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lunes, 4 de mayo de 2015

LO QUE HICE CON EL PRIMERO QUE NO HICE CON EL SEGUNDO Y VICEVERSA

Los primogénitos son conejillos de indias. Cuando nos estrenamos como padres es lógico que cometamos con ellos algún que otro error de novatos. Con el segundo hijo ya tenemos experiencia y todo va más rodado. En mi caso particular cuento por varias decenas las cosas que no hice bien con Ángel o que podría haber hecho mucho mejor. De vez en cuando hablo con él de ello, le intento explicar que los padres somos humanos, que no lo sabemos todo y que como cualquiera nos podemos equivocar. No sé si a él le convence esta explicación pero es la realidad. Cuando vamos a convertirnos en padres no sabemos de la misa la mitad a cerca de lo que es un niño y lo que implica la paternidad, no suele haber a nuestro alrededor quien nos sepa orientar y aunque lo haya, estamos demasiado verdes y en la inopia como para escuchar atentamente lo que nos cuentan e interiorizarlo. Luego, con el niño en brazos, nos encontramos con una realidad muy distinta a la que imaginábamos y salimos del paso como podemos, a base de prueba y error.

Resumiendo mucho estas son las cosas que hice con mi primer hijo que no hice con el segundo o al revés. En primer lugar durante el embarazo de Ángel fui a clases de preparación al parto, pero no estaba nada preparada para el parto. Con Jesús pasé de las clases y me forme por mi cuenta, leyendo mucho y participando en las listas abiertas de El Parto es Nuestro. La diferencia entre ambos partos fue abismal, el primero hospitalario, intervenido y traumático, el segundo domiciliario, respetado y bonito de recordar. Tras el nacimiento de Ángel me quedé rota física y emocionalmente, tras nacer Jesús estaba fuerte y radiante.

Las dificultades que atravesamos Ángel y yo durante sus primeros días de vida dieron al traste con la lactancia materna, todo se nos puso muy difícil y yo no tenía conocimientos, apoyos, ni fuerzas para salvarla. Con Jesús también tuve algún que otro contratiempo pero conseguimos superarlo a base de constancia y fuerza de voluntad. La información y la ayuda y consejos de otras mujeres-madre fue la clave, lo que marcó la diferencia entre una experiencia y otra.

Respecto a la crianza, está claro que yo entré en la maternidad dentro de Matrix. No tenía ni idea de lo que necesitan y piden los niños y me chocaron muchas cosas: ¿no se supone que los bebés duermen durante todo el día? ¿por qué entonces el mío se pasa todo el día llorando? ¿por qué parece profundamente dormido pero se despierta automáticamente cuando lo dejo en la cuna? ¿por qué no puedo ir ni siquiera a hacer pis con un poco de tranquilidad? No, no estaba preparada para cuidar a un recién nacido y me pasaba el día agobiada, pensando que tenía un niño muy demandante cuando era en realidad un niño normal que me necesitaba a su lado todo el día, como lo necesitan todos, nada más.

Con Ángel compré una cuna que si utilizó, aunque la mayor parte de los días terminaba dormido encima de su padre o en la cama con él. No conocía el mundo del porteo así que nunca lo portee, aunque me habría sido muy difícil hacerlo porque era un niño excesivamente grande y pesado. Seguí al pié de la letra las indicaciones del pediatra a cerca de su alimentación, le alimentaba a base de purés caseros, potitos, cereales y leche en polvo. Nos gastamos una fortuna en esa época en la farmacia, a parte de en alimentación también en medicinas pues Ángel fue a la guardería desde los 5 meses y se ponía malo cada dos por tres. En ningún momento se me pasó por la cabeza la posibilidad de pedir una excedencia. No lo llevaba demasiado en brazos pues habían calado en mí los consejos y advertencias que me hacía todo el mundo a mi alrededor sobre que se mal-acostumbraría a ello. Le bañábamos todos los días hiciera frío o calor, estuviera sucio o no.

En cuánto supe que estaba embarazada de nuevo, desmontamos y guardamos la cuna y la sustituimos por una cama “de mayor” para Ángel. Jesús siempre ha dormido conmigo, ha tomado teta hasta los 4 años y medio y nunca quiso el chupete (que Ángel usó hasta los tres años). Odiaba el carrito y lo portee hasta el año en que ya sabía caminar e iba andando a todos los sitios. Abandonamos la rutina del baño diario y dejamos de usar la bañera de bebés, simplemente llenábamos la bañera para el mayor y remojábamos en ella al pequeño al mismo tiempo. Jesús no pisó una guardería hasta los 9 meses y lo hizo sólo durante 9 meses y unas pocas horas al día. Nunca le di cereales en polvo y la factura de la farmacia disminuyó considerablemente.

La crianza de cada uno no ha podido ser más diferente, mi disposición hacia Ángel no era buena, mi respuesta a sus reclamos no fue empática y en parte debido a ello puedan explicarse las diferencias en las formas de ser de cada uno. En contra de lo que vaticinaban algunos, Jesús es un niño muy independiente, cariñoso y mucho más maduro que su hermano en algunas ocasiones. La relación que tengo con Jesús es mucho más cercana y profunda que la que tengo con Ángel, sin duda tiene mucho que ver la forma en que me relacioné con él durante los primeros años de su vida.

