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miércoles, 25 de mayo de 2016

SE HACEN MAYORES

Estos son los 5 signos que indican que mis chicos están hechos ya unos hombrecitos:




1. Si se levantan temprano se ponen a jugar y no nos despiertan a nosotros, al menos, no a propósito. Se ponen la tele y ven dibujos o encienden el ordenador y juegan. Esto es todo un progreso en nuestra casa, pues llevamos 10 años madrugando sin parar, todos los días, fines de semana y festivos incluidos.


2. Se duchan solos, juntos o en solitario. Y habrá quien diga que deberían haber estado haciéndolo desde hace mucho, que sus hijos se lavan solos prácticamente desde que salieron del útero de su madre y cosas parecidas, pero en nuestro caso, ni ellos ni yo, hemos tenido nunca prisa porque se gestionaran solos. Quizá sea por falta de experiencia o vaguería mía o de todos, que siempre me he encargado de su aseo. Ahora es una gozada desentenderse, con la tranquilidad que da saber que ellos se las apañan bien.


3. Duermen sin nosotros. Como os comenté, hace poco dejé de colechar con mi hijo pequeño y ahora los dos hermanos duermen juntos en la misma habitación. De nuevo habrá quien diga que los suyos siempre han dormido divinamente, solos y del tirón. En nuestro caso han empezado a hacerlo cuando todos, ellos y nosotros, hemos llegado a la conclusión de que estaban preparados para hacerlo y ese momento ha sido recientemente. Es genial no tener que acostarse cuando ellos lo hacen y poder seguir levantados un rato cuando ellos se van a la cama.


4. Pueden recorrer grandes distancias sin cansarse. Creo haber leído a Carlos González decir que hasta los 7 años es normal que los niños pidan brazos, pues hasta ese momento no están preparados para recorrer grandes distancias a la misma velocidad que los adultos. Mis hijos dejaron de pedirnos que les aupáramos hace mucho, pero por ejemplo, yo no podía hacer algunas cosas, como participar en la Asociación de Padres porque la distancia al colegio era excesiva para que mi hijo pequeño la recorriera varias veces. Este año por fin ya he podido acudir pues puede dar los paseos sin cansarse demasiado.


5. Podemos salir e incluso irnos de viaje varios días sabiendo que aunque nos echaremos de menos, todos asumiremos la ausencia con normalidad y sin mucho trauma. Para quien haya dejado a sus bebés, a los dos días de nacidos, con los abuelos para ir de marcha, haber esperado 10 años para hacerlo puede ser considerado una exageración, pero nosotros siempre hemos pensado que con quien deben estar nuestros hijos y con quien mejor están es con nosotros, sus padres, sobre todo cuando eran más pequeños.


Sin duda dan muestras cada vez de una mayor independencia, aunque sin llegar a los extremos de la infografía que muestro a continuación. Yo no aplico el método Montessori con mis hijos, y no dudo de que dé buenos resultados, pero considero un poco exagerada la tabla. ¡Que parece que los niños tuvieran que freír huevos con dos años y hacer paellas valencianas con 4!

Digo yo, que todo tiene su tiempo y que todo tarde o temprano llegará. De momento, me conformo con estos pequeños avances, y con que cumplan en el cole por las mañanas y jueguen todo lo que puedan por las tardes.


¿Tus hijos se van haciendo mayores?

¿En que tipo de cosas lo notas?

miércoles, 25 de marzo de 2015

EL CAMINO A LA INDEPENDENCIA DEL NIÑO

Una vez una madre me dijo que su hijo, un bebé de pocos meses era “demasiado” dependiente de ella. No es la primera ni la única persona que tiene esas ideas peregrinas en la cabeza. Gran parte de la sociedad piensa que no es bueno que el bebé sea dependiente, cuando resulta que es lo normal.

