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viernes, 5 de junio de 2015

FUERA DE LA LEY

Los niños molestan, es un hecho. Bueno, mejor dicho, hay a quién le molestan los niños. Parece ser que a bastante gente. De ahí que surjan iniciativas como la de #stopniñofobia por parte de padres que están hartos de miradas y comentarios recriminatorios de gente a la que le irrita la mera presencia de infantes a su alrededor. Madresfera realizó un carnaval de posts sobre este tema. Puedes ver todas las entradas pinchado aquí. Personalmente yo ya había hablado de esto también hace tiempo en mi entrada: “Los niños ferales molestan”.

Recientemente, Diana Oliver publicó en Marujismo un post hablando de sus vecinos intolerantes ante los despertares nocturnos de su hija. Yo entiendo lo fastidioso que es que no te dejen dormir o te despierten, pero me indigna el poco conocimiento que tiene la sociedad en general de lo que es un niño y de lo que podemos esperar o no de su comportamiento. Los niños se despiertan, los niños lloran y no se puede hacer mucho para evitarlo. Quien no lo entienda o no pueda soportarlo, haría mejor en irse a vivir sólo al medio del campo, porque es evidente que las madres no estamos por la labor de amordazar a nuestras criaturas para evitarles molestias a gente poco comprensiva.

Como digo los niños hacen ruido, muchas veces es inevitable y los niños también necesitan jugar. Por eso nuestra familia ha decidido mostrarse insumisa ante la nueva “norma” que prohíbe jugar al balón en nuestra urbanización. Entiendo que tenemos que cuidar entre todos las instalaciones, evidentemente acepto que si alguno de mis hijos causa por accidente algún desperfecto he de correr con los gastos de la reparación, etc. Pero, si por algo decidimos vivir aquí es porque nos permite/permitía la tranquilidad de que mis hijos pudieran bajar a jugar libremente a la urbanización. Años anteriores los chicos más mayores jugaban al fútbol en una parte del césped. Eran bigardos de 13, 14 y 15 años que se cargaban todo el césped, lo que era una verdadera pena. Entiendo que eso no esté permitido, pero fuera de ahí hay un montón de espacio en el que los niños pueden jugar sin molestar a nadie ni causar ningún perjuicio. Por eso y aún a riesgo de que nos llamen la atención, yo voy a permitirles que usen el balón haciendo caso omiso al cartelito de marras, aunque eso nos convierta en forajidos fuera de la ley.


Lo dicho, que los niños son niños y no se les puede enjaular. 
A quienes les molesten que se vayan con sus quejas a otra parte.

domingo, 14 de noviembre de 2010

LOS NIÑOS "FERALES" MOLESTAN

Niños ferales son aquellos que a temprana edad se pierden y sobreviven en el medio natural y terminan adoptando maneras más propias de los animales que de los seres humanos. Para entendernos, Tarzán sería un caso de niño feral. Son niños incapaces de volver a vivir entre humanos, respetando nuestras costumbres. Que sufren enclaustrados entre las cuatro paredes de una casa y ansían libertad para correr por la naturaleza y seguir sus instintos. Que no saben hablar porque no han tenido de quién aprender ni con quién conversar. Que comen con las manos pues no saben utilizar los cubiertos.Que hacen sus necesidades dónde y cuándo les viene en gana, sin utilizar el vater por supuesto. Son niños que saltan y gritan. Podríamos decir que no tienen modales, son niños “incivilizados”, sin educar.
Por momentos, nuestros niños parecen niños ferales.
Disfrutan corriendo y jugando y son todavía muy pequeños para comprender lo que son las normas. No entienden que significa “molestar a los demás” o “aquí no se puede”.
Ellos viven el ahora y no son capaces de anticipar las consecuencias de sus actos.
Hacen lo que les pide el cuerpo, que es experimentar y disfrutar de la vida.
En realidad, si el mundo contemplase las necesidades de la infancia, y no lo construyéramos exclusivamente para los adultos, nos daríamos cuenta de que en esencia todos los niños (no sólo los míos), son niños ferales y que no tiene nada de malo serlo. La feralidad es una etapa necesaria para el desarrollo de la persona, debemos respetar el tiempo feral y no limitar tanto la expresividad infantil, esperando que se comporten como adultos cuando todavía no lo son.
Los niños molestan porque son niños y se comportan como tal. No podemos esperar que se estén quietos y calladitos todo el rato, porque les es físicamente imposible hacerlo.
Y si, señores, los niños existen y tienen derecho a tener una vida social, conocer lugares, ver cosas. Aunque a veces se comporten como animalillos, no son perros que podamos dejar atados con una correa a la puerta, mientras los padres entramos en un sitio.
Hacen ruido, se les caen y rompen cosas, se ensucian y ensucian, corren y empujan,… pero no lo hacen para fastidiarnos, si no porque están aprendiendo a vivir, tienen mucha energía que gastar, poca maña y mucha mala suerte.
No creo que ahora los padres no sepamos educar o seamos más permisivos con ellos y se nos suban a la chepa. Creo que tenemos un mayor contacto con nuestros hijos, que existe una mayor confianza, y ellos se sienten más libres de hacer lo que quieren sin temor a perder nuestro cariño. Esto no quiere decir que no tengamos que decirles nunca nada, que no debamos ir enseñándoles determinadas cosas, pero deberíamos hacerlo sin olvidarnos de que siguen siendo niños y rebajar nuestras expectativas.
Es habitual escuchar a padres decir: “es que no me hace caso” y me pregunto si no será “antinatural” esperar que nos hagan ese caso. A lo mejor, a determinadas edades, no es que no quieran sino que no son capaces de “obedecer”. Tarde o temprano terminan asumiendo las normas de funcionamiento de la sociedad, pero no por imposición sino por imitación. De forma gradual, la feralidad va disminuyendo y deja al descubierto lo que siempre fueron: unas personas pequeñas.