La crianza de mi segundo hijo fue mucho más consciente y satisfactoria que la del primero. A pesar de que recayó en mi casi todo el peso de su cuidado, tanto de día como de noche, debido a que le daba el pecho mientras mi marido se encargaba de Ángel y todo lo demás, sin embargo no estuve tan agobiada como la vez anterior. Sabía lo que necesitaba mi hijo, me sentía necesaria y capaz aunque en ocasiones estuviera agotada por la falta de sueño.

No se si en mi segunda maternidad he llevado a cabo o no una crianza con apego, lo que tengo claro es que ha sido una crianza mucho más relajada, en la que no estaba en continua lucha contra los deseos de mi bebé, si no que los escuchaba y trataba de satisfacer sus necesidades de la mejor manera que sabía. Ha sido también una crianza en la que hemos prescindido de muchos productos y artículos que se asocian indefectiblemente ala maternidad y los bebés, por lo que ha resultado menos costosa económicamente. Como suele decirse ha sido una experiencia: buena, bonita y barata, ¿qué más no se puede pedir? Está claro que si volviese a ser madre repetiría el patrón que seguí con Jesús. Sólo espero que Ángel pueda llegar a perdonarme por no haber sabido atenderle mejor, con más flexibilidad y cariño, habiendo escuchado más a mi instinto, a mi corazón, y menos a lo que dice la generalidad de la sociedad actual que hay que hacer o no con un bebé.

viernes, 27 de febrero de 2015

EL FUTURO DE LA MATERNIDAD: DE LAS MADRES DE DIA A LOS VIENTRES DE ALQUILER

Si por algo escribo aquí, a parte de porque me gusta y me entretiene, es para dar el contrapunto a artículos como éste, en el que una maestra critica la labor de las Madres de Día y defiende que: "Los poderes públicos deben garantizar el derecho del niño a la educación desde que nace hasta los 3 años". Me gustaría contribuir con mis reflexiones a romper con el pensamiento único y uniformador que desde las instituciones y los colectivos poderosos nos quieren imponer a los ciudadanos. Porque hay mucho más allá de lo que vemos a nuestro alrededor, porque lo que hace todo el mundo no es siempre lo mejor, porque es sano cuestionar y salirse de lo establecido, buscar y escoger otras maneras de hacer las cosas, aunque haya quien nos critique por salirnos del redil y trate de meternos de nuevo dentro manipulando la realidad, usando para ello la estrategia del miedo.

El mundo de la maternidad y la crianza en el que me muevo tiene muchas escuelas, tendencias y controversias. Ya lo he dicho muchas veces: sobre lo que deben hacer los padres (en especial las madres) y sobre como hay que tratar y lo que hay que hacer con los niños hay múltiples teorías, todo el mundo opina y todo el mundo trata de sentar cátedra. Incluso yo misma, con este blog y mis reflexiones quizá esté pecando de lo mismo, consciente o inconscientemente. Pero soy incapaz de no revolverme al leer textos como este que trata de quitarnos a los padres todos los derechos y libertades respecto a nuestros hijos en favor de terceros desconocidos.

Al igual que ocurre en el caso de las matronas en su lucha contra las doulas, que no persiguen el interés de las mujeres y sus bebés si no el suyo propio, conservar su parcela de poder, la señora que firma este artículo no persigue el bienestar de los niños si no proteger su puesto de trabajo y el de sus compañeros, así de simple, no en vano quien firma el artículo es  Presidenta de l'Associació de Mestres. Pero al igual que ha habído miles de oficios que han ido desapareciendo a lo largo del tiempo, el suyo puede hacerlo también y si eso ocurriera le tocaría reciclarse o directamente jubilarse, y aquí paz y después gloria. Y ojalá ocurriese esto y los “jardines de infancia” “guarderías” o como quieran llamarlos desapareciesen o por lo menos dejasen de ser considerados por todos los padres como una necesidad teniendo casi la obligación de recurrir a este tipo de servicios, porque eso significaría que por fin existirían políticas de conciliación reales y se ayudaría a la maternidad/paternidad, valorándose su importante contribución a la sociedad.

Empecemos por aclarar conceptos, pues criar, educar y enseñar no son lo mismo y esta mujer como profesional que se supone que es debería saberlo pero parece que no lo tiene claro.

CRIAR supone cuidar del bebé hasta que deja de serlo, esto es hasta que sabe: desplazarse y comer por si mismo y hablar de manera que pueda entender casi todo lo que le digan y a si mismo hacerse entender. Un niño está criado cuando es capaz entre otras cosas de, si tiene sed, servirse él solo un vaso de agua sin derramarlo. Un niño no está criado hasta que no empiezan a caersele los dientes de leche, alrededor de los 6 años. Curiosamente esta es la misma edad a la que se refieren los estudios antropológicos para situar el momento en el que más o menos terminarían de destetarse definitivamente las crías humanas si les dieramos la oportunidad de poder mamar hasta entonces. No es hasta este momento en el que en sitios como en Finlandia, que tiene año tras año los mejores resultados del Informe Pisa, cuando los niños son escolarizados y empiezan a tener contacto con la lectoescritura. En España, sin embargo, con 6 años se espera que los niños ya sepan leer...

Yo lo tengo claro, la CRIANZA es o debería ser labor de los padres, en un principio sobre todo de la madre que es quien tiene los pechos para amamantar al crío, sostenida por su pareja y el resto de su familia cercana y amigos que estén por la labor. Las instituciones públicas deberían facilitar que los padres pudieramos criar a nuestros hijos, pero el sistema social y económico nos fuerza a delegar esta labor en terceros, siendo las “guarderías” el recurso más extendido y fuertemente arraigado actualmente en nuestra sociedad. Que lo hagamos así porque no nos queda más remedio, porque no tengamos o conozcamos otras posibilidades (como las denostadas por esta señora MADRES DE DÍA) no significa que esa sea la única ni mejor opción, como puse de manifiesto en esta otra entrada de mi blog.

