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martes, 21 de junio de 2016

NI TONTAS, NI LOCAS

Ni tontas, ni locas, sería mi particular versión del taller de Irene García Perulero “Ni putas, ni princesas”. Y es que aunque mi blog es un blog de temática maternal, cada vez más siento la necesidad de escribir sobre feminismo, sobre esos derechos que todavía se nos niegan, sobre esos derechos que se nos siguen robando. Porque la maternidad es femenina y por tanto feminista y no se puede separar una cosa de la otra.


Siento la necesidad de escribir cómo creo que nos perciben a las mujeres muchas personas y como pueden, si tienen suerte con su manipulación, consciente o inconsciente, hacernos sentir. Hablo de personas, porque por desgracia esto es algo que hacen tanto hombres como otras mujeres, lo que tiene aún más pecado.



Y quiero hablar de esto a colación de la terrible noticia del juez que ha obligado a una mujer a someterse a una inducción, previa denuncia de su ginecóloga, y de cómo hay quien, lejos de escandalizarse ante tal atropello, lo justifica diciendo “sería por el bien del bebé”, porque “si el juez lo ha decidido será por algo”, etc. Como si la mujer en cuestión, como si todas, fuéramos tontas, como si estuviéramos locas y no fuéramos capaces de decidir por nosotras mismas adecuadamente. Este cuestionamiento tiene lugar solo porque somos mujeres. Planea sobre nuestro sexo un halo de desconfianza, cosa que no ocurre con los hombres y sus decisiones. Es una cuestión de machismo puro y duro.

Para el que todavía lo dude, se lo confirmo: las mujeres somos capaces de razonar y elegir la opción que creemos más conveniente cuando tenemos a nuestra disposición todos los datos y la información necesaria para analizar la situación.

Quien lo ponga en duda debería revisar sus creencias y sus planteamientos de vida a fondo.


Las madres en concreto tendemos además a ser conservadoras cuando se trata de proteger a nuestros hijos. Si de algo se nos puede tachar es de un exceso de celo. No tomamos decisiones a la ligera, porque nuestros hijos son lo más importante para nosotras. Me asombra cómo salen de debajo de las piedras los defensores de la integridad de este bebé, un bebé al que no conocen ni van a tratar en su vida, esgrimiendo una preocupación por el mismo supuestamente genuina y mayor incluso a la de la propia madre de la criatura. ¡Insensata! parecen decir, sin tener ni idea de lo que hablan, como si ese niño no fuera responsabilidad de su madre sino patrimonio de toda la humanidad.

Es increíble, como a estas alturas no nos han sustituido a todas por máquinas de procrear, con lo despreocupadas e irresponsables que somos. Increíble que no nos quiten la custodia de nuestros vástagos nada más salir de nuestros úteros, siendo como somos todas unas tontas y unas locas…


No se confía en el criterio de las mujeres, no se confía el criterio de las madres.


Pero si se confía en el criterio de una ginecóloga, sólo por el hecho de serlo, por el prestigio que da poseer este título en medicina. Una ginecóloga cualquiera de un país que curiosamente atiende los partos en su mayoría sin seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que tiene unas estadísticas según el Ministerio de Sanidad muy alejadas de lo que serían unos estándares de calidad, dentro de las cuales el porcentaje de inducciones se sitúa en un 19,4%, siendo el estándar de referencia de la OMS menos del 10% (datos del INFORME FINAL ESTRATEGIA ATENCIÓN AL PARTO NORMAL 2012). Es decir, que casi la mitad de las inducciones que se practican en este país, no están justificadas, no son necesarias. 

Es como para no fiarse de la indicación, ¿o no?


Se confía en la resolución de un juez, que habrá tenido en cuenta sólo la opinión “cuestionable” de esta ginecóloga, que no tendrá ni idea de atención al parto, ni tiempo para hacérsela antes de decidir precipitadamente por una supuesta “situación de urgencia y riesgo para la vida del bebé”.

Se confía en cualquiera menos en la madre. Porque es mujer, porque está embarazada, porque es vulnerable, porque no vaya a ser que decida por si misma sobre su vida y la de su hijo. No, eso no se puede permitir, porque somos tontas, porque estamos locas.

sábado, 18 de junio de 2016

INDUCCIÓN FORZADA, AGRESIÓN AVALADA POR LA JUSTICIA

Que te obliguen por la fuerza a someterte a una inducción es un ultraje, una violación de los Derechos Humanos, el máximo exponente de la Violencia Obstétrica. 



La Violencia Obstétrica es Violencia de Género, Violencia Machista que persigue dominar a las mujeres, en este caso controlar sus procesos reproductivos. Es una violencia ejercida sobre las mujeres y no siempre por hombres. En este caso la agresora parece ser que ha sido otra mujer, una ginecóloga, con la connivencia de un juez del que no conozco el sexo ni me importa.


No hay que ir muy lejos en el espacio y en el tiempo para ver cómo el ámbito sexual y reproductivo de las mujeres ha sido y es objeto habitualmente de manipulación. Desde los matrimonios concertados donde la mujer no puede elegir libremente a su pareja, pasando por el débito conyugal que nos impone sexo y reproducción, sin importar nuestras apetencias. Por desgracia no son cosa del pasado. Quizá aquí sí, en otros países y culturas sin embargo, estas “costumbres” siguen vigentes.

La “liberación sexual femenina” consiguió recortar el ámbito de manipulación que ahora en nuestro país se centra en someternos en el parto: hacer que demos a luz, cómo y cuándo terceros lo deciden. Estos terceros eran los médicos, ginecólogos y matronas, a los que ahora se ha sumado la “Justicia” que ha forzado a una inducción a una mujer en el hospital Parc Sanitari Sant Joan de Déu de Sant Boi, como denuncia DONA LLUM, Asociación Catalana para el Parto Respetado en este comunicado.



La libertad femenina, la libertad de la mujer, la libertad de la madre para decidir brillan por su ausencia.


Hay quien dice que tenemos pocos datos, que necesitaríamos ver el historial médico de la “paciente”, conocer a fondo el motivo de la inducción, que es lo que hacía correr peligro la vida del bebé para “juzgar” este caso. No estoy de acuerdo con esta apreciación. Yo al menos no necesito saber más para indignarme y calificar este hecho de un disparate y una injusticia tremenda. La decisión del juez ha sido un error garrafal y espero que llegue el momento en que se demuestre que ha sido así.

Para reprobar esta actuación me baso en lo siguiente:

1. El derecho a elegir y decidir está recogido en la Ley de autonomía del Paciente, con el único límite de que con su elección ponga en peligro la salud pública o que se encuentre incapacitada para dar su consentimiento y la situación sea de vida o muerte. Cosa que no ocurría en este caso, por lo que el juez no ha aplicado correctamente la Ley.

2. El médico debe informar pero no imponer su criterio a la fuerza, ni con amenazas o chantajes emocionales, ni de forma rastrera juez mediante. Su labor es servir al paciente, atenderle debidamente si quiere la atención, no obligarle a recibirla. Obligar a esa mujer a dar a luz por la fuerza es un delito contra su libertad e integridad.

3. Su cuerpo, su salud y la de su bebé son su responsabilidad, no la del médico ni la del juez. 

Justificar este hecho por “el bien del bebé” es hacer demagogia. 


Para empezar la primera interesada en que su bebé esté bien es su propia madre ¿alguien lo pone en duda? Si esa mujer no ha querido someterse a ese proceso es porque creía que no era necesario, que los riesgos eran mayores a los beneficios. No en vano, la semana anterior le habían propuesto la misma inducción, se había negado, y 7 días después el bebé seguía vivo y coleando en su vientre, demostrándose que esa inducción no era vital. El día que la “secuestraron”, porque eso es lo que hicieron con ella, la tuvieron esperando 6 horas la intervención, demostrándose de nuevo, que la urgencia no era tal. La necesidad de la inducción es pues bastante discutible. Y aunque fuera totalmente justificada sigue siendo un derecho de la madre el decidir someterse o no a ella.

