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lunes, 2 de noviembre de 2015

ESCOLARIZACIÓN A DESTIEMPO

Veo la noticia de que se ha puesto en marcho un Programa piloto en la Comunidad Valenciana por la que se adelanta a los dos años la educación gratuita. No puedo estar más en desacuerdo con esta medida.


Mi experiencia personal con la crianza me ha enseñado que las estructuras y costumbres de nuestra sociedad van a destiempo en lo que se refiere a los niños.


Actualmente existen guarderías hasta los tres años, Ed. Infantil no obligatoria de 3 a 6 y escolarización obligatoria de 6 hasta los 16 años.

Para los padres que tenemos que trabajar, que no podemos/queremos coger una excedencia para el cuidado de nuestros hijos (que sólo nos cubre hasta que estos cumplen los tres), el ingreso de nuestros hijos en la guardería y en la escuela de educación infantil se convierte en algo inevitable. Pero ¿están nuestros hijos preparados a esas edades para entrar en esas instituciones? Desde mi punto de vista, NO.

Esta sería para mí la organización más respetuosa con las necesidades y los “tempos” de los más pequeños:

Los niños hasta los 2 años en su casa: con mamá, con papá, con el abuelo o con alguien cariñoso de confianza. Por varios motivos:
  • El sistema inmune antes de ese momento es muy inmaduro. Cuanto menos contacto tengan con virus y bacterias mejor. Ya tendrán tiempo de enfermar e inmunizarse más adelante, cuando sean más fuertes y puedan decirnos que les duele y como se sienten.
  • Los niños hasta los dos años no están “completamente” desarrollados ni tienen las armas para poder relacionarse con personas desconocidas. Es entonces cuando ya saben andar bien, hablar o hacerse entender más o menos para poder decir lo que quieren, cuando tienen prácticamente todos sus dientitos de leche para comer cualquier cosa que les ofrezcan, les ha dado tiempo a familiarizarse con distintos tipos de alimentos, etc.
  • Sobre todo porque hasta ese momento los niños no suelen admitir sin que les suponga un trauma, el separarse de sus figuras de apego durante largo rato. 

De 2 a 4 años instauraría las guarderías, gratuitas para todo el mundo, con la limitación de que los niños cómo máximo puedan estar 2 horas en ellas.
  • Antes de los dos años los niños no necesitan socializar con otros niños. Los demás niños, sobre todo si son de su misma edad, no les interesan en absoluto, porque no les aportan nada nuevo que ellos no sepan. 
  • La percepción temporal de niños tan pequeños no es buena. Muchas veces no saben en qué momento del día están, ni mucho menos en qué día de la semana. El tiempo para ellos pasa muy lento, sobre todo si están lejos de sus figuras de apego, por eso con un par de horas al día sería suficiente como toma de contacto con el mundo fuera del hogar.
De 4 a 6 años educación infantil no obligatoria con la limitación de que los niños cómo máximo puedan estar 4 horas en ellas.

  • A esta edad ya el niño habla mejor, con alta probabilidad controla sus esfínteres y es capaz de entender y atender con relativa facilidad las indicaciones de su profesora.
    A esta edad la madurez del niño hace que su adaptación al colegio sea mejor y más rápida. Retrasar un año la escolarización (de 3 a 4 años) supondría una mejora sustancial para el bienestar de los pequeños y de los docentes, para los que gestionar clases de 20 o más niños tan pequeños resulta estresante y sumamente agotador. Un simple año supone una diferencia muy significativa que hace que el proceso sea más llevadero para todos.
En mi opinión los niños deberían pasar más tiempo con su familia y retrasar (no adelantar) su institucionalización. Los niños son demasiado pequeños para enfrentarse a la escolarización con 3 años, mucho menos para hacerlo con solamente dos. Las ayudas a la paternidad deberían ampliarse y las leyes educativas deberían reformarse para adecuarse a los ritmos fisiológicos y madurativos de los más pequeños. De esta manera invertiríamos como sociedad en salud tanto física y mental.

viernes, 6 de marzo de 2015

LA CONCILIACIÓN A DEBATE

Actualmente muchos niños se despiertan casi de madrugada, entran antes de la hora al colegio, desayunan y comen allí y al llegar el final de la jornada escolar lejos de irse a su casa a descansar, siguen en el colegio en actividades extra-escolares porque sus padres no pueden ir todavía a recogerlos. ¡Esto es una auténtica barbaridad! Y hablo de niños mayores, pensar en lo mismo en bebés hace que se me encoja el estómago.

