Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de abril de 2017

A TI QUE QUIERES AMAMANTAR

Tras dar de mamar 4 años y medio, resulta que no sé nada de lactancia materna. No se valorar un agarre, no se diagnosticar una mastitis, ni qué recomendar para que se solucione. Lo único que tengo claro es que para superar las dificultades es necesario fuerza de voluntad y buscarse la vida.

A ti que quieres amamantar, te diría que te preguntes si realmente quieres hacerlo y por qué. Es algo que hay que plantearse antes de parir. Luego puedes cambiar de opinión, pero si de verdad quieres intentarlo, si es importante para ti, debes prepararte para ello antes de dar a luz. Por prepararte me refiero, a que debes tener recursos localizados, un as en la manga que puedas utilizar si llegas a necesitarlo.

Tienes que saber que es probable que la ayuda que necesites no se encuentre en el ámbito “oficial” de la medicina. 

Si quieres amamantar ve a por todas: acude a reuniones, llama a asesoras, mira vídeos, participa en foros y pregunta. Si no consigues que la ayuda vaya a ti, ve tú en su busca.

Una asesora de lactancia puede tener más o menos experiencia, y puede acertar más o menos en su valoración pero siempre te aportará cosas muy valiosas como:
  • Compresión: ellas saben del valor de la lactancia y de la importancia que tiene para ti el lograr amamantar.
  • Apoyo emocional: te darán confianza y fuerzas para continuar con la lactancia si ese es tu deseo.
Por eso, una asesora de lactancia nunca te recomendara un destete si no es necesario y tú no quieres destetar, y solo te recomendará suplementar cuando sea necesario y lo hará de una forma que no ponga en peligro la lactancia y te permita volver poco a poco a la lactancia materna exclusiva, si es tu deseo.

Busca múltiples opiniones. Prueba todo, que por probar no quede. Si algo no funciona prueba otra cosa: masajes, posturas, técnicas, distintos sacaleches (si es necesario), etc.

Pero sobre todo, sé rápida, no lo dejes pasar. Porque cada día que pasa con dudas y dificultades, se va agotando tu energía, aumenta el miedo y las posibilidades de abandono.

Y por qué no, ten paciencia y persiste. Al final encontrarás la solución a tu problema de una forma a otra y todo mejorará, todo pasará y habrá merecido la pena intentarlo y resistirse a tirar la toalla.

Porque el esfuerzo compensa, de verdad.


viernes, 24 de marzo de 2017

LA LÓGICA DE LA JORNADA CONTINUA

Leo en un blog una entrada acerca de la “ciencia” que justifica que la jornada partida es mejor para la salud y el rendimiento escolar de los niños. En ese texto se enumeran una serie de “estudios” que supuestamente demuestran, que ese horario es más descansado para nuestros hijos, lo que hace que sus resultados académicos sean mejores.


Ocurre una cosa, y es que yo cada vez me fío menos de ese tipo de ciencia a la que alude el artículo ¿Por qué? Pues porque los estudios científicos son financiados por alguien que quiere demostrar que su idea, su teoría, su producto o su tratamiento son efectivos y lo mejor. Dudo de su seriedad, de los procedimientos utilizados para llevarlos a cabo y por tanto de la fiabilidad de sus resultados. Que no existan estudios sobre algo determinado, no significa que ese algo no tenga importancia, validez o justificación. Simplemente significa que no hay nadie con suficiente poder, o sea dinero, al que le interese conocer la verdad sobre ese algo, probablemente porque esa verdad le perjudicaría.

Como en este asunto no hay mucha “ciencia”, voy a abordarlo desde la lógica que da ver las cosas desde una perspectiva histórica y cultural más amplia

Vamos a ver. La jornada partida, tanto laboral como escolar es algo “typical spanish”. Es una herencia de nuestro pasado agrícola combinado con nuestra localización geográfica. En España no se pueden recoger uvas, fresas ni nada a las horas centrales del día porque hace mucho calor. O no se podía antaño cuando no existía maquinaria agrícola moderna que hiciese menos ardua esa tarea. Eso obligaba a realizar un descanso forzoso a mediodía.


Más recientemente cuando los que mandan se dieron cuenta de que, con estos horarios los curritos (ahora mayoritariamente del sector secundario y terciario) no podíamos consumir a gusto, en lugar de racionalizar la jornada en general, se pasó a esclavizar a los comerciantes, obligándoles, digo "permitiéndoles", cerrar más tarde entre semana y abrir los domingos y fiestas de guardar.

En los países de Europa con menos sol pero más modernos y razonables, no existe ese parón infumable de tres horas para comer. La gente trabaja del tirón y a las 5 ya están todos recogiditos en casa, haciendo vida familiar.

En otros países no hacen las comidas copiosas que aquí nos metemos entre pecho y espalda, y que nos hacen pedir a gritos una siesta. Siesta que sin embargo, no podemos permitirnos, porque el curro nos pilla lejos de casa y en la oficina no nos facilitan colchón y almohada.

Siempre suele decirse que para que la economía vaya mejor hay que ser más rentables, más eficientes. Para que eso sea posible hay que hacer lo mismo o más con menos, en menos tiempo

La jornada continua concentra el trabajo, no nos roba tiempo libre y posibilitaría la creación de más puestos de trabajo, en aquellos sectores en los que se puedan habilitar distintos turnos.


La jornada partida no es eficiente, lógica, ni razonable para nadie. Ni para niños ni para adultos. Solo es conveniente para las empresas de comedor escolar, que hacen su agosto todo el año gracias a la falta de conciliación familiar. 

Me parece increíble que alguien afirme, y realmente crea, que los niños se cansan más estando 5 horas en el cole, que 8 o 9 como algunos están por culpa de la jornada partida. 

Me parece totalmente injusto, acusar a los docentes de vagos y de perjudicar a los alumnos por querer irse antes a casa. Quien diga que no le gustaría poder salir antes de trabajar es que miente. Salvo que no quiera volver pronto a casa para escaquearse de realizar tareas domesticas y de cuidado, que también los hay, y por desgracia creo que muchos.

Me parece tristísimo que se siga poniendo a la producción y los intereses capitalistas por encima del cuidado, la salud y el bienestar de las familias y las personas en general.

Porque habría que trabajar para vivir, no vivir para trabajar.

Con esos horarios, ni se descansa, ni se disfruta de la vida, ni se atiende a la familia como es debido. Padres e hijos no pasan suficiente tiempo juntos y esto siempre termina pasando factura.

La jornada partida sigue existiendo porque somos un país lento, que se aferra a las costumbres y se resiste a los cambios. Porque a los poderes fácticos les conviene que todo siga como está, con una población aborregada, preocupada más por tener que por ser, secuestrada por la rueda del sistema productivo y alejada de lo que de verdad importa: sus seres queridos.