Realmente quien dice esto en voz alta no se ha parado a pensar detenidamente en ello. Si se escuchase a si mismo y reflexionase se daría cuenta que dicha afirmación es ridícula. ¿Cómo no va a ser dependiente una criatura que no sabe hablar todavía ni desplazarse por si solo? ¡Pues claro que es dependiente! Depende de quienes les cuidamos quienes somos los responsables de su salud y su bienestar y el hecho de que ese diminuto ser reclame nuestra presencia y atención no es sino un signo de su fortaleza e inteligencia. El bebé lucha por su supervivencia de la única manera que sabe y tiene a su disposición: nos llama con gestos y sonidos para que estemos a su lado y así asegurarse que tiene cerca todo lo que puede llegar a necesitar: comida, bebida, calor, seguridad, cariño y estímulos para aprender. Si un bebé no demuestra interés por estar con el adulto que tiene al lado es porque algo no anda bien. El típico niño “bueno”, que duerme solo y del tirón desde el primer momento, que no pide brazos, que no llora y no “molesta”, no existe o es un niño con algún tipo de problema, bien de salud o emocional.

El bebé empieza a existir y se desarrolla en contacto continuo con su madre. Durante 9 meses son inseparables y cuando nace no está preparado para el aislamiento y la soledad. Buscará lo que ha tenido desde el principio, a lo que está acostumbrado, que es el contacto continuo con su madre. Esta claro que el embarazo es, a pesar de sus posibles inconvenientes, más cómodo para la madre que el puerperio. Durante el embarazo portamos a nuestro bebé en nuestro interior y no tenemos que hacer nada especial para cuidarle pues dentro de nosotras tiene todo lo que necesita. Sin embargo cuando está fuera la cosa se complica. Necesitamos sujetarlo con nuestros brazos y eso nos imposibilita usarlos para otras cosas. Tenemos que alimentarle con mucha frecuencia lo que nos impide así mismo realizar otras actividades. En esos momentos es cuando nos damos cuenta de lo mucho que el bebé nos necesita pues no puede hacer nada por si solo y si no tenemos ayuda y/o nos buscamos las mañas (portear al bebé es una de ellas, ideal para tener las manos libres y poder hacer otras cosas al mismo tiempo que cuidamos a nuestro bebé), tampoco nosotras podremos hacer nada más que atenderle. Tomar consciencia de este hecho puede agobiar mucho a muchos padres que se pasan el tiempo deseando que el bebé crezca rápido para que no los necesite tanto, en lugar de disfrutar de él.

Para forzar la independencia del bebé, trasladamos al niño a su cuna, o la cuna a otra habitación y aplicamos el Método Estivill para que se duerma solo y nos deje en paz. Le quitamos la teta y la sustituimos por leche de fórmula, con la que supuestamente “aguantan más” sin pedir comida y por tanto sin molestarnos. Ignoramos su petición de brazos para que no se “acostumbren” y nos fastidien nuestra delicada espalda al cargar con su peso. Les metemos en cuanto podemos a la guardería para que “socialicen” y otros les cuiden en lugar de tener que hacerlo nosotros. Todas estas decisiones buscan poner tierra de por medio entre nosotros y nuestros bebés.

Lo cierto es que hasta cierto punto es comprensible la actitud de muchos padres, pues no sabemos como son, que hacen los niños, ni cuales son las etapas normales en su desarrollo y nos vemos arrastrados por las modas y lo que vemos que hacen los demás. Lo único que tenemos que saber es que es normal que nuestro bebé sea dependiente y que la independencia llegará, la irá consiguiendo y desarrollando él lentamente cuando corresponda. A groso modo estas son las fases por las que pasará:
  1. Al principio llorará si no está en brazos. Algunos muy sibaritas prefieren que estemos con ellos de pie y notan perfectamente cuando nos sentamos o reclinamos y se quejan por ello. Portearlos con un fular, pañuelo y mochila es ideal para tenerlos encima de una manera cómoda.
  1. Más adelante cuando pueda sentarse y sepa usar sus manos para coger cosas y sienta interés por ellas, admitirá no estar pegado a nuestro cuerpo pero seguirá necesitando vernos a su lado, por lo que tendremos que llevarlo con nosotros a donde queramos estar y sentarle en la trona, en una mecedora o en una mantita en el suelo cerca para que nos vea, vea lo que hacemos, podamos hablar con él y podamos ayudarle si nos necesita.