Para seguir desde el punto de vista legal, antes de nacer, el bebé no tiene derechos, es parte del cuerpo de la madre, por eso la que tiene que decidir es ella, nadie más. Ese bebé es SU bebé, la que va a tener que cuidarle es ella, la que va a tener que cargar con las consecuencias de no someterse a una inducción, o de haberse sometido a la inducción con o sin su consentimiento, es ella. Ella es quien va a sufrir las secuelas físicas y emocionales del parto, tanto las suyas como las de su bebé. Espero que ambos se encuentren bien dentro de lo que cabe. De terminar en desgracia, que podría ocurrir, ni el juez ni la ginecóloga tendrían que vivir día a día con las secuelas de una inducción fallida o con los efectos secundarios indeseados de la misma. Por eso es terriblemente injusto que hayan decidido por ella.

Por último, estamos hablando de una INDUCCIÓN porque en la semana 41 el monitor arroja una anormalidad en el registro. Anormalidad que es bastante frecuente a esas alturas de gestación, cuando el bebé no tiene mucho espacio y pinza el cordón brevemente contra la pared del útero o su propio cuerpo, pero que se resuelve sola rápidamente, al cambiar el bebé de postura. Cuando la ciencia ha demostrado que los falsos positivos a final del embarazo son habituales, es decir, que los monitores muestran sufrimientos fetales que no son tales. La guía de Práctica Clínica sobre atención en el Embarazo sugiere “ofrecer a las mujeres embarazadas la posibilidad de inducir el parto en el momento que se considere más adecuado a partir de la semana 41 y antes de alcanzar la semana 42 de gestación, después de informar sobre los beneficios y riesgos de la inducción.” Ofrecer, no imponer.

Como dije al principio, a mi el motivo de la inducción no me interesa, sea cual fuere, la última palabra debería haberla tenido la persona que se iba a someter a ella.

Además, quien sepa de partos y de inducciones – la ginecóloga en cuestión debería saber, y el juez también para poder tomar una decisión de este tipo – sabrá que para que un parto fluya sin complicaciones y una inducción tenga éxito, las condiciones ambientales y emocionales han de ser las mismas: tranquilidad y confianza. No hace falta esforzarse mucho para imaginar que la situación a la que se vio sometida esta mujer distaba mucho de ser la ideal para parir: arrestada y empujada a la fuerza a una inducción que no deseaba. ¡Es algo terrible! Es tal el despropósito, que para mí está claro que lo que primaba no era el bienestar del bebé, si no evitar que la mujer se saliera con la suya.

El juez ha podido ser tanto cómplice como víctima (por desconocimiento y confianza en un criterio médico equivocado) de un deseo revanchista de una ginecóloga que se ha excedido claramente en sus funciones y ha traspasado claramente todos los límites.


Que esto haya ocurrido me infunde muchísimo miedo. Es algo terrorífico.

Me solidarizo con esta mujer y su familia que han debido pasarlo y deben estar pasándolo fatal, en un momento en que deberían estar felices, celebrando la llegada de un nuevo miembro a la familia.

Lo siento mucho. Desde aquí les mando todo mi apoyo y cariño.

Creo que este caso no puede quedarse así. Hay que pedir responsabilidades, hay que evitar a toda costa que la población piense que esto puede hacerse o peor aún que “debe” hacerse. 

No podemos permitir que se abra la veda para que los ginecólogos impongan su voluntad a las mujeres a través de un mal uso del sistema judicial. 

Las asociaciones de mujeres deben unirse para apoyar a esta mujer en los juzgados si decide denunciar o presentarse como acusación popular si esto es posible. 

Este es un momento vital en la lucha por el parto respetado, porque si no queda claro que esta decisión judicial ha sido inadecuada y esta ginecóloga queda impune, entonces se sentará un precedente muy peligroso, que hará que nuestros cuerpos y nuestros partos dejen de ser nuestros definitivamente.

miércoles, 3 de junio de 2015

LAS 10 MENTIRAS SOBRE EL PARTO

Existen muchos mitos, prejuicios e ideas preconcebidas sobre el parto que son falsas y que contribuyen a perpetuar el sistema obsoleto y dañino de atención al parto que existe en nuestro país, dificultando el que las mujeres podamos disfrutar del nacimiento de nuestros hijos.

Estas son las 10 MENTIRAS SOBRE EL PARTO que todo el mundo (no sólo las futuras madres) debería conocer:


“Me atenderán mejor en la privada que en la pública”. No es mejor ni más seguro siempre dar a luz en la Sanidad Privada antes que en la Seguridad Social. Las estadísticas muestras que la tasa de cesáreas es mayor en los centros privados sin que haya un motivo justificado para ello.

“El ginecólogo es quien atiende el parto”. La profesional cualificada para atender partos normales es la matrona. El ginecólogo sólo debe hacer acto de aparición si se presenta alguna complicación. No estamos más seguras en manos de un ginecólogo que en manos de una matrona. Los ginecólogos son más intervencionistas y dejar el parto normal innecesariamente en sus manos desde el principio puede alterarlo de manera indeseada.

“Ojalá pase una horita corta”. Un parto rápido no es sinónimo de parto seguro o sano. La calidad de la experiencia depende más de otros factores como pueden ser el trato respetuoso y la tranquilidad con que lo vivamos más que de su duración. De hecho intentar acortar por medios artificiales la duración del parto es lo que hace habitualmente que se complique y se vuelva más difícil y doloroso.

“He roto aguas: estoy de parto”. Romper aguas no es condición necesaria ni suficiente para estar de parto. Puede haberse roto la bolsa y no estar de parto y viceversa. No es obligatorio ni adecuado romperla por ningún motivo y si pretenden hacerlo han de contar previamente con tu permiso.

“El gotero es obligatorio”. La administración de oxitocina sintética no es siempre necesaria, conlleva peligro y tiene efectos secundarios indeseables en el desarrollo del parto. Tu cuerpo produce oxitocina natural siempre que estés a gusto y relajada. Puedes negarte a que te pongan oxitocina artificial así como a cualquier otro procedimiento con el que no estés de acuerdo. Es tu cuerpo, tu hijo y tu parto: tú decides.

“El parto es siempre doloroso”. El parto puede ser intenso y agotador pero sin embargo no resultar doloroso. Incluso puede llegar a ser placentero. El dolor puede evitarse o reducirse si evitamos los factores que lo provocan como la inmovilidad, la oxitocina artificial, el miedo, etc. Existen métodos paliativos alternativos a la epidural que son efectivos pero menos invasivos y sin riesgos.

“La episiotomía es necesaria y previene desgarros”. Los desgarros se producen por forzar el periné pujando cuando no se tienen ganas y en postura de litotomía (tumbada) y pueden ser peores si facilitamos la rotura con el corte de unas tijeras. Tu cuerpo está preparado para abrirse y permitir la salida del bebé. Actualmente se abusa del uso de esta técnica mutilando los genitales de muchas mujeres innecesariamente.

“El parto termina cuando sale el bebé”. Tras el expulsivo (salida del bebé) aún falta una fase más del parto: el alumbramiento o salida de la placenta. Este es un momento delicado que debe atenderse con sumo cuidado para evitar que la mujer sufra hemorragias abundantes que pongan en peligro su salud. Intimidad, un ambiente cálido y en penumbra y el contacto precoz e ininterrumpido con el recién nacido son cruciales para que la placenta salga sin dificultades.

“Después de una cesárea siempre viene otra cesárea”. Es posible parir vaginalmente tras haber tenido una o varias cesáreas previas. Existen infinidad de testimonios de mujeres al respecto. Tu hijo y tú tenéis derecho a intentar el parto vaginal. No lo des por perdido de antemano.

