domingo, 26 de marzo de 2017

LA VERDAD SOBRE LA LACTANCIA MATERNA

Acabo de enterarme de que mi experiencia con la lactancia, lo que viví y cuento en esta entrada, quizá no fue como yo creía.

Desde entonces ha llovido mucho, y han surgido nuevos estudios sobre las mastitis que contradicen las conclusiones del equipo de Juan Miguel Rodríguez, y a los que desde el ámbito de la lactancia se está dando más credibilidad.

Resumiendo, lo que se defiende es que si solo hay dolor, pero no existe inflamación ni fiebre, éste no estaría causado por una mastitis, sino probablemente por una succión inadecuada. Se recomienda revisar la postura y el agarre, drenar bien el pecho y solo si existen signos “visibles” de infección, recurrir al antibiótico.

Todo esto es algo que ya se sabía y se aconsejaba. La novedad es que ahora se echa por tierra la teoría de que la mastitis está provocada por un desequilibrio bacteriano. No existe, dicen, una proporción adecuada de bacterias en la leche materna, por lo que el cultivo no daría información relevante y la toma de probióticos no estaría justificada. 

Todo un paradigma echado abajo, que a mí personalmente me deja una gran sensación de vacío. Me encuentro con que todo lo que creía saber, lo que me contaron entonces, puede que no fuera real. Hablar públicamente de lo que me ocurrió y de lo que hice, hoy por hoy, es “políticamente incorrecto” porque es contrario a las “recomendaciones”. Sin embargo, es mi historia y no puedo ni quiero hacerla desaparecer de un plumazo. 

He decidido escribir este post para “completar” mi historia, para cerrar el círculo y redirigir aquí a quien pueda leer antiguos posts míos, para que tengan acceso a toda la información. Necesito además poner por escrito mis reflexiones al respecto y verter aquí como me siento.

Siento como si me hubieran robado parte de mí. Supongo que debe ser algo parecido a lo que siente alguien que descubre de repente y por casualidad siendo ya mayor que es adoptado. Sientes que te han engañado y sientes la necesidad de saber. 

No es grave, porque todo acabó felizmente, pues conseguimos mantener la lactancia durante 4 años, pero no puedo evitar preguntarme: si no fue así, entonces ¿qué nos pasaba? Y lo más intrigante ¿cómo se solucionó? Porque a mí los probióticos me funcionaron. Fue tomarlos y dejar de tener obstrucciones. 

A quienes están otorgando plena veracidad a estos nuevos estudios, me gustaría preguntarles directamente ¿Si yo no tenía mastitis, qué me causaba el dolor? Si los probióticos no funcionan ¿Por qué desaparecieron los síntomas al tomarlos? ¿Era todo un problema “psicológico” y los polvitos funcionaron como “placebo”?

Me gustaría tener respuesta a todas estas preguntas no solo por curiosidad, sino porque me encuentro con que no solo no puedo hablar con libertad de mi experiencia en público sin que se me tache de irresponsable, si no porque no se qué contarle a mi hijo de aquella época, porque no se cuál es la verdad.

Yo removí Roma con Santiago para buscar solución a mis problemas con la lactancia. Quedé y hablé con muchas personas: doulas, matronas, asesoras, etc. Según ellas la postura y el agarre estaban bien y fueron ellas quienes me recomendaron ir a ver al microbiólogo del Departamento de Nutrición y Bromatología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid. El asunto inspiraba confianza, no se trataba de un remedio casero preparado por un chamán, si no de un científico, alguien supuestamente serio, realizando un estudio en una universidad. Fui y su discurso me pareció razonable. No solo me convenció, sino que a partir de seguir sus recomendaciones, al poco tiempo los bultos y el dolor desaparecieron. Como a mí, su intervención ha sido de mucha ayuda a muchas mujeres. Puede comprobarse navegando en internet como existen testimonios tanto de mujeres particulares como de asociaciones alabando el buen hacer de este señor. Sin embargo, hoy por hoy, nombrar los probióticos como opción es prácticamente una herejía.

Todo este asunto me ha generado mucho desconcierto y siento decir que también desconfianza. Creo que se sabe nada o muy poco de lactancia, que vamos dando palos de ciego y que aunque en poco tiempo se ha conseguido visibilizar y promover mucho la lactancia, queda muchísimo por hacer. No hay una verdadera implicación de las autoridades sanitarias en este asunto. Los gobiernos no invierten dinero en hacer estudios de verdad confiables, estudios grandes y serios, que no estén contaminados por algún tipo de interés comercial. Las autoridades “oficiales” en materia de lactancia, no realizan apenas estudios propios, viven de las conclusiones de estudios realizados por otros, que a saber con qué medios cuentan para realizarlos. Si haces preguntas al comité de lactancia materna, no es raro que te remitan a lo que dicen o hacen organizaciones “independientes”, como IBCLC o ABM, no tienen pues un criterio propio. De hecho, la última palabra de la Asociación de Pediatría Española al respecto, es un informe del año pasado cuya primera conclusión es la siguiente: “La mastitis es una entidad frecuente, pero no hay uniformidad en los criterios diagnósticos ni terapéuticos”. En estas condiciones, no sería raro que dentro de 5 años, surjan otros estudios que digan cosas completamente diferentes a los de los actuales, y así sucesivamente. Y claro, cada cual se creerá el que estime oportuno.


Dicho todo esto, esta es mi opinión:

  • Este asunto debe ser estudiado más a fondo, pues no creo que se haya dicho ya la última palabra al respecto. Es importante llegar a unas conclusiones incuestionables sobre la composición de la leche materna para poder saber a ciencia cierta cuándo hay de verdad un desequilibrio.
  • La lógica me dice que dependiendo del tipo de infección habrá de usarse un tratamiento u otro. No se usará el mismo antibiótico para curar una infección de oído, que una de orina o una de las vías respiratorias. Pues lo mismo con las mamas. 
  • Que es un hecho que en nuestra sociedad abusamos y mal usamos los antibióticos y eso hace que nuestra flora bacteriana esté descompensada, lo que provoca muchos problemas de salud. Los probióticos, no tienen más inconveniente que su precio, en ocasiones abusivo, y amamantando o no, tomarlos es beneficioso.
  • Que si de verdad no existen las mastitis subagudas en las hembras humanas, quizá es momento de considerar otras posibles causas al dolor, más allá de los problemas de agarre y posturales, tales como problemas psicológicos de la madre o inmadurez/falta de experiencia o perfeccionamiento de la técnica del bebé al mamar, normal y no patológica, que se soluciona espontáneamente con el tiempo.

Por último, quería resaltar que yo soy una simple madre, a la que le gusta estar informada, pero no me dedico ni profesional ni de forma voluntaria a asesorar sobre lactancia. No voy a congresos, pero tengo muchos contactos que si están inmersos en este mundo, y me choca haber “tardado tanto” en tener conocimiento de estas “nuevas tendencias” en la concepción y tratamiento de las mastitis. Y si yo no he tenido acceso hasta ahora a esta información, dudo mucho que les esté llegando con más facilidad a otras madres. 

Me pregunto: ¿alguien sabe la verdad sobre la lactancia materna?

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