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lunes, 15 de abril de 2013

MIS NIÑOS Y LOS JUGUETES



Llevo mucho tiempo queriendo escribir sobre esto y por fin me he decidido a hacerlo y decir en voz bien alta que: mis niños no necesitan más juguetes. Y no los necesitan por la sencilla razón de que no los usan. El problema no está en que ya tengan muchos, que los tienen, y que no nos quepan más en casa, que también. Tampoco se trata, solo, de que yo quiera educarlos en la austeridad, evitar que caigan presas del consumismo reinante en esta sociedad que nos rodea, y pretenda que se diviertan exclusivamente a base de correr por el parque o darle patadas a latas vacías por la calle. Yo soy la primera que si puedo, les compro aquello que veo que les hace ilusión, pero luego, la realidad del día a día me enseña que, esa ilusión pronto se desvanece, y al final solo queda un trasto más que acumular y unas monedas menos en la cartera.

Como cualquier niño, los míos no contemplan salir de una juguetería sin llevarse algo. Pero también les ocurre cuando vamos a hacer la compra o a cualquier otra tienda. La idea es coger algo, da igual el que. Les gusta la novedad, estrenar cosas y desenvolver regalos. Les emociona la sorpresa, el ver que hay dentro del paquete, pero luego no usan demasiado tiempo lo que contenía. Como cualquier niño, les llaman la atención todas las cosas que ven anunciadas en la tele. Los publicistas hacen bien su trabajo y a base de ver repetidos cien veces los anuncios, los críos terminan sintiendo la necesidad de poseer eso que les están mostrando de una manera tan atractiva y apetecible. Pero esa necesidad no es real, si no inducida, y sucumbir a ella supone entrar en una espiral que no tiene fin. Y lo peor es que te gastas el dinero y a los dos días el niño ha perdido el interés por esas cosas y terminan acumuladas cogiendo polvo en un cajón.

A mis niños les gusta ir al parque, jugar con otros niños, y jugar con adultos. Si no queda más remedio y tenemos que quedarnos en casa porque hace mal tiempo, ven la tele, juegan al ordenador, o el mayor lee (el pequeño todavía no sabe), pero es muy raro que jueguen mucho rato solos con sus juguetes, aunque sean juguetes que ellos mismos han pedido de forma vehemente, como si la vida les fuera en ello. Al poco rato se suben por las paredes, y como no, terminan discutiendo y pegándose. En ocasiones mi casa está sembrada de envases reciclados que ellos tunean y convierten en naves espaciales o teatros de marionetas, mientras que los cajones están repletos de juguetes relucientes y casi a estrenar.

Si algo he aprendido sobre los niños desde que soy madre, es que a los niños no les gusta la soledad: no les gusta dormir solos, ni jugar solos, ni estar solos en su habitación. Necesitan interactuar con otros, y en el caso de los míos, no se si por el hecho de ser chicos, necesitan espacio y actividad física, por lo que entre cuatro paredes se agobian, y si no les prestas atención, se aburren, aunque tengan a su alcance muchos cacharros modernos y llamativos.

Por eso, le digo a la gente que no les regalen juguetes, o por lo menos no tantos, pues al final se pierde de vista el objetivo, que es agradar a los niños, gastando por gastar, como si fuera una obligación. Les sugiero que les regalen tiempo, que les lleven a sitios, al parque, al cine, a merendar, que jueguen con ellos, que es lo que más les gusta. Pues sin duda, lo que recordarán con más cariño de su niñez, cuando sean mayores, serán los ratos que pasaron con sus seres queridos. Pero nadie me hace caso. Debe ser porque en nuestra sociedad, tal y como tenemos la vida planteada, el tiempo es escaso y por tanto muy preciado, seguir el ritmo de un niño es agotador, y no se tienen las suficientes ganas o energías para dedicárselo.

Y esto no sólo me ocurre con los familiares. En las invitaciones a los cumpleaños siempre añadimos la coletilla: “No hace falta que me traigas ningún regalo, con tu presencia será suficiente”, pero ni con esas. Todo el mundo les compra algo. Da igual que estemos en crisis, la gente no concibe ir a un cumpleaños, sin gastarse el dinero en un juguete, aunque le digas explícitamente que no es necesario que realicen ese gasto.