“Todo vale mientras el niño esté vivo al final”. Con este argumento la sociedad justifica y respalda la mala praxis médica en torno a la atención al parto y la violencia obstétrica que causa mucho daño físico y emocional a mujeres y niños. Todos queremos madres y bebés vivos pero también sanos y felices. Es posible lograrlo mejorando la atención que recibimos y para ello hay que exigirla y no conformarnos con una de peor calidad con la que podamos “salir del paso”. El parto puede ser una experiencia satisfactoria y es importante como la vivimos porque deja una huella profunda en nuestro ser. Infórmate y decide.

lunes, 23 de marzo de 2015

SÍNDROMES ASOCIADOS A LA ATENCIÓN AL PARTO EN ESPAÑA

Me gusta mucho usar ejemplos para ilustrar mis reflexiones porque me parece una excelente forma de hacerme entender. Pretendo con esta entrada ayudar a entender a quién no lo sepa que es lo que ocurre en torno a la atención al embarazo, parto y posparto en nuestro país, por medio de 6 síndromes.

El primero es el SÍNDROME DE LOS REYES MAGOS, del que ya hablé en la entrada del Blog de El Parto es Nuestro: "Descubriendo a los Gines Magos". Este síndrome consiste en presentar un rechazo absoluto a todas las informaciones que se reciben a cerca de que la atención a la mujer en estos ámbitos deja mucho que desear, porque se alejan de la idea preconcebida y desinformada que se tenía de ello. La primera reacción de muchos es la incredulidad: “¿Qué es eso de que la atención al parto no es buena?” “¡Si tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo!”. Después se pasa a la obcecación y la negación de la realidad a pesar de las pruebas, estudios y argumentos razonables que el interlocutor esgrima. La persona no escucha o no es capaz de procesar la información recibida porque es demasiado “increíble” y “desestabilizante”, por lo que prefiere agarrarse a aquello que siempre ha pensado y que le da seguridad: “¡Eso de parir naturalmente, en casa, como nuestras abuelas, es un atraso, algo peligroso!”. Por último siente la necesidad de defender el sistema aunque no lo conozca en profundidad: “Los médicos son los que saben, todo lo que hacen es porque tienen que hacerlo por el bien de la madre y del bebé” y atacar al portador de las malas noticias, acusándole de mentiroso, exagerado, etc.


Para el común de los mortales, los profesionales sanitarios son buenos samaritanos, casi semidioses y se resisten a admitir que puede que no estén realizando su trabajo de la mejor manera posible.

El segundo es el SÍNDROME DE ESTOCOLMO, tras un parto complicado es habitual pensar que estamos vivos, “sanos” y salvos gracias a la actuación de los médicos, sin saber que en bastantes ocasiones las complicaciones fueron creadas por aquellos que ahora vemos como nuestros salvadores. Esa cesárea, esos fórceps o espátulas, esa episiotomía in extremis que supuestamente nos salvó, podrían haberse evitado si nos hubieran permitido caminar, darnos un baño o ducha caliente, si no nos hubieran puesto el gotero de oxitocina, si hubiéramos podido elegir postura en el expulsivo, etc. El sanitario secuestra nuestro cuerpo y nuestro parto pero luego le estamos agradecidas cuando todo termina y recuperamos nuestra libertad, a pesar de haber sido agredidas y terminar dañadas.

Tras los partos mal atendidos muchas mujeres sufren SÍNDROME DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO mal diagnosticado a veces como depresión posparto. La mujer se siente triste y débil, tarda mucho tiempo en recuperarse y tiene problemas para cuidar y vincularse con su hijo. Pero no se trata de un problema hormonal, se trata de que la mujer ha experimentado una situación desagradable y estresante, ha sido mal tratada y anulada y ha visto en el camino peligrar su vida y la de su bebé. Ha sufrido un trauma y necesita ayuda para superarlo. De si recibe o no esa ayuda para superar el trance dependerá el tipo de síndrome que tenga después.

Cuando la mujer no es consciente de lo sucedido y no toma consciencia de ello a su Síndrome de Estocolmo se unirá el SÍNDROME DE LA MILI. Para quien no lo sepa en España llamamos Mili al servicio militar obligatorio que existía hasta hace unos años. Los jóvenes se veían obligados a alistarse y pasar por una instrucción militar obligatoria, que partía en dos su vida y sus planes alejándolos de su casa, su familia y amigos durante una larga temporada. La estancia en el ejército era dura desde el punto de vista físico, emocional y moral. La mili era una experiencia desagradable e injusta en tanto en cuanto no había sido elegida libremente por los reclutas. Ahora bien, había muchos chicos que a pesar de ir a regañadientes o precisamente por eso, cuando volvían de allí, lo hacían siendo unos firmes defensores de la experiencia que supuestamente los “convertía en hombres”, hasta el punto de dudar de la hombría de los que por el motivo que fuese se libraban de ese suplicio. Estos chicos lo habían pasado mal y en lugar de dejar salir su malestar, se hacían los fuertes y propugnaban que todos tenían que pasar por lo que ellos habían pasado sintiéndose agredidos y agrediendo a quienes pensaban de manera diferente.

De la misma manera mujeres que han pasado por partos malos y desagradables tratan de restar importancia a lo que les pasó diciendo que no fue para tanto, tratan de convencerse a ellas mismas y los demás de que todo era necesario y por tanto que todas las madres deberían ser atendidas como ellas: con gotero, inmovilizadas y sin poder de decisión alguno.

Sin embargo cuando la mujer abre los ojos a la realidad, se escucha a si misma y a la evidencia, se da cuenta de que todo lo que le ocurrió fue un nefasto error que no debería volver a repetirse y sufre o disfruta según se mire, del SÍNDROME DEL ACTIVISMO POR UN PARTO LIBRE Y RESPETADO, se informa y trata de informar a los demás para que la atención cambie y sea adecuada y las mujeres puedan vivir partos agradables y saludables.

Por último, a veces se consigue un nuevo parto sanador que nos cura las heridas que nos dejaron en el alma los partos anteriores y podemos vivir el SÍNDROME DEL PARTO GOZOSO O EMPODERANTE, que nos hace fuertes y nos da armas para luchar por aquello que nos importa y aquello en lo que creemos. 

¡Ojalá éste último fuese el único síndrome asociado al parto!

martes, 17 de marzo de 2015

LOS 10 PROBLEMAS DE LA ATENCIÓN AL PARTO EN ESPAÑA

¿Qué es lo que falla en la atención al parto en España? ¿Por qué tenemos cifras tan altas de cesáreas, partos instrumentales, episiotomías y demás? ¿Por qué no se produce un cambio en el tipo de atención? ¿Por qué los sanitarios ignoran las recomendaciones de las autoridades al respecto?

Estos son en mi opinión, los 10 grandes problemas de la atención al parto en España.

La ginecracia y la falta de autonomía y fuerza del colectivo de matronas.

En España, a pesar de que el cuidado de la salud sexual y reproductiva de la mujer es competencia de la matrona, el “poder” lo ostentan los ginecólogos. En la sanidad privada las matronas brillan por su ausencia y en general a la hora del parto son dirigidas y subordinadas a las directrices que les dan los ginecólogos que ejercen de “jefes” de ellas, desautorizándolas e invadiendo sus competencias.
Los ginecólogos no están formados para atender partos normales si no para detectar y curar patologías, son mucho más intervencionistas y con ello consiguen complicar los partos innecesariamente.

La mala formación de las matronas, en especial las deficiencias del sistema de residencia en los hospitales.
En la universidad la formación que reciben las matronas es muy técnica. Hace falta incidir más en la dimensión emocional del parto y en su aspecto fisiológica y animal. La parte práctica de la formación tiene lugar a través de residencias en hospitales muchas veces poco respetuosos, donde las estudiantes se ven obligadas por sus superiores a atender a las mujeres de formas con las que no están de acuerdo y que son contraproducentes para poder aprobar y conseguir su título. Mientras la formación de las matronas esté en manos y dependa de "saurios" con una visión intervencionista del parto, estas no podrán aprender a atender los partos adecuadamente.

El escaso número de matronas y la “funcionarización de su trabajo”.

