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domingo, 18 de diciembre de 2016

LA SALUD PERINATAL EN ESPAÑA


Dicen que en España la salud perinatal es buena a pesar de la elevada tasa de cesáreas e inducciones innecesarias, y que lo importante es que las cifras de mortalidad son muy bajas. Esta es la versión elegante e institucional del: “¡No te quejes, si tienes un niño precioso!” de toda la vida. Es decir, que a pesar de que nos fuerzan y nos rajan, tanto bebés como madres no perecemos fruto de esa manipulación, y eso parece que le resta gravedad al delito. Vamos, que nos violan pero no nos matan y debemos estar profundamente agradecidas por ello. No solemos morir, cierto, pero las consecuencias de cómo se atienden los partos no se conocen o se minimizan, por eso hay quien osa decir que la salud perinatal es excelente. 

Aludir a una supuesta buena salud perinatal para enmascarar las deficiencias de la atención al parto en la sanidad española implica negar la realidad, no asumir responsabilidades, faltar a la verdad y al respeto a todas aquellas mujeres que han sido engañadas y maltratadas en los paritorios. 

Tras esta afirmación se esconde la propia desinformación del interlocutor y/o su afán por desinformar a la población. Para saber si esta afirmación es cierta tendríamos que conocer en primer lugar que se entiende por salud perinatal.

El término perinatal se emplea para referirse a todo aquello que es inmediatamente anterior o posterior al momento del nacimiento del bebé, es decir, desde la semana 28 de gestación aproximadamente hasta los primeros sietes días después del parto. La salud perinatal es la rama de la medicina que se interesa por la fisiología y anatomía de la madre y de su hijo, antes y después del nacimiento. Diagnostica y trata las enfermedades que puedan aparecer durante la gestación, el parto y el puerperio.

Según esta definición, la salud perinatal se refiere un periodo de tiempo muy concreto, y a mi entender demasiado limitado, dado que las repercusiones de los partos medicalizados se extienden mucho más allá del posparto inmediato. Es decir, que existen unos efectos secundarios no inmediatos y sutiles pero igual de importantes que sufrir un corte con un bisturí.

Nacer antes de tiempo y no hacerlo por vía vaginal tiene repercusiones en la salud de los niños a muchos niveles. Problemas en las vías respiratorias por inmadurez, problemas gastrointestinales y alergias son cada vez más comunes por una incorrecta colonización bacteriana del intestino del recién nacido, y estas son consecuencias que no se ponen de manifiesto inmediatamente tras el parto sino más adelante, y afectan negativamente a la salud del niño durante toda su vida.

Nacer inmaduro y/o tras un parto duro en el que se han utilizado drogas puede afectar al establecimiento de la lactancia, pues los bebés estresados o adormecidos pueden tener problemas para engancharse al pecho. Tener un costurón en el abdomen que no te permite moverte ni coger bien a tu bebé es una dificultad añadida para dar de mamar a nuestro bebé. Con ayuda y esfuerzo se pueden superar todas las dificultades, pero es evidente que estar agotada y recién operada no es estar en la mejor de las condiciones para atender a un recién nacido, y tras esos primeros días, muchas lactancias se abandonan, lo que constituye un problema de salud muy grave. No debemos ignorar que el modo de nacer influye en el establecimiento de la lactancia.

La salud perinatal se refiere o debería referirse, no solo a la salud del bebé, sino también a la de la madre. Debería contemplar no solo la parte física, sino también la psicológica y emocional.

Desde el punto de vista físico hay que tener mucho cuajo para decir que sufrir una operación de cirugía mayor y encima innecesaria es signo de buena salud perinatal. Lo mismo ocurre con las episiotomías. Tener cualquiera de estos cortes implica estar enferma, estar sufriendo, no es ningún camino de rosas. Bienvenidas sean estas cicatrices cuando son necesarias, pero que nos las infrinjan de manera gratuita es un atentado contra nuestra integridad física. No es salud, de ninguna de las maneras.

Por otro lado, el parto puede terminar convirtiéndose en una experiencia muy traumática, que puede dejar una huella importante en nuestra vida que puede costar bastante superar. Pero si en nuestro sistema sanitario hay por ejemplo un deficiente seguimiento de la recuperación del suelo pélvico, el apoyo psicológico posparto es prácticamente inexistente.

El aspecto emocional está totalmente descuidado, no se contempla de ninguna manera el grado de satisfacción de la mujer con la experiencia. Y es que nadie se preocupa por preguntar a la mujer cómo se encuentran ella y su bebé, cómo se ha sentido durante y tras el parto, qué secuelas ha tenido, etc. No se recopila esta información, no hay datos ni estadísticas fiables. En la sanidad privada, por ejemplo, no suele haberlas de lo que ocurre en los partos, los historiales a menudo están incompletos, y una vez se sale del hospital el seguimiento y el apoyo a la madre reciente deja mucho que desear.

Me pregunto además si se tienen en cuenta separaciones madre-bebé y los ingresos en UCI´s neonatales por pequeños que sean, que tanto estrés provocan y afectan al establecimiento del vínculo con el bebé, que son si cabe más habituales en los partos manipulados, para valorar esa salud perinatal.

Por último, es importante relativizar y contextualizar los datos ¿Nuestra salud perinatal es buena con respecto a qué? ¿Mejor que cuándo? Porque se da una curiosa correlación entre salud e intervencionismo, siendo mejores los datos de salud perinatal en aquellos países cuyo sistema sanitario es más respetuoso con la fisiología del parto. Y comparar las cifras de mortalidad actuales con las de hace 100 años es hacer trampa, mezclando como diría aquella, peras con manzanas. Con las medidas higiénicas, dieta saludable y adelantos tecnológicos y sanitarios actuales, los resultados deberían ser incluso mejores y las intervenciones muchísimo menores.

Tenemos un buen sistema sanitario, pero no podemos conformarnos si no intentar ir a mejor. La buena noticia es que con buena voluntad puede conseguirse.

sábado, 18 de junio de 2016

INDUCCIÓN FORZADA, AGRESIÓN AVALADA POR LA JUSTICIA

Que te obliguen por la fuerza a someterte a una inducción es un ultraje, una violación de los Derechos Humanos, el máximo exponente de la Violencia Obstétrica. 



La Violencia Obstétrica es Violencia de Género, Violencia Machista que persigue dominar a las mujeres, en este caso controlar sus procesos reproductivos. Es una violencia ejercida sobre las mujeres y no siempre por hombres. En este caso la agresora parece ser que ha sido otra mujer, una ginecóloga, con la connivencia de un juez del que no conozco el sexo ni me importa.


