domingo, 7 de diciembre de 2014

NIÑOS Y GATOS: SIMILITUDES Y DIFERENCIAS

Como prometí voy a contaros en que cosas he visto que se parecen los niños (al menos los míos) a los gatos (al menos al mío).


El "bebé peludo" de la casa.
En cuanto a la alimentación, al igual que con los bebés, debe ser a demanda, con la comodidad de que tú al gato le pones la comida del tirón y ellos se la administran a su ritmo según su apetito. De nuevo al igual que con el bebé, las deposiciones son signo de la buena y suficiente alimentación del animal. A pesar de lo mal que huelen, ver que ha hecho “sus cositas” es motivo de alegría porque implica que está sano y bien alimentado. En nuestro caso, Poly tiene al igual que “sus hermanos mayores” problemas para “tirar de la cadena” (se les olvida hacerlo la mitad de las veces) y no suele tapar muy bien sus “obras de arte”.

Respecto al juego, como con los niños, para su salud mental, es importante jugar con los gatos, si bien el juego gatuno es más sencillo (el gato no tiene un berrinche cuando pierde al monopoly...) y tiene fin (cuando se cansa de correr para y punto). Otra diferencia es que a los gatos les gusta perseguir cosas mientras que a los niños lo que les chifla es que los persigan a ellos. Los gatos también se cansan de los juguetes y hay que cambiárselos periódicamente y se entretienen con cualquier cosa, que no tiene porque ser necesariamente aquello que hemos comprado específicamente para ellos. Una castaña o una cuerda son suficientes para tenerlos un buen rato ocupados. ¿No os suena esto a cuando vuestros hijos muestran mas interés por la caja que por el juguete en cuestión?

Otra característica común es la curiosidad. Los niños todo lo quieren tocar, en su caso, los gatos todo lo quieren oler. Ambos son muy insistentes y no se dan por aludidos cuando les regañas y les explicas que ahí no pueden estar o que eso no lo deben hacer. La ventaja de los gatos es que son infinitamente más silenciosos y cuidadosos, son capaces de pasearse entre jarrones chinos sin poner en peligro su integridad ni la de los jarrones. Un gato que se siente a gusto, cómodo en su hogar, lo explora y lo hace suyo. Un niño feliz hace lo mismo, se pasea y despliega sus juguetes por todos los rincones de la casa.

Juguetes especiales para el calor.
Otra cosa que comparten es su aversión a que les corten las uñas o a ir al pediatra/veterinario. También siguen a todas partes a sus padres/amos – incluido el cuarto de baño – y se atraviesan en nuestro camino impidiéndonos caminar y ocasionando algún que otro percance, o reclaman nuestra atención en momentos inoportunos cuando necesitamos concentrarnos en alguna labor.

Por último, quiero referirme a la tan cacareada “independencia” de los gatos. Será por mi manera de ser, más bien fría, que supongo que me he convertido al “team gato” en la supuesta confrontación que existe entre los partidarios de felinos y canes, pero realmente pienso que los gatos no son ariscos (al menos no el mío) si no que simplemente son cariñosos cuando les apetece, cuando sale de ellos y así opino que debería ser también en el caso de los niños, a los que nunca habría que obligar por ejemplo a dar besos. Debemos dejar que las muestras de afecto, tanto de unos como de otros, surjan realmente de dentro (no fruto de ningún chantaje o amenaza) cuando de verdad sientan la necesidad de exteriorizar su cariño por los demás, sin que les forcemos a ello. Porque ni niños ni animales son muñecos, si no seres vivos a los que hay que respetar, y si no les respetamos, tened por seguro que en algún momento sacarán las uñas a pasear.

¡Son tan monos ambos, con sus costumbres y particularidades! 


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2 comentarios:

  1. jaja cómo me ha gustado!!!
    Tienes toda la razón, yo creo que se parecen mucho y me parece genial que así sea

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    1. Bueno, a mi me costó volver a acostumbrarme a que me "acompañaran" en el baño, jeje. Pero lo compensa siendo tan suave y calentito :)

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