EDUCAR consiste en mostrar al niño el mundo, enseñarle a relacionarse con él y con los seres que lo habitan, incluidas las demás personas. La mejor manera de hacer esto es mediante el ejemplo y aquí de nuevo el punto de referencia principal debe ser siempre la familia, con sus costumbres y particularidades. Esta es la grandeza y riqueza del ser humano, lo que verdaderamente nos diferencia del resto de los animales: la diversidad dentro de nuestra propia especie, la existencia de diferentes culturas y formas de pensar y actuar. Como el ser humano es un ser social que convive con muchas personas, en la educación influye también el entorno más o menos cercano: familia extensa, amigos, vecinos, compañeros de colegio, profesores, etc. La escuela debe contribuir a la educación de los niños pero respetando siempre la autoridad de los padres y las peculiaridades de cada familia siempre que éstas no supongan un problema para la convivencia en el aula. Las normas y convenciones sociales de cada cultura influyen también en la educación pero no deben ser un obstáculo a la libertad personal de los individuos. Sabremos que hemos educado correctamente a nuestros hijos si llegado el momento, son capaces de pensar por ellos mismos y rebelarse contra esas convenciones si las consideran injustas y sienten que menoscaban sus posibilidades de realización personal y de obtención de la felicidad.

Si todos los niños fuesen criados y educados por terceros a través de instituciones, se perdería lo que nos hace humanos, seríamos clones sin personalidad propia ni capacidad para la creatividad.. Conformaríamos una sociedad de pensamiento único, sin emoción ni espíritu crítico, como la que retrataba Aldous Huxley en su obra "Un mundo feliz".



Por último, la ENSEÑANZA, consiste en la transmisión de conocimientos científicos y artísticos que sirvan al niño para comprender el funcionamiento de las cosas, para explorar sus habilidades, descubrir cuales son sus intereses y a que les gustaría dedicar su tiempo y energía en la vida.
Esta faceta la asume a día de hoy “oficialmente” el Estado a través de la escolarización. Independientemente de lo que opine a cerca de la “forma de enseñar” imperante, que deja bastante que desear, está claro que no sólo en el aula se pueden aprender cosas. En casa los niños disponen de cientos de materiales para su formación, desde libros hasta internet, que es la enciclopedia de las enciclopedias. También hay muchos padres con una gran formación y cultura que pueden explicar cientos de cosas a los niños, complementando los temarios oficiales o supliendo sus carencias. Incluso hay quien opta por una educación más personalizada en casa, que permite al niños centrarse en aquello que mas le interesa, aprendiendo a su ritmo sin la presión de un temario y exámenes obligatorios.

Dicho todo esto, decir cosas como que:  "hoy es inadmisible que el derecho a la educación de los niños de 0 a 3 años siga vinculado a la mujer" refleja un profundo desconocimiento de la naturaleza humana y de las necesidades infantiles, cosa que me alarma viniendo además de alguien que se supone que ha estudiado para trabajar con niños. Señora Rosa Sensat, los niños de 0 a 3 años están en época de ser criados. Necesitan cuidados continuos y personalizados, de alguien que les conozca y les quiera. Estar con desconocidos que tienen que atender a la vez a varios bebés como ellos no es lo mejor para que puedan desarrollarse adecuadamente.  Hasta los dos años no interactúan apenas con sus iguales, lo que necesitan es una figura de apego adulta a su completa disposición, cosa muy difícil de conseguir en una institución. Existen infinidad de estudios que demuestran que estar separado de su figura de apego durante largos periodos de tiempo provoca en el bebé mucho estrés que termina afectándole a nivel cognitivo y emocional. Los avances en neurociencia consiguen demostrar los efectos en el cerebro del bebé de estas separaciones. Le recomiendo que lea el libro: "La mejor guardería, tu casa" que defiende exactamente lo contrario que usted.


Los ataques a la maternidad consciente y responsable son continuos; primero se maltrata a las mujeres durante el embarazo, sometiéndolas a miles de pruebas innecesarias que las estresan al preocuparlas por los posibles resultados, haciéndolas sentir enfermas en lugar de plenas de vida. Luego se ignoran nuestros derechos en el parto, no se nos permite decidir como ni con quien parir y ahora se pretende que una vez dado a luz, vayamos corriendo con las heridas recientes de nuestras cesáreas y episiotomías innecesarias a dejar a nuestros bebés recién nacidos a las puertas de los negocios de puericultura, para que señoritas o señoras como la citada críen a nuestros bebés como si no tuvieran padres, como si fueran huérfanos.

Me parece una falta de respeto hacía los padres, un menosprecio a su importancia y competencia para cuidar de sus propios hijos. Al igual que ocurre con la controversia entre doulas y matronas, los estudios oficiales y la titulación no garantizan una buena atención. Ni todas las puericultoras, maestras o cuidadoras tituladas saben lo que hacen, ni lo hacen bien, ni tienen sensibilidad ni las condiciones necesarias en su trabajo para atender adecuadamente a un bebé de 0 a 3 años. Ni mucho menos los padres somos unos incompetentes y los niños corren peligro por estar a nuestro cuidado, al de sus abuelos o una Madre de Día, si los padres, que somos quienes tenemos la potestad sobre nuestros hijos, lo consideramos adecuado y queremos pagar por sus servicios, pues es la opción que probablemente más se asemeje al cuidado parental.