Debe ser que en este mundo nuestro tan materialista, nos vemos obligados a gastarnos lo que tenemos y lo que no, en cosas para obsequiar, pues es a través de los objetos, la forma más sencilla y cómoda que encontramos, para mostrar nuestro afecto a los demás.

jueves, 17 de mayo de 2012

VINCULO MATERNO SEGÚN LA VANGUARDIA


Ya solo el título del articulo es tendencioso: “Vínculo madre e hijo, ¿hasta donde?”, como si hubiera o debiera de haber un límite físico o temporal al vínculo.
¿Dónde está ese límite? ¿Quién lo pone? ¿En base a qué? ¿Por qué esa obsesión con poner límites al amor y al contacto? ¿Quién se cree con derecho a decirme hasta cuando debo dar o no el pecho a mi hijo, donde debo acostarle o instarme a que no lo coja en brazos? En realidad, lo hace todo el mundo: los abuelos, los tíos, la vecina de enfrente, la tendera, el que pasa por la calle… todo el mundo reprende a las madres que damos la teta a niños “mayorcitos”, que dormimos con ellos, o los llevamos en brazos cuando nos lo piden porque están cansados o quieren mimos.
Sin embargo nadie pone el grito en el cielo cuando unos padres se dejan un pastón en la farmacia todos los meses para alimentar a su bebé cuando podrían alimentarle gratis con el pecho. Nadie se escandaliza cuando los padres dejan a un bebé de 4 o 5 meses 8 horas solito en una guardería. Nadie se indigna por que se deje a un bebé varias horas llorando en la cuna hasta que rendido y agotado se queda por fin dormido. Y lo hacen por tres motivos: ignorancia, prejuicios y resentimiento.

Ignorancia porque no tienen ni idea de lo que los niños necesitan, a pesar de haber sido ellos mismos niños o de tener incluso hijos propios. No saben lo que necesitan y aunque lo sepan o lo intuyan han decidido ignorarlo por el motivo que sea.

Rebosan prejuicios inculcados por la sociedad y la cultura. Repiten constantemente como si fuera un mantra toda una serie de frases hechas que no saben muy bien de donde han salido, ni cual es su razón de ser o justificación, y se las creen a pies juntillas: “lo vas a malcriar”, “no va a salir de tus faldas”, “nunca abandonará la cama”, “tiene que acostumbrarse”…

Y el resentimiento les nubla la visión. Si, hablo de resentimiento, de un dolor sordo e inconsciente que guardamos muchos dentro, por no haber recibido de pequeños lo que ansiábamos, y haber sufrido por la indiferencia y lejanía de nuestros padres. No podemos dar lo que nunca hemos recibido y si conseguimos hacerlo es a base de mucho esfuerzo. No nos sale natural, es algo que hemos de trabajar y si no somos capaces de hacerlo, lo único que nos queda es arremeter contra quienes actúan de manera diferente, intentando desacreditarles para tranquilizar nuestras conciencias: “si consigo “demostrar” que ellos lo hacen “mal”, por exclusión demostraré que yo hice, hago o haré lo correcto”.

Como madre que “cría con apego”, me gustaría aclarar varias cosas: primero que yo no juzgo, ni me gusta ser juzgada. La discusión a cerca de la “calidad maternal” en función de las opciones que cada cual elije para criar a sus hijos no existe. Criar con apego es lo mejor, tanto desde el punto de vista sanitario como emocional, lo dicen los expertos y las autoridades sanitarias. Las madres que criamos con apego no tildamos de “malas madres” a quienes no lo hacen, lo único que hacemos es difundir información a cerca de las ventajas y beneficios que nos reporta a nuestras familias hacerlo así, y nos gusta contar nuestras experiencias para que sirvan de ayuda a quienes estén interesados en este tipo de crianza, pues quienes elegimos esta vía, no contamos con mucho apoyo, ni ayuda social ni institucional.

La polémica la crean los medios de comunicación y está alimentada por quienes se sienten atacados al ver que hay otra forma diferente de criar a los niños, diferente a la que ellos practican o han practicado y que les lleva a plantearse si la suya es o no la mejor opción.

Nadie es mejor o peor madre que nadie, cada cual hacemos lo que sabemos, podemos y queremos en cada momento. Pero hay cosas que son evidentes: para el bebé es mejor la leche “humana”, leche de su especie, que la de cualquier otro animal. Cualquier bebé prefiere un pecho calentito a una tetina fría de plástico. Los bebés sufren y lloran cuando están solos. Esa es su naturaleza y esas son sus necesidades: pecho y compañía. Y no hace falta leerse muchos libros para comprender esto, solo necesitamos estar conectadas con nosotras mismas, nuestros bebés y nuestro instinto para descubrirlo.
A partir de ahí cada cual puede elegir como actuar, siendo consciente de lo que implica su decisión.

Se habla de no caer en “extremismos” y aplicar el “sentido común”, pero como suele decirse: “el sentido común, es el menos común de los sentidos”, cada uno tenemos el nuestro, y el mío me dice que si mi  hijo pide teta es porque la necesita y yo se la doy, si mi hijo pide brazos es porque los necesita y mi labor es brindárselos. Mi sentido común me dice que si tanto él como yo, dormimos más y más a gusto juntos, pues lo lógico es que lo hagamos así, aunque esto implique no hacer gasto en adquirir una cuna.