Leo el documento de PODEMOS: "Reorganizar el sistema de cuidados: condición necesaria para la recuperación económica y el avance democrático"  y me llevo una profunda decepción. Más de lo mismo, la misma incomprensión. Menos mal que aclaran que no se trata de propuestas en firme si no solamente: "un texto que sirviera de marco para abrir, tanto dentro como fuera de la organización, el debate sobre cómo abordar la necesaria reforma del sistema de cuidados." Por ello ya me he apuntado a colaborar en ese debate aportando mi punto de vista que será básicamente el que describo a continuación.

Hay que plantearse primero ¿Qué entendemos por CONCILIACIÓN y que pretendemos conseguir con estas medidas? ¿Se trata de adaptar el entorno laboral para adecuarlo al familiar? ¿O se trata por el contrario de buscar parches que hagan que la vida familiar se acomode al sistema laboral tal y como está actualmente planteado? Lo que yo considero adecuado es lo primero: tratar de que quienes tengan hijos y quieran hacerlo, puedan atenderlos y criarlos el mayor tiempo posible de manera personal, porque para eso son nuestros hijos. La solución no pasa pues de ninguna manera institucionalizándolos a todos desde que nacen. Esa opción para quien la quiera pero ¿y quienes queremos otra cosa?

Para buscar soluciones hay que tener en cuenta todas las sensibilidades y cada vez hay más familias que quieren estar presentes en la vida de sus hijos y no verlos solo un rato al final del día a la hora de la cena. Por eso no entiendo la propuesta de "Eliminar todos los incentivos al empleo a tiempo parcial", pues ese es el tipo de trabajos que facilitarían enormemente que muchos padres pudieran hacer las dos cosas al mismo tiempo: trabajar por ejemplo por las mañanas mientras los niños están el cole y estar disponibles para ellos por las tardes, sin morir en el intento.

También me parece importante señalar que existe una gran confusión entre los términos crianza y educación. De 0 a 3 años (como mínimo) los niños no son apenas niños, son bebés, que no necesitan ser “educados” si no criados. Para poder plantear soluciones hay que conocer primero cuales son las características y las necesidades de esos mini-ciudadanos, y está claro que lo mejor para ellos no es ser cuidados por extraños desde el minuto cero. Necesitan como digo en esta entrada de mi blog: …”cuidados continuos y personalizados, de alguien que les conozca y les quiera. Estar con desconocidos que tienen que atender a la vez a varios bebés como ellos no es lo mejor para que puedan desarrollarse adecuadamente.  Hasta los dos años no interactúan apenas con sus iguales, lo que necesitan es una figura de apego adulta a su completa disposición, cosa muy difícil de conseguir en una institución. Existen infinidad de estudios que demuestran que estar separado de su figura de apego durante largos periodos de tiempo provoca en el bebé mucho estrés que termina afectándole a nivel cognitivo y emocional. Los avances en neurociencia consiguen demostrar los efectos en el cerebro del bebé de estas separaciones.”…

La raíz del problema está en que no se valora el acto de maternar o paternar. Si llevamos a nuestros hijos a una guardería, las cuidadoras cobran por su trabajo, tienen una compensación económica por el tiempo y energía que invierten en la tarea. Tienen reconocimiento social, tienen una “profesión”, un contrato, una seguridad social, una protección social en caso de que dejen de trabajar. Pero los padres que hacen la misma labor en su casa no tienen absolutamente nada de eso, aunque realicen igualmente una labor social muy valiosa.

