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viernes, 6 de marzo de 2015

COMO NO DAR LA PAPILLA A TU BEBÉ: ¡NO LE OBLIGUES!

Estoy sentada en una cafetería. A mi lado hay una madre con un bebé de pocos meses. Semi-tumbado. Le están dando una papilla con cuchara y está claro que él no quiere. Llora, le mete la cuchara y a continuación el chupete para que se calle y trague. A punto ha estado un par de veces de atragantarse. Al final estaba agotado de luchar y casi dormido. Beso en la frente y al carro. No creo ni que tuviera los 6 meses... Lo peor de todo: no era el primer hijo, por allí anda su hermana de dos o tres años.

¿Cómo dar la papilla a tu bebé? Es fácil, ASÍ NO:


Incido en este tema con unas simples y claras indicaciones:
  1. Si tu niño no ha cumplido los 6 meses no tienes que darle papillas todavía.
  2. Si tu niño no se sienta y mantiene sentado solito no tienes que darle papillas todavía.
  3. Si tu niño ya tiene 6 meses y se sienta solito pero aún así no disfruta comiendo, puede que no esté preparado para hacerlo, puedes esperar un poco más, basta con vigilar que con la leche tiene suficiente y sigue cogiendo peso o al menos no lo pierde.
  4. Si tu niño llora, retira la cara o escupe es porque no quiere comer, no le obligues.
  5. Si tu niño rechaza la comida puede ser por varios motivos:
      *  No tiene hambre o ya ha comido suficiente y no le cabe más. Solemos poner demasiada comida en sus platos. Lo que es incorrecto no es la actitud del niño si no la ración en sí.
       *  No le gusta el sabor de lo que le ofreces: a los adultos tampoco nos gustan todos los alimentos. Respeta sus gustos y ofrécele alternativas.
       *  No le gusta la textura de lo que le ofreces: a muchos niños no les gustan las papillas ni los purés, en definitiva las comidas trituradas. Puedes tratar de darle los alimentos en trocitos pequeños o aplastados, quizá así los tolere mejor. Las papillas no son obligatorias.
  6. Si decides darle tú la comida con cuchara hazlo con él sentado, si le tumbas le estás obligando a tragar y no le dejas aprender a hacerlo por si mismo, existiendo el riesgo de atragantamiento. Lo de meterle el chupete a continuación ni lo comento...
  7. Una manera de hacerle atractiva la comida es dejar al niño elegir entre varias opciones y que él las manipule sólo con sus manitas llevándose a la boca lo que le apetezca. Puede parecer un proceso más lento y engorroso que enchufarle tú la cuchara, pero es sin duda más educativo para el niño, que aprende en el camino a usar sus deditos y experimentar sensaciones mediante el tacto de objetos de diferentes formas, tamaños y texturas.
Cuando alguién quiere expresar que no está dispuesto a admitir algo suele utilizar frases como: “por ahí no paso” o “con eso no trago”. La expresión “tragar con algo” implica someterse o no, consentir o no hacer algo que no nos convence.

Los niños deben comer la comida y disfrutar con ella no simplemente tragarla y más si es en contra de su deseo y/o necesidad. Nadie concibe la posibilidad de que a los adultos nos obligasen a comer, no entiendo pues que nos otorga la potestad para hacerle eso a los más pequeños. Entiendo menos aún que seamos los padres los que sometamos a nuestros propios hijos a ese suplicio, que los veamos pasándolo mal y aún así insistamos en ello.

Puedo entender la preocupación de los padres por la salud de sus hijos “malos comedores”, pero si son niños sanos sin ningún tipo de carencia no queda otra más que asumir que por el motivo que sea ese niño es “especialito con la comida” y ya está.

Obligarles a tragar puede derivar precisamente en aquello contra lo que queremos luchar: los niños terminarán asqueados y renegando aún más de los alimentos y el acto de ingerirlos. Más adelante pueden desarrollar enfermedades relacionadas con la comida como la bulimia o la anorexia. Psicológicamente también quedarán afectados pues estarán acostumbrados a que los obliguen a hacer cosas contra su voluntad y no tendrán capacidad para autoregularse pues no serán conscientes de sus necesidades pues nunca nadie las ha tenido en cuenta ni las ha respetado.


Me parece muy interesante y útil todo lo que dice Julio Basulto, dietista-nutricionista, autor de 'Se me hace bola' en estas entrevistas:  'Tenemos que respetar el apetito del niño' y  "Alimentar a un niño tiene que ser tan natural y hermoso como darle un abrazo". Los títulos de las mismas ya lo dicen todo.