Se da a entender que el bebé y las labores maternales anulan a la madre, que deja de ser persona para ser esclava del pequeño. No voy a decir que es un camino de rosas, pero tampoco es una tortura. Es una experiencia muy satisfactoria que además dura poco tiempo. Se trata de “darse a otro”, de hacer un ejercicio de generosidad, de dejar de mirarse al ombligo por una temporada y atender las necesidades primarias de un ser indefenso, de darle prioridad porque es lo que toca.

Estoy de acuerdo en que la coyuntura socio-económica actual no ayuda a criar con apego, hacerlo no es fácil, por eso hay que reclamar a las autoridades que ayuden a las familias y que se establezcan mecanismos de conciliación real, en lugar de estigmatizar y tratar de ridiculizar a quienes defienden esta forma de crianza.
En nuestra sociedad actual para una pareja con hijos, tener vida social, laboral, familiar y espacios propios es muy complicado, y esto es así porque las parejas estamos muy solas en la crianza, es imposible hacerlo todo a la vez y en muchas ocasiones no queda otra que elegir en función de las circunstancias de cada cual. Hay quien decide dar prioridad a los hijos, y lo hace con gusto, porque es lo que creé mejor para la familia y lo que le reporta más satisfacciones. No se trata de hacer sacrificios y estar amargado, se trata de amoldarse a las nuevas circunstancias y ser consecuente con la decisión de haberse convertido en padres. Hay algo que se nos olvida y es que los niños no son mascotas a las que con hacerles un par de carantoñas al día ya es suficiente. Tampoco son champiñones que crecen solos en el campo. Necesitan compañía, que se les cuide, que se les dedique tiempo y eso es en parte lo que se les ofrece a través de la llamada crianza natural o con apego.

En varias ocasiones se hace referencia al problema del trabajo, y se hace distinciones entre madres trabajadoras y madres que no lo son. La línea de separación entre unas y otras se marca única y exclusivamente en que el trabajo sea fuera del hogar y remunerado. Sin embargo creo que aquí está el mayor error de base, y este es, el no considerar la labor maternal como un trabajo. Si el que cuida el bebé es un extraño, en una guardería y lo hace a cambio de dinero, está trabajando. Si esa misma labor la realiza la propia madre, en su casa y gratis, parece que no está haciendo nada, cosa que es muy injusta y que no se ajusta a la realidad.

Por otro lado, la realización personal no siempre depende de la vida laboral o profesional. No nos engañemos: la gran mayoría de las personas, tanto mujeres como hombres, trabajan porque no les queda otro remedio, esto es: trabajan para vivir, no viven para trabajar. Muchas personas trabajan única y exclusivamente por el salario, en puestos que no les reportan ninguna satisfacción personal.  Cuando viene un niño a la familia, muchas madres sufren al tener que reincorporarse al trabajo, lo hacen porque no les queda mas remedio, porque necesitan el dinero para p ej: pagar la hipoteca, pero si se lo pudiesen permitir se quedarían en casa con sus bebés. Los niños también sufren con esta separación tan temprana. Por lo que el mundo laboral no es el mundo de fantasía que nos quieren vender. La mujer no es siempre feliz en el trabajo y desgraciada en el hogar. Es factible, y de hecho ocurre cada vez más, que las mujeres se están pidiendo excedencias para cuidar de sus hijos el máximo tiempo posible, y retrasan lo que pueden la vuelta al mercado laboral. Y lo hacen no por obligación sino porque disfrutan de la maternidad y de sus hijos. Para quien considera que los niños son siempre una carga y un fastidio puede ser difícil de creer e imposible de asimilar, pero cuidar de los hijos propios es algo satisfactorio y hay a quienes nos gusta hacerlo.

Por último tres cosas importantes: una es que según las Autoridades Sanitarias la lactancia materna es lo mejor y debe ser exclusiva hasta los 6 meses y el alimento principal complementado con otros hasta los dos años. Por lo que dar el pecho solo hasta reincorporarse al trabajo, tras nuestra “ridícula” baja maternal española de 16 semanas, es insuficiente, y destetar porque sí, al bebé antes de los 2 años también es ridículo, pues suponer tener que cambiar nuestra leche gratuita por otra de peor calidad que hemos de comprar en la farmacia o en el supermercado.