Es necesario darle la vuelta por completo al sistema y si para ello hay que empezar por implantar la jornada continua en los colegios, bienvenida sea.

domingo, 18 de diciembre de 2016

LA SALUD PERINATAL EN ESPAÑA


Dicen que en España la salud perinatal es buena a pesar de la elevada tasa de cesáreas e inducciones innecesarias, y que lo importante es que las cifras de mortalidad son muy bajas. Esta es la versión elegante e institucional del: “¡No te quejes, si tienes un niño precioso!” de toda la vida. Es decir, que a pesar de que nos fuerzan y nos rajan, tanto bebés como madres no perecemos fruto de esa manipulación, y eso parece que le resta gravedad al delito. Vamos, que nos violan pero no nos matan y debemos estar profundamente agradecidas por ello. No solemos morir, cierto, pero las consecuencias de cómo se atienden los partos no se conocen o se minimizan, por eso hay quien osa decir que la salud perinatal es excelente. 

Aludir a una supuesta buena salud perinatal para enmascarar las deficiencias de la atención al parto en la sanidad española implica negar la realidad, no asumir responsabilidades, faltar a la verdad y al respeto a todas aquellas mujeres que han sido engañadas y maltratadas en los paritorios. 

Tras esta afirmación se esconde la propia desinformación del interlocutor y/o su afán por desinformar a la población. Para saber si esta afirmación es cierta tendríamos que conocer en primer lugar que se entiende por salud perinatal.

El término perinatal se emplea para referirse a todo aquello que es inmediatamente anterior o posterior al momento del nacimiento del bebé, es decir, desde la semana 28 de gestación aproximadamente hasta los primeros sietes días después del parto. La salud perinatal es la rama de la medicina que se interesa por la fisiología y anatomía de la madre y de su hijo, antes y después del nacimiento. Diagnostica y trata las enfermedades que puedan aparecer durante la gestación, el parto y el puerperio.

Según esta definición, la salud perinatal se refiere un periodo de tiempo muy concreto, y a mi entender demasiado limitado, dado que las repercusiones de los partos medicalizados se extienden mucho más allá del posparto inmediato. Es decir, que existen unos efectos secundarios no inmediatos y sutiles pero igual de importantes que sufrir un corte con un bisturí.

Nacer antes de tiempo y no hacerlo por vía vaginal tiene repercusiones en la salud de los niños a muchos niveles. Problemas en las vías respiratorias por inmadurez, problemas gastrointestinales y alergias son cada vez más comunes por una incorrecta colonización bacteriana del intestino del recién nacido, y estas son consecuencias que no se ponen de manifiesto inmediatamente tras el parto sino más adelante, y afectan negativamente a la salud del niño durante toda su vida.

Nacer inmaduro y/o tras un parto duro en el que se han utilizado drogas puede afectar al establecimiento de la lactancia, pues los bebés estresados o adormecidos pueden tener problemas para engancharse al pecho. Tener un costurón en el abdomen que no te permite moverte ni coger bien a tu bebé es una dificultad añadida para dar de mamar a nuestro bebé. Con ayuda y esfuerzo se pueden superar todas las dificultades, pero es evidente que estar agotada y recién operada no es estar en la mejor de las condiciones para atender a un recién nacido, y tras esos primeros días, muchas lactancias se abandonan, lo que constituye un problema de salud muy grave. No debemos ignorar que el modo de nacer influye en el establecimiento de la lactancia.

La salud perinatal se refiere o debería referirse, no solo a la salud del bebé, sino también a la de la madre. Debería contemplar no solo la parte física, sino también la psicológica y emocional.

Desde el punto de vista físico hay que tener mucho cuajo para decir que sufrir una operación de cirugía mayor y encima innecesaria es signo de buena salud perinatal. Lo mismo ocurre con las episiotomías. Tener cualquiera de estos cortes implica estar enferma, estar sufriendo, no es ningún camino de rosas. Bienvenidas sean estas cicatrices cuando son necesarias, pero que nos las infrinjan de manera gratuita es un atentado contra nuestra integridad física. No es salud, de ninguna de las maneras.

Por otro lado, el parto puede terminar convirtiéndose en una experiencia muy traumática, que puede dejar una huella importante en nuestra vida que puede costar bastante superar. Pero si en nuestro sistema sanitario hay por ejemplo un deficiente seguimiento de la recuperación del suelo pélvico, el apoyo psicológico posparto es prácticamente inexistente.

El aspecto emocional está totalmente descuidado, no se contempla de ninguna manera el grado de satisfacción de la mujer con la experiencia. Y es que nadie se preocupa por preguntar a la mujer cómo se encuentran ella y su bebé, cómo se ha sentido durante y tras el parto, qué secuelas ha tenido, etc. No se recopila esta información, no hay datos ni estadísticas fiables. En la sanidad privada, por ejemplo, no suele haberlas de lo que ocurre en los partos, los historiales a menudo están incompletos, y una vez se sale del hospital el seguimiento y el apoyo a la madre reciente deja mucho que desear.

Me pregunto además si se tienen en cuenta separaciones madre-bebé y los ingresos en UCI´s neonatales por pequeños que sean, que tanto estrés provocan y afectan al establecimiento del vínculo con el bebé, que son si cabe más habituales en los partos manipulados, para valorar esa salud perinatal.

Por último, es importante relativizar y contextualizar los datos ¿Nuestra salud perinatal es buena con respecto a qué? ¿Mejor que cuándo? Porque se da una curiosa correlación entre salud e intervencionismo, siendo mejores los datos de salud perinatal en aquellos países cuyo sistema sanitario es más respetuoso con la fisiología del parto. Y comparar las cifras de mortalidad actuales con las de hace 100 años es hacer trampa, mezclando como diría aquella, peras con manzanas. Con las medidas higiénicas, dieta saludable y adelantos tecnológicos y sanitarios actuales, los resultados deberían ser incluso mejores y las intervenciones muchísimo menores.

Tenemos un buen sistema sanitario, pero no podemos conformarnos si no intentar ir a mejor. La buena noticia es que con buena voluntad puede conseguirse.

domingo, 6 de noviembre de 2016

EN CASA APOYAMOS LA HUELGA DE DEBERES

A nosotros actualmente los deberes no nos suponen demasiado trastorno por varios motivos:

  1. En el colegio de mis hijos la carga de deberes se ha visto reducida gracias a una petición que hizo la AMPA el año pasado al Consejo Escolar.
  2. Las tutoras de mis hijos son bastantes razonables y no se pasan mandando deberes. Vamos, que deberes hay, pero pocos…
  3. Mis hijos son bastante espabilados y rápidos y suelen terminar la tarea en clase o traer muy poquita cosa a casa.
  4. Nuestro colegio tiene jornada continua por lo que disponemos de toda la tarde libre para hacer cosas. Es decir, que nos da tiempo a descansar, jugar, etc…, después de terminar la tarea. 
  5. Yo estoy disponible para ellos toda la tarde, por lo que en caso de tener alguna dificultad con algo en particular, estoy con ellos para ayudarles.
  6. Yo tengo cultura y una formación universitaria que me permiten resolver sus dudas si es que las tienen.
Os preguntaréis entonces por qué me sumo yo a esta huelga si “no me afecta”.