No hay que ir muy lejos en el espacio y en el tiempo para ver cómo el ámbito sexual y reproductivo de las mujeres ha sido y es objeto habitualmente de manipulación. Desde los matrimonios concertados donde la mujer no puede elegir libremente a su pareja, pasando por el débito conyugal que nos impone sexo y reproducción, sin importar nuestras apetencias. Por desgracia no son cosa del pasado. Quizá aquí sí, en otros países y culturas sin embargo, estas “costumbres” siguen vigentes.

La “liberación sexual femenina” consiguió recortar el ámbito de manipulación que ahora en nuestro país se centra en someternos en el parto: hacer que demos a luz, cómo y cuándo terceros lo deciden. Estos terceros eran los médicos, ginecólogos y matronas, a los que ahora se ha sumado la “Justicia” que ha forzado a una inducción a una mujer en el hospital Parc Sanitari Sant Joan de Déu de Sant Boi, como denuncia DONA LLUM, Asociación Catalana para el Parto Respetado en este comunicado.



La libertad femenina, la libertad de la mujer, la libertad de la madre para decidir brillan por su ausencia.


Hay quien dice que tenemos pocos datos, que necesitaríamos ver el historial médico de la “paciente”, conocer a fondo el motivo de la inducción, que es lo que hacía correr peligro la vida del bebé para “juzgar” este caso. No estoy de acuerdo con esta apreciación. Yo al menos no necesito saber más para indignarme y calificar este hecho de un disparate y una injusticia tremenda. La decisión del juez ha sido un error garrafal y espero que llegue el momento en que se demuestre que ha sido así.

Para reprobar esta actuación me baso en lo siguiente:

1. El derecho a elegir y decidir está recogido en la Ley de autonomía del Paciente, con el único límite de que con su elección ponga en peligro la salud pública o que se encuentre incapacitada para dar su consentimiento y la situación sea de vida o muerte. Cosa que no ocurría en este caso, por lo que el juez no ha aplicado correctamente la Ley.

2. El médico debe informar pero no imponer su criterio a la fuerza, ni con amenazas o chantajes emocionales, ni de forma rastrera juez mediante. Su labor es servir al paciente, atenderle debidamente si quiere la atención, no obligarle a recibirla. Obligar a esa mujer a dar a luz por la fuerza es un delito contra su libertad e integridad.

3. Su cuerpo, su salud y la de su bebé son su responsabilidad, no la del médico ni la del juez. 

Justificar este hecho por “el bien del bebé” es hacer demagogia. 


Para empezar la primera interesada en que su bebé esté bien es su propia madre ¿alguien lo pone en duda? Si esa mujer no ha querido someterse a ese proceso es porque creía que no era necesario, que los riesgos eran mayores a los beneficios. No en vano, la semana anterior le habían propuesto la misma inducción, se había negado, y 7 días después el bebé seguía vivo y coleando en su vientre, demostrándose que esa inducción no era vital. El día que la “secuestraron”, porque eso es lo que hicieron con ella, la tuvieron esperando 6 horas la intervención, demostrándose de nuevo, que la urgencia no era tal. La necesidad de la inducción es pues bastante discutible. Y aunque fuera totalmente justificada sigue siendo un derecho de la madre el decidir someterse o no a ella.

Para seguir desde el punto de vista legal, antes de nacer, el bebé no tiene derechos, es parte del cuerpo de la madre, por eso la que tiene que decidir es ella, nadie más. Ese bebé es SU bebé, la que va a tener que cuidarle es ella, la que va a tener que cargar con las consecuencias de no someterse a una inducción, o de haberse sometido a la inducción con o sin su consentimiento, es ella. Ella es quien va a sufrir las secuelas físicas y emocionales del parto, tanto las suyas como las de su bebé. Espero que ambos se encuentren bien dentro de lo que cabe. De terminar en desgracia, que podría ocurrir, ni el juez ni la ginecóloga tendrían que vivir día a día con las secuelas de una inducción fallida o con los efectos secundarios indeseados de la misma. Por eso es terriblemente injusto que hayan decidido por ella.

Por último, estamos hablando de una INDUCCIÓN porque en la semana 41 el monitor arroja una anormalidad en el registro. Anormalidad que es bastante frecuente a esas alturas de gestación, cuando el bebé no tiene mucho espacio y pinza el cordón brevemente contra la pared del útero o su propio cuerpo, pero que se resuelve sola rápidamente, al cambiar el bebé de postura. Cuando la ciencia ha demostrado que los falsos positivos a final del embarazo son habituales, es decir, que los monitores muestran sufrimientos fetales que no son tales. La guía de Práctica Clínica sobre atención en el Embarazo sugiere “ofrecer a las mujeres embarazadas la posibilidad de inducir el parto en el momento que se considere más adecuado a partir de la semana 41 y antes de alcanzar la semana 42 de gestación, después de informar sobre los beneficios y riesgos de la inducción.” Ofrecer, no imponer.

Como dije al principio, a mi el motivo de la inducción no me interesa, sea cual fuere, la última palabra debería haberla tenido la persona que se iba a someter a ella.

Además, quien sepa de partos y de inducciones – la ginecóloga en cuestión debería saber, y el juez también para poder tomar una decisión de este tipo – sabrá que para que un parto fluya sin complicaciones y una inducción tenga éxito, las condiciones ambientales y emocionales han de ser las mismas: tranquilidad y confianza. No hace falta esforzarse mucho para imaginar que la situación a la que se vio sometida esta mujer distaba mucho de ser la ideal para parir: arrestada y empujada a la fuerza a una inducción que no deseaba. ¡Es algo terrible! Es tal el despropósito, que para mí está claro que lo que primaba no era el bienestar del bebé, si no evitar que la mujer se saliera con la suya.

El juez ha podido ser tanto cómplice como víctima (por desconocimiento y confianza en un criterio médico equivocado) de un deseo revanchista de una ginecóloga que se ha excedido claramente en sus funciones y ha traspasado claramente todos los límites.


Que esto haya ocurrido me infunde muchísimo miedo. Es algo terrorífico.

Me solidarizo con esta mujer y su familia que han debido pasarlo y deben estar pasándolo fatal, en un momento en que deberían estar felices, celebrando la llegada de un nuevo miembro a la familia.

Lo siento mucho. Desde aquí les mando todo mi apoyo y cariño.

Creo que este caso no puede quedarse así. Hay que pedir responsabilidades, hay que evitar a toda costa que la población piense que esto puede hacerse o peor aún que “debe” hacerse. 

No podemos permitir que se abra la veda para que los ginecólogos impongan su voluntad a las mujeres a través de un mal uso del sistema judicial. 

Las asociaciones de mujeres deben unirse para apoyar a esta mujer en los juzgados si decide denunciar o presentarse como acusación popular si esto es posible. 

Este es un momento vital en la lucha por el parto respetado, porque si no queda claro que esta decisión judicial ha sido inadecuada y esta ginecóloga queda impune, entonces se sentará un precedente muy peligroso, que hará que nuestros cuerpos y nuestros partos dejen de ser nuestros definitivamente.

lunes, 7 de marzo de 2016

EPIDURAL EN EL PARTO. LO QUE NECESITAS SABER.