Lo segundo es que el papel del padre es fundamental en la “crianza con apego”, ambos progenitores son importantes para el niño y cada cual cumple un papel diferente y complementario. Pero la madre es protagonista, le pese a quien le pese, durante los primeros meses. Es la hembra quien tiene los pechos de los que brota la leche, esa es nuestra naturaleza. El vínculo con el padre también es especial y se va creando poco a poco. No hay beneficio alguno para las familias en tratar de crear situaciones artificiales para dar protagonismo a unos en detrimento de otros. La voz del niño es la que hay que escuchar, porque de lo que hablamos es de su cuidado, y al principio la madre es insustituible, al igual que es imprescindible para su cría,  cualquier hembra mamífera de cualquier especie animal que acabe de dar a luz.

Lo tercero, es que es absolutamente falso, que dando el pecho mas allá de los 2 años se esté dificultando la socialización de los niños. Cada niño es un mundo, independientemente de que tome teta o biberón. Los hay más o menos extrovertidos, más o menos cariñosos, más o menos atrevidos,… hay que respetar la personalidad de cada cual y no tratar de estandarizarlos y establecer plazos arbitrarios que les obliguen a ser o comportarse de una u otra manera según la edad. Los niños de teta suelen ser muy empáticos, cariñosos, inteligentes e independientes. Si, si, han leído bien. Todo lo contrario de lo que se da a entender en este articulo agresivo, tendencioso, irrespetuoso y sin una pizca de objetividad. Los niños de más de dos años que toman teta son niños absolutamente normales, que se relacionan con otros adultos y juegan con otros niños como cualquier otro niño. Son niños que toman teta, donde y cuando quieren tomarla y su madre se lo permite. Muchos usan la teta para consolarse tras una caída en el parque, para irse a dormir, cuando están aburridos o les apetece estar un ratito con mamá. Y el resto del tiempo se lo pasan jugando con sus juguetes, peleando con sus hermanos o viendo dibujos en la tele como cualquier niño de su edad.

Quienes han elaborado este artículo podrán o no querer practicar la “Crianza con apego” pero lo que no pueden es decir que es mala para la madre o para el bebé, porque eso no es cierto. Puede que sea “mala” para la sociedad capitalista y de consumo, porque implica menos gasto en todos los sentidos, pero en absoluto es perjudicial para las familias. Les pediría por favor, que no mientan, que se documenten mejor, que muestren un poco de rigor y de respeto y basen sus informaciones en datos contrastados, y no usen un medio nacional que tiene tanta repercusión únicamente para difundir sus prejuicios y opiniones personales.

miércoles, 2 de mayo de 2012

PRIMER CUMPLE CON AMIGUITOS


¡Ángel ha cumplido 6 añitos! Y por primera vez hemos hecho una fiesta a la que hemos invitado a sus amiguitos. La idea era juntarnos en el parque y que los niños corretearan por allí, pero por desgracia llovió y tuvimos que quedarnos en casa. Ángel invitó a muchos niños y yo temía que nos fuéramos a caber en casa, que los chicos se agobiaran, que rompieran cosas,… vamos lo normal en estos casos. Por eso me pasé la mañana del sábado guardando cosas delicadas y  jugando al tetris con los muebles para hacer sitio.

Los preparativos fueron complicados, o más bien diría algo estresantes por la novedad y porque teníamos el handicap de que habíamos invitado a una niña alérgica a la proteína de la leche, por lo que nada de lo que pusiéramos para comer podía contener leche. La mamá de la niña me dio un listado de productos aptos para ella. En la lista había cosas de las habituales en cualquier fiesta infantil, como refrescos o patatas fritas, pero también había otras muy específicas que me costó más localizar. ¡Es increíble como todo, hasta las cosas más insospechadas, llevan actualmente leche! La mala suerte hizo que al final esa niña se pusiese mala y que no pudiera venir al cumple.

Hubo otras bajas más, unas avisaron y otras no, incluso hubo una niña que a pesar de estar malita y no encontrarse bien, se pasó un momento por la fiesta sólo para darle su regalo a Ángel. Yo había comentado que no hacía falta que le regalaran nada, que con su presencia era suficiente, pero la gente hizo caso omiso de mi sugerencia y le regalaron un montón de cosas, todas ellas muy acertadas y que a Ángel le hicieron mucha ilusión.

Pusimos el túnel en el pasillo y montamos la tienda de campaña, en la que Bubo aprovechó para tener sus primeros escarceos amorosos con su amiga Irene. Al preguntarle al día siguiente sobre el suceso, él contestó: “la besé para probar”.

Como anécdota decir que a Ángel se le cayó el segundo paleto en mitad de la fiesta mientras comía un sándwich de chorizo.

Como escampó, Luis bajó con los niños un ratito a jugar a la pista de baloncesto y cuando subieron estaba ya preparada la piñata que hizo las delicias de todos.