También me encanta el texto de Eva Hache ¡A comer! en el que nos anima a compartir la comida con los hijos y enseñarles a disfrutar con ella. Sólo hay que aplicar un poco de sentido común y tratar de no ponernos en su lugar ¿Te gustaría que te obligasen a comer?

miércoles, 4 de marzo de 2015

MIS RECETAS PARA NO COMPRAR CEREALES DE FARMACIA

Las mamás que damos el pecho podemos agobiarnos pensando de que manera vamos a darle los cereales al niño, porque la única opción que se nos muestra es comprarlos en la farmacia para mezclarlos con leche. Quienes dan biberón parece que lo tienen más fácil, solo tienen que añadir a la leche artificial los preparados que se venden en farmacias,- algunos vienen incluso ya mezclados -, y dárselo con cuchara o en el biberón poniéndole una tetina con un agujero más grande para que pueda salir el líquido ahora más espeso. Sin embargo la leche materna parece menos densa, la incorporación del cereal no queda igual y a veces al niño no le gusta y la rechaza. Aparte a algunas mujeres puede no apetecernos sacarnos la leche para esto. ¿Entonces qué hacemos?

Lo primero que tenemos que hacer es saber que son los cereales. Cereales son: el trigo, maíz, arroz, centeno, espelta, cebada, avena y mijo. De ellos, al menos en mi casa, sólo consumimos de manera habitual: el trigo en el pan, la pasta y las galletas, el arroz, y de vez en cuando maíz en ensalada o en tortitas y nachos. Del resto no puedo hablar mucho pero seguro que pueden encontrarse recetas por ahí ricas y saludables para poder consumirlos. Los que tienen gluten son el trigo, la cebada, el centeno y la avena.

Como dice Eva Hache: “los adultos no comemos “8 cereales con miel” todos juntos”, ni es necesario que lo hagan los bebés. Tampoco es obligatorio comerlos triturados en papilla. Existen otras opciones más naturales y económicas que los cereales preparados. Así fue como me las apañe con mi segundo hijo para prescindir efectivamente de esos cereales.

En primer lugar tengo que admitir que yo no practiqué el “Baby Led Weaning” con ninguno de mis dos hijos. Con el primero por desconocimiento y con el segundo porque llevaba sobre mi espalda mi primera experiencia maternal que sin duda me condicionaba. Con la alimentación de Jesús hice cosas que la mayoría de la sociedad puede considerar “transgresoras” como darle pecho hasta los 4 años y medio, sin embargo no renuncié a los purés. Me sentía impelida a dárselos por dos motivos: la fuerza de la costumbre pues así lo había hecho con su hermano mayor y porque psicológicamente me hacía quedarme más tranquila, creía que así comía más cantidad que si le dejaba a él decidir el qué y el cuánto comer permitiendo que cogiera la comida con sus propias manitas. Sin duda no tenía confianza en su capacidad de regulación y me sentía más segura si yo “controlaba” su alimentación. De manera que no llegué a comprar cereales en polvo, ni a hacer papillas, pero sí que trituraba los cereales que le daba.

Estos fueron mis trucos para darle cereales:
  1. Diariamente tomaba para el desayuno galletas María trituradas que metía en un bote como si fuera Cola Cao. Esto era lo que se llevaba a la guardería para desayunar los pocos meses que estuvo yendo allí. Le mezclaban  5 o 6 cucharadas con zumo de naranja y listo. No me sacaba leche ni le daba leche artificial para hacer la papilla.
  2. Todas las semanas cocinaba dos platos:
  • Macarrones con pisto. Macarrones integrales sin huevo y pisto (cebolla, calabacín y tomate). También podían llevar en lugar del pisto salsa bolognesa (algo de carne picada y zanahoria).
  •   Arroz tres delicias. Arroz, jamón york, guisantes y maíz.

Así él comía lo mismo que los demás, cubriendo la parte de cereales que su dieta necesitaba e incluyendo también verduras y proteínas. Como digo a él se lo daba triturado aunque podría habérselo dado cortado en trocitos pequeños o aplastado con el tenedor.

Jesús zampándose un churro con chocolate con un año
También solía chupar un currusco de pan o una galleta maría o similar. Esto sólo hay que hacerlo cuando les veamos preparados para ello y les vigilemos por si se meten un trozo demasiado grande que no sean capaces de gestionar ellos solos. Con esto pueden ya obtener la cantidad de cereal que necesitan. No se trata de que ingieran por obligación grandes cantidades, ya que sus principales necesidades nutritivas hasta el año se las sigue proporcionando la leche materna.

De manera que si diseñamos para nosotros los adultos, una dieta variada y sana en la que tengan cabida de manera regular los cereales y se los ofrecemos al bebé, éste puede tomarlos sin tener que comprarlos en la farmacia.