El número actual de matronas es insuficiente y se sacan muy pocas plazas nuevas al año. Esto hace que tengan sobresaturación de trabajo y poco tiempo para atender a las mujeres. Estamos muy lejos de cumplir con el objetivo de “one to one”, esto es, que en el parto exista una matrona para cada mujer y que la atienda durante todo el proceso. El sistema funcionarial no favorece el que la mujer conozca de antemano a su matrona y pueda contar con ella siempre que la necesite. Por el contrario, las mujeres nos vemos obligadas a dar a luz con completas desconocidas a nuestro lado, que tienen que atender varios partos a la vez.

El pésimo sistema educativo.

Nos educan para ser obedientes, para callar y no cuestionar a la autoridad, de manera que acatamos todas las órdenes del sanitario sin preguntar y aunque no nos apetezca hacerlo. Damos por supuesto que todas las pruebas y procedimientos son obligatorios y nos cuesta un triunfo salirnos de la norma, ser asertivas y decir que no, aunque estemos en nuestro derecho a hacerlo.

La santificación de la ciencia y los médicos procedente de otras épocas.

El cura, el profesor y el médico eran las autoridades de antaño, objetos de respeto, devoción, admiración, incluso miedo y obediencia ciega. A día de hoy sigue existiendo este sentimiento en la sociedad. Establecemos consciente o inconscientemente una jerarquía en la que el sanitario está por encima de nosotros porque “sabe más”, porque ha estudiado. De esta manera admitimos el mal trato como si lo merecieramos, nos infantilizamos al recibir reprimendas que creemos que merecemos por por ejemplo haber engordado demasiado y delegamos en esa figura-padre la toma de decisiones y el control de nuestro cuerpo, porque nos hacen sentirnos con su trato pequeñas e incapaces de decidir por nosotras mismas.

El machismo o violencia de genero asumida por la sociedad.

Las cosas de mujeres importan menos. Los sentimientos y las sensaciones de las mujeres se desprecian. Se nos acusa de excesivamente emocionales y se resta importancia al aspecto psicológico y afectivo en la atención a la salud. Se tiene poco respeto por nuestro cuerpo y nuestra sexualidad. Se nos trata como meros contenedores del bebé y se nos manipula con la excusa de que es por el bien del mismo independientemente del daño que se nos inflija.

La desinformación a cerca de nuestros derechos como usuarias.

Las mujeres desconocemos cuales son nuestros derechos como usuarias del sistema sanitario. No sabemos que podemos negarnos a procedimientos, que nos tienen que pedir permiso para cada cosa que nos quieran hacer, etc.

La desinformación sobre los procesos naturales.

Desconocemos también como tienen lugar los procesos naturales del embarazo, parto y lactancia. Se analiza todo desde una perspectiva tecnicista, matemática y patológica. Creemos que hay que hacer, o nos tienen que hacer cosas para poder parir, cuando lo único que hay que hacer es dejar que pase. No conocemos que facilita el parto por lo que no tenemos referencias para evaluar la calidad de la atención recibida.

La falta de agilidad, de experiencia y jurisprudencia y los elevados costes del sistema judicial.

Sin duda, y a pesar de la opinión de muchos, no hay suficientes denuncias contra la mala práxis. No las hay porque no hay costumbre, no hay conciencia del delito y el daño ocasionado y sufrido, no hay abogados que entiendan el tema y porque muchas mujeres no pueden costearse presentar una denuncia. Si hubiera más sentencias condenatorias en casos de violencia obstétrica la atención mejoraría ostensiblemente. Las recomendaciones sanitarias deberían así mismo convertirse en leyes de obligado cumplimiento para que los profesionales se las tomasen en serio y empezasen a cumplirlas.

La falta de confianza de las mujeres y el miedo al parto.

Desde los medios y el entorno se cuestiona continuamente nuestra capacidad de parir. Lo que vende es mostrar quirófanos, batas verdes y material quirúrgico. En la ficción todos los partos son complicados y mujeres y bebés son siempre salvados por el médico. La ficción traspasa la pantalla e inunda la realidad, sugestionándonos y metiéndonos el miedo en el cuerpo. Con miedo los partos son más difíciles, perdemos el control y lo dejamos en manos de terceros que toman decisiones muchas veces velando más por su propio interés que por el de los pacientes.

lunes, 23 de febrero de 2015

ACTOS MÉDICOS SIN TON NI SON

Buena parte de nuestra sociedad se echa las manos a la cabeza cuando una persona osa cuestionar las prácticas médicas. Dicen: ¿quién eres tú para decirle a un médico como tiene que hacer su trabajo? Parece ser que el uso de la razón y la libertad de opinión y expresión son bienvenidas siempre y cuando no se usen para criticar al estamento médico y sus procedimientos. Pero es que en la atención al parto y al nacimiento, tienen lugar hechos incongruentes e ilógicos como estos:

-          Rutinariamente suele echarse a los recién nacidos unas gotas en los ojos para la profilaxis ocular. Sin entrar a valorar ahora, la necesidad o no de dicho procedimiento, cosa que deberíamos hacer todos los padres para poder decidir si lo autorizamos o no, resulta que su objetivo es proteger los ojos del bebé de posibles infecciones adquiridas durante el paso por la vagina de su madre. Pues ocurre que en algún hospital ponen el colirio a todos los bebés por rutina, incluidos los nacidos por cesárea, que evidentemente no han tenido oportunidad de contagiarse de nada por que no han atravesado ninguna vagina para nacer.

-          El enema, felizmente cada vez más en desuso, se utiliza con la excusa de controlar la defecación, adelantándola y evitando así fugas inoportunas durante el expulsivo que puedan contaminar al recién nacido. Bueno, pues el enema se le suele poner también a las mujeres que han de pasar por un aborto, cuando en este caso la contaminación, de producirse, no tendría ningún tipo de repercusión en el bebé ya fallecido. Lo que me da que pensar, que con el enema más que proteger la integridad del bebé lo que quieren es evitar “contaminarse” ellos y tener que limpiar después.

-          Por último, imaginemos a una mujer de parto, atada a una cama por culpa de un monitor, que se supone que tiene por finalidad vigilar el estado de salud de madre y bebé. Tras 12 horas desde el inicio del parto, este no progresa, probablemente a causa de la inmovilización a la que la mujer está siendo sometida, y le dicen que tiene que ser cesárea. Pero en ningún momento el monitor ha dado muestras de sufrimiento fetal y la madre tampoco presenta ningún problema que obligue a tomar esta decisión tan drástica. ¿Por qué entonces la cesárea? ¿Porque han pasado 12 horas? ¿Para que se le ha obligado a estar tumbada sin moverse con la excusa del monitor, si luego no hacen caso de los resultados de la monitorización, que para nada indican la necesidad de una cesárea?


Estos son solo unos pocos ejemplos de actos médicos innecesarios, sin justificación alguna, actuaciones sin pies ni cabeza por parte de las personas que nos atienden a mamás y bebés en los hospitales. Tendemos a pensar que en un centro médico, en un hospital, estamos seguros. Confiamos en que quienes nos atienden lo están haciendo de la mejor manera posible, que cuidan de nosotros. Posiblemente sea así la mayor parte del tiempo pero  los sanitarios no son infalibles, no son perfectos y a veces se equivocan. Hay errores en su formación, protocolos que no se actualizan y que no tienen en cuenta la evidencia científica más reciente y en ocasiones tampoco el sentido común, Que los usuarios cuestionemos la atención que recibimos, es la única forma en la que podemos conseguir que estos procedimientos absurdos dejen de realizarse.

miércoles, 4 de febrero de 2015

SANITARIOS QUE NIEGAN LA REALIDAD

Esta entrada es un desahogo en toda regla. Llevo una temporada larga viendo como en los foros de internet los profesionales de la salud relacionados con el tema parto: matronas y ginecólogos, se dedican a decir que las mujeres (y por tanto las asociaciones que defienden sus derechos) exageramos cuando no mentimos en torno a lo que sucedió y sucede en nuestros partos. Me parece una desfachatez enorme y una falta de sensibilidad monumental a la que digo: ¡BASTA!