Como no teníamos tarta, porque no la habíamos comprado por el tema de la alergia a la leche, improvisé una en cuestión de segundos: abrí por la mitad un pan de perrito, lo unté de nocilla y pusimos encima seis velitas pequeñas. La mini tarta fue todo un éxito de crítica y público entre los pequeños, algo a tener muy en cuenta para próximos cumpleaños.

Creo que todo salió bastante bien, no hubo destrozos, ni accidentes, fue una tarde muy agradable tanto para los adultos como para los chicos que se lo pasaron genial. Eso sí, no sé los demás, pero los padres del cumpleañero terminamos destrozados del cansancio.

¡Muchas felicidades Ángel!

miércoles, 25 de abril de 2012

CHUPETE, BIBERON Y CUNA.


Este es el trío supuestamente indispensable e inseparable de los bebés humanos.
Así lo vemos en los anuncios de la tele, en las películas y dibujos animados, en las ilustraciones de los cuentos, en los carteles de publicidad que inundan nuestras calles y que adornan los escaparates de las tiendas, etc. Esto es lo que todos vemos a nuestro alrededor cuando caminamos por la calle, cuando vamos de visita a casas de familiares o amigos que acaban de estrenarse en la paternidad. Vamos, lo habitual y por ende presumiblemente lo “normal”.

No nos paramos a pensar, en como nos las hemos apañado con los niños a lo largo de la historia de la humanidad antes de que estos instrumentos se inventaran. Ni si estos aparatos son usados o no en todo el mundo, en otras las culturas. No vemos más allá de nuestras narices y creemos que esto que abunda a nuestro alrededor es lo único que existe, algo a lo que no se puede renunciar, que está intrínseco en la naturaleza infantil. Un bebé usa indefectiblemente chupete, toma leche en biberón y duerme en una cuna, y si no es así es que ese bebé es raro o lo son sus padres, o ambos, pero algo no debe ir bien.

Pero curiosamente los bebés suelen dormirse fácilmente en cualquier sitio excepto solitos en una cuna. Se duermen en brazos, en la mochila mientras paseamos con ellos, en el carrito, en el coche mientras conducimos, etc. pero la cuna no suele ser su lugar preferido para descansar.

Ponemos en la boca de nuestros bebés los chupetes sin saber muy bien porque. Llegamos a la conclusión de que les entretienen, les calman y les ayudan a dormir y sin duda se convierten en unos perfectos aliados para nosotros, pues sin el chupete la vida con muchos niños sería un infierno. Es evidente que los niños necesitan succionar, pero ¿succionar que? Lo que el bebé espera tener en su boca es nuestro pecho, no un sustituto plástico del mismo con forma de pezón. Por eso muchos bebés rechazan en un primer momento el chupete, hasta que se dan cuenta de que eso es lo único que van a poder succionar y terminan acostumbrándose a él.

El tema del biberón es cuestión de supervivencia, pues algo tienen que comer. Una cría de gato preferirá la leche de una gata a la de cualquier otro animal, un elefante hará lo propio con la leche de su especie, etc. pero si no les es posible mamar, terminarán tomando otra por el medio que sea para poder sobrevivir. Lo mismo ocurre con los bebés, el problema es que la elección del tipo de alimentación no está en sus manos  si no en la de sus madres y ellos finalmente tomarán lo que estas les den.

Mi hijo mayor usó chupete, tomó biberón y durmió en cuna. El pequeño nunca quiso el chupete, aunque yo intenté enchufárselo en varias ocasiones y con varios modelos distintos. Siempre ha dormido conmigo y cuando intenté destetarle por problemas de mastitis, mostró una clara preferencia por el pecho frente al biberón, lo que me animó a continuar con la lactancia a pesar de las dificultades. Sin embargo, lleva unos días insistiendo hasta casi enfadarse, en que él ha usado todo lo “típico” que usan los bebés. No se acuerda de nada, salvo de que ha tomado teta porque aún sigue haciéndolo. También continúa durmiendo conmigo en la cama, la misma en la que ha dormido desde que nació, pero cree que no ha sido así siempre, y que de “más pequeño” ha tenido una cuna “como todos los bebés”. Yo le digo que no existe ninguna foto suya con chupete porque siempre lo rechazó, pero no quiere creerme… El pobre quiere ser como los demás, no quiere sentirse diferente y no es consciente de que no le ha faltado de nada, que ha tenido todas sus necesidades cubiertas de una forma más natural y que el trío: chupete, biberón y cuna no es obligatorio.