¿Sabemos las mujeres realmente lo que es la epidural y como puede afectar a nuestro parto usarla?



La respuesta es no. Esto es así porque no se nos informa adecuadamente sobre este procedimiento ni antes ni durante el parto. En este post te hablaré de la epidural de manera sencilla y sincera para que puedas decidir de una manera consciente si quieres usarla o no, en el nacimiento de tu hijo.

Lo más importante es que sepas que la epidural no es inocua, es decir, puede tener efectos secundarios adversos, que van más allá de lo que suele poner en el papel informativo o de consentimiento que te dan en el hospital.

En caso de usar la epidural en el parto deberían informarnos de cuales son esas complicaciones que pueden producirse en el desarrollo del mismo. Sin embargo ni en las clases de preparación al parto ni en dicho papel suelen detallarse. No sé si esta omisión de información es deliberada o no. Tanto si se debe a un desconocimiento, como si se debe a una minusvaloración por parte del servicio de anestesiología de dichas complicaciones, esto es sin duda una falta grave que atenta contra el derecho a la información que tenemos las usuarias y que recoge la Ley de Autonomía del Paciente.

En este enlace se recoge un resumen de estas complicaciones, que pueden o no darse en tu parto. La epidural puede ser una bendición y servir de ayuda en algunos partos, o provocar que el parto se complique. Se trata de sopesar contras y pros y decidir en consecuencia.


La epidural es un método farmacológico analgésico, es decir de alivio del dolor. No es ni debería ser un método anestésico. Si está bien administrada debe quitarte la sensación, pero no la movilidad. El movimiento, que puedas levantarte y caminar durante la dilatación es fundamental para que el niño descienda por el canal del parto y se encaje correctamente en la pelvis. (apartado 3.1.4 de la EAP). Una dosis baja de la epidural te permitirá moverte, una dosis alta puede llegar a dormirte las piernas y no permitirte hacerlo, ni tampoco te dejará sentir los pujos en el expulsivo y ayudar a tu hijo a nacer.


Los estudios demuestran que el uso de la epidural está relacionado con una mayor incidencia de los partos instrumentales. Esta es una de las posibles consecuencias de su uso.

Por eso el Ministerio de Sanidad de España recomienda en su Estrategia para la Atención al Parto Normal, apartado 3.1.5., que antes que la epidural se ofrezcan a las mujeres otros métodos alternativos de alivio del dolor que tengan menos contraindicaciones.

Estos otros métodos son naturales, sencillos e incluso más baratos que la administración de la epidural. Permitir que la mujer esté durante todo el proceso con alguien de su confianza (sea quien sea), los masajes, una ducha o un baño caliente, el uso de pelotas de dilatación, etc. son acciones hacen el parto más llevadero y no tienen ningún efecto adverso.

En todos los centros hospitalarios que atienden partos deberían informarnos acerca de estas alternativas a la epidural y ponerlas a nuestra disposición. Si no lo hacen no están ofreciendo un servicio actualizado y de calidad.

Hace años el % de epidurales en los partos era considerado un indicador de calidad de las unidades de atención al parto de los hospitales. A más epidurales puestas, la administración recompensaba a los centros con una asignación mayor para esos servicios. Actualmente es al revés, se trata de incentivar que las mujeres no la necesiten mediante políticas de atención al parto más adecuadas. 

Si un parto es bien atendido, si la mujer es bien tratada y se siente segura, no tendrá miedo, se relajará y tendrá menos dolor.


Usar la epidural no nos convierte en una débiles quejicas, ni rechazarla en unas madres abnegadas y sufridoras. No hace bien a nadie que las madres nos juzguemos las unas a las otras. No permitas tampoco que te juzgue el personal sanitario. No es profesional por su parte hacer comentarios subjetivos acerca de ti y tus decisiones. Si esto ocurre no dejes de poner una reclamación quejándote de su actitud.


El uso de la epidural es un derecho no una obligación. No pueden imponerte su uso, ni tampoco negarte su administración. Tú debes poder elegir libremente usarla o no y también puedes cambiar de opinión durante el proceso. Los sanitarios deben proporcionarte una información veraz para que tu decidas. Si usan sus opiniones y experiencias personales, o su posición para influir en tu decisión, de nuevo están haciendo gala de falta de profesionalidad.

birth-Amanda Greavette




Existen los partos indoloros.



Se puede tratar de disminuir el dolor, si lo hay, de muchas maneras.



Es posible parir a pesar del dolor. Puede hacerse. Durante toda la historia de la humanidad ha sido así, tú también puedes conseguirlo.

lunes, 8 de febrero de 2016

MANERAS DE PARIR, MANERAS DE VIVIR

Últimamente me he topado con varios vídeos de mujeres que están bailando mientras están de parto. Pienso que es fantástico que cada vez sea más visible que se puede parir de otra manera que no sea tumbada e inmovilizada. 


Me pregunto si yo accedo al visionado de esas “otras formas de parir” porque vivo en un mundo paralelo, un mundo en el que todas mis amistades son como yo, unas “locas del parto natural” y “talibanas de la teta” como algunos dirían. Deseo que no sea así y que poco a poco sea más frecuente, en cualquier ámbito, ver y vivir maneras de parir variadas, infinitamente más saludables que la habitual litotomía, que tan acostumbrados estamos a ver y que por desgracia muchas mujeres hemos experimentado en carne propia.

Si tú que me lees ahora, no estás muy familiarizado con este tema de las posturas en el parto, te lo puedo resumir diciendo que: estar inmóvil durante la dilatación y tumbada para el expulsivo es lo peor que puede hacerse durante el parto, pues lo hace más largo, doloroso y complicado. Me dirás: Pues todas las mujeres dan a luz así. Si es cierto entonces ¿por qué nos tumban en los hospitales? La respuesta es sencilla: por comodidad de los profesionales. Quizá seguirás preguntando: ¿Qué otras posturas se pueden adoptar? Pues cualquiera de las que te muestro en las siguientes imágenes, y según la fase del parto en la que estés y otras circunstancias puedes ir variando la postura a aquella que te facilite más la labor y con la que te encuentres más cómoda, como bien se resume en este artículo de la web de El Parto es Nuestro.