Lo peor de todo es que dichos comentarios provienen de sanitarios supuestamente “respetuosos” que aseguran que “esas cosas no son así”, “que esas cosas no pasan en los paritorios”. Yo os respondo que quizá no ocurran en VUESTRO servicio, en VUESTRO hospital o en VUESTRO turno, quizá vosotros no actuáis así, pero no podéis generalizar diciendo que no ocurren porque existen miles de testimonios de mujeres que así lo atestiguan. Os animo a pasaros por las listas abiertas de El Parto es Nuestro o leer los relatos de la web de la asociación y lo comprobaréis. Esa es la realidad de los partos en España, lo que ocurre en general y no el mundo pintado de rosa que tratáis de vendernos.

Sería más justo tanto para vosotros como para las mujeres que han pasado por una mala experiencia porque han recibido una inadecuada atención que enfocarais vuestras respuestas de una manera más personal. Sería más constructivo y menos dañino que en vuestro mensaje os centrarais en tres cosas: empatizar con quienes han sufrido en sus partos, recalcar que vosotros no actuáis así (indicando claramente quienes sois y donde trabajáis, en lugar de esconderos tras el anonimato) e indignaros con quienes llevan a cabo una mala praxis, aunque sean vuestros compañeros. Pero en lugar de eso negáis la mayor y de esta manera infringís un mayor daño a las mujeres, pues no sólo sufrieron si no que ahora tratáis de negar la existencia de ese dolor poniendo en duda sus testimonios. Esta actitud me lleva a plantearme si realmente sois tan respetuosos como os creéis o queréis dar a entender.

Que por ejemplo nos pongan oxitocina sin necesidad, sin permiso y ni siquiera sin avisar es algo que ocurre todos los días. Ocurrió ayer, por desgracia ocurrirá mañana y sin duda está ocurriendo ahora en algún lugar. No tergiverséis la realidad, no tratéis de engañar a las mujeres diciéndoles que eso no funciona así porque si ocurre. La atención al parto en España en términos generales todavía adolece de lo siguiente:
  • No es conforme a la evidencia científica, si no a protocolos anticuados y dañinos.
  • No sigue las recomendaciones de las Autoridades Sanitarias.
  • No respeta la Ley del Paciente.
  • Es paternalista, carente de empatía y respeto a las necesidades de madres y bebés.
No pongo en duda que hay sitios que trabajan bien, pero son pocos, son la excepción no la norma. Vuestros comentarios dan la vuelta a la tortilla, no sé si de manera intencionada o como efecto colateral en vuestro intento de defenderos de un ataque que no es tal, porque si de verdad actuáis adecuadamente, nuestras reivindicaciones no van obviamente dirigidas a vosotros y por tanto no deberíais daros por aludidos.

Negando y ocultando la realidad os convertís en cómplices de los que siguen actuando mal. Esos que no leen foros de internet pues pasan olímpicamente de lo que sientan, piensen o digan las mujeres, que no conocen la Estrategia de Atención al Parto Normal ni ganas tienen de conocerla, que no actualizan sus conocimientos ni modificarán nunca su forma de proceder. Esos que si vieran como nos “enfrentamos” entre nosotros, los colectivos de mujeres y los profesionales “respetuosos”, se morirían de risa apoltronados en sus sillones mientras todo sigue igual.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

EJEMPLOS Y CONSECUENCIAS DE LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA

  • Sufrimos violencia cuando accedemos influidas por el miedo a una inducción innecesaria, sugerida por nuestro ginecólogo por una razón que no responde a la evidencia científica, sin habernos sometido a ninguna prueba cuyo resultado avale dicha intervención, si no simplemente para que el médico ajuste nuestro parto a su agenda.
  • Sufrimos violencia obstétrica cuando nos mienten diciendo que tenemos que someternos obligatoriamente a una cesárea porque el bebé viene de nalgas, sufrimos miopía o hemos sufrido una cesárea previa.
  • Sufrimos violencia obstétrica cuando nos regañan por haber engordado poco o mucho durante el embarazo, haciéndonos sentir culpables y enfermas, y con cuerpo imperfecto e incapaz.
  • Sufrimos violencia obstétrica cuando nos aplican innecesariamente procedimientos o intervenciones sin informarnos sólo porque es la rutina que establecen los protocolos hospitalarios.

  • Somos violentadas cuando nos rompen la bolsa o nos hacen una episiotomía sin permiso.
  • Somos violentadas cuando nos acusan de “no colaborar” cuando ni siquiera nos están dejando movernos durante el parto.
  • Somos violentadas cuando nos tratan con desprecio, no contestan a nuestras preguntas o nos sugieren que no nos informemos, cuando no aceptan nuestro plan de parto, cuando nos amenazan con no atendernos si no hacemos lo que ellos quieren que hagamos.
  • Somos maltratadas cuando nos separan de nuestro bebé, cuando no nos dejan verlo o tocarlo, cuando nos dejan solas y muertas de miedo en recuperación sin saber cómo se encuentra nuestro hijo.
  • Somos maltratadas cuando nos sugieren que no seremos capaces de parir sin pedir a gritos la epidural, cuando no nos apoyan moralmente durante el parto y no nos ofrecen alternativas para paliar el dolor.
El resultado de todos estos malos tratos (y son sólo unos pocos de los muchos ejemplos de las situaciones que penosamente sufrimos con regularidad las mujeres, cuando nos toca relacionarnos con el mundo de la obstetricia) es en primer lugar la existencia de unos indicadores de cesáreas, partos instrumentales, episiotomías, separaciones rutinarias, etc. muy alejados de los criterios de calidad. Pero también:

· Una alta insatisfacción de las mujeres con su experiencia de parto, con el trato recibido y su estancia en las instalaciones sanitarias.

· Bajas tasas de éxito en la lactancia materna.

· Posteriores problemas con el vínculo y la crianza de los bebés.

· Mayores tasas de depresión posparto y la existencia de trastorno de estrés postraumático.

· Disminución de la confianza en sí misma y en el sistema sanitario, y condicionamiento de su vida reproductiva posterior.

· Colateralmente esta inadecuada atención se traduce también en un importante despilfarro económico para el sistema público de salud, pues se realiza un gasto en materiales, aparatos, medicamentos, etc. innecesario para la atención de un parto normal.


Acabar con la Violencia Obstétrica es una necesidad, por el bien de las mujeres, sus hijos, sus familias y la sociedad en general.
Porque la manera de parir importa, la manera de nacer importa. 

martes, 25 de noviembre de 2014

LO QUE NOS ROBA LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA

La Violencia Obstétrica es un tipo de violencia de género que puede definirse como la apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por prestadores de salud, que se expresa en un trato jerárquico deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres.

De esta definición me quedo con la palabra “apropiación” o lo que es lo mismo “robo”. Esto es lo que sienten muchas mujeres tras dar a luz: “que les han robado su parto”, y con el parto nos roban otras muchas cosas:
  • Nos roban la libertad para poder decidir cuando deciden por nosotras y nos aplican procedimientos sin nuestro consentimiento.
  • Nos roban la dignidad cuando dejan nuestros genitales expuestos a la vista de cualquiera que pase por allí, cuando se ríen de nosotras o nos riñen o ridiculizan.
  • Nos roban la intimidad cuando nos vemos rodeadas de desconocidos que nos observan mientras que no permiten la entrada a nuestro acompañante con quien realmente si queremos compartir este momento.
  • Nos roban la experiencia en si al manipularnos y no dejar que el proceso siga su propio ritmo y a nuestro cuerpo actuar como sabe y puede hacerlo.
  • Nos roban la salud con protocolos que generan sufrimiento y que desembocan en intervenciones dolorosas y peligrosas.
  • Nos roban la confianza en el sistema sanitario, en los profesionales que en él trabajan, en nuestro cuerpo y en nosotras mismas en general.
  • Nos roban la energía para atender como es debido a nuestro recién nacido.
  • Nos roban el recuerdo del nacimiento de nuestro hijo, transformándolo en una pesadilla que preferimos olvidar.
  • Nos roban la lactancia cuando nos separan de nuestro bebé y no nos facilitan el establecimiento de la misma.
  • Nos roban la tranquilidad dejándonos con un sentimiento de frustración, tristeza y decepción que durará muchos meses o incluso años.
La Violencia Obstétrica es pues un robo institucionalizado, que estropea uno de los momentos más importantes de nuestras vidas y deja grandes secuelas en quienes la sufrimos, por eso luchamos para erradicarla, porque ninguna mujer debería ser maltratada en ninguna circunstancia, tampoco mientras da a luz.

lunes, 24 de noviembre de 2014

¿QUÉ ES LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA?