La conclusión que extraigo de todo esto es la enorme fuerza que tiene la cultura en el ser humano, que consigue construir una realidad alternativa y hacernos creer que esa es la verdad y que no podemos existir fuera de ella. Sólo espero que cuando mis hijos sean un poco más mayores tengan suficiente criterio para distinguir lo necesario de lo accesorio, y no se dejen arrastrar por las modas, convirtiéndose en nuevas ovejas del redil.

jueves, 29 de marzo de 2012

NO HAY HUELGA PARA LOS PADRES

Hoy día de Huelga General, aprovecho para hablar del trabajo de la paternidad.
Hace unas semanas oí algo así como que el Gobierno iba a ayudar a las familias numerosas que contraten a trabajadores domésticos mediante una bonificación en las cotizaciones a la Seguridad Social. O sea que si en una familia con tres o más hijos, ambos trabajan y no pueden atender a sus críos -precisamente porque están trabajando-, el gobierno les ayuda a pagar a la canguro. Es más, si sólo trabaja uno de los dos cónyuges y gana un buen sueldo con el que mantener a toda la familia e incluso le sobra el dinero, el gobierno además le premia abaratándole la contratación de una nany. Que conste que no tengo nada en contra del servicio doméstico, pero esta medida me resulta de lo más clasista, aunque no es de extrañar, viniendo del partido político del que viene.

Resulta que si un padre/madre de familia numerosa está en el paro, evidentemente no tendrá dinero para contratar un canguro, por lo que no recibirá ayuda ninguna del gobierno para cuidar a su prole, aunque sea numerosa y cuidarla y mantenerla le sea aún más complicado. Cuando digo ninguna ayuda, me refiero a ninguna en relación a la que si obtienen los que si pueden permitirse contratar a alguien para ayudar en la casa y con los niños. Sé que existen ayudas a las familias numerosas de por si, pero este no es el tema al que me refiero. Me refiero a que si por ejemplo, una madre está en paro, necesita empleo y no lo encuentra, necesita el doble de ayuda que el resto, pues tiene numerosas bocas que alimentar y sigue siendo madre de una familia numerosa. Es mas, si una madre (pongo de ejemplo a las madres, por ser yo una de ellas), prefiere no trabajar fuera de casa y apretarse el cinturón, para cuidar personalmente de su prole ¿no merece ayuda? Se subvenciona que terceros distintos a los padres cuiden a los niños, pero no se facilita que sean los propios padres quienes puedan desempeñar esta tarea.

Se considera que el cuidar de niños y hacer tareas del hogar es un trabajo, siempre y cuando lo realicen personas distintas de los responsables de los niños o los que viven en dicho hogar. Las cuidadoras en las guarderías realizan un trabajo y cobran por ello, pero si un bebé no acude a uno de estos centros, si no que quien lo atiende es su propia madre, parece que ella no realiza ninguna tarea, que “no está trabajando” y no merece retribución alguna. Sin embargo la labor de criar y educar es fundamental para la sociedad. Sin niños, como se suele decir, no hay futuro, pero los padres estamos muy solos en esto de la crianza y la labor que realizamos pasa desapercibida y no está nada valorada socialmente, ni por supuesto económicamente.

Según la RAE, la palabra trabajo significa:

1. m. Acción y efecto de trabajar. 2. m. Ocupación retribuida.

Si nos fijamos en la primera acepción y buscamos el significado de la palabra “trabajar”, encontramos: Ocuparse en cualquier actividad física o intelectual. Cuidar niños, sean los propios o ajenos, es obvio que requiere mucha actividad física e intelectual, por tanto quienes lo hacen están trabajando, a pesar de que no les paguen.

Si nos guiamos por la segunda, la labor parental no es un trabajo, en tanto que no está retribuida. Quizá por esto los padres no tenemos derecho a huelga, aunque a veces la necesitemos (léase con ironía).

sábado, 17 de marzo de 2012

¿POR QUÉ LLEVAMOS A LOS NIÑOS A LA GUARDERÍA?

El porcentaje de niños menores de tres años que van a las guarderías es muy grande, y solemos confundir que sea algo habitual en nuestra sociedad, con que sea lo normal o incluso nos autoconvencemos pensado que es algo cuasi-obligatorio: “por el bien de ellos”, y así alejamos de nosotros el sentimiento de culpa por tener que dejarles en un sitio extraño. Sin embargo yo me atrevería a decir que la escolarización temprana no es lo mejor, ni para los niños, ni para sus padres y a pesar de esto los escolarizamos porque la decisión de llevar a los niños a la guardería no suele ser una decisión informada, ni sopesada. Muy pocos padres buscamos información en Internet o por otros medios a cerca de cómo va a influir en nuestro bebé separarse de nosotros tantas horas siendo tan chiquititos. Los llevamos y ya está. Muchos sabemos o intuimos que lo van a pasar mal, pero tenemos la esperanza de que el mal trago pasara pronto, y que enseguida se “acostumbrarán”. Los dejamos allí, llorando la mayoría de las veces, hasta que un día dejan de llorar y por fin nos vamos a casa o al trabajo respirando aliviados. Pero que hayan dejado de llorar, no significa, ni que ya estén adaptados, ni que quieran estar allí, ni que disfruten durante su estancia.