Este tipo de declaraciones me aterran, porque de pensar todo el mundo como esta señora y llevarse a cabo políticas en este sentido como ella reclama, los padres y las madres nos veríamos reducidos a meros procreadores, sementales unos y vientres de alquiler otras que darían a luz no hijos si no niños para el sistema. ¿De verdad ese es el futuro que queremos para la humanidad?

lunes, 29 de diciembre de 2014

LAS PRIMERA NOCHEVIEJA CON JESÚS

Jesús nació en Navidad, así que la Nochevieja de 2008 había ya un nuevo miembro en la familia para tomar las uvas. Como es evidente, él no podía tomarlas directamente, pero ni siquiera lo hizo a través de mi porque yo tampoco las tomé. La medianoche era demasiado tarde para nosotros dos y cuando sonaron las campanadas estábamos juntitos en la cama. A pesar de eso, la Nochevieja se celebró y tengo muy buen recuerdo de ese día.

Vinieron a casa mi madre y mis hermanas y como yo no estaba para cocinar, mi madre no se complicó e hizo un cocido completito. ¡Estaba de muerte! Sin embargo cuando lo tomé no intuía que no era demasiada buena idea hacerlo, más adelante os contaré porque...

Nunca olvidaré como cenamos esa noche. Ángel estaba sentado en su trona, tenía por entonces dos años y ocho meses. Yo me senté a su lado con Jesús al pecho y mientras le daba la cena a los dos, a uno a cucharadas y al otro directamente de mi cuerpo, mi madre me la daba a mí. Ella comió más tarde. Tengo grabada en mi memoria esta, para mí, tierna imagen, de unos cuidando de los otros. Una cadena de amor. Agradeceré siempre a mi madre este gesto que nunca olvidaré.

Lo que tampoco olvidaré jamás son los efectos secundarios del cocido. Mi bebé empezó a mear literalmente sopa. ¡Sólo le faltaban los fideos! Le olía el aliento a repollo y el pobre empezó a tener unas flatulencias terribles. Si alguien dudaba de que lo que comemos las madres amamantadoras pasa a la leche y modifica su sabor y su olor, aquí estamos Jesús y yo para constatar que es una realidad como la copa de un pino. Pasó un par de días malos con muchos gases, bueno mejor dicho pasamos, pues él se los tiraba pero yo, que lo tenía todo el rato en brazos, no podía escapar del olor.
Debido a esta anécdota, Jesús recibió el mote cariñoso durante una temporada de “chico-garbanzo” :)

Fue una Nochevieja de lo más original. La mejor de todas a pesar de no tomar langostinos, uvas ni champán.

FELIZ AÑO NUEVO A TODOS
Y RECORDAD:
SI AMAMANTAIS A VUESTRO BEBÉ CUIDADIN CON EL COCIDO”.

sábado, 17 de marzo de 2012

¿POR QUÉ LLEVAMOS A LOS NIÑOS A LA GUARDERÍA?


El porcentaje de niños menores de tres años que van a las guarderías es muy grande, y solemos confundir que sea algo habitual en nuestra sociedad, con que sea lo normal o incluso nos autoconvencemos pensado que es algo cuasi-obligatorio: “por el bien de ellos”, y así alejamos de nosotros el sentimiento de culpa por tener que dejarles en un sitio extraño. Sin embargo yo me atrevería a decir que la escolarización temprana no es lo mejor, ni para los niños, ni para sus padres y a pesar de esto los escolarizamos porque la decisión de llevar a los niños a la guardería no suele ser una decisión informada, ni sopesada. Muy pocos padres buscamos información en Internet o por otros medios a cerca de cómo va a influir en nuestro bebé separarse de nosotros tantas horas siendo tan chiquititos. Los llevamos y ya está. Muchos sabemos o intuimos que lo van a pasar mal, pero tenemos la esperanza de que el mal trago pasara pronto, y que enseguida se “acostumbrarán”. Los dejamos allí, llorando la mayoría de las veces, hasta que un día dejan de llorar y por fin nos vamos a casa o al trabajo respirando aliviados. Pero que hayan dejado de llorar, no significa, ni que ya estén adaptados, ni que quieran estar allí, ni que disfruten durante su estancia.
Y ¿por qué llevamos a nuestros bebés a las guarderías?
Estos son los motivos que se me ocurren a mí:
  • En primer lugar y lo más habitual, es que los dejamos porque no tenemos más remedio.Tenemos que trabajar para vivir y no tenemos a nadie de confianza que pueda cuidar a nuestra criatura mientras nosotros nos ausentamos. Los abuelos muchas veces están ya mayores para darles semejante trabajo o están ocupados con sus propias obligaciones o devociones y no están disponibles para hacerse cargo de los nietos, por lo que la guardería es la única opción que nos queda.
  • En segundo lugar porque nos agobiamos cuidando de ellos durante todo el día. En nuestra sociedad los padres afrontamos la crianza muy solos y no es raro que pasemos largas horas con nuestros hijos en nuestras casas, sin la ayuda ni la compañía de ningún adulto, sea o no de la familia. La crianza ocupa todo nuestro tiempo y energía y no deja espacio para nada más. Por eso la guardería suele suponer un respiro, durante el cual, podemos limpiar la casa, leer un libro o ir a la peluquería tranquilamente. Quizá si las parejas recibiéramos más apoyo familiar o social podríamos organizarnos de otra manera distinta que no supusiese dejar a nuestros hijos tanto tiempo con unos desconocidos.
  • En tercer lugar porque la sociedad nos obliga directa o indirectamente a ello.
    La gente se extraña cuando unos padres no llevan a su hijo a la guardería y suelen hacer comentarios del tipo: “si allí se lo pasan muy bien y hacen amiguitos”, “en la guardería los espabilan”, “si no lo llevas, no se va a desprender nunca de tus faldas”, etc. Todos ellos consejos probablemente bienintencionados, pero totalmente ridículos e infundados. Cuando un bebé es muy pequeño sólo necesita el contacto permanente con su mamá o su papá, pero a medida que crece empieza a interesarse por el mundo y por otras personas, pero esto no quita para que siga necesitando tener a sus padres a su alcance. Un niño de un año, o un año y medio quiere perseguir palomas en el parque, jugar con la arena y le llaman la atención otros niños, pero quiere explorar todas estas cosas, junto a uno de sus padres, que son sus figuras de referencia y las que le aportan seguridad. Como casi todos los niños están en las guarderías, por las mañanas los parques están vacíos y los niños que no acuden a ellas están condenados al ostracismo, y sus padres a veces pueden llegar a sentir que puede que realmente sus niños se estén perdiendo algo por “no ir al cole, como los demás”, y ceder a la presión social, que les trata de convencer de que sus hijos estarían mejor allí que con ellos.
Está claro que no todas las guarderías son iguales, que hay sitios que ofrecen cuidados de más calidad que otros, con menos niños por cuidadora, y cuidadoras bien formadas y cariñosas. Que no todos los niños se adaptan igual de rápido y bien, y que habrá algunos encantados y deseando entrar en el cole. Pero creo que muchas familias si se lo pudieran permitir económicamente, tuvieran más apoyo en la crianza y no estuviese tan mal visto eso de “dejarlos en casa”, optarían por estar con sus hijos el máximo tiempo posible durante los primeros años y no perderse detalle de su crecimiento.