Pues por simple y llana solidaridad. Por justicia social. Porque desde pequeña decían de mi que era una “defensora de pleitos pobres”. Porque no se trata solo de mí y los míos, se trata de todos. Porque las circunstancias pueden cambiar y entonces no me las vería tan felices y me arrepentiría de no haber aportado mi granito de arena a esta causa apoyando la huelga. Porque no todo el mundo tiene mi suerte y a poco que no se de uno de estos factores, la cosa se complica y los que pagan el pato son los niños.

Porque hay muchos niños que salen a las 4 o a las 5 de la tarde del cole, en lugar de a las 2 como los míos. Que a lo mejor se tienen que quedar a extraescolares, no por devoción sino porque no les queda más remedio, porque no existe conciliación en este país y a sus padres todavía les queda un rato largo en la oficina antes de poder ir a recogerles. Porque no es lógico que lleguen a las 7 a casa cansados y se tengan encima que poner a hacer 1 o 2 horas de deberes.

Porque yo estoy y puedo ayudarles, pero hay padres que no están ni saben hacerlo. Porque no es justo para esos niños, que salen del cole sin entender algo, que vuelvan al día siguiente sin entenderlo todavía y encima les regañen, castiguen o bajen la nota, por no hacer algo que no podían hacer por mucho que se empeñaran.

Porque con 5 horas debería ser suficiente y si no lo es, que cambien el temario, lo acorten, reclamen más profesores, apoyo o lo que sea necesario. 

Porque hay muchas cosas que aprender de la vida que no se enseñan en el colegio y si hacemos deberes no nos queda tiempo para aprenderlas.

Porque tenemos derecho a decidir qué hacer o no en nuestra casa y no tenemos que dar explicaciones a nadie de a lo que dedicamos el tiempo por las tardes. Como si lo que queremos es hacer el pino hasta vomitar. Tenemos derecho a ir a las extraescolares que nos apetezcan, jugar en el parque o a los videojuegos. 

Porque los padres no les decimos a los profesores lo que tienen, pueden o no pueden hacer cuando salen del colegio… 

Porque, no nos engañemos, a determinadas edades es raro que un niño haga los deberes voluntariamente y con gusto (por algo será). Eso nos convierte a los padres en “Minions” de los profesores, persiguiendo a los chicos para que hagan algo que no hemos decidido nosotros. La ironía es mayor cuando encima no se está de acuerdo con esta práctica…

Porque quien quiera o necesite profundizar en una materia puede hacerlo en colaboración o no con el profesor de turno, pero sin obligar a los demás que no lo necesitan a reincidir innecesariamente en ese asunto con ejercicios repetitivos.

Porque son obligatorios y se penaliza a los niños por no hacerlos y eso desvirtúa la educación, hace que los niños hagan las cosas por miedo, por la nota, por competitividad, en lugar de por el placer de aprender.

Y estaría así eternamente. Pero para terminar añadiría que porque no pasa nada. De verdad, que no se va a hundir España más de lo que está, si se deja de mandar deberes. Que los resultados académicos son malos y no mejoran a pesar de mandarse cada vez más tarea para casa. Algo ya de por si significativo. A lo mejor nos llevamos todos una sorpresa si dejamos de hacer de una vez las cosas “como se han hecho toda la vida”…

lunes, 3 de octubre de 2016

SOLO MOLA SI…

Admitámoslo, las crías humanas son unas “destroyer”.
Vaaale, bueeeno, solo algunas crías humanas. Bastantes, diría yo.
¿Por qué digo esto? Cualquiera que tenga hijos o cuide niños reconocerá una o varias de estas situaciones:



Estás con el niño muy concentrada en enseñarle a hacer torres y construcciones variadas, cuando a él lo que realmente le mola es tirarlo todo a hacer puñetas por ahí. El proceso de creación es un coñazo, lo que mola es deshacerlo a lo bruto. Ahí tenemos a un King Kong a pequeña escala, haciendo trizas el Empire State que hemos hecho con tanto mimo con piezas de Duplo.

Solo les mola si se suben por delante...
El parque da para mucho, en esto de la tendencia transgresora y destructora de los infantes. Empezando por el tobogán, al que, al contrario de lo que podamos todos pensar, no se accede por las escaleras, sino por la parte delantera. Miles de dientes mellados y brechas en la frente y la barbilla así lo atestiguan.

La arena del parque mola mazo, sobre todo cuando se la espolvorean por la cabeza como azúcar glasé sobre un tierno bizcocho. Es que no nos enteramos de nada: “¡Hacer castillitos es cosa de viejos!”. Lo que se estila ahora es llenarse de arena hasta el carnet de identidad. Arena que luego meten ilegalmente en nuestra casa y que nos encontraremos en todos sitios.


¡Ah! Y si consiguen metérsela en sus ojos o en los de su compañero de juegos,- a pesar de gastar esas largas y frondosas pestañas de bebé a lo Bambi,- creo que les dan un diploma o certificado de manipulador arenero.

Los rotus… ¡ay los rotus! La religión de los niños pequeños les impide terminantemente pintar en una hoja preparada a tal efecto. El sofá, el suelo, las paredes, etc…, son lienzos mil veces más atractivos para desarrollar su creatividad pictórica. Y no nos olvidemos de su propio cuerpo. ¡Tienen una fijación por hacerse tatuajes que no es normal! Deja a un niño solo 5 minutos con un rotulador y tienes un drama asegurado.

Otra de las cosas que hacen las delicias de los más pequeños son las torres de cd´s y dvd´s. ¡Con el tiempo y esfuerzo que te llevó tenerlos todos clasificados por orden alfabético! Y llegan ellos y en menos de lo que canta un gallo, los sacan todos, los barajean y luego no hay Dios que pueda poner de nuevo orden en ese caos. Es pensarlo y se me caen las lágrimas.

Seguro que a poco que lo penséis se os ocurren otros muchos ejemplos como estos, donde los niños dejan a su paso una huella de destrucción, cual Atila con su caballo.

Pero, oye, ¡y lo bonitos que son!

lunes, 26 de septiembre de 2016

PREJUICIOS CONTRA LAS ALTAS CAPACIDADES

Cualquier tema puede ser objeto de polémica en las redes sociales. Últimamente me encuentro con discusiones acerca del tema de las altas capacidades, donde aparte de desconocimiento abundan los tópicos y los prejuicios. Estas son algunas de las cosas que algunas personas objetan contra el concepto y/o el tratamiento de este tema, mostrando en ocasiones una clara animadversión contra este asunto e incluso en contra de los propios niños, evaluados o no, y sus familiares.


“Todos somos listos en algo o la alta capacidad no existe”.


Que sí, que sabemos que existen múltiples inteligencias, que todos somos diferentes y tenemos cada cual nuestras propias virtudes, valores y aptitudes en uno u otro campo.
Igual que existen los niños rubios y los morenos, los altos y los bajos, los que tienen un buen oído para la música y los que no son capaces de bailar una nota sin tropezar con sus propios pies y caerse, las altas capacidades, el tener un cerebro rápido y eficiente que capta las cosas a la primera, es algo que existe y no se puede negar. 

Se habla de que la educación debería ser individualizada y adaptada a las circunstancias y características de todos y cada uno de los alumnos. Estoy totalmente de acuerdo con estas premisas, pero hoy por hoy es algo muy difícil de conseguir dentro del sistema educativo español. 