Y ¿por qué llevamos a nuestros bebés a las guarderías?
Estos son los motivos que se me ocurren a mí:

  • En primer lugar y lo más habitual, es que los dejamos porque no tenemos más remedio.Tenemos que trabajar para vivir y no tenemos a nadie de confianza que pueda cuidar a nuestra criatura mientras nosotros nos ausentamos. Los abuelos muchas veces están ya mayores para darles semejante trabajo o están ocupados con sus propias obligaciones o devociones y no están disponibles para hacerse cargo de los nietos, por lo que la guardería es la única opción que nos queda.
  • En segundo lugar porque nos agobiamos cuidando de ellos durante todo el día. En nuestra sociedad los padres afrontamos la crianza muy solos y no es raro que pasemos largas horas con nuestros hijos en nuestras casas, sin la ayuda ni la compañía de ningún adulto, sea o no de la familia. La crianza ocupa todo nuestro tiempo y energía y no deja espacio para nada más. Por eso la guardería suele suponer un respiro, durante el cual, podemos limpiar la casa, leer un libro o ir a la peluquería tranquilamente. Quizá si las parejas recibiéramos más apoyo familiar o social podríamos organizarnos de otra manera distinta que no supusiese dejar a nuestros hijos tanto tiempo con unos desconocidos.
  • En tercer lugar porque la sociedad nos obliga directa o indirectamente a ello.
    La gente se extraña cuando unos padres no llevan a su hijo a la guardería y suelen hacer comentarios del tipo: “si allí se lo pasan muy bien y hacen amiguitos”, “en la guardería los espabilan”, “si no lo llevas, no se va a desprender nunca de tus faldas”, etc. Todos ellos consejos probablemente bienintencionados, pero totalmente ridículos e infundados. Cuando un bebé es muy pequeño sólo necesita el contacto permanente con su mamá o su papá, pero a medida que crece empieza a interesarse por el mundo y por otras personas, pero esto no quita para que siga necesitando tener a sus padres a su alcance. Un niño de un año, o un año y medio quiere perseguir palomas en el parque, jugar con la arena y le llaman la atención otros niños, pero quiere explorar todas estas cosas, junto a uno de sus padres, que son sus figuras de referencia y las que le aportan seguridad. Como casi todos los niños están en las guarderías, por las mañanas los parques están vacíos y los niños que no acuden a ellas están condenados al ostracismo, y sus padres a veces pueden llegar a sentir que puede que realmente sus niños se estén perdiendo algo por “no ir al cole, como los demás”, y ceder a la presión social, que les trata de convencer de que sus hijos estarían mejor allí que con ellos.

Está claro que no todas las guarderías son iguales, que hay sitios que ofrecen cuidados de más calidad que otros, con menos niños por cuidadora, y cuidadoras bien formadas y cariñosas. Que no todos los niños se adaptan igual de rápido y bien, y que habrá algunos encantados y deseando entrar en el cole. Pero creo que muchas familias si se lo pudieran permitir económicamente, tuvieran más apoyo en la crianza y no estuviese tan mal visto eso de “dejarlos en casa”, optarían por estar con sus hijos el máximo tiempo posible durante los primeros años y no perderse detalle de su crecimiento.

La intención de este post no es juzgar la “calidad” como padre de nadie, en función de si ha llevado o está llevando o no a sus hijos a la guarde.
Lo que pretendo es plantear la necesidad de que reflexionemos sobre si esto es lo mejor que podemos hacer con nuestros hijos o si sería más saludable buscar otras alternativas tanto a nivel individual en cada familia, como a nivel colectivo en el conjunto de la sociedad.

sábado, 11 de febrero de 2012

ME GUSTA EL NUEVO COLE

Este año hemos cambiado de casa y de cole, todo a la vez y de repente, sin previo aviso. Necesitábamos un cambio pero nuestras circunstancias personales no nos lo ponían nada fácil y no veíamos la manera de hacer ese cambio realidad. Pero lo conseguimos. Primero encontramos la casa y después el colegio. Resulta que para cambiar de cole es de gran ayuda el pedir el cambio en mitad del curso escolar alegando cambio de residencia. En circunstancias normales, no habríamos tenido un acceso fácil a determinadas instituciones por culpa del sistema de puntos. Pero al cambiar de casa si hay plazas tienen que dártelas independientemente de los puntos que tengas.
Al final las opciones se redujeron a una pero ha resultado ser una opción bastante buena.