La intención de este post no es juzgar la “calidad” como padre de nadie, en función de si ha llevado o está llevando o no a sus hijos a la guarde. Lo que pretendo es plantear la necesidad de que reflexionemos sobre si esto es lo mejor que podemos hacer con nuestros hijos o si sería más saludable buscar otras alternativas tanto a nivel individual en cada familia, como a nivel colectivo en el conjunto de la sociedad.

miércoles, 9 de marzo de 2011

COMPARTIR LA CRIANZA O COMPARTIR LA LACTANCIA

Cuando alguien alaba la función “materna” y pone de manifiesto la necesidad de que, por el bien de la salud de nuestra sociedad, madres y bebés deberían poder pasar más tiempo juntos durante sus primeros meses de vida, sin que esto vaya en detrimento de la posición laboral y profesional de la mujer, siempre suelen surgir voces que reclaman una mayor “participación” del padre en esos momentos. Se quejan de que con la “excusa” de la lactancia materna, las mujeres nos tornamos indispensables e insustituibles y eso deja a los varones fuera de juego. Parece que las madres somos unas acaparadoras que no queremos compartir a nuestro “pequeño tesoro” con ellos. Pero no somos unas egoístas, simplemente somos mamíferas. Tras el parto, de nuestros senos brota leche para alimentar a nuestras crías. Es algo natural, no una artimaña con la que pretendemos dejar en un segundo plano a los padres de las criaturas. Pero a veces, parece que tenemos que pedir perdón por poder hacer algo que está fuera del alcance masculino.

A mi entender, si quien defiende una mayor “presencia” del padre en esos momentos es una mujer, lo hace por un concepto equivocado de la igualdad y la cooperación, pues en realidad, un hombre que para sentirse involucrado en la crianza, sustituye el pecho de su mujer por un biberón, lo que está haciendo no es compartir con ella las tareas maternales sino usurpárselas. Cada uno tiene una función, y la del genero masculino no es la de alimentar, pues si fuese así, la leche saldría de sus tetas y no de las nuestras.
Cuando quien hace esta reivindicación es un hombre, demuestra que se mueve por un ansia de poder, por querer tener el control de la situación en esta faceta de la vida, al igual que la tiene en las demás. “¿Cómo va mi mujer a alimentar a mi niño y yo no? Eso se soluciona dándole un biberón”. Así él se siente satisfecho, aunque darle un biberón no sea lo mejor para su hijo ¿Quién se comporta entonces de manera egoísta? La lactancia es una de las pocas cosas exclusivas de las mujeres, donde las mujeres mandamos, y eso la sociedad no termina de aceptarlo.

Ejemplos de cosas que los padres pueden hacer con sus hijos
Las autoridades sanitarias nos hablan de lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses. Creo que es un tiempo suficientemente corto para que el padre pueda “soportarlo”. Durante este tiempo puede interactuar de otras muchas maneras con su bebé, diferentes a la alimentación. Estas son las que se me ocurren a mí: cambiarle los pañales, bañarle, vestirle, cortarle las uñitas (tarea importante y complicada donde las haya), pasearle con el carrito o metido en la mochila, dormirle en brazos, calmarle cuando se encuentra agitado, acariciarle, cantarle nanas, hacerle cosquillas o pedorretas, etc.…Tras esos meses, el padre puede colaborar en la introducción de la alimentación complementaria, dándole las papillas en caso de que sea eso lo que tome el bebé.