Se dice que no es bueno catalogar, clasificar o encorsetar a los niños con un diagnóstico. Sin embargo, el diagnóstico es una herramienta fundamental para las familias que tiene una doble funcionalidad. Por un lado, nos permite conocer las peculiaridades de nuestros hijos, como funciona su cerebro y por qué, y cómo esto les puede condicionar en sus relaciones sociales y a nivel educativo. Tener esta información nos ayuda a acompañarles mejor en su desarrollo. Por otro lado, el diagnóstico nos faculta a los padres para reivindicar nuestros derechos y la aplicación en el ámbito escolar de medidas concretas adecuadas a esta particularidad, que están estipuladas por la ley para adaptar la educación a sus necesidades. Con el diagnóstico y la ley en la mano es complicado conseguir que se adopten estas medidas especiales, sin ellos es prácticamente imposible.


“Ahora das una patada y te salen 20 niños con alta capacidad”. 

Se duda (no se por qué) de los diagnósticos. Se piensa que existe una sobre-diagnosticación y que muchos de esos niños están mal diagnosticados, que no tienen alta capacidad sino algún trastorno que no se ha sabido o querido identificar.

Es verdad que existen por ejemplo variaciones significativas entre los sistemas de evaluación utilizados por diferentes Comunidades Autónomas. Algunos estudios son más completos que otros y tienen en cuenta diferentes factores. Algunos expertos se preguntan acerca de la validez de algunas de las pruebas diagnósticas, que pueden estar desfasadas. Evidentemente pueden darse errores puntuales y quizá, como ocurre en cualquier ámbito, haya algún profesional con preparación insuficiente para llevar a cabo esta tarea, pero en general no creo que haya ninguna conspiración para etiquetar a niños de altas capacidades si no las tienen.

Ahora se están llevando a cabo más estudios, precisamente porque antes se hacían menos y muchos niños que tenían esta peculiaridad no fueron detectados y eso les ha podido afectar de una u otra manera en sus vidas. Se ha visto que la detección precoz es fundamental, por lo que desde el Ministerio de Educación y las Conserjerías se pide al profesorado que alerten cuando tengan sospecha de algún caso en sus aulas.

Aún así, el profesorado y los servicios de orientación pedagógica no suelen estar suficientemente formados sobre este tema y tienen también prejuicios al respecto por lo que en ocasiones ponen resistencia a llevar a cabo los estudios. De manera que muchos padres se sienten ignorados y perdidos, viendo como no atienden sus peticiones y nadie se preocupa de averiguar cuál es el origen de los problemas de adaptación, motivación o rendimiento de sus hijos en el colegio.

No, no es fácil conseguir el diagnóstico. No vienen de regalo en las bolsas de patatas o de Phosquitos. En muchos colegios no tienen a nadie que pueda hacer la evaluación o esa persona se niega a hacerla. No todos tenemos dinero para conseguir una evaluación externa y muchas veces los centros educativos rechazan esos diagnósticos realizados por personal ajeno. Así que no, las altas capacidades no están sobre-diagnosticadas sino más bien lo contrario. De hecho, es habitual confundir la hiperactividad y el déficit de atención, los problemas de conducta o la simple vaguería con las altas capacidades. Deben haber por ahí muchos niños medicados innecesariamente por culpa de no haber considerado la alta capacidad como una opción al valorarlos.

“Los padres insisten hasta que consiguen el diagnóstico para colgarse la medalla y presumir”.


Esto ya es la repanocha de la falta de conocimiento y respeto. Las altas capacidades no son algo que se busque o se elija, sino que se tienen o no se tienen y punto. Es una condición que, si no se conoce y no se sabe tratar, puede originar muchas dificultades. Es algo que la gente no entiende y genera mucha incomprensión, precisamente por eso no es algo que los padres vayan pregonando por ahí. De hecho, a mí me han llegado a decir que lo oculte, pues estos niños suponen una dificultad y trabajo añadido para los profesores por lo que podrían rechazar su solicitud de ingreso en un nuevo centro si saben que tienen aa.cc. En general y hoy por hoy, las altas capacidades dan más problemas que ventajas, las familias no recibimos orientación, ni prácticamente ayuda de ningún tipo.

Tener un niño inteligente es un motivo igual de válido que cualquier otro para estar orgulloso de nuestro hijo, igual que lo es que sea un gran nadador, que sea muy cariñoso o que toque el violín como los ángeles. La sociedad te permite presumir de un hijo que es un gran futbolista o una hija que dibuja genial, pero te afea la conducta si de lo que presumes es de que tu hijo tiene un coeficiente mental de más de 130. ¿Por qué? Que cada cual saque sus propias conclusiones, yo tengo las mías.


domingo, 11 de septiembre de 2016

¿OBLIGAN A TUS HIJOS A COMER EN EL COMEDOR ESCOLAR?

El uso del servicio de comedor escolar es una necesidad para muchas familias por motivos de conciliación o de no-conciliación mejor dicho, pero también es una elección para determinados padres de niños tildados de mal-comedores, que ven en este servicio una solución a los problemas que les plantean sus hijos con la comida.

Foto: Comer o no comer
Niños que comen poca cantidad y/o poca variedad terminan comiendo más o “mejor” en el colegio que en sus propias casas y eso constituye un alivio para los padres preocupados por la nutrición de sus pequeños.

Muchos niños dicen preferir la comida del cole a la que preparan sus padres o terminan comiéndosela como hace el resto de sus compañeros por el “efecto rebaño”. Otros sin embargo se niegan a comer determinados alimentos o tienen dificultades para acabarse el plato y en ocasiones son obligados por el personal del comedor a hacerlo so pena de ser castigados sin jugar después, quedándose solos en el comedor mientras sus compañeros salen al patio.

Los padres no se ponen de acuerdo a este respecto. Unos están conformes con que se presione a los niños para que coman, otros se quejan de que se obligue a comer a sus hijos y aunque exponen que no quieren que esto ocurra, muchas veces su opinión no es tenida en cuenta y los cuidadores continúan con su proceder haciéndoselo pasar mal a los chicos.


Según la Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición, Ley 17/2011, de 5 de julio:

“Las autoridades educativas competentes promoverán la enseñanza de la nutrición y alimentación en las escuelas infantiles y centros escolares, transmitiendo a los alumnos los conocimientos adecuados, para que éstos alcancen la capacidad de elegir, correctamente, los alimentos, así como las cantidades más adecuadas, que les permitan componer una alimentación sana y equilibrada y ejercer el autocontrol en su alimentación. A tal efecto, se introducirán contenidos orientados a la prevención y a la concienciación sobre los beneficios de una nutrición equilibrada en los planes formativos del profesorado.”

Como expone Julio Basulto en su artículo publicado en el Blog “Comer o no Comer”: “No quiero que obliguen a comer a mi hijo en la escuela. ¿Qué puedo hacer?”: Obligar resulta incompatible con el estímulo de la capacidad de elegir por uno mismo los alimentos y las cantidades, conforme a criterios saludables.