Iba a titular esta entrada: “Nos gusta el nuevo cole”, pero he optado por ser sincera y no dar por sentado que a los niños les gusta, por que la realidad es que a los niños, o por lo menos a los míos, gustarles, lo que se dice gustarles, creo que no les gusta ningún colegio y preferirían pasarse el día en casa debajo de las faldas de sus mamis. El pequeño es muy pequeño aún y sigue sin llevar demasiado bien la separación, como él mismo dice: “tarda mucho en llegar la hora de las mamis”. Y el mayor al principio echaba de menos su cole de siempre, y aunque yo le veo integrado y contento no quiero poner palabras en su boca y sentenciar que le gusta, porque aunque estoy convencida de que hemos ganado con el cambio, quizá él todavía no tenga demasiado criterio como para llegar a determinadas conclusiones.

El cambio ha sido a mejor sobre todo teniendo en cuenta el punto de partida, es decir, comparándolo con el cole del que proveníamos. Estoy absolutamente de acuerdo en que el sistema educativo español es un fracaso, pero como no me veo capaz de educar en casa, me veo obligada a aplicar aquello de “en el país de los ciegos, el tuerto es el rey” y teniendo en cuenta que la metodología de enseñanza suele ser la misma en la mayoría de los centros, valorar otras pequeñas cosas que pueden hacer más agradable el paso de los niños por el colegio. Estas son las cosas que valoro yo:

Es un colegio público en el que se respira un aire más campechano y menos estirado. Los padres podemos entrar hasta la misma puerta de la clase, al contrario de lo que ocurría antes, que teníamos que dejarlos en la puerta de la calle y ellos solitos tenían que atravesar todo el patio. Y todos los días nos dan la bienvenida a la entrada y nos despiden a la salida con música de los más variados estilos: canciones populares, flamenco, pop, bandas sonoras de películas y series de televisión, etc.

El anterior colegio era religioso y aunque disponía de muchos más medios, yo sentía que estábamos allí como pez fuera del agua. No somos muy religiosos y mucho menos practicantes, así que no nos sentíamos integrados y tampoco sentíamos que podíamos aportar nada, pues nuestra mentalidad difiere bastante de la que allí predominaba. En el nuevo cole por ejemplo si están interesados en que los niños asistan a talleres del proyecto de El Parto es Nuestro: “Descubriendo la Maternidad”, que yo coordino y suelo realizar, lo que demuestra que la directiva tiene una mentalidad más abierta. Además la asociación de padres es muy activa y cercana y organizan muchos encuentros y actividades divertidas y participativas.

Está cerca de casa por lo que podemos ir y venir andando, ahorrándonos mucha pérdida de tiempo, estrés y agotamiento físico por los viajes. Está ubicado en una zona tranquila y en el camino a casa no hay demasiado tráfico, por lo que no hay mucho ruido ni contaminación y podemos ir charlando tranquilamente de cómo ha sido nuestro día. El vivir en el mismo barrio del cole, hace también que podamos hacer más vida social, pues nos encontramos a los compañeros de clase en el parque por las tardes.

Nos ahorra mucho dinero, no sólo porque sea gratuito, sino porque también evitamos tener que comprar abonos transporte, o uniformes, que eran realmente caros y feos. También nos ahorramos tener que pagar el comedor. Ahora puedo recogerlos y comer juntos en casa todos los días.

Tiene horario continuo y aunque al pequeño se le está haciendo un poco pesado, estoy segura de que en poco tiempo agradecerá salir a las dos y poder estar toda la tarde en casa con mamá. Además, al salir a esa hora me he evitado tener que pelear por no querer llevarle por la tarde y está pudiendo echarse todos los días tranquilamente su siestecita en casa, conmigo y la teta a su lado.

No sólo se preocupan del aspecto académico si no también del lúdico y creativo, organizando actividades diversas y dando libertad a los niños para que hagan manualidades, jueguen y participen en la vida escolar de manera activa y no como simples espectadores pasivos receptores de información. Además el nivel de exigencia, por lo menos en infantil, es menos alto y el ritmo de trabajo al que someten a los niños es mucho más relajado. Esto a nosotros nos viene genial, teniendo en cuenta que Jesús, es de diciembre y por tanto siempre será, el pequeño de la clase.

El patio es amplio con una zona de tierra y columpios, que tiene como contrapartida negativa que llegan a casa todos los días con las zapatillas llenas de tierra. Tienen un cuarto lleno de juguetes, entre los que hay unos cuantos patinetes que hacen las delicias de los niños durante el recreo.

En definitiva, que no será el mejor cole del mundo, pero nosotros, de momento, estamos muy contentos con él.