Dice Rosendo que hay diferentes maneras de vivir. Yo digo que también las hay de parir y que unas influyen de manera determinante en las otras. Si en general vivimos con miedo, inseguras y paralizadas afrontaremos de igual manera el parto, nos tumbaremos o dejaremos que nos tumben. Si tenemos alegría de vivir, confianza y energía cogeremos el parto por los cuernos y bailaremos con él, lo disfrutaremos de una manera consciente y podrá ser mucho más llevadero y satisfactorio de lo que nos podemos llegar a imaginar. Es posible de verdad.

jueves, 18 de junio de 2015

SUSPENSO A LA ATENCIÓN AL PARTO EN ESPAÑA

A parte de la infinidad de testimonios de mujeres que cuentan lo mal que lo pasaron en sus partos (no sólo en las redes, si no en los parques, en la cola del pan, en las puertas de los colegios, etc) tenemos ahora nuevos datos que corroboran que la atención al parto en España deja mucho que desear. Se trata de un informe del Ministerio de Sanidad que analiza el éxito de la implantación de la Estrategia de Atención al Parto Normal que salió a la luz en el año 2007 y que desde entonces se ha ido ampliando y (supuestamente) difundiendo entre los profesionales y hospitales españoles.

Los resultados son claros y desalentadores: ..."tan solo un 15.5% de los hospitales
tienen en su protocolo todas y cada una de las recomendaciones analizadas.".

Es decir, que los profesionales siguen pasándose las recomendaciones de las autoridades sanitarias por el arco del triunfo, ocasionando con ello mucho daño a las mujeres con una medicalización excesiva e innecesaria del parto.

No en vano las conclusiones a las que el informe llega son siempre las mismas: la necesidad de "Llevar a la práctica la recomendación de la EAPN" e "Incluir dichas recomendaciones actualizando los protocolos". Más claro, agua.

Me indigna leer comentarios de profesionales que llevados por el corporativismo ignoran estas cifras y lo que significan, menosprecian los testimonios y el dolor de quienes somos conscientes de la mala atención sufrida en nuestras carnes, que a pesar de todo esto se atreven a afirmar que en España se trabaja bien y que opinan que decir en voz alta algo distinto solo persigue meter miedo a las embarazadas. Como comenté en otro post, son personas que niegan la realidad, que no se atreven a dar un paso adelante, a hacer autocrítica y reconocer que es necesario un cambio urgente y radical en la atención al parto. Estas personas aducen además que si de verdad la atención fuese tan inapropiada, las demandas contra los profesionales aumentarían exponencialmente. ¿Por qué esto no ocurre?

Porque las mujeres no somos conscientes de que nos están atendiendo mal,
porque no nos informan adecuadamente,
pensamos que lo que nos hacen es necesario
y que si la cosa se complicó fue por culpa de la mala suerte
o de nuestra incapacidad personal para dar a luz.

Me indigna el doble que se asegure que en España siempre se respeta la ley de Autonomía del Paciente cuando es un hecho que se realizan infinidad de maniobras sobre las mujeres de parto sin su conocimiento ni consentimiento. Las mujeres no pedimos (salvo raras excepciones) que nos hagan cesáreas innecesarias, no pedimos que nos adelanten el parto sin motivo, no pedimos que nos inmovilicen, no pedimos dar a luz tumbadas, no pedimos que nos pongan oxitocina sin necesitarlo para tener contracciones más dolorosas, no pedimos que nos rompan la bolsa, etc. Lo único que pedimos es la epidural para poder soportar todas esas perrerías innecesarias que tanto nos hacen sufrir y es eso lo único que nos permiten decidir y tener si lo pedimos.
En España en términos generales no se respeta dicha Ley en el entorno del paritorio, las mujeres no piden porque no saben que pueden pedir, no saben que pueden negarse a lo que no quieran y cuando están informadas y saben lo que quieren, en muchas ocasiones les cuesta encontrar un sitio donde respeten sus decisiones.

Que haya como muestra este informe y sólo por poner unos pocos ejemplos:
  • Un 46.6% amniotomias o amniorrexis artificiales (rotura de bolsa) cuando la recomendacion de la EAPN es no realizarlas de forma rutinaria. 
  • O que en el 87,4% de los partos vaginales se haya mantenido la posición de litotomia durante todo el expulsivo, cuando el % máximo de referencia estaría en torno solo al 30% debería hacer que a los profesionales relacionados con la obstetricia se les cayera la cara de vergüenza al suelo.
En lugar de eso se enrocan en defender lo indefendible, en llevar su prepotencia al límite y en sacar las uñas y pelear como gato panzarriba contra quienes se atreven a sacarles los colores. Me indigna y me avergüenza leer los alegatos de quienes defienden el sistema obstétrico español contra viento y marea sobre todo cuando se autodenominan profesionales respetuosos. Si los respetuosos están tan fuera de onda, miedo me da pensar en lo que opinan quienes ni siquiera se molestan en fingir que respetan a las mujeres, sus decisiones y sus partos. Claro que nunca lo sabremos de primera mano, porque están tan ocupados en cortar innecesariamente úteros y vaginas que no tienen tiempo de navegar por internet para dejar constancia de que hacen lo que les da la gana, ignorando deliberadamente las recomendaciones sanitarias.

Si estas embarazada y lees esto es probable que te asustes. No es mi intención causar desasosiego pero la realidad es esta y no es bueno para nadie ocultarla. Creo que es mejor saber y estar sobre aviso que confiar ciegamente en un sistema inadecuado y luego lamentarse de las consecuencias.

Si todo este tema es nuevo para ti, si no lo conoces en profundidad, quizá quieras creer que son “exageraciones”, “que los médicos saben”, “que lo que hacen es siempre por el bien del paciente” pero las conclusiones de este estudio son claras: si la gran mayoría de los profesionales trabajaran como debieran hacerlo, si lo hicieran con la evidencia científica en la mano y respetando la ley de autonomía del paciente, los resultados serían bien distintos, no habría tantas cesáreas, tantas episiotomías, tantas inducciones, etc.

¿Estoy embarazada? ¿Que hago? Pues informarte y buscar un lugar donde las probabilidades de ser respetada sean mayores, sólo así podrás evitar convertirte en un número más de estas infames estadísticas.


lunes, 15 de junio de 2015

¿CONSIDERAS QUE TU PARTO FUE RESPETADO?

Muchas mujeres nos sentimos traumatizadas con nuestro parto no solo porque haya sido finalmente cesárea en lugar de parto vaginal, no tanto porque haya sido más o menos doloroso o largo y difícil, si no que muchas veces lo que convierte la experiencia en desagradable es no habernos sentido respetadas: que no nos hayan informado, escuchado, pedido permiso, etc. En definitiva habernos sentido “fuera” del parto, como una espectadora en lugar de la protagonista del mismo. Lo que más frustra es llegar a la conclusión de que no has tenido voz ni voto en tu parto, en el nacimiento de tu propio hijo, y que no te han permitido dar a luz por tus propios medios (cuando habrías sido muy probablemente capaz de hacerlo) sino que han extraído a tu bebé a la fuerza poniéndonos incluso en peligro a los dos durante el proceso.



Respetar el parto significa varias cosas:

1. Respetar la fisiología del parto, es decir, no hacer nada que vaya en contra de lo que el cuerpo de la mujer y su bebé necesitan para dar a luz.

