De todas las conclusiones que pueden sacarse de ver el programa de ayer de Cintora en Cuatro sobre los deberes, me quedo con dos. La primera es que los deberes son la punta del iceberg del problema educativo de nuestro país. La segunda es que los políticos no se enteran.
Cuando entraron en escena parecía que le había dado sin querer al mando a distancia y había cambiado de canal. Parecía que estaba viendo otro programa distinto en el que estaban hablando de un tema diferente. Las únicas propuestas serias y útiles fueron las de reducir el ratio de alumnos por aula y aumentar el presupuesto para educación. El resto fueron un patinazo tras otro. El problema es el de siempre: los políticos viven en su mundo, un mundo paralelo que no tiene nada que ver con el real. Me pregunto que fue antes: el huevo o la gallina. Es decir: ¿para ser político hay que estar alejado de la realidad? o ¿ser político te aleja de ésta?
Es una pena y una vergüenza comprobar el desconocimiento que muestran a cerca del área en la que deberían ser expertos. No saben de lo que hablan porque no le han preguntado a quienes si saben, que son los afectados directamente por este asunto: en primer lugar los alumnos y luego padres y profesores.
¡Y mira que es fácil! Testimonios como el del psicólogo que salió en el programa, Javier Blumenfeld, que habló de promover el aprendizaje por medio del placer y no por obligación, son muy esclarecedores de los motivos que nos llevan a estar como estamos respecto a la educación.
Si los políticos se molestasen en investigar a fondo sobre este asunto se darían cuenta de que no se trata de un problema de cantidad sino de calidad. La solución al fracaso escolar no pasa por aumentar los años de escolarización por arriba o por abajo. La solución no pasa por empezar el cole antes y acabarlo después como promovían ellos. Se trata de ver qué ocurre en la escuela, de analizar qué se enseña y cómo se enseña.
Las preguntas que habría que hacerse son:
- ¿Son útiles e interesantes los contenidos que se imparten?
- ¿Es amena y entretenida la forma de transmitir esos conocimientos?
- ¿Es en definitiva gratificante para los niños ir a la escuela?
La respuesta a estas preguntas es un NO rotundo. La explicación a esto se encuentra tanto en los programas educativos que han venido imponiendo los distintos gobiernos como en la metodología desfasada que aún utilizan la mayoría de los profesores, de los que el sin par Alberto Royo es un claro exponente, mientras que Cesar Bona sería la excepción.
No consigo entender además la obsesión de los nuevos partidos con la escolarización de “0 a 3 años”. Esta medida, desde mi punto de vista equivocada, porque no tiene en cuenta las necesidades básicas de los bebés, puede ser un parche al problema de la conciliación pero no tiene nada que ver con la educación. Porque los niños de esas edades están en periodo de crianza, lo que no tiene nada que ver con aprender inglés, a leer o matemáticas. Creo que quienes defienden esta medida, o no tienen hijos, o han pasado de puntillas por la paternidad, sin llegar a enterarse de lo que sentían y necesitaban sus bebés.
Con todo mi respeto a los profesionales de la puericultura, me gustaría recalcar, que su misión no es educativa. Su labor consiste en distraer la atención de los niños para que no se acuerden demasiado de sus padres durante el tiempo que están separados de ellos y que así sufran menos. Los primeros meses, el cuidado – que no educación – de los bebés consiste en satisfacer sus necesidades fisiológicas, esto es, darles de comer, cambiarles el pañal y en el mejor de los casos cogerles en brazos, darles mimos y acompañarles durante el sueño. Cuando ya cogen cosas con las manitas, hay que tener cuidado con lo que se llevan a la boca. Cuando gatean, hay que intentar evitar que no se rompan la crisma contra una esquina. Cuando ya hablan y andan, a lo máximo que se puede aspirar es a que jueguen un rato con otros niños sin que se saquen los ojos los unos a los otros al pelearse por los juguetes, y como mucho a que aprendan a coger bien el lápiz para hacer infinitos rayajos en una hoja de papel.
Las personas más adecuadas para acompañar a los niños entre 0 y 3 años en su evolución y desarrollo son sus propios padres. Las guarderías son sucedáneos que dejan mucho que desear. Los niños de 0 a 3 años necesitan el cariño, la compañía y la protección de un adulto y libertad para investigar y descubrir el mundo de una forma segura, por sus propios medios y a su ritmo. No necesitan estímulos más allá de contarles cuentos, cantarles canciones y dejarles jugar en el arenero ensuciándose a placer.
Llevar a los niños a la guardería es la única alternativa para aquellos padres que necesitan trabajar y no tienen con quien dejar a los niños. Pero ir a una guardería y hacerlo muy pronto, no garantiza de ninguna manera que los niños logren una mayor capacidad de aprendizaje, ni un mayor interés por el mismo. La guardería además tiene su coste: problemas de vínculo con las figuras de apego (el roce hace el cariño…) y emocionales por la separación temprana, que sin duda pueden influir en el posterior rendimiento académico de los niños, justo lo contrario de lo que supuestamente se persigue con esta medida.
Por otro lado, las medidas orientadas al desarrollo de la FP o la mejora de la Universidad, además de poner de manifiesto que lo que le importa al Estado no es el bienestar de la sociedad sino la creación de obreros eficientes, no tiene ningún sentido en el actual estado de las cosas.
Sres. Políticos: ¡los niños desertan! Los niños abandonan el colegio. No tienen interés por estudiar porque el sistema no les motiva. Los niños tiran la toalla mucho antes de llegar a una posible formación profesional o carrera universitaria. El problema está en la escuela primaria y secundaria. Eso es lo que hay que modificar. Solucionado el problema de base, lo demás vendrá todo rodado, pues serán los propios niños de mayores los que detecten las deficiencias y reclamen mejoras.
La sensación que me ha quedado tras ver el programa y constatar lo perdidos que están nuestros políticos, es de frustración y desesperanza. Nos queda confiar en la fuerza de las iniciativas individuales, que aunque más lentamente, llevarán sin duda a un cambio, tan necesario como inevitable.
