto emocional y psicológico de las pacientes, pero por desgracia esta es la gran asignatura pendiente de la ginecología y la obstetricia en España.

Yo personalmente no le encuentro solución a este problema. Se trata de maneras de entender la vida y de ver el mundo. Quién ha sido educado en el machismo, va a ser machista toda su vida, por muchas campañas en contra que lance el Ministerio de Igualdad. Quien nunca ha considerado a la mujer un igual, quién nunca la ha tratado con respeto, no va a empezar a hacerlo ahora porque se denuncie la violencia de genero en los medios de comunicación. Sólo nos queda esperar al cambio generacional. Que dentro de unos años todos estos ginesaurios se jubilen y vengan otros más decentes a ocupar su lugar.