2. Respetar los derechos de la mujer como paciente, es decir, informarla, pedir su consentimiento siempre y no hacerle nada sin él.

3. Respetar los deseos y necesidades de la mujer y el bebé.

Hay mujeres cuyos partos, si atendemos a estos parámetros, no han sido respetados y sin embargo no se sienten mal por ello. Creo que el problema se encuentra en la falta de información: 
  • No sabemos que aquello que nos hicieron no estuvo bien.
  • No sabemos que existe una manera “mejor” de hacer las cosas.
  • Consideramos “normales” cosas que no lo son.
  • Minimizamos la importancia y la peligrosidad de algunos hechos (como por ejemplo el de la operación de cesárea en sí).
  • Teníamos miedo al parto así que cerramos los ojos y nos dejamos hacer dándolo todo por bueno con tal de terminar ambos vivos.
  • Una vez que todo ha acabado tratamos de no pensar mucho en ello y pasar página rápidamente.
Aunque esto último sea un mecanismo de defensa y supervivencia lógico, comprensible y respetable, creo que si bien sirve a un propósito individual de evitación del dolor, nos hace un flaco favor al conjunto de todas las mujeres y a la humanidad en general. Conformarnos con lo primero que nos dan, no cuestionar nada, justificar o incluso alabar prácticas que no son adecuadas solo sirve para perpetuar una atención al parto mala que seguirá dañando en el futuro a muchas mujeres y bebés.

Teniendo en cuenta estos aspectos ¿podrías asegurar a día de hoy que tu parto fue respetado? Quizá pensarás que ahora a toro pasado da lo mismo lo que ocurriese, que no sirve de nada escarbar en el pasado, que lo que importa es que tienes a tu hijo y ahora os encontráis bien, pero personalmente creo que reflexionar sobre ello es un ejercicio muy saludable de cara a tus próximos partos, para que sepas que quieres o no repetir de lo que te ocurrió anteriormente y que sirve sobre todo para que puedas tener una opinión objetiva y veraz a cerca de lo que te pasó que poder comunicar a otras mujeres con las que te cruces que las ayude en su camino a la maternidad.

Por ello te animo a investigar, a preguntar, a reflexionar sobre tu experiencia.

¿Crees que todo lo que viviste era necesario?

¿Podría haber sido de otra manera?

¿Te hubiese gustado cambiar algo?

¿Qué cosas no te gustaron?

¿Cómo te sentiste durante el parto?

¿Y después?

miércoles, 3 de junio de 2015

LAS 10 MENTIRAS SOBRE EL PARTO

Existen muchos mitos, prejuicios e ideas preconcebidas sobre el parto que son falsas y que contribuyen a perpetuar el sistema obsoleto y dañino de atención al parto que existe en nuestro país, dificultando el que las mujeres podamos disfrutar del nacimiento de nuestros hijos.

Estas son las 10 MENTIRAS SOBRE EL PARTO que todo el mundo (no sólo las futuras madres) debería conocer:


“Me atenderán mejor en la privada que en la pública”. No es mejor ni más seguro siempre dar a luz en la Sanidad Privada antes que en la Seguridad Social. Las estadísticas muestras que la tasa de cesáreas es mayor en los centros privados sin que haya un motivo justificado para ello.

“El ginecólogo es quien atiende el parto”. La profesional cualificada para atender partos normales es la matrona. El ginecólogo sólo debe hacer acto de aparición si se presenta alguna complicación. No estamos más seguras en manos de un ginecólogo que en manos de una matrona. Los ginecólogos son más intervencionistas y dejar el parto normal innecesariamente en sus manos desde el principio puede alterarlo de manera indeseada.

“Ojalá pase una horita corta”. Un parto rápido no es sinónimo de parto seguro o sano. La calidad de la experiencia depende más de otros factores como pueden ser el trato respetuoso y la tranquilidad con que lo vivamos más que de su duración. De hecho intentar acortar por medios artificiales la duración del parto es lo que hace habitualmente que se complique y se vuelva más difícil y doloroso.

“He roto aguas: estoy de parto”. Romper aguas no es condición necesaria ni suficiente para estar de parto. Puede haberse roto la bolsa y no estar de parto y viceversa. No es obligatorio ni adecuado romperla por ningún motivo y si pretenden hacerlo han de contar previamente con tu permiso.

“El gotero es obligatorio”. La administración de oxitocina sintética no es siempre necesaria, conlleva peligro y tiene efectos secundarios indeseables en el desarrollo del parto. Tu cuerpo produce oxitocina natural siempre que estés a gusto y relajada. Puedes negarte a que te pongan oxitocina artificial así como a cualquier otro procedimiento con el que no estés de acuerdo. Es tu cuerpo, tu hijo y tu parto: tú decides.

“El parto es siempre doloroso”. El parto puede ser intenso y agotador pero sin embargo no resultar doloroso. Incluso puede llegar a ser placentero. El dolor puede evitarse o reducirse si evitamos los factores que lo provocan como la inmovilidad, la oxitocina artificial, el miedo, etc. Existen métodos paliativos alternativos a la epidural que son efectivos pero menos invasivos y sin riesgos.

“La episiotomía es necesaria y previene desgarros”. Los desgarros se producen por forzar el periné pujando cuando no se tienen ganas y en postura de litotomía (tumbada) y pueden ser peores si facilitamos la rotura con el corte de unas tijeras. Tu cuerpo está preparado para abrirse y permitir la salida del bebé. Actualmente se abusa del uso de esta técnica mutilando los genitales de muchas mujeres innecesariamente.

“El parto termina cuando sale el bebé”. Tras el expulsivo (salida del bebé) aún falta una fase más del parto: el alumbramiento o salida de la placenta. Este es un momento delicado que debe atenderse con sumo cuidado para evitar que la mujer sufra hemorragias abundantes que pongan en peligro su salud. Intimidad, un ambiente cálido y en penumbra y el contacto precoz e ininterrumpido con el recién nacido son cruciales para que la placenta salga sin dificultades.

“Después de una cesárea siempre viene otra cesárea”. Es posible parir vaginalmente tras haber tenido una o varias cesáreas previas. Existen infinidad de testimonios de mujeres al respecto. Tu hijo y tú tenéis derecho a intentar el parto vaginal. No lo des por perdido de antemano.