Y eso referido exclusivamente al cuidado del recién nacido, porque existen otros ámbitos en los que la “ayuda” del padre es igualmente necesaria, como son: las tareas domésticas y el cuidado de los hijos mayores.Un bebé demanda TODA la atención, por lo que lo normal es que al final del día no hayamos tenido ni un solo momento para limpiar el polvo o pasar la aspiradora, con lo que tenemos la casa “hecha unos zorros”. Si la familia tiene posibles y puede contratar servicio doméstico, problema solucionado, pero si no es así, lo suyo es que el marido se remangue y se encargue de esas cosas cuando llegue a casa. Durante unos meses la mejor manera de “sentirse parte de…” es facilitándole la vida a su mujer, para que ella pueda dedicarse por completo al niño.
Por otra parte, alguien tiene que atender a los hijos mayores, que también requieren cuidados y atención y de nuevo sería el padre quién debería encargarse de esto para contribuir a la armonía familiar y que todos vean satisfechas sus necesidades y se sientan queridos y tenidos en cuenta.

No hay que confundir “compartir la crianza” con “compartir la lactancia”, porque no es lo mismo. Se puede conseguir la primera sin practicar la segunda.
También deberíamos informarnos de las consecuencias antes de elegir cualquier cosa para nuestros hijos. Si el objetivo es compartir la lactancia quizá sea más adecuado optar por la lactancia artificial, que evidentemente es más fácil de compartir. La lactancia materna es lo mejor sin duda, pero funciona solo si es a demanda y si se practica en vivo y en directo, piel con piel, puesto que lo que estimula la producción es que el bebé succione. Cuando la mamá se ausenta por el motivo que sea, puede extraerse leche y dejársela al padre, para que él alimente al bebé en su ausencia. Ahí el padre demuestra ser un gran apoyo. Pero lo que no tiene sentido ninguno es que estando la mujer presente y pudiendo ofrecerle directamente el pecho, no lo haga para que el padre se pueda sentir “útil” enchufándole el biberón. Me parece una situación ridícula y propia de un hombre infantil y caprichoso. Además hacer de esto una costumbre puede suponer el fin de la lactancia pues el extractor no es igual de efectivo que el bebé a la hora de estimular la producción.

Por otro lado, un bebé que solo toma leche materna, suele mamar frecuentemente, día y noche, y eso hace que mamá y bebé estén juntos mucho tiempo y terminen estando muy unidos. Además, la lactancia no es solo alimento. Succionar hace que el bebé se tranquilice, le ayuda a conciliar el sueño, a soportar mejor el malestar si se encuentra enfermo, etc. Por todo esto es normal que para el bebé su mamá (y la teta que lleva incorporada) sean lo más importante del mundo. Un papá informado y maduro entenderá y aceptará esta situación y no se sentirá “celoso” de su mujer. A medida que el bebé crezca, progresivamente se irá "despegando" más de su madre y acercándose más al padre.

El bebé crece pero no desaparece sino que se convierte en un niño, luego en un adolescente, y luego en adulto. Los padres somos padres para siempre, y hay miles de cosas que hacer con y para ellos. En los años siguientes el padre podrá leer cuentos, jugar, acompañarle al parque, llevarle de urgencias cuando no le baje la fiebre, ayudarle con los deberes, enseñarle a montar en bici,…vamos, como para no aburrirse. Por eso no entiendo ese afán de protagonismo, y esa obsesión con alimentar al bebé esos primeros meses, pues trabajo no le va a faltar durante el resto de su vida.
Debe ser porque los bebés recién nacidos son muy tiernos, pequeñitos, sonrosados, y huelen muy bien. Darles de comer es algo que a todo el mundo le gusta hacer, es una tarea gratificante, durante la cual el niño está tranquilo y callado. No tanto así lo es cambiarles el pañal nauseabundo, vestirles mientras no dejan de moverse o pasarse una noche entera en vela, con ellos en brazos, paseándoles por el pasillo mientras no paran de berrear, por lo que si hay que colaborar, claro que todos preferimos la parte bonita y satisfactoria.

De todas maneras, me choca el que ahora se defienda con tanta vehemencia el papel del padre, cuando hasta hace poco los hombres no querían saber nada del tema. Entiendo que era una postura influida por la cultura, pero también era una decisión personal, pues nadie iba por las casas poniendo pistolas en las sienes a los hombres para que no cambiasen pañales… La generación anterior ni siquiera empujaba el carrito por la calle, esto era “cosa de mujeres” y ahora pasamos al extremo opuesto de querer hacerlo todo. Yo opino que ni tanto, ni tan calvo.

Me consta además que hoy todavía hay padres jóvenes que siguen teniendo esa visión antigua de que “el bebé es de su madre” y no tienen ninguna gana de participar de en el cuidado del niño.
Por otra parte, estoy segura de que esos hombres que tanto insisten en dar de comer a su bebé, si pudiesen probar lo que es dar de mamar a demanda, día y noche, no se lo pensarían dos veces y dirían: ¡No, gracias, encárgate tú!

viernes, 12 de noviembre de 2010

MAMAR ES UN PLACER...


El título de esta entrada se parece peligrosamente a una conocida canción de Sara Montiel, pero referido claro está, a un acto mucho más saludable que el fumar.

Todas las mañanas pienso en esto cuando “doy de desayunar” a Jesús en la cama.