Está claro que existen dos problemas de base:
  • Tenemos unas expectativas sobre lo que los niños deben comer que no se adecuan a lo que los niños demandan o exponen necesitar.
  • No se confía en la capacidad de regulación de los niños. Pensamos que el niño no es capaz de decidir por él mismo de manera correcta qué y cuánto comer por lo que creemos que debemos imponerle nuestro criterio. 

Desde la Agencia de Salud Pública de Cataluña (Generalitat de Catalunya) se ha publicado un escrito titulado “Acompañar las comidas de los niños. Consejos para los comedores escolares y para las familias”, que se resume en estas siete consideraciones:

1. Conviene que el acompañamiento de los adultos durante las comidas sea respetuoso, sin presiones ni coerciones, y tomando en consideración los gustos de los niños y su sensación de hambre.

2. No es adecuado, desde el punto de vista nutricional, forzar a los niños a comer por encima de su sensación de hambre.

3. Partiendo de la base de que los menús que se ofrecen en el comedor escolar son equilibrados y saludables, lo más aconsejable es permitir que el niño coma la cantidad que desee siguiendo sus sensaciones de hambre y saciedad, evitando insistirle o forzarle para que se acabe el plato.

4. Los adultos tienen la responsabilidad del qué, del dónde y del cuándo, y los niños son quienes decidirán sobre la cantidad.

5. Insistir u obligar a los niños (de maneras más o menos directas) para que coman un determinado alimento (o a comer por encima de su sensación de hambre, como ya se ha comentado) es contraproducente.

6. Cuando se utilizan frases en las que se remarcan los beneficios para la salud de determinado alimento para que el niño lo consuma (por ejemplo, “te hará fuerte”, “te hará crecer”, “así serás más alto”, “si te lo comes no te pondrás enfermo”, etc.), se consigue el efecto contrario, es decir, los niños asocian el alimento como algo menos agradable al gusto y comen menos cantidad.

7. Los adultos debemos “escuchar al niño con relación a la cantidad de comida que desea que le sirvan”. 


¿Sabes si el personal del comedor del colegio de tus hijos sigue estas recomendaciones en el trato con los niños? 

¿Las seguís vosotros en casa? 

¿Crees que a veces es necesario obligar a comer a los niños
o piensas que no es correcto hacerlo?

martes, 6 de septiembre de 2016

LA ENTELEQUIA DE LA CONCILIACIÓN

Yo también me uno a la campaña #ConciliarEsVivir #ConciliAcción una iniciativa de Madres, sí. Pero guerreras también, con un post sobre mi experiencia y opinión sobre la conciliación.



Como ya he dicho otras veces, me estrené en la maternidad rebosando ignorancia, no sabía nada sobre el parto y no sabía nada de crianza. En general no sabía nada sobre los niños y sus necesidades y tampoco tenía ni idea sobre conciliación. No se me pasó por la cabeza pedirme una excedencia para cuidar a mi bebé, aunque quizá me lo podría haber permitido.

Justo cuando estaba empezando a recuperarme de un parto traumático y a estrechar con mi bebé los lazos que se rompieron por la larga separación tras su nacimiento, tuve que volver a trabajar y dejarlo en una guardería que le hacía enfermar continuamente. Tenía un buen horario que me permitía pasar con él las tardes, aún así, si pudiera volver atrás en el tiempo, lo haría todo de manera diferente.

Con mi segundo hijo sí que me pedí la excedencia. Fue a la guardería muy poco tiempo, muy pocas horas. Cuando cumplió año y medio, mi empresa cerró y pude dedicarles, a él y a su hermano mayor todo mi tiempo. Puede que a alguien le parezca una frivolidad por mi parte, en las actuales circunstancias económicas, decir que fui una afortunada al quedarme en paro, pero así es como lo siento yo. Pude por fin estar con ellos. Como creo que era mi obligación, como me pedía el cuerpo.

Puedo entender que los padres con trabajos interesantes y bien remunerados no quieran “renunciar” a sus carreras por quedarse en casa. Ojalá no hubiera que elegir. Ojalá la experiencia y las oportunidades laborales de los padres, no se vieran resentidas por el parón que supone o debería suponer la paternidad. Pero nuestra sociedad no valora los cuidados paternales, no protege a las familias, y al final los mayores perjudicados son los más pequeños. Creo que, como ocurre en otros países:
  • Toda familia debería recibir un dinero por cada hijo.
  • La labor de cuidado debería cotizar a la seguridad social como cualquier otro trabajo.
  • Los horarios y condiciones laborales deberían ser más flexibles para permitir a los padres que ejerzamos como tales sin morir de estrés en el intento.

En mi caso, lo que me brindaba el mercado laboral no compensaba perderme la infancia de mis hijos, y al quedarme en casa, en cierto sentido he sido “expulsada” de él, no sé si temporal o definitivamente. Pero escogí este camino porque creo que no es suficiente estar apenas dos horas al día con ellos, pues ese pequeño lapso de tiempo no nos permite conocerlos, comprenderlos y estrechar con ellos unos vínculos profundos. Considero que no es lógico ni razonable que nuestros hijos sean criados por otras personas, por muy amorosas que éstas sean, antes que por sus propios padres

Para ilustrar lo que quiero decir, os cuento a modo de ejemplo, la anécdota de unos conocidos, una pareja con hijos, en la que ambos trabajaban y para ello han dejado a los pequeños siempre al cuidado de una de las abuelas. El mayor enfermó y tuvo que ser ingresado. En el hospital rechazaba a sus padres. A quién llamaba y con quién quería estar era con su abuela…

Si tú también piensas que la conciliación no existe y quieres aportar tu granito de arena para que se convierta en una realidad, te invito a que te unas a nuestra iniciativa. En este enlace tienes toda la información de la campaña. 

Porque la vida no es solo trabajar, es muchas otras cosas más, entre ellas, la más importante, es convivir con nuestros seres queridos.

martes, 16 de agosto de 2016

MOTIVOS DE PELEA ENTRE HERMANOS

Que los niños lloran es un hecho, que los hermanos se pelean también.
En mayor o menor medida los hermanos suelen discutir.
En este post recopilo los motivos más frecuentes de pelea entre mis vástagos.


Resumiendo mucho, el motivo principal es la competencia. Me fastidia admitirlo pues nunca he querido, ni soy consciente de haberles educado para competir en general, ni entre ellos en particular. Pero la realidad es que compiten tanto por los recursos (de todo tipo) como para demostrar ser el más, el mejor. Algunos ejemplos de peleas competetitivas de mis hijos son:
  • Establecer el turno para jugar.
  • Ser el primero en apretar el timbre o el botón del ascensor.
  • Por el espacio en el lavabo cuando se cepillan los dientes.
  • Por los juguetes.
  • Por coger la última aceituna del plato o el último calippo del congelador.

Dice mi suegra que llegó a tener que contar los garbanzos de los platos de mi marido y sus dos hermanos, para que no cupiera la menor duda de que todos tenían exactamente la misma cantidad.

Una amiga me contó que sus hijos armaron una de cuidado en la biblioteca pública peleándose por el mismo libro, con el consiguiente sofoco para ella por el ruido que estaban armando ¡Con la de libros que hay para elegir! Daba igual que se lo fuesen a llevar a casa y pudieran usarlo ambos, el tema era competir por el libro de marras.