  2. Luego cuando ya ande nos perseguirá como un pollito por la casa pues aunque ya sepa que no desaparecemos del mundo por desaparecer de su vista, tendrá miedo a quedarse solo y preferirá acompañarnos allá a donde vayamos, baño incluido.
Acompañar al bebé en estas etapas sin forzarle es lo más respetuoso para con ellos y lo menos traumático para todos.

Poco a poco la distancia física y emocional será mayor y llegará un momento en que rechace nuestros besos si está viendo dibujos o prefiera jugar con sus amigos a estar con nosotros. Entonces aunque ahora pueda parecernos mentira, echaremos de menos los ratos en los que no podíamos despegarnoslos de encima ni con una espátula o agua caliente.

jueves, 2 de septiembre de 2010

FABRICANDO BEBÉS INDEPENDIENTES


Nuestra sociedad quiere bebés independientes, cuando lo más opuesto a algo o alguien independiente es un bebé. 

Pretender conseguir bebés independientes no sé si debería causarnos risa, pena o vergüenza, por lo ridículo de la idea en si misma. Y no digo que no se pueda lograr… El ser humano es flexible y se adapta a lo que sea con tal de sobrevivir. Así, tras largas sesiones de abandono en la cuna o en la guardería, los niños se acostumbran a estar solos, alejados de mamá, y parece que no lo llevan mal, aunque en realidad lo que ocurre es que han aprendido a no mostrar sus sentimientos, porque saben que de nada les serviría hacerlo, más que para malgastar energía.

Fabricamos no niños independientes, si no niños desapegados y conformistas que aprenden a permanecer mucho tiempo en un lugar en el que no quieren estar. Plantamos así la semillita de futuros adultos encerrados en oficinas, largas y aburridas jornadas laborales, haciendo cosas que no les gustan, alejados de sus seres queridos, porque no les queda más remedio para poder llegar a fin de mes.

Y esta sociedad que pretende que un bebé de días se duerma solo, es curiosamente la misma en la que cada vez los jóvenes se independizan más tarde. Mamás sesentonas siguen preparando amorosamente los tuppers para que sus retoños treintañeros se los lleven a la oficina, siguen lavando la ropa deportiva sudada tras el partidillo de futbol con los amigotes del fin de semana y continúan durmiendo intranquilas cuando ellos salen de marcha por las noches.


Esa generación de madres es la que ha sufrido con mayor voracidad el intrusismo del sistema en su concepción de la maternidad. Son madres a las que, la publicidad de las grandes multinacionales de preparados lácteos a través de los medios de comunicación y en connivencia con los médicos, ha convencido de que no tenían suficiente leche o que su leche no alimentaba, o que para ser moderna y glamurosa lo más chic era dar el biberón. Así se empezaba a poner distancia entre el cuerpo de los bebés y el de sus madres, pues entre ambos se interponía el dichoso cacharrito relleno de leche de vaca.

Junto con el progreso económico las casas se hacían más grandes y contaban con más habitaciones y los fabricantes de colchones tenían que pillar su trozo del pastel, así que se empezó a decir que era malo que los niños durmiesen con sus padres: “con lo bonitos que son sus cuartos y sus cunas (mini-colchón incluido) llenas de lacitos y bordados”… Por lo que tras el biberón de las nueve, había que dejar al bebé al otro lado de la casa y la distancia entre los cuerpos seguía aumentando. Y no se les podía coger en brazos porque según las vecinas se mal acostumbraban, y les dejaban llorar porque según el pediatra así se les fortalecían los pulmones…

Total que no es de extrañar que todos esos bebés que fueron inconscientemente desterrados a una “independencia” forzosa y prematura, ahora estén tratando de recuperar a esa madre ausente del pasado y por eso no se marchan de casa ni con agua caliente. Dicen que no se van porque no pueden, pero la realidad es que en ningún sitio se está mejor que al lado de mami.