Trato de ponerme en su piel, e imaginarme cómo debe sentirse, ahí abajo, en mi regazo, "amorrao" a la teta y calentito bajo el edredón.Y la conclusión que siempre saco, es que debe estar en la gloria.

Me pongo a pensar en una situación equivalente para un adulto y lo que me viene a la cabeza es lo siguiente: estar en la cama cómoda y calentita, abrazada a mi pareja y comiendo chocolate. ¿Dónde hay que firmar, oiga?

Jesús va a cumplir dos años en diciembre. No se sabe a ciencia cierta hasta qué edad es normal en el ser humano mamar, pero los estudios dicen que el destete suele producirse entre los dos y los siete años. Evidentemente, ya come de todo y no necesita la teta para sobrevivir, pero ¿y lo que disfruta él mamando?

A estas alturas y superadas las dificultades del principio, yo estoy más que acostumbrada a dar el pecho, no me supone ninguna molestia ni inconveniente, por lo que no tengo intención todavía de arrebatarle/arrebatarme este placer.

No tenemos fijada una fecha de caducidad para la lactancia, así que de momento seguiremos desayunando juntos en la cama.

viernes, 24 de septiembre de 2010

"HACEMOS EL AMOR"


Dos personas que se quieren, que les gusta estar juntas, que se necesitan la una a la otra. Se abrazan, se acarician, se miran con dulzura, se sonríen. Intercambian fluidos y disfrutan haciéndolo… ¿Una pareja haciendo el amor?
No, una madre amamantando a su hij@.
Y es que con esta descripción se demuestra que la lactancia es parte de la sexualidad humana, una de las fases de la reproducción, el eslabón perdido que por suerte parece que poco a poco estamos recuperando.
Y en esta sociedad hipócrita en la que la industria del sexo mueve cantidades ingentes de dinero, y el cuerpo femenino se muestra sin pudor en cualquier ámbito, dar de mamar en un banco de un parque o en un restaurante es algo escandaloso, hasta el punto de que en EE.UU. detienen cada año a cerca de 12 mil mujeres por amamantar en público.
Sin comentarios.
La gente se incomoda e incluso se indigna cuando ve a un bebé mamando en la calle, porque con su “mirada sucia”, como decían en “Los Serrano” no ven un acto de amor y nutrición sino pornografía. Pero ese es su problema no el nuestro.
Como dice esa magnífica iniciativa: EL MUNDO ES MI SALA DE LACTANCIA.
Y al que no le guste que no mire.

sábado, 18 de septiembre de 2010

¿POR QUÉ "DE PROFESIÓN MAMI"?


Nunca se qué poner cuando me preguntan en algún cuestionario mi profesión.
He pasado diez años trabajando en el departamento de administración de un pequeño estudio gráfico y en mi contrato figuraba la categoría de Administrativa, pero yo nunca me he sentido como tal. Soy Licenciada en Administración y Dirección de Empresas y quedaría raro poner que soy “Administradora y Directora de Empresas”, además de que nunca hay tantas casillas como para que quepa tal “título nobiliario”.
En diciembre de 2008 nació Jesús, y tras la baja maternal solicité una excedencia, que en principio iba a durar hasta que el niño tuviera 9 meses, pero por diversos motivos (falta de trabajo y que Jesús no terminaba de acostumbrarse a la guardería) se alargó hasta junio de este año, en que, como a otros muchos españolitos, me pusieron de patitas en la calle porque la empresa iba a desaparecer.
Total, que estoy en paro por primera vez desde que me licencié, pero no he dejado de trabajar. Trabajo criando a un bebé, que por cierto está mil veces más a gusto conmigo que yendo a la guardería. Y estoy en casa, si. Pero mi casa dista mucho de estar como “los chorros del oro”, porque me paso el día, dando teta, paseando y jugando en casa o en el parque. Los frutos de mi trabajo no son monetarios. Nadie me paga por hacer lo que estoy haciendo. No tengo horario, ni un jefe, pero aún así hay días que resultan muy estresantes. Tengo una gran responsabilidad entre mis manos, que es acompañar a un pequeño ser humano en su desarrollo, cuidarlo e intentar que tenga una existencia feliz. Los resultados de mi labor no se ven inmediatamente y habrá quién piense que lo que yo estoy haciendo no tiene mérito, que puede hacerlo cualquiera, probablemente mucho mejor que yo. Quizá sea cierto, pero por muchos errores que cometa, sé que mis hijos me los perdonarán porque soy su mamá y madre no hay más que una…
La maternidad está muy desprestigiada. Parece que si no trabajas fuera, no estás haciendo nada. Quedarse en casa parece sinónimo de comodidad, vaguería, dependencia y falta de inquietudes o ambición. Nada más lejos de la realidad.
Es ahora que soy madre, cuando me siento más segura de mi misma y de mis capacidades, cuando estoy desarrollando más plenamente mis aptitudes y mi capacidad creativa (¡sí, yo tenía de eso!), cuando más me preocupo por lo que pasa a mi alrededor. Y precisamente por eso voy a dedicar un tiempo a cuidar en exclusiva de mis hijos, porque considero que es mi responsabilidad y mi mejor aportación para hacer de éste, un mundo mejor. Porque hay muchas personas que pueden registrar y contabilizar facturas, o pagar a proveedores, pero para estar con mis hijos la más adecuada, soy yo.
Dijo Zapatero hace unos días algo así como que, los que hacen cursos de formación, no están parados. Yo añadiría que las mamás que estamos cuidando de nuestros hijos tampoco lo estamos. Y por desgracia, hay muchas que no cobran ningún subsidio por hacerlo.
Efectivamente, mi profesión actual es MAMI, con mayúsculas, y estoy orgullosa de ello.
A todas las mamás que se agobian en casa con sus bebés porque tienen la sensación de no estar haciendo nada, y que añoran la oficina porque allí se sentían más útiles y valoradas. Y a todos los que cuestionan la actividad de las mamás a tiempo completo, les recomiendo este libro: “Lo que hacen las madres”.