“Todo vale mientras el niño esté vivo al final”. Con este argumento la sociedad justifica y respalda la mala praxis médica en torno a la atención al parto y la violencia obstétrica que causa mucho daño físico y emocional a mujeres y niños. Todos queremos madres y bebés vivos pero también sanos y felices. Es posible lograrlo mejorando la atención que recibimos y para ello hay que exigirla y no conformarnos con una de peor calidad con la que podamos “salir del paso”. El parto puede ser una experiencia satisfactoria y es importante como la vivimos porque deja una huella profunda en nuestro ser. Infórmate y decide.

lunes, 23 de marzo de 2015

SÍNDROMES ASOCIADOS A LA ATENCIÓN AL PARTO EN ESPAÑA

Me gusta mucho usar ejemplos para ilustrar mis reflexiones porque me parece una excelente forma de hacerme entender. Pretendo con esta entrada ayudar a entender a quién no lo sepa que es lo que ocurre en torno a la atención al embarazo, parto y posparto en nuestro país, por medio de 6 síndromes.

El primero es el SÍNDROME DE LOS REYES MAGOS, del que ya hablé en la entrada del Blog de El Parto es Nuestro: "Descubriendo a los Gines Magos". Este síndrome consiste en presentar un rechazo absoluto a todas las informaciones que se reciben a cerca de que la atención a la mujer en estos ámbitos deja mucho que desear, porque se alejan de la idea preconcebida y desinformada que se tenía de ello. La primera reacción de muchos es la incredulidad: “¿Qué es eso de que la atención al parto no es buena?” “¡Si tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo!”. Después se pasa a la obcecación y la negación de la realidad a pesar de las pruebas, estudios y argumentos razonables que el interlocutor esgrima. La persona no escucha o no es capaz de procesar la información recibida porque es demasiado “increíble” y “desestabilizante”, por lo que prefiere agarrarse a aquello que siempre ha pensado y que le da seguridad: “¡Eso de parir naturalmente, en casa, como nuestras abuelas, es un atraso, algo peligroso!”. Por último siente la necesidad de defender el sistema aunque no lo conozca en profundidad: “Los médicos son los que saben, todo lo que hacen es porque tienen que hacerlo por el bien de la madre y del bebé” y atacar al portador de las malas noticias, acusándole de mentiroso, exagerado, etc.


Para el común de los mortales, los profesionales sanitarios son buenos samaritanos, casi semidioses y se resisten a admitir que puede que no estén realizando su trabajo de la mejor manera posible.

El segundo es el SÍNDROME DE ESTOCOLMO, tras un parto complicado es habitual pensar que estamos vivos, “sanos” y salvos gracias a la actuación de los médicos, sin saber que en bastantes ocasiones las complicaciones fueron creadas por aquellos que ahora vemos como nuestros salvadores. Esa cesárea, esos fórceps o espátulas, esa episiotomía in extremis que supuestamente nos salvó, podrían haberse evitado si nos hubieran permitido caminar, darnos un baño o ducha caliente, si no nos hubieran puesto el gotero de oxitocina, si hubiéramos podido elegir postura en el expulsivo, etc. El sanitario secuestra nuestro cuerpo y nuestro parto pero luego le estamos agradecidas cuando todo termina y recuperamos nuestra libertad, a pesar de haber sido agredidas y terminar dañadas.

Tras los partos mal atendidos muchas mujeres sufren SÍNDROME DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO mal diagnosticado a veces como depresión posparto. La mujer se siente triste y débil, tarda mucho tiempo en recuperarse y tiene problemas para cuidar y vincularse con su hijo. Pero no se trata de un problema hormonal, se trata de que la mujer ha experimentado una situación desagradable y estresante, ha sido mal tratada y anulada y ha visto en el camino peligrar su vida y la de su bebé. Ha sufrido un trauma y necesita ayuda para superarlo. De si recibe o no esa ayuda para superar el trance dependerá el tipo de síndrome que tenga después.

Cuando la mujer no es consciente de lo sucedido y no toma consciencia de ello a su Síndrome de Estocolmo se unirá el SÍNDROME DE LA MILI. Para quien no lo sepa en España llamamos Mili al servicio militar obligatorio que existía hasta hace unos años. Los jóvenes se veían obligados a alistarse y pasar por una instrucción militar obligatoria, que partía en dos su vida y sus planes alejándolos de su casa, su familia y amigos durante una larga temporada. La estancia en el ejército era dura desde el punto de vista físico, emocional y moral. La mili era una experiencia desagradable e injusta en tanto en cuanto no había sido elegida libremente por los reclutas. Ahora bien, había muchos chicos que a pesar de ir a regañadientes o precisamente por eso, cuando volvían de allí, lo hacían siendo unos firmes defensores de la experiencia que supuestamente los “convertía en hombres”, hasta el punto de dudar de la hombría de los que por el motivo que fuese se libraban de ese suplicio. Estos chicos lo habían pasado mal y en lugar de dejar salir su malestar, se hacían los fuertes y propugnaban que todos tenían que pasar por lo que ellos habían pasado sintiéndose agredidos y agrediendo a quienes pensaban de manera diferente.

De la misma manera mujeres que han pasado por partos malos y desagradables tratan de restar importancia a lo que les pasó diciendo que no fue para tanto, tratan de convencerse a ellas mismas y los demás de que todo era necesario y por tanto que todas las madres deberían ser atendidas como ellas: con gotero, inmovilizadas y sin poder de decisión alguno.

Sin embargo cuando la mujer abre los ojos a la realidad, se escucha a si misma y a la evidencia, se da cuenta de que todo lo que le ocurrió fue un nefasto error que no debería volver a repetirse y sufre o disfruta según se mire, del SÍNDROME DEL ACTIVISMO POR UN PARTO LIBRE Y RESPETADO, se informa y trata de informar a los demás para que la atención cambie y sea adecuada y las mujeres puedan vivir partos agradables y saludables.

Por último, a veces se consigue un nuevo parto sanador que nos cura las heridas que nos dejaron en el alma los partos anteriores y podemos vivir el SÍNDROME DEL PARTO GOZOSO O EMPODERANTE, que nos hace fuertes y nos da armas para luchar por aquello que nos importa y aquello en lo que creemos. 

¡Ojalá éste último fuese el único síndrome asociado al parto!

miércoles, 18 de marzo de 2015

CONSEJOS PARA ENCONTRAR UNA ATENCIÓN AL PARTO RESPETUOSA

En España no basta con ponerse de parto y acudir a un hospital para tener un parto normal y satisfactorio. No en todos los sitios nos atienden igual, no todos los profesionales nos atienden como es debido. Por ello ir a ciegas a parir sin saber nada a cerca del parto, ni de la manera de actuar de quienes nos van a atender, es un lujo que de momento no nos podemos permitir, pues aumenta la probabilidad de tener una experiencia desagradable. En la busca de un parto respetado, de una atención adecuada, es muy útil seguir las siguientes recomendaciones:


Estos consejos tratan de dar respuesta a muchas preguntas que se hacen las madres  y también pueden  llevarles a hacerse preguntas que hasta ese momento no se han planteado. Yo que he moderado durante mucho tiempo Reuniones de Madres de la asociación El Parto es Nuestro veo en estos consejos un compendio de los temas de los que más hablan las mujeres en ellas:
  • Mujeres que tienen dudas a cerca de donde parir, que no saben que pueden cambiar de hospital o que si lo saben no tienen ni idea de cómo conseguirlo. Que no saben que existen visitas guiadas en algunos sitios y pueden ir al hospital a verlo o pedir cita con el jefe de servicio para conocer sus protocolos.
  • Mujeres que preguntan si pueden o no negarse a los procedimientos porque no conocen sus derechos.
  • Mujeres a las que no se les ha pasado por la cabeza la posibilidad de que su acompañante sea otra persona diferente de su marido aunque no les apetezca un carajo que esté a su lado en esos momentos porque intuyen que no va a ser de gran ayuda.
  • Mujeres solas que no tienen pareja, que querrían a alguien que las acompañase en el parto pero desconocen la existencia de la figura de la doula.
  • Mujeres a las que no les hace gracia la idea de ingresar en un hospital para parir pero que no se han planteado nunca la posibilidad de parir en casa.
  • Mujeres que se quejan de que su matrona o ginecólogo no les dedica tiempo suficiente para aclarar sus dudas, a las que incluso les da vergüenza preguntar.
  • Mujeres con mucho miedo a parir, mucho miedo al dolor, que lo ven como algo muy difícil y complicado, que nunca han oído hablar de que se pueda parir sin dolor o de que existen alternativas a la epidural para paliarlo.
No pretendo librar a los profesionales de su culpa por su mala praxis, es más, desde mi punto de vista, las denuncias y las condenas por ello son ridículamente pequeñas en comparación con todo el daño que sufrimos las familias. Opino que las recomendaciones de las autoridades sanitarias no están sirviendo de mucho y que deberían convertirse en leyes de obligado cumplimiento para que sean tomadas en serio por los sanitarios de una vez por todas.

Pero también es cierto que hay mucho desconocimiento por parte de las mujeres. Si no lo hubiese y todas supiéramos como debe atenderse bien un parto, no existirían ya los sitios “malos”. Las mujeres no saben que no las están atendiendo bien y por ello no se quejan. Piensan que han tenido mala suerte o directamente que ellas han sido incapaces de parir sin “ayuda”. Si todas las mujeres manejasen información veraz sobre este asunto pocas elegirían ir a parir a determinados sitios obsoletos y no quedaría más remedio que cerrar esos servicios. Se trata de la ley de la oferta y la demanda. Nos quejamos unas pocas, muy pocas y ellos no se dan por enterados porque hacemos muy poco ruido.

Las mujeres no tenemos la culpa de que los profesionales no hagan bien su trabajo pero si tenemos responsabilidad sobre lo que nos pasa a nosotras, nuestro cuerpo y nuestros hijos. Yo no tengo la culpa de mi primer parto pero si soy responsable de lo que me pasó. No puedo lavarme las manos sin más. No me informé y fui al hospital a ciegas y no por ello me merezco ni se merecía mi hijo pasar por lo que pasamos pero está claro que delegue en otros algo que me correspondía a mí que era velar por mi propia salud y la de mi bebé.

Estas recomendaciones, son solo eso “recomendaciones”. No es obligatorio seguirlas para tener un buen parto y tampoco te garantizan tenerlo siempre por seguirlas. Pero aunque la atención cambiase radicalmente y en todos los sitios atendieran genial estas recomendaciones no estarían de más. Sirven para tomar conciencia, empoderarse y buscar nuestro propio parto. Es fundamental que sepamos que nuestro parto no dependerá exclusivamente de nosotras sino también de la suerte y del saber hacer de quien nos acompañe, pero recorrer este camino previo de preparación y/o planificación de nuestro parto es positivo y enriquecedor independientemente de lo que ocurra al final.

martes, 17 de marzo de 2015

LOS 10 PROBLEMAS DE LA ATENCIÓN AL PARTO EN ESPAÑA

¿Qué es lo que falla en la atención al parto en España? ¿Por qué tenemos cifras tan altas de cesáreas, partos instrumentales, episiotomías y demás? ¿Por qué no se produce un cambio en el tipo de atención? ¿Por qué los sanitarios ignoran las recomendaciones de las autoridades al respecto?

Estos son en mi opinión, los 10 grandes problemas de la atención al parto en España.

La ginecracia y la falta de autonomía y fuerza del colectivo de matronas.

En España, a pesar de que el cuidado de la salud sexual y reproductiva de la mujer es competencia de la matrona, el “poder” lo ostentan los ginecólogos. En la sanidad privada las matronas brillan por su ausencia y en general a la hora del parto son dirigidas y subordinadas a las directrices que les dan los ginecólogos que ejercen de “jefes” de ellas, desautorizándolas e invadiendo sus competencias.
Los ginecólogos no están formados para atender partos normales si no para detectar y curar patologías, son mucho más intervencionistas y con ello consiguen complicar los partos innecesariamente.

La mala formación de las matronas, en especial las deficiencias del sistema de residencia en los hospitales.
En la universidad la formación que reciben las matronas es muy técnica. Hace falta incidir más en la dimensión emocional del parto y en su aspecto fisiológica y animal. La parte práctica de la formación tiene lugar a través de residencias en hospitales muchas veces poco respetuosos, donde las estudiantes se ven obligadas por sus superiores a atender a las mujeres de formas con las que no están de acuerdo y que son contraproducentes para poder aprobar y conseguir su título. Mientras la formación de las matronas esté en manos y dependa de "saurios" con una visión intervencionista del parto, estas no podrán aprender a atender los partos adecuadamente.

El escaso número de matronas y la “funcionarización de su trabajo”.

El número actual de matronas es insuficiente y se sacan muy pocas plazas nuevas al año. Esto hace que tengan sobresaturación de trabajo y poco tiempo para atender a las mujeres. Estamos muy lejos de cumplir con el objetivo de “one to one”, esto es, que en el parto exista una matrona para cada mujer y que la atienda durante todo el proceso. El sistema funcionarial no favorece el que la mujer conozca de antemano a su matrona y pueda contar con ella siempre que la necesite. Por el contrario, las mujeres nos vemos obligadas a dar a luz con completas desconocidas a nuestro lado, que tienen que atender varios partos a la vez.

El pésimo sistema educativo.

Nos educan para ser obedientes, para callar y no cuestionar a la autoridad, de manera que acatamos todas las órdenes del sanitario sin preguntar y aunque no nos apetezca hacerlo. Damos por supuesto que todas las pruebas y procedimientos son obligatorios y nos cuesta un triunfo salirnos de la norma, ser asertivas y decir que no, aunque estemos en nuestro derecho a hacerlo.

La santificación de la ciencia y los médicos procedente de otras épocas.