El segundo motivo de fricción son las diferencias de opinión y es normal, son muy diferentes por lo que no pueden estar siempre de acuerdo. Pero una cosa es no estar de acuerdo y otra enfadarse o pelearse por ello. A veces pienso que se empeñan en llevarse la contraria solo por fastidiar al otro. Esto ocurre por ejemplo cuando les pregunto qué película quieren ver en la sobremesa. Nunca, nunca, nunca eligen la misma. En ocasiones he terminado por no poner ninguna ante su imposibilidad de llegar a un acuerdo, pues ninguno quiere ceder y ver la que quiere el otro. Pero claro, estando al borde de unas terceras elecciones por falta de acuerdo entre nuestros políticos, los adultos no estamos en condiciones de exigirles a los niños que hagan algo que parece que nosotros mismos no somos capaces de hacer.

El tercer motivo sería la confianza, esa que dicen que da asco. Te levantas con el pie torcido y ¿a quién encuentras en tu camino para desahogarte? Pues a tu hermano que es el que te pilla más cerca. Es lógico que haya desencuentros entre dos personas que se ven todos los días durante muchas horas. El roce hace el cariño pero también puede producir urticaria. Y ya que tenemos el día refranero, también dicen que “los amores más reñidos son los más queridos”, así que puede que después de todo, los hermanos se quieran más de lo que dan a entender con sus peleas.


¿Tus hijos se pelean mucho?
¿Por qué tipo de cosas discuten?

miércoles, 10 de agosto de 2016

10 COSAS QUE DEBES SABER SOBRE LOS NIÑOS Y LA MATERNIDAD

Es curioso como la mayoría de las personas nos convertimos en padres sin tener ni idea de nada relacionado con la maternidad y los niños.

Por eso he pensado plasmar aquí, unas leyes maternales/paternales que siempre se cumplen, con el objetivo de paliar en alguna medida esa ignorancia y contribuir a poner en situación a los padres primerizos. 

Ahí van:
  1. Tus hijos nunca, nunca se parecerán a ti, siempre serán clavaditos a tu pareja, y su familia se encargará de recordártelo 100 veces cada vez que os vean.
  2. Nunca llevarás encima todo lo que necesites. A pesar de ir cargado como una mula y haber tardado un siglo en prepararte para salir, cuando estés lejos de casa necesitarás algo que se te ha olvidado coger.
  3. Los niños siempre, siempre se portarán mejor con otras personas antes que contigo. Los abuelos son un ejemplo de ello y también se encargarán de repetírtelo 100 veces cuando vayas a recogerlos: “Se han portado fenomenal”. Lo mismo puede aplicarse a la comida. Los niños comerán mejor con cualquier compañía antes que con sus padres. En casa de un familiar, vecino, amigo, en el colegio,… probarán de todo y se terminarán siempre el plato.
  4. Es imposible estar tranquila a la vez que tienes la casa arreglada y a los niños felices. Solo puedes obtener dos de estas cosas a la vez. Tendrás que escoger.
  5. Los niños no saben andar, corren. Los niños no saben hablar, gritan.
  6. Los niños tienen un detector de enchufes sin protección y de colillas tiradas en el suelo. Siempre encontrarán algo peligroso que hacer a pesar de lo mucho que te hayas esmerado en acondicionar tu casa para evitar accidentes o en vigilarle mientras juega en el parque.
  7. Los niños prefieren jugar con cualquier cosa antes que con un juguete. 
  8. Los bebés adoran chupar las toallitas higiénicas y las ruedas de sus carritos (Puaj).
  9. Los niños de los demás siempre son más “buenos”, se “portan” y duermen mejor que los tuyos. Sobre todo, los de las ancianas con las que compartes asiento en el autobús o en la consulta del médico.
  10. Todo el mundo cree que sabe más de educar que tú misma, aunque no sea cierto e incluso aunque nunca hayan educado a nadie.


Leyes como estas debe haber cientos 
¿Compartes conmigo las que conoces?

lunes, 8 de agosto de 2016

YO TAMBIÉN SOY VICTORIA BECKHAM

El mes pasado andaba yo por Santander de vacaciones, bastante desconectada, por lo que me perdí la “polémica” del beso de Victoria Beckham a su hija en la boca.

Solo se me ocurre decir: ¿en serio? ¿De verdad hay alguien que se asombra, espanta, indigna o asusta porque una madre le dé un beso a su hijo en la boca? 

Nunca pensé que llegaría a decir esto, pero ahí va: 

"¡Yo también soy Victoria Beckham!”


No tengo su tipin, ni su marido, ni sus millones, pero me solidarizo con ella porque yo también beso a mis hijos en la boca. ¡ANATEMA! Como diría el gran Gran Wyoming.

En honor a la verdad, he de decir, que en realidad no les beso a los dos, solo al pequeño que es el que se deja, pues el mayor siempre ha sido muy escrupuloso, no solo con los besos, si no con todo.

De nuevo en honor a la verdad, he de decir, que a veces no soy yo la que besa, si no que soy yo la besada. ¡ANATEMA AGAIN!

Y no veáis como disfruto. ¡Me encanta!


Muero de amor cada vez que mi niño pasa por mi lado y me da o me pide un beso. 

Muero de amor cuando se acerca a mi aposta solo para que nos besemos. 

Esos besos son un acto de amor y complicidad entre ambos que no cambio por nada.

Demuestran que tenemos mucha confianza, que nos une un bonito e íntimo vínculo.


Somos dos personas que nos queremos. Dos personas sanas sin enfermedades infecciosas que nos podamos contagiar. Sus babas no me dan asco, y al parecer a él tampoco le dan asco las mías. ¿Dónde está el problema?

También nos damos besos “normales” en la mejilla, en la frente, en la nariz, en el cuello… ¿o es que en el cuello tampoco se puede? Como decían en Los Serrano, hay muchos por ahí que tienen la mirada muy sucia.

Y ¿sabéis qué? que besa genial. Da unos besos la mar de sabrosos. Sin duda sus novias serán muy afortunadas de poder recibirlos. 

Sé que llegará un día en que ya no le apetezca darme este tipo de besos y los echaré mucho de menos porque me hacen sentirme especial y muy querida.


Quien no haya recibido nunca un beso de estos,
no sabe lo que se pierde.

Estos son besos de verdad y lo demás es tontería.

sábado, 23 de julio de 2016

ASUMIR QUE LOS NIÑOS LLORAN

Que los niños lloran es obvio. Lo que no resulta tan fácil es asumir este hecho, por dos motivos: uno, porque no terminamos de entender por qué lo hacen, y dos porque estamos diseñados para que el llanto nos moleste, nos irrite, o como queramos definir la sensación que nos produce, y por ello nos gustaría eliminarlo.


Si los niños no llorasen la maternidad/paternidad sería menos estresante, pero si dejaran de hacerlo nos extinguiríamos como especie. El llanto tiene una función determinada que es la de la comunicación. Los bebés no saben hablar, no pueden hacerlo todavía, ergo lloran. Lo hacen para transmitirnos todo lo que les pasa. Si tienen hambre, lloran. Si están incómodos, lloran. Si tienen miedo, lloran. Si, quieren compañía, lloran, etc...