Violencia Obstétrica, es la violencia ejercida por los profesionales sanitarios sobre las mujeres que acuden a ellos, para recibir atención durante los procesos fisiológicos de embarazo, parto y posparto.

La violencia en general implica que desde una posición de poder (más o menos real o figurada), alguien trata mal, humilla y/o agrede a otra persona, con el objetivo de hacer que pierda valor y energía y de esa manera imponer su voluntad sobre ella. En la violencia obstétrica la figura de poder es el profesional, que se supone que es el que sabe y en quien confiamos nuestra salud y la de nuestro bebé. 
Sin embargo, en el ámbito de la obstetricia son muy habituales las prescripciones e indicaciones que no responden a un motivo justificado por los estudios en la materia, sino que son fruto de protocolos y rutinas desfasados que se han demostrado dañinos para el bienestar físico y emocional de la gestante y su bebé, y que entorpecen y complican enorme e innecesariamente el parto. La fuerza de la costumbre constituye un obstáculo tremendo para el abandono de estas prácticas y los profesionales se resisten a reconocer que dichas prácticas son inadecuadas y a actualizar su modus operandi para adecuarlo a las recomendaciones de las autoridades sanitarias a este respecto.

La Violencia Obstétrica supone pues un incumplimiento sistemático de las Recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud a cerca de la atención al parto y de la Estrategia de Atención al Parto Normal elaborada por el Ministerio de Sanidad Español.

Por tanto, cuando hablamos de una atención violenta en la Obstetricia, no nos referimos solo a  las “malas maneras”, faltas de educación o tacto, en la relación del profesional con la usuaria del servicio, (que también son censurables e influyen negativamente en la salud de la mujer) sino también y sobre todo, a la mala praxis, es decir, a aquella atención que no está justificada según la evidencia científica, y que responde a:

· la falta de actualización de los conocimientos médicos,
· la proliferación de mitos infundados procedentes del pasado,
· los propios miedos del profesional,
· la búsqueda de su propio beneficio personal de cualquier índole (económico, rapidez, comodidad, etc.).

La Violencia Obstétrica supone un abuso de poder por parte de los profesionales en un momento de gran vulnerabilidad en la vida de las mujeres, que implica, en muchas ocasiones la vulneración de la Ley del Paciente. Las mujeres no son correcta ni suficientemente informadas al respecto de su situación, no se les ofrecen alternativas, ni se les permite decidir. En su confianza en el criterio médico y el sistema sanitario, se ven arrolladas por el mismo, viendo peligrar su salud y la de su bebé, y pisoteados sus derechos y dignidad.

Por último la Violencia Obstétrica supone una violación por parte de los sanitarios de su propio Código deontológico, que en el caso específico de los médicos reza así:
Los principios esenciales de la profesión médica se traducen en las siguientes actitudes, responsabilidades y compromisos básicos:
- El fomento del altruismo, la integridad, la honradez, la veracidad y la empatía, que son esenciales para una relación asistencial de confianza plena.
- La mejora continua en el ejercicio profesional y en la calidad asistencial, basadas en el conocimiento científico y la autoevaluación.
- El ejercicio de la autorregulación con el fin de mantener la confianza social, mediante la transparencia, la aceptación y corrección de errores y conductas inadecuadas y una correcta gestión de los conflictos.

La Violencia Obstétrica es un tipo de Violencia de Género pues se inflige exclusivamente sobre las mujeres, pero hoy, 25 de Noviembre “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las mujeres”, no oiremos hablar de ella en los medios de comunicación porque es una violencia interiorizada y aceptada por la sociedad. A muy pocos nos escandalizan las respuestas de algunos ginecólogos a las madres en las consultas, las cesáreas programadas sin razón, el uso indiscriminado de oxitocina en las maternidades o el elevado porcentaje de episiotomías. La sociedad todavía asume como “normal” cosas que son habituales pero inadecuadas y perjudiciales. Falta difusión de este problema para crear conciencia y que se produzca un cambio de mentalidades, tanto en los profesionales para que no la inflijan, como en las mujeres para que dejemos de sufrirla sin quejarnos y denunciar.

miércoles, 14 de mayo de 2014

PORQUE NO ME GUSTA EL VIDEO DE LAS RESIDENTES DE MATRONA


A simple vista "Niña sube la oxitocina" es un video divertido. ¿Cómo no va a serlo? Sus protagonistas son jóvenes simpáticos, con alegría de vivir, que lucen una ámplia y perenne sonrisa en el rostro mientras bailan y cantan. ¿Quién puede resistirse al ritmo de la melodía de la canción de Juan Luis Guerra: “Me sube la bilirrubina”? Es una canción que sube el ánimo y alegra el espíritu. La idea es original y tiene su mérito.
El problema es la letra y lo que da a entender. No hace falta analizar todas las estrofas, basta quedarse con el estribillo: “sube la oxitocina y haz esa puérpera enseguida”. La conclusión de esta frase es clara: la oxitocina obligatoria se quiera o no, se necesite o no, y en cantidades industriales para que la mujer termine pronto. Perdón, que la mujer no hace nada, es la matrona la que "la hace puérpera”.

No es difícil de comprender que oír esto, no sea plato de buen gusto, para tantas mujeres que han sufrido durante el parto debido a la susodicha oxitocina. Cuya vida y la de sus bebés han corrido peligro y han tenido secuelas temporales o permanentes debido a lo que les suministraron a través del gotero, sin su consentimiento y/o conocimiento.

A mi el video no me indigna. Ya me indigné hace 7 años cuando tomé consciencia del mal que nos habían hecho a mi bebé y a mí en el hospital por mal atenderme en el parto.
A mi el video me entristece porque indica que el cambio en la atención al parto por el que muchos luchamos, no se está produciendo al ritmo que nos gustaría. Me entristece ver a las nuevas generaciones de matronas repitiendo patrones desfasados y asimilando una filosofía de atención al parto dañina. Me duele ver que las matronas del futuro están siendo adiestradas en una atención al parto medicalizada, que debería estar siendo ya desterrada de todos los paritorios.

Y no veo en el video, una sombra reivindicativa por ningún lado. Mi opinión es que si durante la residencia lo hubiesen pasado mal, siendo obligadas a hacer cosas que van en contra de sus principios, para poder obtener el aprobado y conseguir el título, no les quedarían ánimos para luego reírse de ello con este jocoso video. Intuyo que han pasado por la residencia sin aprender a atender un parto normal y fisiológico, un parto sin intervención. Probablemente no las hayan dejado ver ninguno o muy pocos.

Por eso yo no me rio, si no que siento decepción. Porque se supone que deberíamos estar cambiando a mejor, evolucionando hacia una atención más respetuosa en la que la oxitocina, la epidural, los tactos, etc. se utilizasen lo menos posible y con la mayor de las delicadezas. No como ahora, a chorro y para “hacer puérperas enseguida”. Porque de esta manera las mujeres y sus bebés sufren y mucho.