Yo siempre pongo el mismo ejemplo: un soltero sin hijos en paro en su casa no contribuye a la sociedad en nada, salvo que dedique su tiempo por ejemplo a labores de voluntariado o algo así. Un padre o una madre en su casa, aunque no coticen y no paguen impuestos siempre, siempre, están contribuyendo a la sociedad. Sin embargo las familias estamos actualmente muy mal tratadas y en inferioridad de condiciones que el resto: si queremos seguir trabajando y cobrando lo mismo tenemos que separarnos de nuestros hijos, si decidimos estar con ellos disminuyen nuestros ingresos, aumentan nuestros gastos y no tenemos ningún tipo de ayuda ni compensación  a pesar de estar criando a los ciudadanos del futuro. Como mínimo si se pretende pagar con los impuestos de todos las guarderías de quienes elijan llevar allí a sus hijos, a los padres que opten por cuidarles personalmente debería de reconocérsele su trabajo por el mismo importe, en forma de cotizaciones a la seguridad social durante todo el tiempo que se dediquen a cuidar a sus criaturas.

Las ayudas a la maternidad/paternidad en España no existen. Podemos fijarnos en las prestaciones familiares del sistema francés de protección social  sin ir más lejos para comprobar como de desprotegidos estamos los padres en nuestro país.

Por cierto, que a parte de las guarderías existen otras opciones para el cuidado de los más pequeños como las “Madres de Día” ¿se financiará también a quien decida usar este tipo de servicio? ¿Y los abuelos? Porque a muchos no les vendría mal un dinerillo extra por cuidar a sus nietos para complementar sus míseras pensiones.

Sería más justo si se financiase la maternidad/paternidad en general y que cada cual haga con ese dinero lo que crea más conveniente. Subvencionar exclusivamente las guarderías no es equitativo y fuerza a hacer uso de un sistema de cuidados con el que muchos no estamos de acuerdo y que la ciencia ha demostrado que no es el más adecuado.

Me gusta más la propuesta de EQUO de "apoyar económicamente a familias que quieran tomar un paréntesis laboral hasta los tres años del hijo".

Todo mi planteamiento se basa en la firme convicción de que no es cierto que los niños estén igual de bien con sus padres que con cualquiera. Yo no veo el  problema de la conciliación desde una perspectiva económica ni feminista, lo hago desde una perspectiva “niñista”, analizando que es lo mejor para los niños y lo mejor para ellos es sin duda compartir tiempo con los suyos.

Por otro lado, la baja maternal debería ser como mínimo de 6 meses que son los que marca como referencia la OMS para la lactancia materna exclusiva. Menos de eso seguirá siendo insuficiente y más si a quien se concede el privilegio de poder estar con el bebé es al padre que no está capacitado para proporcionarle el pecho al bebé. La mujer que elija no dar el pecho puede igualmente disfrutar de su hijo durante ese tiempo o si prefiere volver al trabajo que le ceda ese tiempo a su pareja, pero en principio el bebé tiene derecho a tener acceso al pecho de su madre y estar con sus padres el mayor tiempo posible. Incluso con 6 meses seguirá siendo muy pequeño para separarse de ellos y pasar largo tiempo en manos de extraños, pero entiendo que por algo hay que empezar y que para poder ponernos a la altura de Suecia nos falta mucho tiempo y sobre todo un gran cambio de mentalidad.

Creo además que las 16 semanas de baja para el padre son un derecho que los padres no están reclamando. Dudo mucho que vayan a hacer uso de ellas. Creo que es importante ofrecer sin imponer y sería mejor opción dar un total de 32 semanas de libre disposición a la pareja para que cada familia se apañe como quiera. Las primeras serían siempre utilizadas por la mujer que es la que necesita recuperarse del parto y los cambios que se han producido en su cuerpo y quien atenderá al bebé la mayor parte del tiempo si le da el pecho, pero las demás semanas podrían repartírselas a conveniencia. Esta solución sería además un buen experimento sociológico para comprobar el nivel de implicación parental: saber quien se pide la baja y porque sería muy interesante.

sábado, 17 de marzo de 2012

¿POR QUÉ LLEVAMOS A LOS NIÑOS A LA GUARDERÍA?