martes, 31 de agosto de 2010

MADRE DE DÍA Y DE NOCHE (2ª parte)


A todos los padres nos gustaría en algún momento que nuestros hijos tuviesen un botón de encendido y apagado. Sobre todo por la noche. Sería genial pulsar off y poder descansar 10 horas del tirón. Porque todos necesitamos descansar, pero si somos padres aún más, porque con niños alrededor hay días que son realmente agotadores. Pero es que además nuestra generación es la de: “habitación propia” con “cama propia” para dormir, distinta de la de nuestros padres, por supuesto. Y a parte de dormir solos, teníamos que dormir muchas horas y sin interrupciones. Acostarnos pronto aunque no tuviéramos sueño e intentar molestar lo menos posible por la noche.

Por eso ahora, cuando “devenimos padres” como diría Laura Gutman, nos sorprenden las “costumbres” de nuestros bebés respecto al sueño, porque no son las que nos “obligaron” a adoptar a nosotros nuestros padres. Y es que encima son incómodas, cansadas y frustrantes: “solo se duerme encima de mi y si lo suelto se despierta”, “en cuanto le saco la teta de la boca se pone a llorar”, “me paso horas y horas acunándole por la noche”… Como no nos mola el panorama decidimos que ese es un comportamiento anormal e indeseable y empezamos a luchar contra él y contra nuestro bebé para que se “reforme” y deje de pedir nuestra presencia cuando no nos apetece atenderle. Buscamos “ayuda” para esta tarea y encontramos libros que nos dicen como “amaestrar” a nuestro bebé para que se duerma solo y le dejamos llorar hasta que lo conseguimos. Y dormir, que debiera ser una actividad relajante y placentera, se convierte en un drama desagradable para todos.

Yo me estreso enormemente cuando mis hijos lloran por cualquier motivo e intento consolarles para que dejen de hacerlo, quizá egoístamente más por mi tranquilidad que por su bien, pues a lo mejor ellos necesitan en un momento determinado desahogarse llorando. Por eso no entiendo como se puede dejar llorar o hacer llorar a un bebé a propósito. Las madres estamos diseñadas para responder al llanto de nuestros bebés, la supervivencia de nuestra especie depende de que acudamos al grito de auxilio de nuestra cría para proporcionarle lo que necesite, ya sea comida, abrigo o compañía y no hacerlo nos cuesta casi una enfermedad.

Los primeros meses son duros pero todo pasa y aunque parezca increíble al principio, llega un día en que volvemos a dormir razonablemente bien. Mientras tanto es mejor olvidar todas las ideas preconcebidas que tuviésemos al respecto y tratar de adaptarnos a la situación como podamos. Yo misma estuve durmiendo varios meses con Jesús encima de mí, cruzado cual banda de “Miss”. Luego poco a poco aprendí a depositarlo con mucho cuidado a mi lado sin que se despertase y nunca lo pasó mal para conciliar el sueño. Siempre hay trucos para poder salir adelante sin que nadie sufra por el camino. La teta sin ir mas lejos, es el mejor somnífero que hay.

jueves, 26 de agosto de 2010

MADRE DE DÍA Y DE NOCHE


Un buen día, de repente, tomé consciencia de que cuando se es madre, una lo es tanto de día como de noche. Y aunque parece algo evidente, me costó llegar a esta conclusión, porque cuando era niña, de noche, mi madre no estaba.

Cuando nació Ángel, yo me quedé fatal física y emocionalmente y mi marido empezó a encargarse de cuidarle por las noches para que yo me recuperase. Total, no había podido darle el pecho y él podía enchufarle tranquilamente el biberón (la trampa del biberón…). Al final terminamos repartiéndonos las tareas: yo le cuidaba por el día y él por la noche. Parecía un buen acuerdo, total no todas las noches se despertaba y cuando lo hacía, él volvía a coger el sueño rápidamente, cosa que a mi me costaba más conseguir. Así también él se involucraba en la crianza (una idea políticamente correcta y muy de moda actualmente pero la mayor parte de las veces mal entendida). Además al niño le daría igual quien estuviese, con tal de que le atendiese alguien. Lo más probable es que muchas veces ni se enterase de quién le había puesto el chupete en la boca, si Mamá o Papá… Pero los bebés se enteran de todo. Y gracias a esa dedicación nocturna el niño está muy apegado a su padre. Es a él al que llama cuando tiene sed o se despierta con una pesadilla. Se siente seguro a su lado, sabe que él siempre está ahí, que nunca lo abandona, que no le deja solo especialmente en la oscuridad de la noche, mientras que Mamá...

Siento que pagué la novatada, me desentendí de una parte fundamental de la crianza por comodidad y desconocimiento, no me di al 100% y me arrepiento de ello.

Por eso en cuánto supe que estaba de nuevo embarazada, mandé la cuna al trastero, pues tenía claro que iba a dormir con este bebé desde el principio, que iba a ser madre a tiempo completo, pues mi responsabilidad no termina a las 9 de la noche, y las necesidades de los bebés no entienden de horarios.