Se supone que la sociedad evoluciona. Cosas que antes ocurrían han dejado de ocurrir. Cosas que antes se veían bien, ahora no se ven tan bien. Dicen que dentro de un tiempo, la humanidad se llevará las manos a la cabeza, alarmados y arrepentidos por las barbaridades cometidas durante los partos y nacimientos a lo largo de generaciones. Serán más evidentes las consecuencias de todas estas prácticas innecesarias y perjudiciales, en la salud física, mental y emocional de los seres humanos, y los hombres y mujeres del futuro se escandalizarán al ver videos como este, que se jactan de este tipo de atención.
Supongo que la reacción será similar a la que podemos tener ahora al ver el video de “Martes y Trece” ,de hace menos de 25 años, en el que imitaban a una mujer maltratada por su marido y que en su día nos hacía a todos desternillarnos. Bueno, a todos no,  supongo que a las mujeres maltratadas, no les haría gracia ninguna. Recordarnos a nosotros mismos riéndonos con la frase “Mi marido me pega”, probablemente nos haga sonrojar de la vergüenza. Ahora sería impensable hacer ningún tipo de humor, ni rojo, ni negro, ni amarillo, con la Violencia de Género y las cientos de muertes de mujeres que produce al año.

Hoy habrá quien le quiera quitar hierro a este asunto del video de las residentes de matrona. No digo que el video tenga malicia, pero banaliza una situación que ha sido, es, y será dolorosa para muchas mujeres, por lo que es evidente y lógico que para quienes hemos pasado por ello, este video no nos haga pizca de gracia. Solo deseo que llegue pronto el momento en que nadie se ría con las prácticas que conforman la Violencia Obstétrica y que todos reneguemos de este video, como probablemente lo hacemos con el de Martes y Trece.

lunes, 19 de agosto de 2013

MOTIVOS PARA UNA INNE-CESÁREA, O COMO NOS ROBAN EL PARTO

Escribo hoy para volcar aquí los sentimientos de indignación que me despiertan sentencias falsas como la del Sr. Dexeus, dichas en el artículo: “La OMS reclama partos con menos cesáreas” de Zoom News, que insiste, al igual que lo hacen otros muchos, en que en España, cesáreas hay las justas y necesarias: "La cesárea en nuestro país no se hace, en ningún caso, por comodidad del médico o del hospital, sino por criterios estrictamente científicos,…”.

Este señor miente, y así lo demuestran los relatos de las mujeres, que cuentan tras su cesárea la razón que la motivó, y que en muchísimos casos no fue para nada un criterio científico.

Escribo a continuación algunos de los motivos más habituales que llevan a la mayor parte de las cesáreas de nuestro país, motivos no científicos y que por tanto no son justificables y si fácilmente evitables.
  • Si te programaron cesárea, por cesárea previa, por nalgas,  por miopía, u otro motivo bizarro no avalado por estudios fiables y actualizados, te robaron tu parto.
  • Si te indujeron el parto: por “pasarte de fecha”, porque el niño venía grande, aunque luego no lo fue tanto..., o porque salías de cuentas en navidades, y "para que esperar y fastidiar las fiestas a la familia, si el niño ya está todo formadito", etc. y la inducción no prosperó, te robaron tu parto.
  • Si tu parto terminó en cesárea porque el niño sufría debido a la oxitocina que te pusieron, sin que la pidieras ni necesitaras, te robaron tu parto.
  • Si terminaste en cesárea porque el niño no bajaba, debido a que pasaste toda la dilatación tumbada y no te dejaron moverte, te robaron tu parto.
  • Si tuviste una cesárea porque no te dejaron tiempo suficiente en el expulsivo porque había cambio de turno, o hubieras necesitado ponerte en otra postura para ayudar al niño a rotar, pero te obligaron a estar en el potro, te robaron tu parto.
Aquí se pueden consultar los motivos verdaderos para indicar una cesárea. Si te hicieron una cesárea por cualquier otro motivo distinto a los que aparecen en esta lista, te robaron tu parto.

Portada del libro de la editorial ObStare
Si, señoras, nos roban los partos. Aunque no seamos conscientes de ello. Aunque no lo queramos reconocer y suframos un síndrome de Estocolmo, que nos lleve incluso a adorar al médico/ladrón que supuestamente nos salvó la vida a nosotras y a nuestros bebés. A pesar de que el niño esté “bien”, sonrosado y con la cabeza redondita y de que nuestra suegra esté encantada con su nieto y le de igual por donde haya salido. A pesar de que la vecina del 5º le quite hierro al asunto, diciendo que ella también pasó por lo mismo y “no fue para tanto”. A pesar de lo que nos diga el médico y de que nosotras queramos confiar ciegamente en su explicación, en el fondo sabemos que nos han timado. Sabemos que si nos hubieran dejado, habríamos dado a luz a nuestros hijos divinamente.

Muchas mujeres tratan de no pensar en ello, no darle importancia y seguir adelante como si nada.
Otras luchan para que eso no les vuelva a pasar, ni a ellas, ni a nadie más.


¿Te robaron tu parto? ¿Qué piensas hacer al respecto?




martes, 3 de enero de 2012

PRIMEROS BEBÉS Y MAMÁS NINGUNEADAS

Para argumentar por qué se me revuelven las tripas al ver el reportajillo de A3 sobre los “primeros bebés del año” voy a comenzar exponiendo lo que creo que un parto y un nacimiento son o como deberían ser tratados o considerados.

Son tres las características que definen parto y nacimiento:

1.- Su carácter trascendental: nace un nuevo ser, nace una nueva madre, en un momento único e irrepetible que quedará grabado en las mentes de ambos para siempre.

2.- Su carácter íntimo: los protagonistas son la mujer y el bebé. La mujer debe ser quien decida qué personas pueden estar a su lado en ese momento y serán preferiblemente personas conocidas y de su confianza. Y cuantas menos mejor, o dicho de otra manera, las personas presentes deberían ser las mínimas imprescindibles.

3.- Su carácter sexual: somos mamíferos y sexuados, el parto es parte de nuestro sistema reproductivo sexual.

Dicho esto, procedo a analizar como en esta escena grotesca se han vulnerado todos estos principios, convirtiendo algo que debería ser una experiencia bonita y familiar en un espectáculo penoso.

1.- La prioridad de los presentes no era atender adecuadamente el parto, ni a la mujer, ni al bebé.
En su ánimo lo que prevalecía era seguir la juerga, a costa de todo, aunque ese no fuera el lugar más apropiado. Y lo peor es que supuestamente existía algún problema que obligaba al ginecólogo a usar las espátulas (¿?) y nadie tenía la decencia de apoyar a la mujer en ese momento, dándole ánimos y diciéndole que no se preocupase, que todo saldría bien, porque parece que era más importante continuar con la tradición y de paso seguirle el juego al periodista, que atender debidamente a la mujer.

¿Y por qué estos “profesionales” se han comportado de una manera tan absurda en un momento tan delicado? Pues porque no le dan a ese momento la importancia que tiene. Para ellos y la sociedad en general, parir se ha convertido en un simple trámite, algo por lo que hay que pasar para producir un nuevo ciudadanito, que genere gasto, se haga mayor y produzca para seguir consumiendo. Da igual como tenga lugar su nacimiento, si se fuerza o no, si se hace de manera respetuosa o no. Lo que importa es que “el producto salga vivo” independientemente de cómo esto tenga lugar y de cómo viva esa experiencia la mujer de la que sale dicho producto. La sociedad actual se ha cargado el carácter trascendental del nacimiento y por tanto éste es susceptible de ser ninguneado, y tomado a pitorreo incluso por aquellos que tienen que velar por su correcto desarrollo y la salud de la madre y el bebé.

2.- Es evidente que este parto no ha tenido nada de íntimo, y no lo digo solo porque haya sido grabado y emitido por televisión, sino porque por el paritorio pululaban ciento y la madre (nunca mejor dicho). La presencia de todas estas personas no está justificada, pues si así fuese, estarían desempeñando una función, realizando alguna labor y sin embargo se limitaban a dar vueltas por allí comiendo uvas y de paso vulnerando el espacio estéril del paritorio. Si no era necesaria su presencia ¿no hubiese sido mejor que saliesen del paritorio a tomarse las uvas fuera y dejasen tranquila a la mujer?

La intimidad es un factor fundamental para dar a luz, al igual que lo es para realizar otras funciones fisiológicas. Es habitual necesitar intimidad para hacer nuestras necesidades o para desinhibirnos y hacer el amor. Por lo que me pregunto si no habría sido posible evitar esas espátulas, si en lugar de convertir el paritorio en un circo, a la mujer se le hubiese dejado más tiempo, más libertad de movimiento y sobre todo más intimidad.