El cura, el profesor y el médico eran las autoridades de antaño, objetos de respeto, devoción, admiración, incluso miedo y obediencia ciega. A día de hoy sigue existiendo este sentimiento en la sociedad. Establecemos consciente o inconscientemente una jerarquía en la que el sanitario está por encima de nosotros porque “sabe más”, porque ha estudiado. De esta manera admitimos el mal trato como si lo merecieramos, nos infantilizamos al recibir reprimendas que creemos que merecemos por por ejemplo haber engordado demasiado y delegamos en esa figura-padre la toma de decisiones y el control de nuestro cuerpo, porque nos hacen sentirnos con su trato pequeñas e incapaces de decidir por nosotras mismas.

El machismo o violencia de genero asumida por la sociedad.

Las cosas de mujeres importan menos. Los sentimientos y las sensaciones de las mujeres se desprecian. Se nos acusa de excesivamente emocionales y se resta importancia al aspecto psicológico y afectivo en la atención a la salud. Se tiene poco respeto por nuestro cuerpo y nuestra sexualidad. Se nos trata como meros contenedores del bebé y se nos manipula con la excusa de que es por el bien del mismo independientemente del daño que se nos inflija.

La desinformación a cerca de nuestros derechos como usuarias.

Las mujeres desconocemos cuales son nuestros derechos como usuarias del sistema sanitario. No sabemos que podemos negarnos a procedimientos, que nos tienen que pedir permiso para cada cosa que nos quieran hacer, etc.

La desinformación sobre los procesos naturales.

Desconocemos también como tienen lugar los procesos naturales del embarazo, parto y lactancia. Se analiza todo desde una perspectiva tecnicista, matemática y patológica. Creemos que hay que hacer, o nos tienen que hacer cosas para poder parir, cuando lo único que hay que hacer es dejar que pase. No conocemos que facilita el parto por lo que no tenemos referencias para evaluar la calidad de la atención recibida.

La falta de agilidad, de experiencia y jurisprudencia y los elevados costes del sistema judicial.

Sin duda, y a pesar de la opinión de muchos, no hay suficientes denuncias contra la mala práxis. No las hay porque no hay costumbre, no hay conciencia del delito y el daño ocasionado y sufrido, no hay abogados que entiendan el tema y porque muchas mujeres no pueden costearse presentar una denuncia. Si hubiera más sentencias condenatorias en casos de violencia obstétrica la atención mejoraría ostensiblemente. Las recomendaciones sanitarias deberían así mismo convertirse en leyes de obligado cumplimiento para que los profesionales se las tomasen en serio y empezasen a cumplirlas.

La falta de confianza de las mujeres y el miedo al parto.

Desde los medios y el entorno se cuestiona continuamente nuestra capacidad de parir. Lo que vende es mostrar quirófanos, batas verdes y material quirúrgico. En la ficción todos los partos son complicados y mujeres y bebés son siempre salvados por el médico. La ficción traspasa la pantalla e inunda la realidad, sugestionándonos y metiéndonos el miedo en el cuerpo. Con miedo los partos son más difíciles, perdemos el control y lo dejamos en manos de terceros que toman decisiones muchas veces velando más por su propio interés que por el de los pacientes.

miércoles, 4 de febrero de 2015

SANITARIOS QUE NIEGAN LA REALIDAD

Esta entrada es un desahogo en toda regla. Llevo una temporada larga viendo como en los foros de internet los profesionales de la salud relacionados con el tema parto: matronas y ginecólogos, se dedican a decir que las mujeres (y por tanto las asociaciones que defienden sus derechos) exageramos cuando no mentimos en torno a lo que sucedió y sucede en nuestros partos. Me parece una desfachatez enorme y una falta de sensibilidad monumental a la que digo: ¡BASTA!

Lo peor de todo es que dichos comentarios provienen de sanitarios supuestamente “respetuosos” que aseguran que “esas cosas no son así”, “que esas cosas no pasan en los paritorios”. Yo os respondo que quizá no ocurran en VUESTRO servicio, en VUESTRO hospital o en VUESTRO turno, quizá vosotros no actuáis así, pero no podéis generalizar diciendo que no ocurren porque existen miles de testimonios de mujeres que así lo atestiguan. Os animo a pasaros por las listas abiertas de El Parto es Nuestro o leer los relatos de la web de la asociación y lo comprobaréis. Esa es la realidad de los partos en España, lo que ocurre en general y no el mundo pintado de rosa que tratáis de vendernos.

Sería más justo tanto para vosotros como para las mujeres que han pasado por una mala experiencia porque han recibido una inadecuada atención que enfocarais vuestras respuestas de una manera más personal. Sería más constructivo y menos dañino que en vuestro mensaje os centrarais en tres cosas: empatizar con quienes han sufrido en sus partos, recalcar que vosotros no actuáis así (indicando claramente quienes sois y donde trabajáis, en lugar de esconderos tras el anonimato) e indignaros con quienes llevan a cabo una mala praxis, aunque sean vuestros compañeros. Pero en lugar de eso negáis la mayor y de esta manera infringís un mayor daño a las mujeres, pues no sólo sufrieron si no que ahora tratáis de negar la existencia de ese dolor poniendo en duda sus testimonios. Esta actitud me lleva a plantearme si realmente sois tan respetuosos como os creéis o queréis dar a entender.

Que por ejemplo nos pongan oxitocina sin necesidad, sin permiso y ni siquiera sin avisar es algo que ocurre todos los días. Ocurrió ayer, por desgracia ocurrirá mañana y sin duda está ocurriendo ahora en algún lugar. No tergiverséis la realidad, no tratéis de engañar a las mujeres diciéndoles que eso no funciona así porque si ocurre. La atención al parto en España en términos generales todavía adolece de lo siguiente:
  • No es conforme a la evidencia científica, si no a protocolos anticuados y dañinos.
  • No sigue las recomendaciones de las Autoridades Sanitarias.
  • No respeta la Ley del Paciente.
  • Es paternalista, carente de empatía y respeto a las necesidades de madres y bebés.
No pongo en duda que hay sitios que trabajan bien, pero son pocos, son la excepción no la norma. Vuestros comentarios dan la vuelta a la tortilla, no sé si de manera intencionada o como efecto colateral en vuestro intento de defenderos de un ataque que no es tal, porque si de verdad actuáis adecuadamente, nuestras reivindicaciones no van obviamente dirigidas a vosotros y por tanto no deberíais daros por aludidos.

Negando y ocultando la realidad os convertís en cómplices de los que siguen actuando mal. Esos que no leen foros de internet pues pasan olímpicamente de lo que sientan, piensen o digan las mujeres, que no conocen la Estrategia de Atención al Parto Normal ni ganas tienen de conocerla, que no actualizan sus conocimientos ni modificarán nunca su forma de proceder. Esos que si vieran como nos “enfrentamos” entre nosotros, los colectivos de mujeres y los profesionales “respetuosos”, se morirían de risa apoltronados en sus sillones mientras todo sigue igual.