Permanecer impasible ante el llanto, ya sea de nuestro propio bebé o de uno ajeno es bastante difícil. El llanto nos afecta, la biología se ha encargado de que esto sea así para que dicho llanto no quede sin respuesta y les demos a los bebés lo que necesitan y piden a gritos, las tres "C" primarias: comida, calor y cuidado.



Biología aparte, la cultura en la que estamos inmersos y nuestra experiencia personal también influyen en cómo reaccionamos o cómo creemos que debemos reaccionar ante el llanto infantil. Frases como: “déjale llorar que es bueno para los pulmones” interfieren en nuestro instinto, condicionando nuestra respuesta ante el llanto de nuestro hijo. Si de pequeños nos regañaban por llorar diciendo que teníamos que ser fuertes, puede que reproduzcamos con nuestros hijos este patrón, exigiéndoles a ellos que repriman sus emociones como nos obligaron antes a hacerlo a nosotros. Personalmente yo llevo peor el llanto por enfado que el de tristeza. Cuando mis hijos lloran porque están tristes, acudo presta a consolarles, pero cuando lo hacen de rabia, siento rechazo en lugar de compasión. Esta es una actitud aprendida contra la que lucho, muy común en esta sociedad que tiende a condenar los sentimientos considerados “negativos”.



¿Cómo hay que reaccionar entonces al llanto infantil? 


El llanto debe ser atendido siempre. Desde mi punto de vista esa atención implica dos cosas:
  1. Averiguar el motivo del llanto.
  2. Ayudar al niño en la medida de nuestras posibilidades.

La edad del niño es fundamental a la hora de abordar este asunto.


En contra de lo que algunos proclaman, los bebés NO nos MANIPULAN, no tienen todavía la capacidad mental para hacerlo. Los motivos por los que un bebé llora son básicos para su supervivencia y su normal desarrollo por eso SIEMPRE hay que prestar atención a un BEBÉ que llora, pues depende completamente de nosotros para satisfacer sus necesidades. 


Lo ideal sería que un bebé no tuviera nunca motivos para llorar, pero es muy difícil atender con diligencia todas y cada una de las necesidades de un bebé a tiempo para evitar que llore, así que por mucho que nos esforcemos en su cuidado, nuestro bebé llorara en algún momento.

Un bebé que llora es un bebé normal, un bebé que se comunica con sus cuidadores, y eso está bien, pues significa que tiene confianza en ellos. Sin embargo, un bebé que llora todo el tiempo es un bebé que tiene necesidades insatisfechas o un problema de salud que no hemos detectado. Un bebé que no llora nunca es raro de encontrar. Los bebés pueden dejar de llorar si ven que no sirve de nada hacerlo, pues no damos respuesta a sus demandas. En ese caso no estaríamos ante un bebé “bueno” si no ante un bebé resignado.

Pero a medida que los niños crecen, los motivos para llorar se multiplican y se vuelven más “complejos”. Los niños confunden querencia con necesidad y empiezan a llorar por sentimientos como la ira o la frustración ante acontecimientos no apremiantes.


Debemos siempre CONOCER el MOTIVO del llanto para después ACTUAR en consecuencia. Pero a veces, no está en nuestra mano poder solucionar el “problema” que origina el llanto. Por ejemplo, un niño que gatea y se mete todo en la boca, puede obsesionarse por llegar hasta el felpudo para chuparlo con fruición. Si le apartamos y no le dejamos hacerlo, se molestará y nos hará ver su enfado llorando. Pero por mucho que nos apene que llore está claro que no podemos permitirle que siga disfrutando de su peculiar manjar.

Un niño puede llorar porque ha perdido o roto un juguete. Podemos intentar encontrarlo o arreglarlo y podemos o no lograrlo. Si no logramos resolver el problema, solo nos queda intentar consolar al niño. A veces se tiene éxito y al niño se le pasa el disgusto. Otras veces no podemos si no esperar pacientemente a que escampe y pase el chaparrón. Porque aunque en esos momentos nos parezca imposible, en algún momento dejará de llorar.

Circulan por internet fotos de niños llorando por las cosas más bizarras, cosas en las que los padres no tenemos arte ni parte, que no podemos evitar ni solucionar. Otras veces, los padres podríamos acabar fácilmente con el llanto, cediendo ante peticiones nada razonables. Un niño puede tomarse muy mal nuestra negativa a comprarle un segundo helado o una chuchería antes de comer, pero claudicar solo para evitar sus gritos es “pan para hoy y hambre para mañana”. Si el niño habla y entiende hay que explicarle el porqué de nuestra decisión. Probablemente le darán igual nuestras razones y seguirá llorando. Tranquilos, se le pasará. 

Asumamos que los niños lloran. 

Si ya no es un bebé y no es por algo vital, 

permítele que llore,

permitete que llore.

Nos afecta oírle, si.

Pero somos fuertes, podemos soportarlo. 



viernes, 22 de julio de 2016

EL NEGOCIO DE LA NO-LACTANCIA MATERNA #lactanciapordinero

Que levante la mano la madre que no haya recibido ningún comentario negativo de un   profesional médico acerca de su capacidad para amamantar, o acerca de la calidad o el valor nutritivo de su leche. 

Que levante la mano la madre que, al haber acudido a su pediatra con la más mínima duda acerca de su lactancia, no haya recibido directamente el consejo de darle un biberón “para quedarse más tranquila”. 

Que levante la mano la madre que no haya salido nunca de la consulta del pediatra con un par de muestras de leche de fórmula de “regalo”.

Que levante la mano la mujer a la que no le hayan recomendado empezar a darle cereales (de farmacia por supuesto) a su bebé a los 4 meses (dos meses antes de lo que recomienda la OMS).

Que levante la mano la mujer a la que su pediatra no la ha reprendido por seguir amamantando a su hijo, quien según su criterio no-profesional, era demasiado mayor ya para tomar teta.

Que levante la mano la mujer que piense que su pediatra está a favor de la lactancia materna, conoce cómo funciona y se ha sentido apoyada por él en todo momento.

Veo muy pocas manos levantadas…


Cuando una mujer acude a una consulta médica con dudas o problemas con su lactancia, es responsabilidad del sanitario darle una respuesta adecuada para ayudarla a mantener esa lactancia.

Es responsabilidad de cada profesional formarse y reciclarse para actualizar los conocimientos en las áreas que son de su competencia. En caso de no poseer esta formación específica, sería de agradecer que dichos profesionales se inhibiesen y derivasen a la paciente a manos más expertas.

Sin embargo millones de mujeres abandonan innecesaria, prematuramente y a su pesar, la lactancia de sus hijos por consejos equivocados de los profesionales de la salud que no saben de este tema.

A la falta de aptitudes y actitudes necesarios para abordar este asunto, se le suma la existencia de intereses económicos por parte de las farmacéuticas que “invitan” a los médicos a recetar sus productos, en este caso leche maternizada, a cambio de favores más o menos grandes, que van desde pequeños regalos, hasta viajes y cursos de “formación” (evidentemente de otros temas distintos a la promoción y el cuidado de la lactancia materna). 