El porcentaje de niños menores de tres años que van a las guarderías es muy grande, y solemos confundir que sea algo habitual en nuestra sociedad, con que sea lo normal o incluso nos autoconvencemos pensado que es algo cuasi-obligatorio: “por el bien de ellos”, y así alejamos de nosotros el sentimiento de culpa por tener que dejarles en un sitio extraño. Sin embargo yo me atrevería a decir que la escolarización temprana no es lo mejor, ni para los niños, ni para sus padres y a pesar de esto los escolarizamos porque la decisión de llevar a los niños a la guardería no suele ser una decisión informada, ni sopesada. Muy pocos padres buscamos información en Internet o por otros medios a cerca de cómo va a influir en nuestro bebé separarse de nosotros tantas horas siendo tan chiquititos. Los llevamos y ya está. Muchos sabemos o intuimos que lo van a pasar mal, pero tenemos la esperanza de que el mal trago pasara pronto, y que enseguida se “acostumbrarán”. Los dejamos allí, llorando la mayoría de las veces, hasta que un día dejan de llorar y por fin nos vamos a casa o al trabajo respirando aliviados. Pero que hayan dejado de llorar, no significa, ni que ya estén adaptados, ni que quieran estar allí, ni que disfruten durante su estancia.
Y ¿por qué llevamos a nuestros bebés a las guarderías?
Estos son los motivos que se me ocurren a mí:
  • En primer lugar y lo más habitual, es que los dejamos porque no tenemos más remedio.Tenemos que trabajar para vivir y no tenemos a nadie de confianza que pueda cuidar a nuestra criatura mientras nosotros nos ausentamos. Los abuelos muchas veces están ya mayores para darles semejante trabajo o están ocupados con sus propias obligaciones o devociones y no están disponibles para hacerse cargo de los nietos, por lo que la guardería es la única opción que nos queda.
  • En segundo lugar porque nos agobiamos cuidando de ellos durante todo el día. En nuestra sociedad los padres afrontamos la crianza muy solos y no es raro que pasemos largas horas con nuestros hijos en nuestras casas, sin la ayuda ni la compañía de ningún adulto, sea o no de la familia. La crianza ocupa todo nuestro tiempo y energía y no deja espacio para nada más. Por eso la guardería suele suponer un respiro, durante el cual, podemos limpiar la casa, leer un libro o ir a la peluquería tranquilamente. Quizá si las parejas recibiéramos más apoyo familiar o social podríamos organizarnos de otra manera distinta que no supusiese dejar a nuestros hijos tanto tiempo con unos desconocidos.
  • En tercer lugar porque la sociedad nos obliga directa o indirectamente a ello.
    La gente se extraña cuando unos padres no llevan a su hijo a la guardería y suelen hacer comentarios del tipo: “si allí se lo pasan muy bien y hacen amiguitos”, “en la guardería los espabilan”, “si no lo llevas, no se va a desprender nunca de tus faldas”, etc. Todos ellos consejos probablemente bienintencionados, pero totalmente ridículos e infundados. Cuando un bebé es muy pequeño sólo necesita el contacto permanente con su mamá o su papá, pero a medida que crece empieza a interesarse por el mundo y por otras personas, pero esto no quita para que siga necesitando tener a sus padres a su alcance. Un niño de un año, o un año y medio quiere perseguir palomas en el parque, jugar con la arena y le llaman la atención otros niños, pero quiere explorar todas estas cosas, junto a uno de sus padres, que son sus figuras de referencia y las que le aportan seguridad. Como casi todos los niños están en las guarderías, por las mañanas los parques están vacíos y los niños que no acuden a ellas están condenados al ostracismo, y sus padres a veces pueden llegar a sentir que puede que realmente sus niños se estén perdiendo algo por “no ir al cole, como los demás”, y ceder a la presión social, que les trata de convencer de que sus hijos estarían mejor allí que con ellos.
Está claro que no todas las guarderías son iguales, que hay sitios que ofrecen cuidados de más calidad que otros, con menos niños por cuidadora, y cuidadoras bien formadas y cariñosas. Que no todos los niños se adaptan igual de rápido y bien, y que habrá algunos encantados y deseando entrar en el cole. Pero creo que muchas familias si se lo pudieran permitir económicamente, tuvieran más apoyo en la crianza y no estuviese tan mal visto eso de “dejarlos en casa”, optarían por estar con sus hijos el máximo tiempo posible durante los primeros años y no perderse detalle de su crecimiento.