3.- En cuánto al carácter sexual, solo puedo decir lo que es evidente y es que: es absolutamente denigrante estar con las piernas abiertas y tus genitales expuestos, esperando que tu hijo nazca mientras que varios desconocidos están de cachondeo a tu alrededor.

Eliminados de un plumazo el carácter trascendental, íntimo y sexual de el parto, sólo nos queda un acto frío, mecánico e impersonal, en el que la madre y el bebé no son los protagonistas, si no toda la parafernalia de alrededor.

¿Y como se habrá sentido y se sentirá ahora esta mujer? ¿Se arrepentirá de haber permitido el acceso de la cámara al paritorio? ¿Será consciente de que ha sido tratada con muy poco respeto y de que el parto podría haber transcurrido de otra manera mucho más agradable y bonita de recordar? Lo peor de todo es que estamos tan acostumbrados a ver este tipo de trato en los paritorios: mujeres tumbadas que necesitan “ayuda” para parir, a las que se les hace de todo sin su conocimiento ni consentimiento, que creemos que esto es lo normal, que no hay nada mejor y nos conformamos con ello.

El tema de la nochevieja, las campanadas y las uvas es lo de menos. Al igual que ocurrió con el tema de las viñetas de la SEGO, esta ha sido solo la excusa perfecta para poder colarnos en un hospital y ver en vivo y en directo lo que ocurre en los paritorios españoles, y lo que ocurre es una falta de respeto enorme a la mujer que está de parto. ¿Y por qué ocurre esto? Porque las que parimos somos mujeres, y a las mujeres se nos sigue discriminando y tratando con violencia en muchos ámbitos, incluido el sanitario. A quién ponga en duda esta afirmación le propongo un juego, y es que trate de encontrar otra situación en la que crea que pudiese darse una escena tan rocambolesca como la que estamos analizando. Yo propongo varios casos:

1.- Entrar bailando la conga, con los gorritos de papel en la cabeza en la habitación de un enfermo en fase terminal.

2.- Entrar cantando y lanzando serpentinas en el lavabo mientras alguien está sentado usándolo.

3.- Entrar cámara al hombro y matasuegras en la boca en la consulta del urólogo mientras éste le hace un tacto rectal a un caballero.

Seguro que muchos coincidiremos en que estas situaciones están fuera de lugar y que no son nada apropiadas. Habrá quién diga que no es lo mismo, que no se puede comparar a entrar en un paritorio y yo le pregunto: ¿Es acaso la muerte y la despedida de un ser querido un momento más trascendental que el nacimiento y la bienvenida a una nueva persona? ¿Es que dar a luz tiene que ser obligatoriamente un espectáculo público? ¿Es que el cuerpo femenino es menos digno de respeto que el masculino?

miércoles, 21 de septiembre de 2011

REACCIONES ANTE LAS VIÑETAS DE LA SEGO


Son muchos los medios de comunicación que se están haciendo eco de este tema. Gracias a los comentarios publicados en la prensa digital podemos conocer la reacción del público en general y son dos las posturas que más se repiten. 

Por un lado estamos quienes nos indignamos y por otro los que encuentran graciosas las viñetas y tildan a quienes nos sentimos indignadas y exigimos su retirada inmediata como “feministas exageradas y sin sentido del humor”. En mi opinión estos últimos o son igual de machistas y retrógrados que las viñetas o no conocen en profundidad la situación de la obstetricia y la ginecología en España.

El problema de estos dibujos es un problema de fondo, pues reflejan a la perfección la filosofía y la manera de pensar y actuar de la mayoría de los ginecólogos de este país. 

Lo que ocurre en las consultas de ginecología y en las salas de parto, la falta de respeto con la que se trata a las pacientes, sus cuerpos y sus dolencias, pisoteando sus derechos como usuarias del sistema sanitario, no ocurre en ninguna otra especialidad. Y es así precisamente porque las destinatarias de este servicio somos mujeres, y sigue existiendo un machismo que ridiculiza, infantiliza y denigra a la mujer solo por el hecho de serlo.
Se trata de un machismo velado, que no es tan evidente como un mal trato físico pero es igualmente violencia de genero, que por el lugar en el que tiene lugar y quien la inflinge podemos denominar violencia obstétrica. Este maltrato está tan arraigado que se acepta como normal y se tolera hasta el punto de permitirse los agresores, el mofarse de sus victimas abiertamente con el beneplácito de muchas personas que se asombran cuando alguna mujer osa quejarse y tratan de acallarla aludiendo al humor y a la manida frase de “no es para tanto, mujer”.

Si rebelarse contra este trato vejatorio y exigir que deje de producirse es ser “feminista”, me declaro feminista y a mucha honra.

Logotipo de la Revolución de las Rosas,
movimiento contra la Violencia Obstétrica.
El escándalo sería mayúsculo si fuesen oncólogos los que se riesen de la calvicie de sus enfermos de cáncer o fisioterapeutas de los problemas de movilidad y el uso de prótesis por parte de personas impedidas de alguna manera tras un accidente de tráfico. Tampoco sería aceptado que los médicos se riesen de manera pública de los despistes y olvidos de los enfermos aquejados de Alzheimer, pero como se trata de “cosas de mujeres” el nivel de tolerancia es mayor.

Es machismo porque contempla a la mujer desde una perspectiva superficial, en la que el físico es lo único que importa: si la mujer es mayor y poco agraciada provoca repulsa, si es joven y bella despierta el deseo del ginecólogo, una actitud muy poco profesional y bastante reprobable. Patologías que pueden suponer muchas incomodidades y problemas de salud, no sólo físicos si no también psicológicos como son el prolapso uterino, despiertan la hilaridad en quienes se supone deben ayudarnos a superar este problema y prestarnos su apoyo. Se habla de la cesárea con una falta de tacto tremenda, cuando se trata de una operación de cirugía mayor, que supone la mayor parte de las veces una experiencia bastante traumática para quien pasa por ella.

Esta claro que quienes no le encuentran maldad a estas viñetas es porque tienen muy poca sensibilidad. Una mujer no va al ginecólogo por gusto, va por necesidad. Se encuentra en una situación incómoda, teniendo que mostrar sus genitales a un desconocido y lo último que espera, es ser ridiculizada por su aspecto o que hagan bromas con sus problemas de salud. Si la mujer está embarazada se encuentra en una situación de extrema vulnerabilidad, por lo que el profesional debería cuidar aún más su forma de tratarla. Pero en la realidad ocurre lo contrario, muchas mujeres salen de los controles prenatales asustadas e intimidadas, lo que es contraproducente para el normal desarrollo del embarazo y el bienestar materno-fetal.

La atención al parto es pésima y los ginecólogos reconocen abiertamente que no están por la labor de cambiar su manera de actuar. Así pues, el panorama que tenemos ante nosotras no es nada halagüeño, de ahí nuestra “susceptibilidad”. La atención que recibimos no es de calidad, y en lugar de trabajar para mejorar, los ginecólogos se toman a risa nuestras reivindicaciones y se mofan del objeto de su trabajo.


Cuando se trabaja con personas, en cuestiones de salud, y sobre todo en un tema tan íntimo y delicado como es la salud sexual y reproductiva, es muy importante tener el cuenta el aspecto emocional y psicológico de las pacientes, pero por desgracia esta es la gran asignatura pendiente de la ginecología y la obstetricia en España.

Yo personalmente no le encuentro solución a este problema. Se trata de maneras de entender la vida y de ver el mundo. Quién ha sido educado en el machismo, va a ser machista toda su vida, por muchas campañas en contra que lance el Ministerio de Igualdad. Quien nunca ha considerado a la mujer un igual, quién nunca la ha tratado con respeto, no va a empezar a hacerlo ahora porque se denuncie la violencia de genero en los medios de comunicación. Sólo nos queda esperar al cambio generacional. Que dentro de unos años todos estos ginesaurios se jubilen y vengan otros más decentes a ocupar su lugar.