lunes, 26 de enero de 2015

VIVIR EL PARTO DESDE LA BARRERA

Me he convertido en tía por primera vez y por primera vez he vivido el parto de un familiar, un parto de una persona muy cercana y querida, de alguien de mi sangre que conozco desde que nació y que para mi es casi como una hija. Y lo he pasado mal porque mi hermana tuvo mala suerte y el parto se complicó. Porque a pesar de haberse informado, de saber lo que quería y de estar rodeada de profesionales respetuosos, el parto no fue fácil, mi hermana sufrió y yo sufrí con ella.

Fueron muchas horas de incertidumbre, demasiadas. Cada hora sin noticias era una hora de angustia. Por la noche me despertaba cada dos por tres para mirar el móvil, esperando ver una foto de mi sobrina, su primera foto que nunca llegaba. Por el día no llamaba para no molestar aunque me moría por saber. Un parto rápido no es sinónimo de parto bueno, un parto largo tampoco es sinónimo de parto malo. Pero cuando las circunstancias son óptimas (había llegado al hospital bastante dilatada y la atención recibida era adecuada) no es habitual que el parto se alargue tanto. Todo era óptimo menos la postura del bebé que venía en posterior y aunque puede darse a luz con el bebé así colocado, el parto suele ser más duro y doloroso.

Hablé con ella cuando estaba de 9 cm. Ya no quedaba nada, o al menos eso creíamos o esperábamos todos. Tenía miedo. Intenté animarla, no sé si lo conseguí.

No me avergüenzo si no que me sorprendo de haber llegado a pensar y hacer cosas que van en contra de mi filosofía respecto a los partos. Quería que el parto terminase de una vez, me mataba la espera. Y terminé presentándome en el hospital, no se sabe exactamente para que, porque poco iba a poder hacer yo para ayudar. Sólo sabía que necesitaba estar cerca, por si quería verme, por si terminaban haciéndole una cesárea y no dejaban entrar a su pareja poder acompañarle en la espera...

Llegué al hospital a las 19:35 y el bebé nació a las 19:44. Por fin llegó la tan ansiada foto. Suspiros de alivio y lágrimas de emoción. No pude verlos ese día pero me fui de allí más tranquila.

Las dos están bien. La niña es preciosa. La atención fue excelente. Pero queda la experiencia del dolor y el miedo experimentados durante el proceso que no hay que obviar. También quedan las expectativas frustradas del parto soñado que no fue. Mi hermana sabe que puede contar conmigo para desahogarse y soltar todo lo que tenga dentro. Pero queda sobre todo la fuerza que demostró y el amor de su pareja acompañándola en esos momentos tan duros y a la vez tan bonitos que nunca olvidarán.

Esta experiencia me ha acercado un poco más a los profesionales sanitarios que atienden partos porque he podido experimentar su miedo, ese miedo que puede hacerles tomar la calle de en medio para terminar el proceso cuanto antes (cosa que agradezco que no hicieran quienes atendieron a mi hermana). Pero también me aleja de aquellos que siguen complicando los partos innecesariamente, provocando ellos las complicaciones gratuitamente con su inadecuada atención. Pues si es tremendo pasar por un parto malo, podemos imaginar la indignación de las mujeres que descubren que su parto fue así no por la suerte si no por una mala atención.

Ahora le toca a mi hermana disfrutar de la maternidad, de la teta y los cambios de pañales nocturnos... Espero poder ser de más ayuda a mi hermana durante esta etapa y darles a las dos todos los achuchones que tengo guardados para ellas. Os quiero mucho, princesas!



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