Estas prácticas son perfectamente conocidas y asumidas como “normales” por la sociedad. 


Eso explica el que la noticia de la semana pasada, de que dos pediatras de un hospital de Alicante han sido imputados por cobrar dinero durante 30 años de los laboratorios farmacéuticos fabricantes de leches artificiales, haya pasado totalmente desapercibida a pesar de su gravedad. 


Como otras muchas cosas “habituales”, su frecuencia no las justifica de ninguna manera. 


Desde #lactanciaxdinero Por unos profesionales sanitarios honestos, denunciamos estas prácticas legales y amorales, que originan un problema de salud de dimensiones enormes cuyas repercusiones a día de hoy podemos tan solo intuir.

El hecho, promovido por la industria con la complicidad del estamento médico, de que el ser humano, animal mamífero, se esté criando de manera masiva con leche de otra especie, es sin duda una desviación de la normalidad que tiene sus efectos en la salud de la humanidad. La instauración de la lactancia artificial como la manera más habitual de alimentar a nuestros hijos supone exponernos a un riesgo innecesario, teniendo como tenemos a nuestro alcance la manera más sana y natural de hacerlo: el pecho materno.

Desde #lactanciaxdinero instamos a las autoridades a ser más estrictas en el control de este tipo de prácticas y la adopción de medidas sancionadoras contundentes que persigan su erradicación. Nuestra salud no es un negocio. Los profesionales de la salud no deberían comerciar con ella.

Desde #lactanciaxdinero ponemos de manifiesto la necesidad de que los profesionales sanitarios amplíen sus conocimientos sobre lactancia materna para que puedan servir efectivamente de ayuda a las mujeres en sus dificultades, en lugar de un trampolín desde el que abandonar antes de tiempo la lactancia.

Exigimos a los pediatras en concreto que respeten la ley, el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna y el Juramento Hipocrático por el que prometieron: “desempeñar su actividad con conciencia y dignidad, siendo la salud y la vida del enfermo las primeras de sus preocupaciones”

Que respeten su profesión y a los usuarios del sistema sanitario, a quienes deberían atender con diligencia, poniendo el bienestar del paciente por encima de cualquier otra consideración personal.

Puedes ayudarnos a denunciar estas deleznables prácticas siguiendo estos pasos:

  1. Ayudar a difundir lo que ha pasado. Si tienes un blog escribe sobre esto y difunde la noticia. Si no tienes blog comparte el contenido de otros blogs.
  2. Si quieres participar en el carnaval bloguero que hemos organizado al efecto enlaza la url de tu artículo en los cuadros que hay en la parte final de este post.
  3. Al compartir cualquiera de los artículos sobre el tema, usa el hastag #lactanciaxdinero.
  4. El lunes 1 de agosto (Día Mundial de la Lactancia Materna) ayúdanos a ser Trending Topic en twitter y usa nuestro hastag todas las veces que puedas (#lactanciaxdinero).

¡Contamos contigo!

martes, 21 de junio de 2016

NI TONTAS, NI LOCAS

Ni tontas, ni locas, sería mi particular versión del taller de Irene García Perulero “Ni putas, ni princesas”. Y es que aunque mi blog es un blog de temática maternal, cada vez más siento la necesidad de escribir sobre feminismo, sobre esos derechos que todavía se nos niegan, sobre esos derechos que se nos siguen robando. Porque la maternidad es femenina y por tanto feminista y no se puede separar una cosa de la otra.


Siento la necesidad de escribir cómo creo que nos perciben a las mujeres muchas personas y como pueden, si tienen suerte con su manipulación, consciente o inconsciente, hacernos sentir. Hablo de personas, porque por desgracia esto es algo que hacen tanto hombres como otras mujeres, lo que tiene aún más pecado.



Y quiero hablar de esto a colación de la terrible noticia del juez que ha obligado a una mujer a someterse a una inducción, previa denuncia de su ginecóloga, y de cómo hay quien, lejos de escandalizarse ante tal atropello, lo justifica diciendo “sería por el bien del bebé”, porque “si el juez lo ha decidido será por algo”, etc. Como si la mujer en cuestión, como si todas, fuéramos tontas, como si estuviéramos locas y no fuéramos capaces de decidir por nosotras mismas adecuadamente. Este cuestionamiento tiene lugar solo porque somos mujeres. Planea sobre nuestro sexo un halo de desconfianza, cosa que no ocurre con los hombres y sus decisiones. Es una cuestión de machismo puro y duro.

Para el que todavía lo dude, se lo confirmo: las mujeres somos capaces de razonar y elegir la opción que creemos más conveniente cuando tenemos a nuestra disposición todos los datos y la información necesaria para analizar la situación.

Quien lo ponga en duda debería revisar sus creencias y sus planteamientos de vida a fondo.


Las madres en concreto tendemos además a ser conservadoras cuando se trata de proteger a nuestros hijos. Si de algo se nos puede tachar es de un exceso de celo. No tomamos decisiones a la ligera, porque nuestros hijos son lo más importante para nosotras. Me asombra cómo salen de debajo de las piedras los defensores de la integridad de este bebé, un bebé al que no conocen ni van a tratar en su vida, esgrimiendo una preocupación por el mismo supuestamente genuina y mayor incluso a la de la propia madre de la criatura. ¡Insensata! parecen decir, sin tener ni idea de lo que hablan, como si ese niño no fuera responsabilidad de su madre sino patrimonio de toda la humanidad.

Es increíble, como a estas alturas no nos han sustituido a todas por máquinas de procrear, con lo despreocupadas e irresponsables que somos. Increíble que no nos quiten la custodia de nuestros vástagos nada más salir de nuestros úteros, siendo como somos todas unas tontas y unas locas…


No se confía en el criterio de las mujeres, no se confía el criterio de las madres.


Pero si se confía en el criterio de una ginecóloga, sólo por el hecho de serlo, por el prestigio que da poseer este título en medicina. Una ginecóloga cualquiera de un país que curiosamente atiende los partos en su mayoría sin seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que tiene unas estadísticas según el Ministerio de Sanidad muy alejadas de lo que serían unos estándares de calidad, dentro de las cuales el porcentaje de inducciones se sitúa en un 19,4%, siendo el estándar de referencia de la OMS menos del 10% (datos del INFORME FINAL ESTRATEGIA ATENCIÓN AL PARTO NORMAL 2012). Es decir, que casi la mitad de las inducciones que se practican en este país, no están justificadas, no son necesarias. 

Es como para no fiarse de la indicación, ¿o no?


Se confía en la resolución de un juez, que habrá tenido en cuenta sólo la opinión “cuestionable” de esta ginecóloga, que no tendrá ni idea de atención al parto, ni tiempo para hacérsela antes de decidir precipitadamente por una supuesta “situación de urgencia y riesgo para la vida del bebé”.

Se confía en cualquiera menos en la madre. Porque es mujer, porque está embarazada, porque es vulnerable, porque no vaya a ser que decida por si misma sobre su vida y la de su hijo. No, eso no se puede permitir, porque somos tontas, porque estamos locas.