La intención de este post no es juzgar la “calidad” como padre de nadie, en función de si ha llevado o está llevando o no a sus hijos a la guarde. Lo que pretendo es plantear la necesidad de que reflexionemos sobre si esto es lo mejor que podemos hacer con nuestros hijos o si sería más saludable buscar otras alternativas tanto a nivel individual en cada familia, como a nivel colectivo en el conjunto de la sociedad.

martes, 1 de febrero de 2011

CONTROLANDO ESFÍNTERES


Ángel fue a la guardería desde los cuatro meses y medio, tras la baja maternal. Yo por entonces seguía en Matrix y no me planteé en ningún momento la posibilidad de cogerme una excedencia para cuidarle unos meses más. De manera que muchos de los hitos en su crecimiento se gestaron lejos de mí, en presencia y mediante la intervención de otras personas que no eran sus padres. Cosas como la introducción de determinados alimentos, o el control de los esfínteres, tuvieron lugar siguiendo los criterios del pediatra o la cuidadora de turno. Ni Ángel ni nosotros pudimos decir mucho al respecto, aunque intuíamos que eran nuestras batallas y que éramos nosotros los que debíamos decidir cómo luchar en ellas.

Cuando pasó a segundo de guardería, con un año y 4 meses, empezaron a sentarle en el orinal para que hiciese “popó”. Lo hicieron a traición, es decir, sin consultarnos primero, pero sin malicia, por rutina, porque así lo hacían siempre. Y como no le daban la más mínima importancia se “olvidaron” de comentárnoslo, así que nos enteramos dos semanas más tarde de que nuestro hijo se sentaba todos los días, un ratito por la mañana, y otro por la tarde, para hacer allí sus “cositas”.

Cuando quise consultar a alguien con experiencia (una antigua compañera de colegio, madre de tres hijos y con estudios de puericultura) si eso era lo normal y lo más adecuado (pues ya había leído en algún sitio que forzar antes de tiempo el control de los esfínteres podía ser contraproducente), gente de mi entorno me tildó de exagerada y de estar montando un drama, cuando yo lo único que quería era saber, y participar en la crianza de mi bebé, en lugar de cerrar los ojos y dejarlo todo, dejar a mi hijo completamente sólo a cargo de terceras personas. ¡Donde se habrá visto, una mamá que quiera saber que hacen con su hijo en la guardería, que tenga una opinión al respecto y que quiera ejercer su derecho a decidir lo que es mejor para él!

Ángel lo llevó bien. Debido al efecto manada, se sentaba como sus compañeros y hacía lo que podía y en poco tiempo se acostumbró, así que no nos opusimos a que lo sentaran, ya que habían empezado a hacerlo y a él no parecía suponerle ningún problema.

Pero me consta que otros niños de su misma edad usaron el pañal para hacer de vientre hasta pasados los tres años. Por algo será…

Ángel no abandonó el pañal definitivamente hasta pasado un mes de su tercer cumpleaños, más o menos al mismo tiempo que sus amiguitos y mucho tiempo después del que algunas personas creían oportuno. Tuvimos que soportar durante muchos meses los típicos comentarios de “con lo mayor que eres…”, “cochino quítate el pañal ya” y otras lindezas.

La cuestión es que al estar ahora en casa con Jesús me preocupaba bastante este tema. ¿Cómo iba a ser yo capaz de que dejase el pañal? Yo no había participado en el “control de esfínteres” de Ángel y me parecía algo súper complicado y engorroso. Si en la guardería, que “saben” mucho del tema, no lo habían logrado con el mayor hasta pasados los tres años, pues yo, sin experiencia, no iba a lograrlo nunca con Jesús.

Bueno, pues Jesús lleva varios días pidiendo ir al vater, él solito, y yo no he tenido que hacer nada para conseguirlo. De repente él ha logrado identificar cuando tiene ganas y me lo hace saber para que le acompañe. Le doy un libro y al poco ya ha terminado.

De momento domina sólo la parte sólida pero supongo que con la líquida pasará igual, pero tenemos sobre nuestras cabezas la espada de Damocles del colegio. Comienza en septiembre con 2 años y 9 meses (4 antes de que Ángel se quitara el pañal y 8 meses antes de la edad con la que Ángel entró en el “cole de mayores”).Será demasiado pequeño en muchos sentidos, para el control del pipí incluido, sólo por haber nacido una semana antes de tiempo. Yo tengo claro que no voy a forzarle a hacer nada para lo que no esté preparado, así que si llegado el momento todavía no es capaz de ir al vater y sus profesoras no le admiten con pañal, se quedará unos mesecitos más conmigo en casa y tan pichi.